jueves, 7 de julio de 2016

§77 Juego de troneras

«En los mismos ríos entramos y no entramos,
[pues] somos y no somos [los mismos]»
Heráclito
En la anterior entrada —¡qué lejos me parece, pido perdón!— dejaba suspendida una inquietante idea que vuelve a mi con la imagen de un hombre saliendo del río que hay frente a mi casa: la oportunidad perdida y la imposible vuelta atrás para repetir el intento. Al menos, en las mismas condiciones. El hombre no puede volver al mismo río, porque cambia en cada instante, ni él tampoco es el mismo al cabo del tiempo.
Platón interpretó este aforismo como negación misma del conocimiento de las cosas, puesto que todo tiene que ser reformulado constantemente, llegando a despreciar el uso de los sentidos para comprender la realidad.
Heráclito en cambio se refería (unos sesenta años antes) a que la existencia de opuestos en la naturaleza no implicaba necesariamente una contradicción, sino que formaban una unidad armónica, que no estática (panta rei, todo fluye). Suponía que el universo estaba llamado a oscilar entre estados de expansión y reversión de todas las cosas al fuego primordial (su logos es una incipiente formulación del huevo cósmico y el Big-bang).
Aunque este precepto del fuego como principio natural, como lo fuera el agua o el aire para otros filósofos, era más metafórico que fisico y simbolizaba el movimiento y el cambio constante, en suma, el tiempo.
Este tema es obsesivo en la película de La ley de la calle y en todas las escenas hay algo que lo sugiere: las nubes, la sucesión del día por la noche y los múltiples relojes —aunque no lo pretenda, encontrarlos podría llegar a ser un pasatiempo— que avanzan al ritmo de la música de Stewart Copeland, que da voz a sus tictacs. La sensación que resulta es de premura, que asfixia a los personajes (el calor les hace sudar como si se acabara el aire en su confinamiento) y anticipa su final. El chico de la moto ha vuelto, para terminar una historia que había quedado inconclusa.
Este personaje, al que se refieren constantemente como símbolo de un tiempo pasado casi mítico, como el rey exiliado o el flautista (de Hamelin), que todos hubieran seguido por su carisma, es también una manifestación de aquella discordia de Heráclito, el principio contrapuesto que ponía en marcha el mecanismo de la creación, "pues no habría armonía si no hubiese agudo y grave, ni animales si no hubiera hembra y macho, que están en oposición mutua". Pero la ciudad ya no es la misma. Él tampoco. Su momento, como el de las bandas que comandaba, ha pasado, adormecido por las drogas que Rusty tanto detesta (toma batidos y afirma que la coca-cola le deshace interiormente, aunque no para de fumar y beber alcohol) porque han usurpado su trono.

Escena de La ley de la calle (Francis F. Coppola, 1983)

La importancia de la familia consanguínea y los hermanos para Coppola remite irremediablemente a El Padrino (1972) y sus secuelas, aunque está presente en buena parte de sus films, como interpretación personal de los dramas shakespeareanos (fundamentalmente Hamlet, Ricardo III, Rey Lear y Macbeth). La escena comienza con la cómica marcha de Dennis Hopper hacia casa, en la que su sombra juega con la del perro, en otro plano distinto del pasillo, que recuerda a la caverna de Platón.
En el apartamento encuentra a sus hijos, que son unos perfectos extraños, pero increíblemente no le son hostiles. Han logrado superar esa fase y se comportan como bolas de billar (presentes a ras del suelo), que chocan y rebotan en un toma y daca continuo que ya no les produce ningún dolor. Si el padre es una sombra, el chico de la moto, quien ha leído probablemente todos sus libros, apilados por doquier a falta de estanterías, también tiene algo de irreal. Su discromatopsia (la más conocida, que no única, es el daltonismo) está en sintonía con su actitud contra lo establecido y la autoridad, tan propio de la generación beat. El joven Rusty-James —para mi, un beatnik, al que todos consideran una caricatura de su hermano— quizás tenga en su juventud, una oportunidad, la del que todavía no ha agotado su intento.
A continuación, un breve monólogo de Benny (Tom Waits), no presente en la novela original —no me canso de buscar insertos, por las intenciones que demuestran—, refuerza esta sensación del tiempo perdido.
“El tiempo es una cosa muy curiosa. Un elemento muy curioso. Cuando eres joven, eres un niño, tienes tiempo para todo. Luego pasas un par de años de aquí para allá y no es importante. Pero cuanto más viejo eres, más te preguntas: ¿Cuánto tiempo me queda?”
La relectura que hace Coppola de la obsesión por que los peces de colores (luchadores de siam o betta splendens) de la novela original sean liberados en el río, obligando a Rusty, otro pez de agua dulce, a alcanzar el mar, pienso que le debió venir al documentarse sobre el origen de estos peces de la cuenca del Mekong. Inevitablemente surgiría en su mente la asociación con Vietnam y el conflicto que acababa de retratar en Apocalypse Now (1979). Y dado su gusto por establecer simetrías entre sus películas es posible que decidiera invertir el viaje hacia el mar, para mostrar el rechazo de la siguiente generación, los jipis (Rusty y el capitán Willard parecen destinados a suceder a sus desquiciados referentes y ambos terminan tomando otra vía).

- Vamos ¡Lee mi futuro!
- No tienes futuro
- ¿Qué quieres decir?
- Tu futuro se acabó
                                               (diálogo de Sed de Mal)
En otro orden, la realización en blanco y negro con un estilo muy vanguardista en sus angulaciones extrañas y tratamiento del alto contraste, dista mucho del clasicismo de El Padrino, por ejemplo, de forma que parece una obra mucho más temprana. Quizás una vuelta a unos orígenes y gustos más personales, donde Sed de Mal (1956) es su referente. Rizando el rizo, tal vez un intento de tomar el relevo de su admirado Orson Welles, antes de que fuera demasiado tarde, en un típico síntoma de crisis de los cuarenta —para no insistir en las palabras de Benny, añadiré que la experiencia es un regalo fantástico en el billar, pero a partir de cierta edad no te hace ganar campeonatos o pregúntenle a Felson el rápido—.

__________
El billar es un deporte que obtuvo la carta olímpica en  Atenas 2004, aunque no haya llegado todavía a ser incluido en ellos (se postula que el snooker podría ser deporte invitado en Tokio 2020).
Su origen se remonta a culturas tan antiguas como Grecia y Egipto, pero no fue hasta el siglo XVII cuando empezó en Europa a tomar forma el juego que se conoce en la actualidad. De unos inicios nobles y exclusivos, con destacados personajes históricos entre sus aficionados, como el Rey Luis XI, Napoleón, el Cardenal Richelieu, Deng Xiao Ping y Brigitte Bardot, a lo largo del siglo XX fue tomando mala fama por los antros, las apuestas y los buscavidas que suelen poblar su mundo.
Su nombre parece proceder de la palabra francesa bille, bola, aunque los ingleses defienden la etimología de su fundador un tal Bill Yar. En España se hizo popular entre los afrancesados en tiempos de Fernando VII, de quienes se decía que le "hacían la pelota" cuando le preparaban la situación de manera que le resultase fácil hacer una carambola y meter las bolas en sus respectivos agujeros. Este curioso hecho también se recoge en la famosa frase: "Así se las dejaban a Fernando VII". Fuente wikipedia

R. A. Müller: Geschichte der Universität, 1990, S. 189 (Städtische Sammlungen Tübingen).
Existe una gran cantidad de modalidades de juego, aunque se suele hacer una primera distinción entre juegos de carambolas y el tipo pool (con agujeros o troneras). Su popularidad también ha permitido que parte de su jerga se incorpore al lenguaje cotidiano:
  • Ataque y atacar la bola, también tiro.
  • Banda: cada una de las cuatro repisas elásticas que delimitan la mesa y cuya intervención es tan importante como la de las bolas.
  • Bola blanca o cue ball: es la que el jugador debe impulsar con el taco. En la mayoría de las ocasiones es de tamaño y/o peso diferente de las demás o está magnetizada, lo que explica el misterio de que la mesa la devuelva. 
  • Bola 8 o negra: cuando se juega con las 15 bolas no se considera dentro de ninguno de los dos grupos (lisas o rayadas) y tiene un valor especial que varía según el juego o el momento de este. Suele asociarse al concepto destino.
  • Buchaca  o tronera (procede de burjaca o bolsa de cuero que llevaban los peregrinos)
  • Carambola: doble resultado que se alcanza mediante una sola acción.
  • Carro: falta que consiste en que el taco toca la bola dos veces por estar muy cerco o tocándose.
  • Chapolin: variante del juego en que un jugador elige banda de color.
  • Chamba o acertar por chamba, carambola que sale por casualidad
  • Cosmético, tiza de yeso de color azul
  • Diamante: cada una de las marcas en forma de rombo situadas a intervalos regulares a lo largo de las bandas y que se utilizan como referencia para calcular las trayectorias.
  • Flecha: la parte más fina del taco.
  • Huevera, también triángulo, bandeja para colocar las bolas.
  • Limar: acto de apuntar repetidamente el taco sobre la bola.
  • Lujo o bricol es lanzar a banda antes de acometer la carambola.
  • Piña y hacer una piña: la forma en que se colocan las bolas para comenzar el juego.
  • Porra o maza, la parte más gruesa del taco
  • Puente: la posición del taco sobre la mano
  • Rotura: el saque
  • Seguro: jugada que deja al contrario una posición en que no puede jugar directamente sobre ninguna bola.
  • Taco, el palo de billar.
  • Tacada es el número de carambolas que se realizan en una entrada.

La frase “no dar bola”, que nació junto a las mesas de billar, data de los años 20, cuando ese juego estaba en su apogeo. Era común que a la salida del colegio o cuando se hacían pellas (del diminutivo del latin, pila, pelota), los estudiantes se entretuvieran en algún café anotando carambolas. En ese ambiente, los clientes más temidos por el dueño eran los jugadores novatos, capaces de desgarrar el paño de un tacazo mal dado o romper una vidriera o un espejo. “A ése no le den bola (o bolas)“  era la consigna que recibían en tal caso los estudiantes.
"Cuando jugaba al billar, era como un buen psiquiatra, curé a muchos de sus ilusiones y fantasías"
George Hegerman, conocido como Minnesota Fats, jugador profesional.
"Nunca juegues a las cartas o al billar con un tipo que tenga el nombre de una ciudad en su apodo"
Anónimo (perdedor)


domingo, 19 de junio de 2016

§76 Teatro catróptico

Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía
con arte silencioso, en un tablado.
(fr. del poema Los espejos, de Jorge Luis Borges)
Pueda parecer al visitante despistado que hay bastante de esnobismo y de búsqueda de la originalidad por la originalidad en este blog. Más es al contrario, pues no sólo no son un fin, sino que son el resultado del descarte de lugares que, por más de frecuentados, espantan al interés. Y no tanto en lo referido a los datos (que más que ineludibles, son imprescindibles), como a su interpretación. Intentar ejercer de original es, como mínimo, una quimera, cuando el mundo es, cada vez más, un salón de espejos que se multiplican hasta lo indefinible.
Esto —que en absoluto es una disculpa— me sirve para enfocar la atención sobre uno de esos procesos que inconsciente y constantemente realizamos y que tanto ocupan a los semiólogos, la mera comparación de algo con una idea previa o conjunto de símbolos. Cuando se trata de la adaptación literaria puede superponerse el texto original a nuestra visión y, a veces, a una interpretación histórica contrastada. Las semejanzas y diferencias que resultan añaden una intencionalidad de la que pueden extraerse conclusiones, a lo mejor distintas. Y quizás alguna contenga algo original.
Desde el punto de vista filosófico, la emisión del mensaje ya lo transforma en una obra nueva, pero esta línea la dejo para otro día más nublado.
Anamorfismo de Istvan Orosz
La biografía de un escritor está en sus obras; en pocas como en Tristana está don Benito, al tiempo que juega con espejos y bambalinas.
Pedro Ortiz-Armengol, Vida de Galdós (2000) p.309.
Me parece curiosa la frase sobre todo porque las bambalinas laterales son las "patas" del telón de un escenario, un espacio protegido de la mirada del público por donde se mueven el traspunte, el regidor o el director de escena entre un nutrido grupo de tramoyistas, utileros, racionistas o avisadores, comparsas y actores en tránsito (de aquí "entre bambalinas") y que desear que se rompa una "pata" sea de buen agüero en el teatro (deseo de tantas representaciones que se rompa por el uso).
Cuando seleccioné Tristana, fue la de Buñuel, pero acaso canjeé un sambenito por un sanluis. Me explico: suele considerarse Tristana (1892) una obra de su tiempo, decimonónica, exégesis española de Casa de Muñecas de Ibsen (1879); a Buñuel no le gustaba especialmente, pero veía facilidades en su adaptación a la pantalla. Y por ello, aunque se ajusta con bastante fidelidad al argumento original, al menos hasta la mitad —“hasta la rodilla”, permítamese el juego— con sutiles cambios, consigue con un simple gesto dar la campanada para que pueda interpretarse como la (des)ilusión por un futuro (im)posible.
Mire usted señorita. En los tiempos aquellos de mucha religión la gente sabía las cosas por las campanas, y las obedecía. Había toque de agonía, toque de muerto, el de fuego, bandera de gloria, llamado a misa y repliques de gran devoción. La gente oía y allá iban a visitar al agonizante, a enterrar al muerto o a buscar los trabucos cuando tocábamos arrebatos. Hoy ya son otros tiempos. La gente tiene prisa por buscar dinero, no escuchan, hasta se quejan del municipio cuando tocamos a misa porque dicen, fíjese usted, que los despertamos.
Ibid, Buñuel.
Aunque los elementos ya estaban presentes en el texto de Galdós, la visión de Buñuel es más moderna —¡por supuesto!—. Tanto que consiguió la "indiferencia" de D. Manuel Fraga, que sorprendentemente no cambió nada de nada, a pesar de su oposición inicial y el recuerdo del escándalo provocado por Viridiana (1961); algo provocaría que D. Manuel fuera destituido a finales de 1969, aunque tal vez no tenga nada que ver con esta película.

Escena de Tristana (Luis Buñuel, 1970)

Una de las cosas que me llama la atención de las películas de Buñuel es el montaje encabalgado de ciertas escenas, con un diálogo o un narrador que se mete en el siguiente plano, algo que permite una transición dinámica sin introductorias, que lleva directamente a la acción. Esto es tanto más llamativo al comienzo de una película, que es cuando se presenta a los personajes principales: Tristana, Saturna y Saturno, primero que a Don Lope, lo que ya es en sí una diferencia sutil y efectiva.
Que la historia se desarrolle en Toledo y no en las zonas de Cuatro Caminos o Chamberí responde, es de suponer, a la lógica del presupuesto. Toledo encuadra mejor una sociedad tradicionalista que cualquier reconstrucción que se hiciera en aquel momento de Madrid (que también nos parecería provinciana, pero no entonces).
Ya comenté, a propósito de una escena de Buñuel y la Mesa del rey Salomón (Carlos Saura, 2001), el conocimiento y ¿porqué no? cariño de Buñuel por Toledo, por haberse conservado tal y como la llegó a conocer tiempos ha, por sus cuestas y su empedrado, que hace de cualquier avance sea algo más trabajoso, hasta insufrible para un impedido y por si hiciera falta énfasis sobre el desafortunado dicho de que “la mujer honrada la pierna quebrada y en casa”.
Los quites taurinos han evolucionado hacia regates y remates balompédicos, mucho más lógicos para la explanada del colegio y que le permiten poner una zancadilla, como ejemplo de rivalidad, pero también de inmovilismo —mi padre me contó que en sus años, cuando no había otra, componían una pelota de trapo y cualquier cosa, y las porterías, de libros y ladrillos, que para señalar valían, pero lo del juez de línea con banderita es todo un lujo—.
En Galdós, los chicos eran solo huérfanos y habrían alborotado lo suyo (el silencio se hace notar más), y Saturno un mero apunte comparado con el protagonismo que le otorga Buñuel cuando le obsequia con la manzana, sustituto de una naranja y una perra chica —el cambio de fruta no puede ser casual y, por cierto, la moza también come un huevo pasado por agua—. Representa la primera edad de los hombres de Tristana, aunque es tan imperfecto como los siguientes. Como dice su maestro, es vago y anda "papando moscas" (con la boca abierta), pero ¿quién sabe?
A renglón seguido se presenta a Lope, vividor y seductor, de los que van a menos por méritos propios, la tentación de dejarse llevar (Horacio, el tercero, también la defraudará con su fuga mundi) al precio de dejarle colarse entre sus sábanas. Saturna llama a Tristana " la entenada de Don Lope", lo que en principio significa ahijada o pupila, pero que en realidad es la fórmula social que consiente en que vivan bajo el mismo techo.
En la estructura de la película parte de la escena se repite al final, cerrando un anillo en torno a Don Lope, con una intención muy dispar a la literaria, que concluye de esta forma:
Por aquellos días, entrole a la cojita una nueva afición: el arte culinario en su rama importante de repostería. Una maestra muy hábil enseñole dos o tres tipos de pasteles, y los hacía tan bien, tan bien, que D. Lope, después de catarlos, se chupaba los dedos, y no cesaba de alabar a Dios. ¿Eran felices uno y otro?... Tal vez..
Benito Pérez Galdós, Tristana (Madrid, Enero de 1892)
__________
La anamorfosis es una técnica para la distorsión de una imagen mediante un dispositivo óptico (como por ejemplo utilizando un espejo curvo), o a través de un procedimiento matemático. Su resultado se ha utilizado en arte para forzar al observador a un determinado punto de vista preestablecido o privilegiado (también una forma de esconderlo), desde el que el elemento cobra una forma proporcionada y clara. La anamorfosis fue descrita en los estudios de Piero della Francesca sobre perspectiva.
Esta técnica se utiliza en el cine, como por ejemplo en el Cinemascope, en el que mediante lentes anamórficas se graban imágenes comprimidas que producen una pantalla ancha durante la proyección.
Inicialmente se utilizó para mejorar la estética de los edificios debido a la distorsión por acercamiento del espectador, como en los templos griegos y romanos, como para ampliar los espacios interiores (trampantojos). El espectacular resultado de Bramante para la Iglesia de Santa María presso San Satiro (1488, Milan) popularizó esta técnica en las iglesias renacentistas.
En la pintura, el más conocido es el efecto en el cuadro Los Embajadores, de Hans Holbein (Jean de Dinteville y Georges de Selve, c.1533) donde hay una calavera anamórfica, interpretada por unos como vanidad, por otros firma del autor (hohle bein, en alemán hueso hueco, recuerda a Holbein).
El afán de captar la imagen de las cosas llevó a los artistas del XVI y XVII a diseñar instrumentos como las pirámides visuales, las linternas mágicas y las cámaras oscuras, cuyos efectos todavía asombran a muchos espectadores (el año pasado pude disfrutar de que hay en la Plaza Vieja de La Habana).
Durante el diecinueve, la anamorfosis ayudó a los artistas románticos a expresar sus sentimientos. En este período surgen nuevos técnicas más complejas, como los espejos mágicos, dibujos distorsionados que difícilmente pueden reconstruirse sin ayuda de un espejo específico.

La solución es Julio Verne
En 1991 los hermanos Quay hicieron el mayor homenaje fílmico en su Anamorphosis o De Artificiali Perspectiva.

Algunos dibujantes de excepcional imaginación, como Piranesi en el siglo XVIII (época de la arquitectura visionaria) y Escher en el XX (época del surrealismo), han utilizado las perspectivas de tal modo que falsean el propio concepto de realidad visible. Las escaleras, muy utilizadas por ambos (en Escher, invirtiendo su sentido de forma extrañamente verosímil, pero imposible), son un recurso habitual en los trampantojos, debido a su complejidad (líneas y planos proyectándose y rotando en el espacio). Su dinamismo también se ha utilizado en el cine (Escaleras de Odessa en Acorazado Potemkin, de Serguei Eisenstein, de 1925, las que utiliza recurrentemente Alfred Hitchcock o las móviles del Colegio Hogwarts en la serie de Harry Potter).
La decoración urbana, que comenzó a utilizar el trampantojo en el Renacimiento, y especialmente con la arquitectura efímera del Barroco, sigue usándolo, tanto en su vertiente regular-institucional (Richard Haas) como en su vertiente irregular (por artistas callejeros más o menos espontáneos, como Julian Beever, Banksy Eduardo Relero o Zilda). Fuente wikipedia


jueves, 2 de junio de 2016

§75 Forámenes del cráneo

Entonces, poseído por la más absoluta desesperación, hice mi acto de fe, y ya iba a cerrar los ojos para aguardar la muerte, cuando vi abrirse por encima de mi cabeza el agujero del pozo y descender en un ataúd a un hombre muerto, y tras él su esposa con los siete panes y el cántaro de agua.
Las Mil y una Noches, XLI El cuarto viaje de Simbad el Marino.
No podría decir las veces que he visto El jovencito Frankenstein (Mel Brooks, 1974), pero casi tantas como he leído reescritos los mismos comentarios, extraídos de las dos fuentes principales y más accesibles sobre la película, incluidos en cualquier edición digital, a saber, el audiocomentario del director y una entrevista de treinta y tantos minutos a Gene Wilder, co-guionista y autor de la idea original. A pesar de todo, la sensación que retengo es que cada visionado permite apreciar nuevos detalles, antes desapercibidos, ¿que no es posible? Pues el mismo Mel Brooks lo reconoce en el citado audio y se le puede considerar una autoridad en la materia.
Dicho esto, invito a aquellos que no hayan visto todavía la versión original a que no pierdan el tiempo (en otra cosa), porque los juegos de palabras y las resonancias no tienen traslación posible y se están perdiendo parte de la experiencia. Me gustaría decir que el vídeo siguiente tiene esa misma intención (desconozco sus motivos y, francamente, no creo que los aprobara), solo es una mixtura de instantes tan conocidos que no hará falta traducción; el que contiene la escena que quería comentar fue bloqueado por los que detentan aún los derechos legales, como si con ello ganaran alguna batalla a la piratería, pero no me entretendré en discutir más eso.

¡Dentro vídeo!

Según los testimonios, parece que el proyecto empezó a interesar a Brooks cuando Wilder (irónicamente se trata de una b&w movie) sugirió que el doctor se habría cambiado el apellido para evitar el menosprecio por su antepasado. Este cambio no sólo es una idea con muchas posibilidades (como luego demostraron), sino que es algo muy presente en el subconsciente de todos aquellos que han sido perseguidos, los emigrantes en general y es más que evidente en los judíos que llegaron a Estados Unidos a lo largo del siglo XX, muchos de los cuales buscarían refugio en la farándula (que es de armas tomar, como la legión extranjera) y de ahí, a los escenarios y el cine. Para esta película se reunieron un número considerable de ellos, hasta el punto de que se podría considerar una película coincidentemente judía.
Pero lo que espera toda buena madre judía para su hijo es que abra una consulta médica en Manhattan o alrededores, y las cabezas de los demás siempre han dado mucho juego (particularmente la psiquiatría, la estética y la estomatología). Freddy seguro que tuvo algún contratiempo anterior, puesto que le encontramos en la Universidad, que da prestigio y poco más —¡podría ser peor, podría tener que sustituir a Joel Fleischman en Alaska!—.
Precisamente le encontramos a punto de hacer una demostración práctica ante sus estudiantes, que se asemeja más de lo que debiera a lo que zurujanos, sacamuelas y vendedores de pócimas representaban en cada una de sus estaciones; como también es curioso que el protagonista de El médico (Phillipp Stölzl, 2013) hubiera de circuncidarse para ingresar en el bimaristán de Avicena.

ADN Normal
La insistente inquisición del alumno sobre los experimentos de la materia muerta, que tanto enfurecen al doctor Frankenstein (todavía Fronkonsteen), subrayan uno de los temas centrales del cine sobre la medicina, la ética, en sus distintas variantes:
  • Mad doctors, que en solitario o en grupos marginales, experimentan sobrepasando los límites de lo razonable. Incluso hoy en día, en que se publica e investiga en equipos, es un temor presente (inconsciente). Se le suele denominar el factor Frankenstein.
  • La criatura creada a partir de piezas, comparable al robot (término creado en 1920 por Karel Capek para su novela fantástica Russum's Universal Robots, derivado del checo robota, 'trabajo obligatorio', generalizado a partir del Yo robot de Asimov, 1940) induce el llamado complejo de Frankenstein, o temor lógico a ser superado por una máquina (no importa en qué campo, por no repetir materia).
  • El beneficio de los transplantes, que, de humanitario en origen, se ha convertido en algo de trascendencia económica y amenaza con la perpetuación del poder.
  • Y, no por último menos importante, la genética y la generación de vida. Tradicionalmente apuntado como una de las preocupaciones de la mujer y, en particular, de Mary Shelley (Mary Wollstonecraft Godwin de soltera, que perdería tres de sus cuatro hijos) cuando gestaba su Frankenstein.
En mi opinión, émulo de George Sand o Fernán Caballero, Fronkonstin ocultaría a Fronkonstina (o así debería ser).
He intentado en vano que Frankenstein me cuente en detalle la creación del ser; pero sobre este punto permaneció impenetrable.
— ¿Está usted loco, amigo mío? —me contestó— ¿Hasta dónde le va a llevar su absurda curiosidad? ¿Es que quiere crear, también, un ser diabólico, enemigo suyo y del mundo? Si no, ¿a dónde quiere ir a parar con sus preguntas? ¡No inista! Aprenda de mis sufrimientos, y no se empeñe en aumentar los suyos.
Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818, Narración de Walton, v. III, c. 7, p.168-9
__________
Mary Shelley (1787-1851) a pesar de su producción literaria como narradora, dramaturga, ensayista, filosófica e incluso biográfica, es reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankenstein y como la esposa del poeta romántico Percy Bysshe Shelley.
Los estudios sobre sus trabajos menos conocidos apoyan la teoría de que a lo largo de su vida mantuvo una actitud política (y vital) muy radical para la época, basada en la idea de que la cooperación y la compasión, particularmente las practicadas por las mujeres en sus familias, son la vía para reformar la sociedad (desafío directo al romanticismo individual promovido por su marido y las teorías políticas educativas de su padre, William Godwin).
En 1816, Mary Godwin, Percy Shelley y su hijo viajaron a Ginebra con Claire Clairmont (hermanastra de Mary y amante ocasional de su marido). Planeaban pasar el verano con el poeta Lord Byron, cuyo reciente romance con Claire había devenido en un embarazo de ésta. El grupo llegó en mayo a Ginebra, en donde Mary comenzó a llamarse a sí misma «Sra. Shelley» (no contraerían matrimonio hasta diciembre tras el suicidio de la primera señora Shelley). Byron se les unió el 25 de mayo, con su joven médico y secretario, John William Polidori, y alquilaron la Villa Diodati, cercana al lago de Ginebra; Percy Shelley más tarde alquiló un edificio más pequeño llamado Maison Chapuis, ubicado en las cercanías. Pasaron el tiempo escribiendo, navegando en el lago y conversando hasta altas horas de la noche.

El perfecto enclave para devorar historias de fantasmas alemanas

Mary Shelley, en 1831, describió aquel verano como «húmedo y poco amable en lo que respecta al clima, ya que la lluvia incesante nos obligó a encerrarnos durante días en la casa». Entre otros temas, las conversaciones se basaban en los experimentos del filósofo del siglo XVIII Erasmus Darwin, del cual se decía que había animado materia muerta, y de la posibilidad de devolverle la vida a un cadáver o a distintas partes del cuerpo. Sentados alrededor de una fogata en la villa, el grupo también se entretenía leyendo historias de fantasmas alemanas —literal de la wikipedia—. Esto llevó a Byron un día a sugerir que cada uno escribiese su propia historia sobrenatural. Poco después, durante un sueño, Mary concibió la idea de Frankenstein. Comenzó a escribir lo que asumió que sería una historia corta y con la ayuda de Shelley llegó a convertirse en su primera novela, Frankenstein o el Moderno Prometeo, que publicaría anónimamente en 1818, aunque la crítica asumió que era obra de su marido (por el prólogo de Percy y estar dedicado a su héroe político William Godwin). Más tarde describiría el verano en Suiza como «el momento en que por primera vez salté de la infancia a la vida real».
La muerte de Percy determinó que tuviera que hacerse cargo de la familia, de las deudas y del legado literario de su marido y de su padre sin descuidar el propio (Frankenstein pago muchas facturas y alguna que otra extorsión).
La última década de su vida estuvo plagada de enfermedades, probablemente vinculadas al tumor cerebral que se sospecha acabó con ella a los 53 años.
En el primer aniversario de su muerte, la familia inspeccionó su escritorio. Allí encontraron trozos de cabello de sus hijos fallecidos, un cuaderno que había compartido con Percy Shelley y una copia del poema de éste titulado Adonaïs, junto con una página envuelta en seda, la cual contenía algunas de sus cenizas y los restos de su corazón. Fuente wikipedia

miércoles, 25 de mayo de 2016

§74 Voces de la noche

♫ In the wee small hours of the morning
While the whole wide world is fast asleep
You lie awake and think about the girl
And never, ever think of counting sheep
When your lonely heart has learned its lesson
You'd be hers if only she would call
In the wee small hours of the morning
That's the time you miss her most of all
When your lonely heart has learned its lesson
You'd be hers if only she would call
In the wee small hours of the morning
That's the time you miss her most of all
En las primeras horas de la mañana
Mientras todo el mundo duerme
Te despiertas y piensas en ella
Y nunca, nunca en contar ovejas
Cuando tu corazón ha aprendido la lección
Serías suyo si solo te llamara
En las primeras horas de la mañana
Es el momento en el que más la extrañas
Cuando tu corazón ha aprendido la lección
Serías suyo si solo te llamara
En las primeras horas de la mañana
Es el momento en el que más la extrañas
[Traducción propia]
Suena la balada In the Wee Small Hours cantada por Carly Simon —inolvidable su Let the River Run, Oscar a la mejor canción en 1989—, que fue escrita por David Mann y Bob Hilliard especialmente para Frank Sinatra (de ahí que en esta versión se haya adaptado la letra para una mujer). Con ella se abría su álbum homónimo de 1955, considerado uno de los primeros "álbum concepto", pues todas las melodías se relacionan con sentimientos de soledad, introspección, amores perdidos, relaciones fallidas, depresión y vida nocturna, cuando hasta entonces lo normal era que los discos incluyeran una selección aleatoria de éxitos.

Sinatra pisó por primera vez España en mayo de 1950 y lo hizo con el único propósito de encontrarse con Ava Gardner, que estaba rodando Pandora y el holandés errante en la Costa Brava
Su portada retrata a Sinatra, parado en una calle misteriosa y desierta, iluminada de azul, reflejo del estado de ánimo del artista tras su separación de Ava Gardner. Fue un éxito de ventas que relanzó su carrera, alcanzando la posición 3 de las listas EE.UU., donde permaneció 18 semanas,  y se convirtió en el mayor éxito del cantante desde Songs by Sinatra de 1947. Rolling Stone lo colocaría en el número 101 de la lista de los mejores álbumes de todos los tiempos.

Escena de Algo para recordar de Nora Ephron (1993)

"¡Bienvenidos a lo mejor de Marcia Fieldstone, psicóloga clínica y la amiga que usted nunca tuvo!"
La protagonista de esta escena es la inefable locutora, doctorada en la misma universidad que la doctora Elena Francis (cum laude, ambas) y su voz calma, hipnótica y llena de esa seguridad que hace que generaciones de corazones solitarios quieran seguir escuchando, profundizando, asimilando, cual mentalista de las ondas. Meg Ryan cede a la tentación y con aparente inocencia consuma el engaño a su prometido, que ronca plácidamente en el dormitorio de arriba. Con un simpático gesto enciende la radio y coge la manzana (el eficaz símbolismo de Eva) que se dispone a pelar, ensimismada con la evocación de un romanticismo que anhela tanto.
A pesar de todo, el tono es tan elevado que abruma. Me refiero a la melodía, la cocina de rosa con esa profusión de detalles de las estampas de los cincuenta, la nevera barrigona. Tienta, incluso hoy, tanto a los románticos irreductibles, como espanta a los más sensatos, que anotan cada uno de los tópicos trasnochados que acumula toda la película. No deja indiferente a nadie, casi seguro porque está fuera del tiempo —no quiero decir que sea intemporal, sino que no encaja en ningún momento, como una ensoñación o un desvelo—.
Sin querer, me viene a la mente El pequeño Nemo en el país de los sueños (Winsor McCay, New York Herald, 1905-1911), el primer clásico del cómic, en el que se cuentan las aventuras de un niño que despertaba siempre en la última viñeta. Pero sus sueños tenían una continuidad narrativa que también enganchaba —claro que también lo relaciono con Matrix (1999), que no tiene nada que ver con ésta—.
Cosas de la noche, que, a veces, juega con la realidad.

Nemo significa 'Nadie', como sabemos por Julio Verne

__________
El consultorio de Elena Francis fue un programa de radio emitido en España entre 1947 y 1984 de una duración de entre 30 y 60 minutos diarios, estructurados en torno a la correspondencia de las oyentes, fundamentalmente mujeres, en un tono muchas veces cercano a la confidencia.
El espacio surgió en un momento de renovación de los contenidos de los programas de radio como soporte publicitario del naciente negocio cosmético, pero pronto se reveló como una fenomenal forma de adoctrinamiento para la mujer dentro del régimen franquista (al que llegó a sobrevivir un tiempo). Detrás de la supuesta doctora se creó un grupo de "expertos", incluido un sacerdote y un psicólogo, que preparaban los guiones que interpretaron sucesivamente tres locutoras Maria Garriga, Rosario Caballé y, la más recordada, Maruja Fernández. A partir de 1966 se encargó de esta tarea el periodista y crítico taurino Juan Soto Viñoto —¡vaya usted a saber porqué!—.
Todo estaba estudiado, la música, la lectura de la pregunta de la oyente, un breve paréntesis amenizado por una melodía, en que parecía que la doctora meditaba la respuesta y el comentario. Era como un ritual, una misa, en que había muchas Francis, la amiga, la confidente, la directora espiritual, pero también la censora, la juez y la represora.

—"Hazte amiga de Francis"— rezaban las voces sobre el tema Indian Summer (también tuvo su versión por Frank Sinatra), que he llegado a odiar sin paliativos.
Cuando en 1982 Gerard Imbert en su libro Elena Francis, un consultorio para la transición, reveló la inexistencia del personaje y que se habían aprovechado de la ingenuidad de las mujeres españolas, los responsables todavía tuvieron la desfachatez de afirmar que “Elena Francis existe, es un ente físico. Se trata de una señora muy digna, muy preparada y muy amante de su intimidad, que tendrá en la actualidad entre 68 y 70 años. No es posible hablar con ella porque sigue una norma estricta de no conceder entrevistas ni aparecer en público".
Lo único auténticamente real eran las 20.000 cartas que llegaban cada mes de toda España al Instituto de Belleza bajo seudónimos como “una desgraciada”, “una mujer que sufre”, “una esclava del amor”, “una despechada”, “una víctima de su propio error” o “una pecadora arrepentida”. Fuente El País

jueves, 19 de mayo de 2016

§73 Frontera garbancera

Humpty Dumpty sat on a wall,
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king's horses and all the king's men
Couldn't put Humpty together again.
Humpty Dumpty en un muro se sentó,
Humpty Dumpty de él se cayó.
Ni todos los caballos ni todos los hombres del Rey
pudieron a Humpty recomponer.
(originalmente no se decía que Humpty Dumpty era un huevo)
Al cine siempre le han fascinado las fronteras. Eso es tanto como decir que al hombre siempre le ha interesado hasta dónde podía llegar. Sin esa capacidad, es difícil que se hubiera producido avance alguno. Pero por necesaria no deja de ser una arbitrariedad más. Cada uno establece unos límites y, de alguna forma, se llega a un acuerdo sobre dónde quedan. La frontera establece desde entonces la seguridad del ser y el no ser, del bien y del mal, del yin y del yang. El dualismo intrínseco a todo lo existente en el universo, si nos atenemos al taoísmo, traído a lo cotidiano.
Ahora bien, en el mundo real no es fácil distinguir en qué lado estamos. Vemos la frontera como el borde de una silueta demasiado grande para saber a qué pertenece. Vivimos en la tranquilidad de la existencia de unos límites, ignorantes de todo, de lo que contienen y de lo frágiles que pueden llegar a ser. El drama está servido. Por eso al cine le gustan tanto.

Escena de Sicario, de Denis Villeneuve (2015)

Inevitablemente las tomas cenitales de esta película recuerdan, al menos al espectador español, las estampas de los créditos de La isla mínima, de Alberto Rodríguez (2014). Pero discrepo de los que ven una misma intención en ambos realizadores, lo que sería como decir que el recurso tiene una única lectura. Al menos en este caso, la elección queda justificada en un primer apunte de un personaje omnipresente, Juárez (México), la Bestia, anunciado con una llamada amenazadora, que se extiende por todo el más allá de la frontera: una malla de alambre que no logra contener el ansia del zorro, que antes o después encontrará un hueco para su zarpa o excavará una madriguera por la que colarse en el gallinero.
Si no fuera por las trompas apocalípticas y la parafernalia de la administración americana, tendríamos dificultades para saber si estamos del lado de los raposos o de las plumíferas. Por eso tras una escena inicial demoledora, que determina en qué lado debemos estar, despegan los helicópteros y ya nada está tan claro, si perdemos de vista por un instante el norte, puede que ya no sepamos a qué atenernos.
No se trata de un descenso a los infiernos —como he leído, aunque reconozco que subir y bajar también puede llevar a la desorientación— al modo griego, entre otras cosas por que el héroe (debería poner heroína pero podría inducir a confusión) no llega a establecer un contacto directo con Hades. El mito del descenso se puede estructurar en tres fases diferenciadas: la separación, la iniciación a través de las pruebas y el retorno, que no se cumplen en esta ocasión. Su papel está más cerca de los chicos que en otra escena juegan al fútbol: lanzas la moneda y te toca un lado del campo. Quizás de ahí esa sensación de haber sido manipulados, sobre todo con respecto al protagonismo, pese a que el título ya lo advertía.

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”-  José Guadalupe Posada
También me llama la atención que uno de los carteles de la película utilizara un grafo de una calavera. Durante el gobiernos de Benito Juárez ésta acompañaba a escritos críticos y de denuncia. Precisamente el director decía en una rueda de prensa durante la presentación en Cannes que se deberían hacer más y más películas sobre la frontera mexicana, hablando de la violencia omnipresente y su sentimiento de responsabilidad como americano (cf. La Vanguardia).
"No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente" William Howard Taft, vigesimoséptimo presidente de EE.UU.
Cierto es que estas palabras las pronunciaría años después del encuentro con Porfirio Díaz —sino le pegan el tiro seguro—, cuando estaba sin resolver el tema de la frontera del río Bravo, que marcaba la frontera entre ambos países, por la mala costumbre del río de cambiar de cauce con el tiempo: había dejado parte de México al norte del río y parte de Estados Unidos al sur, una zona llamada El Chamizal, disputada por ambos países.

__________
La historia de La Catrina empieza durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, cuando se empezaron a popularizar textos escritos por la clase media que criticaban la situación del país y la actitud de las clases privilegiadas. Redactados de manera burlona y acompañados de dibujos de esqueletos vestidos con ropas de gala se empezaron a reproducir en los periódicos llamados de combate.
La versión original procede de un grabado en metal del caricaturista José Guadalupe Posada. Originariamente es conocida como la Calavera Garbancera. «Garbancera» es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que vendían garbanza, que teniendo sangre indígena pretendían ser europeos, ya fueran españoles o franceses (esto último más común durante el Porfiriato) y renegaban de su propia raza, herencia y cultura.
Esto se hace notable por el hecho de que la calavera no tiene ropa sino únicamente el sombrero; desde el punto de vista de Posada, es una crítica a muchos mexicanos del pueblo que son pobres, pero que aun así quieren aparentar un estilo de vida europeo que no les corresponde.
«...en los huesos pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz».
Diego Rivera fue quien además del nuevo nombre (de catrín, hombre elegante y bien vestido) le dio su atuendo característico, con su estola de plumas, al plasmarla en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947), donde aparece con su creador, José Guadalupe Posada, una versión infantil de Rivera y Frida Kahlo.
Las calaveras literarias, son composiciones en verso tradicionalmente mexicanas que en vísperas del día de muertos se suelen escribir como otra de las manifestaciones de la cultura popular para hacer burla tanto a los vivos como a los muertos, y recordar que todos nos vamos a morir. Están escritas con un lenguaje satírico o burlesco y son textos muy breves pero que reflejan todo el espíritu y festividad del mexicano frente a la muerte. Hoy en día se acostumbra que desde que los niños son pequeños, en la escuela, hagan burla o crítica de algún personaje o situación de interés general o moda con este formato. Fuente wikipedia
   Las Marcelas y las Saras
que al cine van a gozar,
vendiendo hasta las cucharas,
y se embadurnan las caras
porque pretenden gustar,
   serán indudablemente,
sin ninguna discursión,
de improviso o lentamente
esqueleto pestilente,
calaveras del montón.
José Guadalupe Posada 

domingo, 8 de mayo de 2016

§72 Perros de paja

El Cielo y la Tierra no tienen benevolencia,
para ellos los seres sólo son perros de paja.
El sabio no tiene benevolencia,
para él las gentes del pueblo sólo son perros de paja
Tao Te Ching, Lao Tse -V 49 A12-1
En la China antigua los perros de paja (muñecos imitando perros que eran rellenados de paja) se utilizaban para las ceremonias rituales. Estos muñecos eran una ofrenda a los dioses por lo que eran tratados, durante el ritual, con la mayor de las reverencias pero, una vez acabado, cuando ya no eran necesarios, eran pisoteados y abandonados.
El otro día recorté una frase de una crítica que me pareció que merecía una reflexión más calmada. Hablaba de cobardía cuando se justifica un juicio sobre una obra en la mera comparación de los ingredientes con la que la inspira (en algunos casos, supuestamente). Si inicialmente me hizo sonreír, por cuanto defendía una postura que he mantenido cada vez con mayor frecuencia dada la cantidad de reversiones que surgen a cada momento y el mayor conocimiento enciclopédico (coleccionista o quizás "gugleico") del espectador asiduo, al final carcajeé porque desvelaba la confusión por reseñar cuando se quiere defender una crítica, y no solo me refiero a los amateurs, con lo que podríamos estar ante un  "jerrimaguire" o sinceridad espontánea profesional —si el asperger es considerado enfermedad rara, esto, ni te cuento—. No se refería a esta película, lo que no invalida su pertinencia o vigencia dentro del debate sobre las revisiones y los reinicios, su necesidad y desarrollo, como para el de la ética en el trabajo —sobre el que me centro a partir de este momento—.
La elección como tema de la cárcel de Stanford ya había sido abordada con anterioridad, aunque se había omitido en el título otra referencia que no fuera al solo experimento, quizás para dar cierto grado de verosimilitud. En realidad en ambas ocasiones (2001 y 2010) se habían recreado versiones de la novela de Mario Giordano, Black Box (1999), una ficción inspirada (y desarrollada) en el estudio y no los hechos como se produjeron, lo que seguramente se deba a que las cuestiones científicas suelen ser tediosas y poco dadas al lucimiento hasta que se desmadran; aunque ésta lo hizo —no cabe duda—, no lo fue tanto como podría necesitar una película, tal como lo demuestran sus finales.

Trailer oficial de Experimento en la prisión de Stanford (2015) de Kyle Patrick Alvarez

Un dato interesante y poco resaltado es que se financió con fondos de la Marina americana, interesada en buscar explicación tanto a los conflictos en su sistema de prisiones como dentro de la propia disciplina del cuerpo de marines. En décadas anteriores fondos de la CIA habían servido para financiar experimentos sobre el LSD y otras sustancias sin consentimiento de los pacientes, en clara violación del código de Nuremberg; en MK Ultra participaron cuarenta y cuatro universidades estadounidenses, 15 fundaciones de investigación o químicas o compañías farmacéuticas y similares incluyendo Sandoz (actualmente Novartis) y Eli Lilly & Co., 12 hospitales o clínicas (además de las relacionadas con las universidades), y tres cárceles.
Tras la selección de veinticuatro sujetos (predominantemente blancos, jóvenes y de clase media y todos universitarios) se hizo una asignación aleatoria de papeles: los guardias recibieron porras y uniformes caqui de inspiración militar y se les proporcionaron gafas de espejo para impedir el contacto visual (el doctor Zimbardo, director del experimento, diría que había tomado la idea de la película La leyenda del indomable, de Stuart Rosemberg, 1967). Se les transmitieron las siguientes instrucciones:
Podéis producir en los prisioneros que sientan aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, vosotros, yo, y de que no tendrán privacidad... Vamos a despojarlos de su individualidad de varias formas. En general, todo esto conduce a un sentimiento de impotencia. Es decir, en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno.
Vídeo The Stanford Prison Study, citado en Haslam & Reicher, 2003.
Los prisioneros fueron, sin previo aviso, «imputados» por asalto a mano armada y robo (artículos 211 y 459 del código penal) y arrestados por policías reales del departamento de Palo Alto, que cooperaron en esta parte del experimento. Pasaron un procedimiento completo de detención, incluyendo la toma de huellas dactilares, y se les leyeron sus derechos Miranda —la cantinela que repiten en cada episodio policial—. Después fueron trasladados a la prisión ficticia, donde fueron inspeccionados desnudos, «despiojados» y se les dieron sus nuevas identidades.
Las flexiones eran una forma habitual de correctivo físico impuesto por los guardas para castigar las infracciones de las normas o las muestras de actitudes inadecuadas hacia los guardas o la institución. Cuando vimos que los guardas hacían hacer flexiones a los reclusos, inicialmente pensamos que era un tipo de castigo inapropiado para una cárcel -una forma de castigo suave y un poco juvenil. Sin embargo, más tarde descubrimos que las flexiones se usaban a menudo como forma de castigo en los campos de concentración nazi, como puede verse en este dibujo hecho por un antiguo prisionero de un campo de concentración, Alfred Kantor. Hay que señalar que uno de nuestros guardas incluso se subía de pie sobre la espalda de los reclusos mientras hacían las flexiones u obligaba a otros reclusos a sentarse o subirse de pie sobre la espalda de sus compañeros. Fuente Prisionexp.org

Para facilitar el control del orden, debilitado por la equiparación numérica, se siguió la sugerencia de uno de los guardias de utilizar tácticas psicológicas: una de las celdas se convirtió en un lugar de privilegio, donde se permitía el aseo personal, la ropa y mejor alimentación en presencia de los reos que habían perdido esos beneficios temporalmente y, posteriormente, se volvieron a distribuir las celdas mezclando presos buenos y malos para sembrar la sospecha de colaboracionismo. En la realidad, la mayor amenaza para un preso procede de otros reos y el racismo se utiliza como una forma de romper alianzas. Al mismo tiempo que el control mejora la confianza y cohesión de los vigilantes.
Los guardas fueron especialmente duros con el cabecilla de la rebelión, el recluso #5401, un fumador empedernido al que controlaron regulando cuando podía o no fumar. Después se descubrió que era un supuesto activista radical que se había presentado voluntario para "desenmascarar" el estudio como una herramienta del sistema para encontrar formas de controlar a los estudiantes radicales y había planeado vender la historia a un periódico cuando acabase el experimento. A pesar de ello, incluso él entró tan completamente en su papel de recluso que estaba orgulloso de haber sido elegido líder del Comité de quejas de la cárcel del condado de Stanford, tal como revelaba en una carta a su novia.
Ibid.
Los reclusos le pusieron el mote de "John Wayne" al guarda más brutal y duro; el guarda más infame de una prisión nazi cercana a Buchenwald, recibió el nombre de Tom Mix a causa de su imagen de vaquero macho del "salvaje Oeste" al humillar a los internos del campo.
La quinta noche, algunos padres pidieron un abogado para liberar a su hijo de la cárcel, con la explicación de que un sacerdote católico que había podido entrevistarse con ellos se lo había recomendado. 
Incluso los guardas "buenos" se sentían impotentes para intervenir y ninguno de los guardas dimitió mientras el estudio se llevaba a cabo. En realidad, hay que destacar que ningún guarda llegó nunca tarde a su turno, ni se ausentó por enfermedad, salió antes de hora, o exigió una paga extra por trabajar más horas.
Ibid.
El experimento fue interrumpido al sexto día. Paradójicamente al día siguiente estalló un motín en la prisión de San Quintín, cuando el sacerdote de Soledad, George Jackson, tras introducir un arma escondida, liberó a algunos reclusos de sus celdas que torturaron y asesinaron sumariamente a varios guardias y presos acusados de ser confidentes. Y un mes más tarde, en la prisión de Attica, hubo otro amotinamiento, igualmente reprimido por fuerzas especiales, donde los presos reclamaban ser tratados como seres humanos.

Escena de Experimento en la prisión de Stanford (2015) de Kyle Patrick Alvarez
[Suprimido por la NBC. Aún así incluyo un breve comentario sobre el mismo]
En la escena, la cámara se mueve en un traveling lateral hacia la derecha de caracter informativo (positivo) y retorna hacia la izquierda en el que se exponen las restricciones (negativo), como un retruécano visual, seguido de otro traveling hacia la derecha, pero esta vez desde detrás de las celdas, en el que los presos obedecen dócilmente. Al mismo tiempo la mano del jefe de prisión pasa de señalar con el índice a mostrar una manzana oculta en la palma, que ha mordisqueado, como está haciendo con sus derechos. Todo anticipa el resultado de la lectura (otra intromisión más) de las misivas, que no es otro que los presos terminarán aceptando cualquier condición; la alternativa en otras películas es la fuga o la muerte, puesto que incluso en Brubaker (de nuevo Stuart Rosenberg, 1980) el sistema siempre se impone.

Los resultados del estudio del doctor Zimbardo fueron criticados por su falta de ética y cuestionadas sus carencias en rigor científico y validez ecológica (falta de correlación con una situación real). En 2003 Haslam y Reicher, psicólogos de las universidades de Exeter y St Andrews respectivamente, llevaron a cabo una repetición parcial del experimento con la asistencia de la BBC, que televisó escenas en un reality llamado también El Experimento. Las conclusiones que extrajeron serían muy diferentes a los del doctor Zimbardo, lo que arrojó nuevas dudas sobre su estudio.
Pero lo que si parece claro es la aterradora facilidad para crear un sistema que incite o fomente comportamientos similares justificados en el cumplimiento de normas, el mantenimiento del orden o su preservación, que deja entrever cualidades insospechadas en personas aparentemente normales cuando toman el mando. Y no solo afecta al sistema penitenciario o al ejército, sino a cualquier grupo susceptible ,como parece indicar el creciente número de casos de acoso escolar (bullying), laboral (mobbing) y la violencia interfamiliar, incluida la violencia "de género". 
Da que pensar.

lunes, 2 de mayo de 2016

§71 El archipámpano de las pulgas

Es casi seguro que la afición al cine venga determinada por la costumbre de los padres de contar un cuento al acostarnos. No tiene una razón en la continuidad con las tareas diarias, por lo tanto debe haber una relación con el mismo hecho de concluir el día y el paso a una experiencia necesariamente individual para la que nunca considerarán que nos han preparado suficientemente. De ahí las plegarias, para invocar lo benéfico, y los cuentos, evocadores de situaciones que, por muy difíciles que se planteen, se conjuran con un final feliz amañado. Con los años he olvidado (sino renunciado) hacer mis oraciones, pero continuo terminando el día con mi dosis de ficción que me permita apartar la mente de las azarosidades diarias, sabiendo que esas nuevas tramas me son ajenas y, aunque pueda haber cierta identificación con los personajes, predomine la incredulidad.
Sea por ello que esta película, más que otras por este motivo, me incite a escribir sobre las distintas lecturas que se llegan a dar a una misma historia. Ya no solamente de la distorsión que puede haber entre espectador y director; cuando leo inconscientemente los títulos de crédito del final de las películas siento por igual respeto y vértigo por la cantidad de personalidades que han literalmente manipulado la información bajo la batuta que imaginamos como la dirección. En el caso de la tradición popular es incluso más rica.
La base de los cuentos se encuentra en el cotilleo, la comidilla que por recurrente llega a rumor y chisme antes de llegar a cuento; y de ahí a leyenda, novela o historia y finalmente a mito (del griego mythos, cuento). La persistencia de los cuales se debe a su función moralizadora y al transmitirse oralmente se adapta sutil, primero, y manifiestamente, después, en pugna por mantenerse vigente ante nuevos gustos y las nuevas finalidades que se les quieran dar. Más o menos hasta quedar fijados por algún erudito que haga acopio de ellas, sin perjuicio de continuar evolucionando o de las mutaciones por traslado a otras lenguas o inclusión en nuevas colecciones.

La Mafia también es un sifonáptero familiar

La intención de Giambattista Basile en El cuento de los cuentos (c.1632) no parece ser sólo de compendiar relatos moralizadores como en la Edad Media o divertimentos al modo del Decameron; si reproduce la excusa que le da estructura de jornadas, por lo que es conocido también como Pentameron, pero con una idea más cercana a la de Las mil y una noches (Alf Layla wa-Layla) que, por cierto, no era conocida en Occidente en aquellas fechas. Sus relatos (es evidente que los hizo suyos) sirven de continente de la sabiduría popular y sus fantásticas imágenes, que habían quedado fuera de la obra de Bocaccio:
[un bosque] donde los árboles hacían de empalizada a un prado para que no fuese descubierto por el Sol, los ríos se quejaban porque al avanzar por la oscuridad tropezaban con las piedras, y los animales silvestres, sin pagar tributos, disfrutaban de su Benevento [ciudad asilo perteneciente a los Estados Pontificios] y se desplazaban a salvo por toda esa maraña.
Esto me lleva a la decisión de Garrone de llevar a la pantalla su particular visión, que no es la de la tradición, ni la del escritor —más en la línea de Passolini o de Fellini, salvando los resultados—. Su relato trata de imbricar las historias de tres reinos cuyos monarcas actúan de forma caprichosa e irresponsable, como metáfora de lo que ocurre en la Europa actual, dejando imágenes tan poderosas que probablemente despisten al espectador de la crítica implícita.
El argumento de La pulga (pasatiempo quinto de la jornada primera) queda resumido en el encabezamiento del propio Basile:
Un rey, que tenía poco en qué pensar, cría una pulga hasta que ésta se vuelve gorda como un castrado, la manda entonces desollar y ofrece su hija como premio a quien sepa decir a qué animal pertenece la piel. Un ogro la reconoce por el olor y se lleva a la princesa, que luego es liberada por los siete hijos de una vieja, mediante igual número de pruebas.
Solo se me ocurre añadir que si en los sucesos de Altomonte pueden verse trazas transalpinas, para el reino de España se hubiera utilizar La vida del Buscón, que por algo es contemporáneo, díscolo y más cercano de lo que aparenta.

Escena de El cuento de los cuentos (2015) de Matteo Garrone [Sustituida por el trailer a raíz de la reclamación de Rico Management, causante del cierre de muchos canales YouTube y, por lo que dicen, imposible de contactar]


De la lectura del original de Basile para este fragmento, que debería haber incluido las siete proezas de cada uno de los hijos contestadas por tantas réplicas del ogro —queda para otro tipo de película—, se llega al ataque furibundo del marido ultrajado (guste o no, legítimo) al carromato de los cómicos y su madre; la habilidad de escupefuego y el malabarismo de manzanas —¡siempre manzanas! no presentes en el cuento de las que llega a ofrecer una a Violet, pero no hay tiempo—evidencia que se trata de una troupe de artistas, ya presentes en segundo plano desde el comienzo. 
En 2002, durante un viaje a Bulgaria, Berlusconi compareció ante las cámaras para denunciar el supuesto "uso criminal" que tres populares personajes televisivos, los periodistas Enzo Biagi y Michele Santoro y el humorista Daniele Lutazzi, hacían de sus espacios en la RAI. Tras el edicto [búlgaro o de Sofia], los tres fueron despedidos [a estos les siguió Roberto Benigni]. Y las imágenes se enterraron en los archivos, porque ofrecían un aspecto de Il Cavaliere poco tranquilizador.
Fuente El País
__________
La Academia de los Ociosos o degli Oziosi fue creada en Nápoles en 1611, durante el virreinato del séptimo conde de Lemos, don Pedro Fernández de Castro, con la intención de reunir a los mayores ingenios que se encontraban en ese momento en la ciudad. Sus estatutos fundacionales permitían ser miembros de la misma a españoles, italianos y franceses, hombres y mujeres por igual (caso de la poetisa Margherita Sarocchi).
Su irónico nombre fue sugerido por uno de sus primeros socios, Francesco De’Pietri, por oposición al afanoso negocio, es decir, como noble actividad del espíritu, en la misma línea que su lema Non pigra quies o su símbolo, un águila vigilante en lo alto de una roca —y que me gusta interpretar como ¡no va a ser todo ganar dinero!—.
Inicialmente se permitió únicamente el empleo del latín y el toscano, tanto en las disertaciones verbales como en las composiciones literarias y científicas, pero la inclusión de un relevante e ilustre número de escritores españoles en un segundo momento hizo que se autorizara el uso de nuestra lengua, por otra parte conocida por la mayoría de los napolitanos medianamente cultos.
La visita de Quevedo a Nápoles propició su rápida admisión, por ser ya un escritor famoso y admirado, además de secretario y amigo íntimo del nuevo virrey, el duque de Osuna (Pedro Téllez Girón, también conocido como Miedo del Mundo), y que dominaba las tres lenguas. Se cuenta que disfrazado de pordiosero consiguió evitar ser ahogado en el Gran Canal, como se estilaba en esos tiempos, por unos sicarios que le tomaron por lugareño, mientras ejercía de enlace con el embajador español. Un mes después al no dar con él ni con el duque, quemarían sus retratos en la plaza pública, dando por concluida la llamada Conjura de Venecia.
Es muy posible que lo que más echara de menos de la Academia a su retorno fueran aquellos interludios semanales con los más eminentes ingenios napolitanos. Su Cuento de los cuentos es un evidente eco de Lo cunto de li cunti de Giambattista Basile, uno de sus contertulios habituales.
[Félix Fernández Murga, "Francisco de Quevedo, Académico Ocioso" en Homenaje a Quevedo (ed.) de Victor García de la Concha, p. 45 ss.]