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domingo, 26 de mayo de 2019

₰30 Entrantes y primeros platos

LEAR
... Sabed que he dividido
en tres mi reino y que es mi firme decisión
liberar mi vejez de tareas y cuidados,
asignándolos a sangre más joven, mientras yo,
descargado, camino hacia la muerte.
Mi yerno de Cornwall y tú, mi no menos querido
yerno de Albany, es mi voluntad en esta hora
hacer pública la dote de mis hijas
para evitar futuras disensiones. Los príncipes
de Francia y de Borgoña, rivales pretendientes
de mi hija menor, hacen amorosa permanencia
en esta corte y es forzoso responderles.

William Shakespeare, El rey Lear, Acto I
Tengo una teoría, seguramente absurda, sobre el verbo repartir: se le tuvo que añadir un prefijo para resaltar lo arduo que puede llegar a ser, cuando se quiere dar contento a todos. Lo que no tengo claro es si la reiteración a la que alude se debe tanto al número de fracasos en el intento, como a la cantidad de fragmentos que suelen resultar, en el bien y en los afectos.
Una de las causas de tal dificultad estriba en llevar implícita una valoración del individuo, que no suele coincidir con la que tiene de si mismo. Y por ello se ha generalizado el uso de las partes iguales; argumento falaz difícil de rebatir al encerrar el siempre esquivo concepto de la igualdad.
No me malinterpretes, no abogo por la preeminencia de facción alguna. Me refiero a la estimación que tiene cada uno de los demás, que solo aspira a ser igualitaria (se diga lo que se diga), y a la justeza en el reparto, que no tiene porqué implicar una forma de justicia.
Hay varios paradigmas a este respecto. En un intento de amenizarlos me voy a apoyar en una hipotética comida que se produce regularmente entre tres personajes, que podrían ser un abogado, un banquero y un contable (lo que me interesan son las iniciales, por lo que podrían ser un árabe, un británico y un chipriota), semanalmente en un mesón. Allí, entre plato y plato, hablan y se escuchan, sobre materiales previstos y aquello que les pasa por las mientes.
Un mediodía se aborda este tema con el siguiente resultado; la reescritura (¡otra más!) de un acertijo clásico, que he rastreado hasta Niccolò Fontana, "Tartaglia", matemático del siglo XVI, y que suele citarse para ilustrar la diferencia entre erudición y saber.
  • La herencia de Abbas
Hubo un hombre, que había dedicado su vida a la cría de caballos, que al ver finalizar sus días dejó estipulado cómo distribuirlos: la mitad al mayor, que tenía familia propia, un tercio al segundo, para que pudiera crear la suya y una novena parte para el menor, que aún disfrutaría de la protección prevista para su esposa y demás miembros de la casa.
Esta disposición no fue bien recibida por los legatarios, que no encontraban una buena solución con el número de animales disponibles.
Según se dijo, consultaron a múltiples expertos que se demostraron igualmente incapaces, hasta que la viuda (y esta es la opción que más me satisface) cedió una yegua, de nombre Aquedah, que tenía para sus desplazamientos. Que si había que sacrificar un animal, fuera el suyo, que era viejo y habiendo cumplido su función en la vida, su fin evitara una contienda.
Y así cada uno pudo recibir lo suyo y se dio por satisfecho, animal alguno tuvo sacrificio y el donado pudo regresar al establo al que pertenecía, demostrando que un mal reparto puede contentar a todo el mundo.

Al terminar el relato, el contable repasaba sus cálculos sobre el tamaño que tendría la yeguada y el banquero protestaba por que no se había tenido en cuenta el valor individual de los caballos, su edad, su sexo o la función a la que se podían dedicar, fallando que se trataba de un reparto francamente desafortunado e impropio de un criador.
Por mi parte, solo añadir que he leído varias versiones sobre el mismo esquema (y se me ocurre otra con los sillones azules del hemiciclo) que me animaron a componer una pequeña adivinanza para aquellos que o bien conocían la anécdota o bien les ha parecido un testamento:
Qué es más grande que todos tienen, todos temen perder y es imposible repartir.
Estudio de caballos de Théodore Géricault




domingo, 19 de mayo de 2019

₰29 El rey Pelasgo

Tantas idas
y venidas,
tantas vueltas
y revueltas
(quiero, amiga,
que me diga),
¿son de alguna utilidad?
Tomas DE IRIARTE. Fábula de La ardilla y el caballo
Tomo prestado el siguiente acertijo y le añado una coda:

El rey de las ardillas entrena a las tres candidatas a sucederle, a saber, roja, negra y gris, escondiendo una bellota dorada bajo una casilla de un tablero de 6x6 que deben averiguar. Para ello entrega una tarjeta a cada una (que no deben revelar, so pena de castigo) en que está escrito un número del 0 al 9, diferente para cada una. El dígito representa las casillas que distan entre las que ocupan al inicio y la que oculta el tesoro siguiendo un recorrido de movimientos horizontales y verticales, no estando permitido usar diagonales, y siempre dentro del tablero (por ejemplo, si la bellota estuviera bajo la casilla de la ardilla negra su tarjeta pondría 0, la de la gris 4 y la de la roja 5).


En la ocasión que ilustra la imagen, el monarca les preguntó, como siempre: ­—¿Ya sabéis dónde está la bellota dorada?­— Y las tres ardillas contestaron: —¡No!— Al unísono. Un instante después la ardilla roja exclamó: —¡Un momento! Sí, ahora ya se donde está.

Evidentemente, en ese momento las otras también supieron dónde se encontraba la bellota. ¿Y tú?

CODA: Si hubiera pasado sólo un poco más de tiempo sin que la roja hubiera cambiado su respuesta, la gris, dotada, además de gran inteligencia, de una vista extraordinaria (en realidad todas se habían percatado de que el rey no había dispuesto ninguna tarjeta con el 6 o el 9, para evitar confusiones), también habría replicado: ­—¡Un momento! Sí, ahora ya se donde está.

Evidentemente, las otras todavía no sabrían dónde situar la bellota. ¡Ni yo! Mi vista ya no es lo que era.



martes, 23 de abril de 2019

₰27 Un cuarto, cuatro maravedís

Es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que aun con estar hecho cuartos
no pierde su calidad.
Francisco de Quevedo

La debilidad que todo el mundo siente por los acertijos me llevó, un día que navegaba azarosamente por la red, a visitar la página de un diario que retaba a descubrir entre doce monedas aparentemente iguales, una falsificación, un poco más pesada, utilizando una balanza de platillos un máximo de tres veces. Recordé, casi al instante, una historia que siendo niño me había contado mi padrino; uno de los pocos vestigios de él que me quedan hoy.
Versaba sobre un comerciante que había solicitado la hospitalidad de su hogar a un hombre al que se consideraba el más sabio de la región. Tras alabar la cena y como muestra de agradecimiento planteó como divertimento el problema de las monedas, sacando unas relucientes que tenía guardadas en una bolsita de terciopelo; que bien pudieran ser doce y de cobre en aquella versión.
Al cabo de unos minutos, el hijo mayor, que se sentaba a su diestra, expuso que había varias posibles soluciones, aunque si de nueve se hubiera tratado se resolvía con dos intentos, ni uno menos.
A su lado, otro de los hijos añadió que, para una docena bastaban dos mediciones si era conocido el incremento de peso de la falsa sobre una verdadera, partiendo dos, eso sí, con gran exactitud, y aportando una fracción de cada una, por ejemplo la mitad.
Frente a él en la mesa, el menor de los hijos, no había dejado de moverse adelante y hacia atrás. Había calculado que, si no importaba la integridad de las piezas y con diferentes divisiones hechas con igual precisión, se podía deducir del resultado de una única pesada. Dijo simplemente: UNA.
Entonces la mujer, que había estado atenta, aun cuando todavía estaba atareada con el cacharrerío, concluyó que no hacía falta tal despilfarro, ni del uso del tanteo, si se contaba con un fluido lo suficientemente denso para que flotaran las auténticas y que seguramente había otros procedimientos menos arduos con los que observar la diferencia.
Unos y otros comenzaron a discutir en defensa de sus propuestas cuando súbitamente, el padre, que se había mantenido hasta entonces impasible, dio en el tablero un golpe, tan certero que volteó once de las monedas, descubriendo a la intrusa.
Tras la sorpresa inicial y sopesando lo acontecido, el mercader anunció que era hora de retirarse y que partiría temprano, para aprovechar el alba; convencido como estaba de que más le valdría buscar mejor plaza para sus negocios.

Anverso de moneda de cuatro maravedís (cobre),
acuñada a nombre de los Reyes Católicos con
ceca de Cuenca.

P. S.: No habían pasado ni diez días cuando un buhonero pasó por su puerta. Entre otras bagatelas llevaba un estuche con doce monedas de bronce, incluidas dos inapreciables imitaciones...


miércoles, 23 de enero de 2019

₰26 Te delata tu bebida

Como regalo improvisado de cumpleaños. Como homenaje a los viejos tiempos, los gozosos tiempos pasados y a la buena vida que ya no nos dejan paladear. Por nuestro bien, observaremos las restricciones y seguiremos los sabios consejos, con prudencia. Casi al pie de la letra. ¡Levanto mi taza de grano germinado!

Acabó, se acabará, quizás acabe. (Pausa.) Los granos se juntan a los granos, uno a uno, y un día de repente, forman un montón, un montoncito, el imposible montón. (Pausa.) Ya no se me puede castigar. (Pausa.)
Samuel Beckett, Fin de partida

viernes, 6 de enero de 2017

§78 El argumento del tercer hombre

Los chinos utilizan dos pinceladas para escribir la palabra crisis. Una pincelada significa peligro, la otra, oportunidad. En una crisis toma conciencia del peligro, pero reconoce la oportunidad.
In the Chinese language, the word "crisis" is composed of two characters, one representing danger and the other, opportunity.
John F. Kennedy (discurso en Indianapolis, 12-04-1959)
LISA: —The Chinese have the same word for crisis as opportunity.
HOMER: —Yes, Crisitunity, you're right!


Todos hemos sido niños alguna vez. Y por ello, crédulos.
Durante un tiempo la fórmula [crisis = peligro + oportunidad] tuvo tanto predicamento que parecía una moraleja sacada de una fábula de Esopo o Samaniego o de El arte de la guerra —para mantener el toque oriental—.
Aunque cuando alguien me suelta del tirón la cita le concedo un tiempo adicional para que la culmine haciendo referencia a Lisa o Los Simpson en un guiño a mi complicidad. En su defecto, deseo con fervor que apunte el socorrido "alguien dijo", restándole la seriedad justa para que lo pueda tomar como una muestra más de la sabiduría popular —no es desprecio, simplemente que no está lejos de la cháchara insustancial—. Lo que me parece lamentable es que se conozca la autoría de Kennedy —tampoco es desprecio, sino tristeza, por lo que prosigue—.
La era de los buscadores de Internet nos ha privado de muchos momentos de animada controversia y algún que otro 'qué te juegas' que nunca debió producirse en un bar. Pero creo a pocos tertulianos rebuscando la cita en el discurso de Indianápolis del 12/04/1959. Y aquí incluyo a los auténticos culpables, a todos los que han copiado la decorativa traducción de las pinceladas en sus libros, sus clases y sus webs y que por pereza la han reducido al contenido de una galletita de la fortuna —cuyo origen no es China, sino San Francisco y Los Angeles (ver wikipedia)—.
When written in Chinese, the word "crisis" is composed of two characters - one represents danger and one represents opportunity. The danger signs are all around us. With less than half our productive capacity the Soviet Union has at least equalled us in several crucial areas of military science and technology. Since World War II a devastated Russia has rebuilt its factories, harnessed its rivers and regimented its manpower in such a way as to challenge us in many fields of science and technology where we were for so long supreme. Sputnik is a symbol - the symbol of Soviet concentration on scientific education and development - at the expense, it is true, of the immediate needs of the Russian people. Fuente jfklibrary.org
¿No es esto un panfleto?
Lo que me lleva a concluir que la mayoría, durante esta crisis hemos tenido que buscar motivación o consuelo en algún consultor. O nos lo ha procurado la empresa para la que trabajamos.
Sin tener que acudir los argumentos que desmontan su lógica (se cita un artículo de Victor H. Mair, de la Universidad de Pennsylvania, p.e. en la wikipedia) y que ésta pueda llevar a conclusiones dañinas del tipo: ¿cómo puedo utilizar la crisis en mi beneficio? me pregunto ¿qué rigor le supone cómo se escriba en China? La frase sólo es ejemplo de una oratoria brillante y, fuera de contexto, un buen mantra para repetir en una sesión de "emprendizaje".
Como decía, crédulos. Pero también muy influenciables.
He repasado el concepto de coaching, y me voy a aventurar a resumirlo, asumiendo los riesgos de tal práctica, como complemento de la escena siguiente:
  • se basa en el compromiso de un entrenador en que el alumno, dispuesto a realizar los esfuerzos necesarios, conseguirá ciertos logros en un plazo establecido;
  • se han de elegir unos objetivos concretos, diseñar un plan específico de acción y hacer comprobaciones periódicas para corregir dificultades particulares del sujeto
  • y la máxima efectividad exige un elevado grado de confianza recíproca.

Escena de  Los intocables de Eliot Ness (Brian de Palma, 1987):

Ya he comentado en alguna ocasión que, seguramente por algún desajuste de mi historia, tiendo a relacionar las relaciones laborales —solo puedo hablar de las que conozco— con el cine de gangsters. Si bien, en esta ocasión, los personajes están en el lado de los buenos (de los que no son gangsters, se entiende).
Y que me gustan las manzanas:
If you're afraid of getting a rotten apple, don't go to the barrel.
Get it off the tree.
(En mi opinión, barril queda mejor que cesto por aludir sutilmente al modo de almacenar alcohol) 
Claro que la estupenda Infiltrados (Martin Scorsese, 2006) se encargaría de probar que ni del árbol; algo que, por cierto, ya habían dicho unos chinos de Hong Kong en la no inferior, Juego Sucio (Andrew Lau y Alan Mak, 2002) en la que basa su trama.
El fragmento seleccionado contiene dos instantáneas, parte de una sucesión que concede a Sean Connery todo el protagonismo de un perfecto instructor (una relación tipo jedi-padawan). En ese momento siempre me pregunto ¿dónde se ha escondido este tío todo el tiempo? Porque con su carisma, si sigue vivo, tendría que ser el jefe de todos los corruptos.
Connery ganaría su Oscar por este personaje "secundario", aunque hay que recordar que sus anteriores trabajos en El nombre de la Rosa (Jean Jacques Annaud, 1986) y Highlander (Russell Mulcahy, 1986) le habían preparado convenientemente.
Y el personaje de Kevin Costner sí que queda en un segundo plano, lo que, por cierto, encaja muy bien con el hecho de que, si bien sus acciones hicieron mella, sobre todo económica, en la organización de Al Capone, fue Andrew Mellon quien logró llevarle finalmente ante la justicia y la condena por evasión de impuestos.
Pero hay que reconocer que la elección de Los Intocables como lema (es el principal motivo por el que se le recuerda) demuestra su gran aprovechamiento del curso y le hubiera capacitado para impartir.
Una de las críticas que suelen recibir los seminarios de liderazgo se centra en la superficialidad del método, que tiende a exacerbar los sentimientos de superación y competitividad a corto plazo, alimentando cierto grado de euforia casi etílica, pero que rinde resultados estériles a largo. Lo cierto es que Eliot Ness fue ascendido a jefe de investigación mientras su unidad era desmantelada, tras la operación, para hacer hueco a la Administración Federal del Alcohol en el año 1935.
En 1968, con la aprobación del Acta de Control de Armas, la agencia cambió de nombre a División de Armas de fuego, Alcohol y Tabaco, más conocida por las iniciales "ATF" (Alcohol, Tobacco y Firearms). En 1972, el Presidente Nixon firmó una Orden Ejecutiva que creaba una oficina separada para el Alcohol, el Tabaco, y las Armas de fuego dentro del Ministerio de Hacienda.

¿Y qué fue de Ness?


__________
En 1935 Eliot Ness fue nombrado Director de Seguridad por el alcalde de Cleveland. Allí se tuvo que enfrentar a los espeluznantes crímenes de El asesino del Torso, entre 1934 y 1938; que no solo no pudo resolver, sino que fue duramente criticado por utilizar prácticas propias de "los intocables", como prender fuego a un campamento de desocupados (wikipedia) o del brutal interrogatorio al que fue sometido Frank Dolezal, que aparecería convenientemente ahorcado antes de ser juzgado (El Español). En 1942 se trasladó a Washington para luchar contra la prostitución (no encontré nada de sus logros). En 1947 se presentó para la alcaldía de Cleveland, tras una serie de infructuosos negocios. También sin éxito. Se divorció por segunda vez y comenzó a pasar la mayor parte de su tiempo libre en bares bebiendo y contando sus viejas historias sobre sus años luchando contra el crimen organizado. Por aquella época trabajaba como electricista, dependiente e incluso vendiendo hamburguesas congeladas para ganarse la vida, hasta que una empresa, en 1953, especializada en poner marcas de agua en documentos y papeles oficiales le contrató por su experiencia como agente de la ley. Se trasladaría con posterioridad a Pensilvanía tras una reubicación de la empresa, para morir el 16 de mayo de 1957 de un ataque al corazón.
Casi cuarenta años más tarde, sus cenizas, olvidadas en el garaje de un pariente lejano, fueron arrojadas en la laguna del cementerio Lake View de Cleveland. Fuente La historia compartida de César del Campo de Acuña.

P.S.: Por cierto, Sputnik, Спутник, puede traducirse como 'compañero de viaje' —¡no sabía dónde ponerlo!— y el término blueness no es ninguna contracción de blues de Eliot Ness.
... más triste que un torero al otro lado del telón de acero
Joaquín Sabina

domingo, 8 de mayo de 2016

§72 Perros de paja

El Cielo y la Tierra no tienen benevolencia,
para ellos los seres sólo son perros de paja.
El sabio no tiene benevolencia,
para él las gentes del pueblo sólo son perros de paja
Tao Te Ching, Lao Tse -V 49 A12-1
En la China antigua los perros de paja (muñecos imitando perros que eran rellenados de paja) se utilizaban para las ceremonias rituales. Estos muñecos eran una ofrenda a los dioses por lo que eran tratados, durante el ritual, con la mayor de las reverencias pero, una vez acabado, cuando ya no eran necesarios, eran pisoteados y abandonados.
El otro día recorté una frase de una crítica que me pareció que merecía una reflexión más calmada. Hablaba de cobardía cuando se justifica un juicio sobre una obra en la mera comparación de los ingredientes con la que la inspira (en algunos casos, supuestamente). Si inicialmente me hizo sonreír, por cuanto defendía una postura que he mantenido cada vez con mayor frecuencia dada la cantidad de reversiones que surgen a cada momento y el mayor conocimiento enciclopédico (coleccionista o quizás "gugleico") del espectador asiduo, al final carcajeé porque desvelaba la confusión por reseñar cuando se quiere defender una crítica, y no solo me refiero a los amateurs, con lo que podríamos estar ante un  "jerrimaguire" o sinceridad espontánea profesional —si el asperger es considerado enfermedad rara, esto, ni te cuento—. No se refería a esta película, lo que no invalida su pertinencia o vigencia dentro del debate sobre las revisiones y los reinicios, su necesidad y desarrollo, como para el de la ética en el trabajo —sobre el que me centro a partir de este momento—.
La elección como tema de la cárcel de Stanford ya había sido abordada con anterioridad, aunque se había omitido en el título otra referencia que no fuera al solo experimento, quizás para dar cierto grado de verosimilitud. En realidad en ambas ocasiones (2001 y 2010) se habían recreado versiones de la novela de Mario Giordano, Black Box (1999), una ficción inspirada (y desarrollada) en el estudio y no los hechos como se produjeron, lo que seguramente se deba a que las cuestiones científicas suelen ser tediosas y poco dadas al lucimiento hasta que se desmadran; aunque ésta lo hizo —no cabe duda—, no lo fue tanto como podría necesitar una película, tal como lo demuestran sus finales.

Trailer oficial de Experimento en la prisión de Stanford (2015) de Kyle Patrick Alvarez

Un dato interesante y poco resaltado es que se financió con fondos de la Marina americana, interesada en buscar explicación tanto a los conflictos en su sistema de prisiones como dentro de la propia disciplina del cuerpo de marines. En décadas anteriores fondos de la CIA habían servido para financiar experimentos sobre el LSD y otras sustancias sin consentimiento de los pacientes, en clara violación del código de Nuremberg; en MK Ultra participaron cuarenta y cuatro universidades estadounidenses, 15 fundaciones de investigación o químicas o compañías farmacéuticas y similares incluyendo Sandoz (actualmente Novartis) y Eli Lilly & Co., 12 hospitales o clínicas (además de las relacionadas con las universidades), y tres cárceles.
Tras la selección de veinticuatro sujetos (predominantemente blancos, jóvenes y de clase media y todos universitarios) se hizo una asignación aleatoria de papeles: los guardias recibieron porras y uniformes caqui de inspiración militar y se les proporcionaron gafas de espejo para impedir el contacto visual (el doctor Zimbardo, director del experimento, diría que había tomado la idea de la película La leyenda del indomable, de Stuart Rosemberg, 1967). Se les transmitieron las siguientes instrucciones:
Podéis producir en los prisioneros que sientan aburrimiento, miedo hasta cierto punto, podéis crear una noción de arbitrariedad y de que su vida está totalmente controlada por nosotros, por el sistema, vosotros, yo, y de que no tendrán privacidad... Vamos a despojarlos de su individualidad de varias formas. En general, todo esto conduce a un sentimiento de impotencia. Es decir, en esta situación tendremos todo el poder y ellos no tendrán ninguno.
Vídeo The Stanford Prison Study, citado en Haslam & Reicher, 2003.
Los prisioneros fueron, sin previo aviso, «imputados» por asalto a mano armada y robo (artículos 211 y 459 del código penal) y arrestados por policías reales del departamento de Palo Alto, que cooperaron en esta parte del experimento. Pasaron un procedimiento completo de detención, incluyendo la toma de huellas dactilares, y se les leyeron sus derechos Miranda —la cantinela que repiten en cada episodio policial—. Después fueron trasladados a la prisión ficticia, donde fueron inspeccionados desnudos, «despiojados» y se les dieron sus nuevas identidades.
Las flexiones eran una forma habitual de correctivo físico impuesto por los guardas para castigar las infracciones de las normas o las muestras de actitudes inadecuadas hacia los guardas o la institución. Cuando vimos que los guardas hacían hacer flexiones a los reclusos, inicialmente pensamos que era un tipo de castigo inapropiado para una cárcel -una forma de castigo suave y un poco juvenil. Sin embargo, más tarde descubrimos que las flexiones se usaban a menudo como forma de castigo en los campos de concentración nazi, como puede verse en este dibujo hecho por un antiguo prisionero de un campo de concentración, Alfred Kantor. Hay que señalar que uno de nuestros guardas incluso se subía de pie sobre la espalda de los reclusos mientras hacían las flexiones u obligaba a otros reclusos a sentarse o subirse de pie sobre la espalda de sus compañeros. Fuente Prisionexp.org

Para facilitar el control del orden, debilitado por la equiparación numérica, se siguió la sugerencia de uno de los guardias de utilizar tácticas psicológicas: una de las celdas se convirtió en un lugar de privilegio, donde se permitía el aseo personal, la ropa y mejor alimentación en presencia de los reos que habían perdido esos beneficios temporalmente y, posteriormente, se volvieron a distribuir las celdas mezclando presos buenos y malos para sembrar la sospecha de colaboracionismo. En la realidad, la mayor amenaza para un preso procede de otros reos y el racismo se utiliza como una forma de romper alianzas. Al mismo tiempo que el control mejora la confianza y cohesión de los vigilantes.
Los guardas fueron especialmente duros con el cabecilla de la rebelión, el recluso #5401, un fumador empedernido al que controlaron regulando cuando podía o no fumar. Después se descubrió que era un supuesto activista radical que se había presentado voluntario para "desenmascarar" el estudio como una herramienta del sistema para encontrar formas de controlar a los estudiantes radicales y había planeado vender la historia a un periódico cuando acabase el experimento. A pesar de ello, incluso él entró tan completamente en su papel de recluso que estaba orgulloso de haber sido elegido líder del Comité de quejas de la cárcel del condado de Stanford, tal como revelaba en una carta a su novia.
Ibid.
Los reclusos le pusieron el mote de "John Wayne" al guarda más brutal y duro; el guarda más infame de una prisión nazi cercana a Buchenwald, recibió el nombre de Tom Mix a causa de su imagen de vaquero macho del "salvaje Oeste" al humillar a los internos del campo.
La quinta noche, algunos padres pidieron un abogado para liberar a su hijo de la cárcel, con la explicación de que un sacerdote católico que había podido entrevistarse con ellos se lo había recomendado. 
Incluso los guardas "buenos" se sentían impotentes para intervenir y ninguno de los guardas dimitió mientras el estudio se llevaba a cabo. En realidad, hay que destacar que ningún guarda llegó nunca tarde a su turno, ni se ausentó por enfermedad, salió antes de hora, o exigió una paga extra por trabajar más horas.
Ibid.
El experimento fue interrumpido al sexto día. Paradójicamente al día siguiente estalló un motín en la prisión de San Quintín, cuando el sacerdote de Soledad, George Jackson, tras introducir un arma escondida, liberó a algunos reclusos de sus celdas que torturaron y asesinaron sumariamente a varios guardias y presos acusados de ser confidentes. Y un mes más tarde, en la prisión de Attica, hubo otro amotinamiento, igualmente reprimido por fuerzas especiales, donde los presos reclamaban ser tratados como seres humanos.

Escena de Experimento en la prisión de Stanford (2015) de Kyle Patrick Alvarez
[Suprimido por la NBC. Aún así incluyo un breve comentario sobre el mismo]
En la escena, la cámara se mueve en un traveling lateral hacia la derecha de caracter informativo (positivo) y retorna hacia la izquierda en el que se exponen las restricciones (negativo), como un retruécano visual, seguido de otro traveling hacia la derecha, pero esta vez desde detrás de las celdas, en el que los presos obedecen dócilmente. Al mismo tiempo la mano del jefe de prisión pasa de señalar con el índice a mostrar una manzana oculta en la palma, que ha mordisqueado, como está haciendo con sus derechos. Todo anticipa el resultado de la lectura (otra intromisión más) de las misivas, que no es otro que los presos terminarán aceptando cualquier condición; la alternativa en otras películas es la fuga o la muerte, puesto que incluso en Brubaker (de nuevo Stuart Rosenberg, 1980) el sistema siempre se impone.

Los resultados del estudio del doctor Zimbardo fueron criticados por su falta de ética y cuestionadas sus carencias en rigor científico y validez ecológica (falta de correlación con una situación real). En 2003 Haslam y Reicher, psicólogos de las universidades de Exeter y St Andrews respectivamente, llevaron a cabo una repetición parcial del experimento con la asistencia de la BBC, que televisó escenas en un reality llamado también El Experimento. Las conclusiones que extrajeron serían muy diferentes a los del doctor Zimbardo, lo que arrojó nuevas dudas sobre su estudio.
Pero lo que si parece claro es la aterradora facilidad para crear un sistema que incite o fomente comportamientos similares justificados en el cumplimiento de normas, el mantenimiento del orden o su preservación, que deja entrever cualidades insospechadas en personas aparentemente normales cuando toman el mando. Y no solo afecta al sistema penitenciario o al ejército, sino a cualquier grupo susceptible ,como parece indicar el creciente número de casos de acoso escolar (bullying), laboral (mobbing) y la violencia interfamiliar, incluida la violencia "de género". 
Da que pensar.

domingo, 31 de enero de 2016

§58 Ferula communis

Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.
Ezequiel 28: 14-19

Que El corredor del Laberinto (Wes Ball, 2014) haya sido mi siguiente elección no podía ser casual. Cuando la semana pasada señalé los antecedentes de Los Juegos del Hambre (Gary Ross, 2012) en la mitología griega (argumento que también sostiene la autora), ya tenía en mente que otro tanto ocurría con esta trilogía; pero, aunque el título parezca indicar lo contrario, no tanto en el mito del Laberinto como el de Prometeo.
José de Ribera, Prometeo (ca. 1630)
Prometeo era uno de los titanes, dioses enfrentados a los dioses olímpicos. Bien por simpatía hacia los humanos, bien porque servía a su capricho, urdió un engaño para escatimar a Zeus el beneficio de los sacrificios que le ofrecían. Indignado por la añagaza, decidió privar a los hombres del beneficio del fuego, es decir, de un futuro próspero. Esto determinó que Prometeo lo robara del carro de Helios (o de la fragua de Hefesto, según Platón) y se lo devolviera a los hombres con el tallo de una cañaheja (ferula communis) encendida —origen de la antorcha olímpica—. La venganza por esta nueva ofensa se servirá con la entrada en escena de Pandora —la de la caja— y con el perpetuo suplicio de Prometeo.
No me quiero extender en este punto, pero entre líneas se puede ver por dónde van los tiros.
Mi interés camina por otras lindes: cuáles son los primeros pasos de una sociedad.
Aunque muy por encima, los clarianos cuentan que, aunque tenían cubiertas las necesidades básicas, muy pronto tuvieron la necesidad de establecer una serie de reglas y sanciones. De hecho, la escena que tenía seleccionada (que la Fox no me ha permitido publicar) era la expulsión de Ben del Claro. Podría haber sido por infringir la ley (atacar a otro clariano) o como drástica medida profiláctica (evitar la proliferación del destello), pero extraña, tanto en el libro como en la película, que no se detengan mucho a investigar sobre los recuerdos que reciben a cambio los infectados. O precisamente eso es lo que lleva al protagonista a cuestionar los fundamentos mismos de la comunidad y desencadenar su escisión.

Después de denegarme la publicación de la escena encontré este video en el que el autor la identifica como una de las favoritas por los lectores.

Mucho más interesante que la pérdida del Paraíso bíblico —que siempre me he preguntado cómo desapareció de este mundo, porque destruirlo hubiera sido de una crueldad injustificable para con el resto de sus criaturas— me parece este escenario de la nación exiliada por conveniencia. 
La bula Exigit sincerae devotionis de 1478 permitió la creación de la Inquisición Española como instrumento para investigar los casos de contaminación dentro de la comunidad cristiana; que si bien inicialmente no iba destinada contra judíos y moriscos (que evidentemente no eran cristianos), pronto determinará su expulsión de los distintos territorios. Y una vez probada su eficacia fue aplicada contra toda desviación posible de la ortodoxia. Y su catálogo fue extenso… Aunque en honor a la verdad, los procesos de la Inquisición en aquella época no permitían algunas formas de tortura que si hacía la justicia ordinaria, que además suponían un gran avance sobre las ordalías o juicios de Dios. En ambas jurisdicciones, las garantías para el procesado eran paupérrimas. Por ejemplo, el reo no conocía el contenido de la acusación, ni quién la formulaba, hasta el mismo día del juicio. La prueba (su peso normalmente recae en la acusación, salvo si se trata de algunas áreas de la administración, como la recaudación de impuestos, incluso actualmente) se establecía con su propio testimonio durante los interrogatorios —¡y qué interrogatorios!— donde ya se había alcanzado, en numerosos casos, la meta del arrepentimiento. Es más, en rigor, había pocas diferencias procesales entre los distintos países civilizados.
Las condenas podían ir desde la hoguera y pena de muerte (o mutilación) en los casos más graves, a galeras, el escarnio público o la requisa de bienes, así que el destierro (del territorio hasta donde se extiendía la soberanía de quien lo imponía) no parece un resultado desdeñable. Y en la Grecia Antigua era una práctica democrática saludable.
En España, es cierto, tenemos una larga tradición en expulsar. Pero, como todo en esta vida, se puede interpretar desde puntos de vista dispares: como signo de intransigencia, pero también como indicio de inconformismo. Me consuela pensar que éste último es el factor dominante, porque de otra forma no hubiera resurgido periódicamente en la historia (como el hígado de Prometeo).
En mi vida he tenido que sufrir varias exclusiones (algunas pude evitarlas con contrición) debido a mi tendencia indómita y he de reconocer que, como los sefardíes con la llave de su vivienda, guardo el recuerdo con la esperanza de algún día recibir la redención (esto último con razonables cargas de ironía).
El montaje siguiente está destinado a los amantes de las reglas al estilo de Columbus.


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Se conoce con el nombre de Diáspora sefardí a las diversas comunidades de los judíos que fueron expulsados de España en 1492 por orden de los Reyes Católicos. Como por tradición identificaban la península ibérica con la Sefarad bíblica, recibieron el nombre de sefardíes. Además de su religión, mantuvieron muchas de sus costumbres y particularmente la lengua, conocida como judeoespañol, que deriva del castellano que se hablaba en el siglo XV.
Los sefardíes nunca se olvidaron de la tierra de sus padres, abrigando para ella sentimientos encontrados: por una parte, el rencor por los trágicos acontecimientos de 1492; por otra parte, andando el tiempo, la nostalgia de la patria perdida…
Joseph Perez, Los judíos en España (2009), p.117
Aunque en el edicto no se hacía referencia a una posible conversión, esta alternativa estaba implícita. De hecho muchos judíos se bautizaron, especialmente los ricos y los más cultos. Los que no tuvieron que marchar al exilio en unas condiciones muy duras: malvender sus propiedades a cambio de cantidades a veces ridículas en formas que pudieran portar, porque la salida de oro y de plata del reino estaba prohibida —la posibilidad de llevarse letras de cambio no les fue de mucha ayuda porque los banqueros, italianos en su mayoría, les exigieron enormes intereses—. También tuvieron grandes dificultades para recuperar el dinero prestado a los cristianos. Además de tener que hacerse cargo de todos los gastos del viaje: transporte, manutención, fletes de los barcos, peajes, etc…
Inicialmente la mayoría se instalaron en el norte de África o en los estados cristianos cercanos: de Navarra fueron expulsados en 1498 y se trasladaron a Bayona; los de Portugal, obligados a convertirse al cristianismo en 1497, acabaron en el norte de Europa, especialmente en los Países Bajos; y finalmente buena parte de los sefardíes terminaron viviendo en los territorios del Imperio Otomano de los Balcanes y Oriente Próximo.
En la República de Venecia los judíos fueron obligados a vivir en un barrio separado llamado ghetto –la palabra gueto pasaría a designar a partir de entonces a las juderías europeas donde se recluía a los judíos–, a llevar una indumentaria que los identificara, a pagar unos impuestos muy altos, a no poder adquirir inmuebles, y a no prestar dinero con un interés superior al 12 por ciento, además de no poder ejercer determinados oficios. En varias ocasiones se intentó expulsarlos, pero los judíos de Venecia siempre encontraron la manera de volver. En el novissimo ghetto, uno de los tres con que contó la ciudad en los siglos XVI y XVII, eran donde probablemente vivían los judíos sefardíes.
Miles de judíos regresaron a la península para convertirse, a causa del maltrato que sufrieron en algunos de los lugares de acogida. Su situación se regularizó con una orden del 10 de noviembre de 1492 que establecía que las autoridades civiles y eclesiásticas tenían que ser testigos del bautismo y, en el caso de que se hubiesen bautizado antes de volver, se exigieran pruebas o testimonios que lo confirmasen. Asimismo que pudieran recuperar todos sus bienes por el mismo precio que hubieran recibido. Los retornos están documentados hasta 1499 por lo menos. Por otro lado, una provisión del Consejo Real de 24 de octubre de 1493 determinó duras sanciones para aquellos que injuriasen a estos cristianos nuevos (llamándolos tornadizos, por ejemplo). Fuente wikipedia

domingo, 24 de enero de 2016

§57 Disciplina de canelones


(Lo prometido es deuda.)

Dedicada a mi colega (de muchas cosas) Javier

(¿No sabías que era una distopía?)

—Eso —replicó la duquesa— más es darse de palmadas que de azotes. Yo tengo para mí que el sabio Merlín no estará contento con tanta blandura: menester será que el buen Sancho haga alguna disciplina de abrojos, o de las de canelones, que se dejen sentir, porque la letra con sangre entra, y no se ha de dar tan barata la libertad de una tan gran señora como lo es Dulcinea, por tan poco precio; y advierta Sancho que las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada.
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, II, 36, p. 1015-1016.

La sociedad japonesa, tremendamente anclada en sus raíces, se caracteriza aún hoy por un comportamiento social vertical que la hace muy diferente a las occidentales, fuertemente influenciadas por las ideas igualitarias. Por esta razón, la novela de Koushun Takami, que sitúa la acción en un presente alternativo del Japón desde la Segunda Guerra Mundial, pudo trasladarse a la pantalla sin dar demasiadas explicaciones (además de ser muy conocida por el público). Las personas con las que he intercambiado impresiones sobre ella la consideran absurda desde su comienzo, a pesar de que las tradiciones pedagógicas germánica y anglosajona han propiciado de alguna manera el individualismo del alumnado.
La novela se entiende perfectamente como una crítica del sistema educativo japonés, que se perpetúa sin que nadie sepa muy bien qué busca y que nadie se atreva a contradecir (aunque podría ser el de cualquier país que fomente la competencia y el utilitarismo como principales valores). Por ello los 42 estudiantes aceptan las reglas del juego y no muestran apenas compasión hacia sus compañeros.
En la película, la clase es la propia sociedad decadente, que de pronto se percata de estar viviendo la pesadilla del totalitarismo, y la prueba es un acontecimiento que sirve para dar vía de escape a los impulsos autodestructivos de la sociedad, al tiempo que la divide moralmente, impidiendo una rebelión organizada.

Escena de Battle Royale (2000) de Kinji Fukasaku


La escena reproduce de forma esperpéntica —¿o no?— el comienzo de un nuevo curso —respeto que muchos tengan el recuerdo placentero de cuadernos a estrenar—.
Como mi andadura en el sistema se inició durante los estertores de la dictadura franquista tengo mi propia experiencia de cómo se regían entonces los colegios. El mío no fue especialmente estricto, pero conservó intactas hasta el final las formas de levantarse, saludar, rezar, callar, numerarse, vestir y hablar como Dios manda. Más de un pescozón recibí por cuchichear con el par que me acompañó, por cercanía alfabética, durante toda la EGB; el condenado profesor debía tener antepasados indios, pues ninguno le oyó nunca acercarse.
Mi colegio constaba de una sola clase enorme, donde todos los cursos estaban distribuidos en mesas corridas, y todas las lecciones las impartía la misma persona, empezando por los cursos superiores, mientras los demás guardábamos respetuoso silencio. Así aprendíamos siempre algo de más, o esa era la teoría. Todavía recuerdo la rutina: lunes, lengua; martes, matemáticas; miércoles, naturales; jueves, sociales; y viernes, religión, caligrafía y dibujo. Sin gimnasia, que bastante ejercicio hacíamos en el recreo. Un camión del ejército pasaba cerca muchas mañanas con el pan de la tropa y corríamos como diablos para conseguir un bollo que otorgaba el furriel, que nos ahorraba la peseta del almuerzo.
Un día el profesor encontró bajo una de las mesas una rama enorme, arrancada por el viento, que había sido introducida de contrabando durante el recreo, por una peregrina ocurrencia. Durante años proporcionó la materia prima de las varas con las que se juzgó nuestra más mínima desviación de las normas de conducta.

(Vi romper muchas, más nunca cuándo se acabaron.)

El resto de la enseñanza obligatoria la pasé en un instituto público elegido por mis padres, donde todavía se discriminaba por sexo en edificios separados. De la calle venían ecos de las manifestaciones de la primera transición y el silencio pavoroso del tejerazo. En los años universitarios apenas encontraría reglas de comportamiento.
Quizás esto me haya proporcionado una perspectiva sobre los cambios en la sociedad y en el sistema educativo que no disponen generaciones posteriores. Casualmente supe de esta película por una de aquellas amistades del colegio.

La letra con sangre entra, de Francisco de Goya  (1780-85)

El éxito de las novelas de Suzanne Collins (Los Juegos del Hambre, 2008) y su posterior adaptación al cine, se vieron empañados por la publicación de numerosos comentarios sobre la cantidad de similitudes que guardan con las versiones de Battle Royale; incluido Stephen King que rápidamente aclaró que La larga marcha (1979) también podría haber sido referente de todas ellas. Mi admirado Gus Portokalos (Mi Gran Boda Griega, Joel Zwick, 2000) diría que todas tienen su origen en la leyenda griega de Teseo y el Minotauro.

 ("Todos somos frutos")

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La Ley de Reforma Educativa del Milenio: Battle Royale

La ley BR (Battle Royale) se rige según estos artículos:

Artículo 1: Objetivo de Battle Royale
Se instituyó con el fin de formar una nación sana de cuerpo, mente y espíritu.
Artículo 2: Quiénes van a participar
Va destinada, una vez al año y aleatoriamente, a una clase elegida entre tercero o cuarto de secundaria o bachillerato. Es decir, la fase final de la educación. Esta ley se aplica a toda la población, sin distinción de raza, sexo, condición social, ideologías políticas, religión u orientación sexual.
Artículo 3: Orientación general de Battle Royale
Todos los estudiante sujetos a esta ley deben alegrarse, divertirse y apreciarla. El combate debe hacerse con ganas y apreciando la inmensa oportunidad de poder participar.
Artículo 4: Obligación de los participantes de Battle Royale
Todos los participantes tienen el deber de matarse los unos a los otros. Ninguno de los participantes debe negarse o rechazarlo. Ni siquiera intentar obstaculizar el juego.
Artículo 5: Medidas judiciales únicas y especiales para los participantes
Todos los participantes están exentos de cualquier delito judicial como asesinar a sus compañeros de clase; causar incendios; utilizar armas de cualquier clase; robar las armas; violar la intimidad y los derechos de los demás; incluida la utilización ilegal de medicamentos. Sin embargo, les está prohibido rebelarse contra el profesor supervisor, contra los militares y contra los miembros del comité, impedir su acción o vengarse. Se castigará severamente a los que se atrevan a cometer tales actos convirtiéndose en fugitivos de la justicia.
Artículo 6: El ganador
Battle Royale concluye con la victoria de un solo ganador, el único superviviente de todo el juego. Ninguna derogación a esta norma es posible.
Artículo 7: La vida del ganador después de Battle Royale
El Estado subvencionará al ganador durante toda su vida. Tendrá un estatus de ciudadano modelo y será un ejemplo a seguir para formar una nación sana de cuerpo, mente y espíritu. Todo el pueblo, pues, será partícipe de la financiación del ganador/a.
Artículo 8: Supervisor de Battle Royale
Se coloca a los responsables administrativos de Battle Royale bajo la autoridad del supervisor/a. Éste/ésta se elige en el seno del Comité de promoción de la ley BR, sobre recomendación de sus miembros. Está habilitado/a para infringir todas las leyes con el fin de hacer progresar eficazmente el juego. Aunque ni el Estado, ni el Comité se hacen responsables de la supervivencia del profesor/a.
Artículo 9: Indemnización a las familias de los perdedores
Las familias de los perdedores recibirán una indemnización por la pérdida del estudiante. Esta medida se presenta bajo una norma específica.
Artículo 10: Disposiciones complementarias al reglamento
Con el fin de garantizar el buen desarrollo de Battle Royale, algunas disposiciones complementarias podrán publicarse en caso de necesidad.
Fuente wikipedia

domingo, 10 de enero de 2016

§55 La piquera americana

Allí estaban sus abejas: el mundo seguía cambiando, como lo hacía él mismo, pero ellas permanecían inmutables. Y después de que cerrara los ojos y su respiración se relajara, sería una abeja la que le daría la bienvenida a casa; una obrera que se materializó en su pensamiento, lo encontró en alguna otra parte, se posó sobre su garganta y le picó.
Mitch Cullin, Mr. Holmes (2005) c.1
El cine, como generador de imágenes muy poderosas, pronto fue utilizado como medio de difusión ideológica. Su primer decidido impulsor fue Joseph Goebbels, desde el Ministerio de Propaganda en la Alemania Nazi; de aquí que la propaganda suela considerarse como algo negativo. Los americanos, por su parte, también hicieron sus pinitos para facilitar la colocación de bonos de guerra, un instrumento de financiación del Estado, como la deuda pública. Una de las formas derivadas de aquel cine comenzó casi inmediatamente después y se desarrollo durante la Guerra Fría: una vez eliminada la amenaza era importante mantener vivo su recuerdo y en las películas el mensaje llegaba más rápidamente y a mayor cantidad de público, sobre todo a las clases populares. Después pasó a la televisión, al mercado de vídeo doméstico y vídeo por demanda (on demand) que es como se ha difundido principalmente la que me ocupa.

Bond, Liberty Bond
Tras ver Survivor tengo la sensación de que intenta retener el recuerdo del horror del 11 de septiembre, revelando la existencia de una red global que relaciona toda actividad terrorista —no niego que la desestabilización sea un poderoso nexo de unión, además la película añade otros posibles: la ambición, la venganza y el oficio—.
Una vez pasado el cine de los abnegados bomberos y policías, le ha llegado el turno protagonista al personal de las embajadas, en concreto a los encargados de emitir los visados de entrada para Estados Unidos, que son como las abejas que guardan la piquera de la colmena.

Escena de Survivor (2015) de James McTeigue


Su papel se puede resumir en dos palabras identificación y seguridad. En la escena, que sigue al título, podemos reconocer, sin gran dificultad, Londres, su zona centro y el barrio de Mayfair, donde se encuentra la embajada americana. Después, los objetivos, incluida la jefa de Seguridad (el vigilante debe tenerle hecha una ficha biométrica o reconoce la moto que, por cierto, deja sobre la acera, como si la embajada no tuviera aparcamiento), para finalmente terminar con una reunión donde se nos informa de un mecanismo de control que identifica las falsificaciones.
La palabra identificar tiene una de las definiciones Rae más curiosas con las que me he encontrado últimamente: “Hacer que dos o más cosas, en realidad distintas, aparezcan y se consideren como una misma”. No es el concepto que asumimos normalmente, el que destaca la individualidad y se deriva del uso que le damos a documentos o claves particulares, sino el orgánico, que nos define como unidades que forman un conjunto organizado u ordenado, como larvas en las celdas del panal.
O dicho de otra forma, preferimos pensar que el sistema preserva nuestra diversidad, idea probablemente derivada del concepto derechos individuales que surgió en la Ilustración, cuando en realidad solo nos señala como miembros de un enjambre en particular. Además nuestra primera intuición se identifica progresivamente con esta otra cuando entra en peligro nuestra seguridad —nuevamente ambos conceptos aparecen relacionados—.
La pirámide de Maslow es una representación gráfica en cinco niveles jerárquicos de las necesidades humanas. La teoría defiende que, conforme se satisfacen las más básicas, se acometen las inmediatamente superiores. Los cuatro primeros se suelen agrupar como necesidades de déficit o primordiales, estando la seguridad en el segundo escalón. El superior es el de autorrealización, el primero que se sacrifica cuando las cosas se ponen feas.


En la película el sicario está a salvo de controles por que se sabe demasiado poco de él. Solo es visible su trabajo. Se le conoce, indudablemente por su precisión, como el relojero y tiene su tapadera ¡en una relojería!
—¡Lo siento! No pude evitar asociar ésto con el discurso de Orson Welles, en la noria del Prater, de El Tercer Hombre (Carol Reed, 1949):
Recuerda lo que dijo no sé quién. En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia no hubo más que terror, guerras, terror y matanzas, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? El reloj de cuco.
Ironías aparte, la consecuencia de la identificación positiva del potencial agresor es la picadura, que en las abejas lleva acarreada la muerte del defensor, que se auto sacrifica por su comunidad, y la automática y eficaz limpieza de todo resto de la agresión. Como en ocasiones no son capaces de trasladar los restos (si se trata de un roedor o de una polilla grande) los envuelven de una sustancia llamada propóleo (de pro y polis, algo así como para bien de la ciudad), un potente antibiótico que puede aislar definitivamente el foco de infección, convirtiéndolo en una momia —este verano pude ver unos ejemplares en un una granja-museo en Poyales del Hoyo, provincia de Avila, visita que recomiendo—.
Moraleja: no saquen ninguna del último párrafo.

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El documento nacional de identidad (dni) o carnet de identidad se crea a instancias del General Franco en 1944 para todos los ciudadanos de nacionalidad española, aunque él no estrenó el suyo, que tenía el número uno, hasta 1951. Reservó los siguientes para su esposa e hija (del cuarto al noveno han quedado vacantes). En 1961 al permitirse el regreso de la Familia Real se asignaron al futuro rey y su esposa los números 10 y 11, reservándose hasta el 99 para sus descendientes en la sucesión. El número 13, que hubiera correspondido a la infanta Cristina, fue descartado por la superstición. El actual rey Felipe tiene el 15 y sus hijas Leonor y Sofía, respectivamente 16 y 17.
A lo largo de 2006-7 se implantó la evolución lógica al dni electrónico, que se diferencia del tradicional por un chip que pretende garantizar la identidad de la persona que lleva a cabo las gestiones y transacciones electrónicas que se realicen con él.
En cuanto a la unicidad de la numeración de estos documentos la administración encargada de su gestión vela por la asignación de números únicos. No obstante, desde la creación de este documento en España se han producido diferentes situaciones que han derivado en la asignación de un mismo número a múltiples ciudadanos. Así para el año 1992 había en España unos 200.000 ciudadanos con un número de dni no único. El hecho de que este número no sea único es bien conocido en las profesiones relacionadas con las bases de datos informatizadas, en donde no se utiliza este campo como identificador único pues existen colisiones (números repetidos). Este error se corregirá al fallecer los afectados puesto que es perpetuo por motivos legales.
Los números más bajos no correspondieron en el pasado a personas ya fallecidas. Nadie ostenta “un número de un muerto”, como se suele decir.
Los primeros obligados a formalizarlo fueron los presos y los que permanecían en libertad vigilada.
Zaragoza fue la primera capital de provincia donde se expidió el documento y Burgos en acoger el proyecto electrónico.
Durante la conquista de América existió un antecedente, llamado cédula de composición, que acreditaba la identidad del que se embarcaba hacia el Nuevo Mundo. Fuente dni.zeo.es

sábado, 12 de diciembre de 2015

§5 El ronqueo del atún

No comas ni ajos ni cebollas, porque no saquen por el olor tu villanería.
El Quijote (p. 872)

[Tras reflexionar sobre la misma, he decidido reeditar mis comentarios sobre este corte, que publiqué allá por el 03/05/2015]

No recuerdo la serie que inspira el personaje de Robert McCall y no he encontrado referencias, salvo en alguna televisión autonómica y en cadenas latinoamericanas, por lo que es posible que no se emitiera en el resto de España. Pero está considerada una de las mejores series de su época (1985-89). Su protagonista, Edward Woodward, recogió por su trabajo un Globo de Oro en 1986 (por el que competían series de éxito con actores tan conocidos como John Forsythe, Blake Carrinton de Dinastía; Don Johnson, Sony Crockett de Corrupción en Miami; y Tom Sellec, de Magnum) y fue escogido a los 50 años como uno de los hombres más sexis de Estados Unidos —aunque para mi, su mejor papel fue el de Sargento Howie de El Hombre de Mimbre (Robin Hardy, 1973)—.
La película se sitúa en un tiempo anterior al de la serie y tiene suficientes diferencias con ella para considerarla como una simple precuela (previa, deberíamos decir). Narra la historia de un individuo que ha comenzado de cero y se esfuerza por continuar con su vida de la forma más anónima posible. Pero ésto, que los demás conseguimos con suma facilidad, se antoja casi imposible si está encarnado por Denzel Washington. En serio, lo que hace especial a este personaje es que no puede evitar involucrarse en las vidas de las personas de su entorno, aún a riesgo de perder su precioso estatus de donnadie. Su pasado como sicario de alguna agencia estatal le dejó un vacío interior que prueba a rellenar con esas amistades ocasionales y 100 lecturas obligatorias, que completa como sustituto de su esposa; éstas y otras cosas le acercan mucho al Quijote, uno de los títulos de su lista.
La escena que he seleccionado ilustra la relación Quijote-Sancho que establece con un aspirante a guardia de seguridad, donde el tono condescendiente da las notas de color a una realidad bastante sórdida.

Escena de El Protector (2014) de Antoine Fuqua

El crisp sandwich o chipwich es un bocadillo de pan de molde, que incluye patatas fritas como relleno, muy popular entre los americanos como almuerzo. El resto de sus ingredientes pueden ser los de cualquier otro tipo de emparedado —¡me moría por incluir esta palabra en una entrada sin tener que encerrar a alguien!—. El de atún en lata, en concreto, es un clásico desde los tiempos de la I Guerra Mundial, cuando se revelo ideal como fuente de proteínas para los soldados. The New York Times lo denominó la "quintaesencia" de los sandwiches y el Daily Mail, "la base de los acelerados almuerzos de oficina para toda una generación". Fuente wikipedia
Pero el detalle que llama la atención —ese destello que desata mis reflexiones— es el huesecillo de atún. Lo más curioso del despiece manual del atún, llamado ronqueo por el sonido del manejo del cuchillo contra el espinazo, es que se realiza en función del grado de engrasamiento del músculo y no necesariamente siguiendo partes anatómicas diferenciadas. La parpatana, que abarca desde el collar hasta la mandíbula inferior de los grandes atunes, comienza a ser apreciada en la actualidad como elemento gastronómico. Hasta hace poco pertenecía al desecho que, junto con otras partes de la cabeza, se destinaba a migas para el enlatado más económico, donde pueden encontrarse trazas óseas. Otra de las partes, la ventresca, en cambio, tiene una gran reputación por su textura y sabor. Aunque lo que justamente debe valorarse en primer lugar es la especie del ejemplar al que pertenece la tajada. Las más valoradas son las variedades blanco o bonito del norte (Thunnus alalunga) y rojo o de aleta azul (Thunnus thynnus) con el que los japoneses elaboran el sushi y el sashimi; pueden llegar a pagar miles de euros por ejemplares selectos engordados en tanques salinos. 


Si Ralphie hubiera llevado sorropotún, seguro que habría alabado su progreso, se habían repartido las patatas y luego hubieran ido a hacer running para equilibrar las calorías. El sabor es para el que sabe.

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El bocadillo, según la segunda acepción de la RAE, es un refrigerio que los trabajadores y estudiantes suelen tomar entre el desayuno y la comida, que se compone, según la primera, de un panecillo partido longitudinalmente en dos mitades entre las cuales se colocan alimentos variados; a diferencia del sandwich en el que el pan es del llamado blando o de molde.
Ambos poseen las cinco características de cualquier comida común: fácil de preparar, variado, rápido, cómodo y barato. Se dice que lo que cansa de un bocadillo no es el pan, sino el contenido —mi experiencia me dice que lo que cansa es la monotonía; después de un tiempo, nada más glorioso que un bocadillo de tortilla de patata, y si es la de tu madre, incomparable—.
Probablemente su invento sea tan antiguo como la panificación. El pan plano con el que se elaboran bocadillos como el shawarm o bocadilo turco ya era conocido en el Antiguo Egipto y Sumeria.
En la era precolombina, las poblaciones indígenas ya elaboraban tortillas de maíz. La pupusa, una tortilla gruesa de maíz rellena con uno o más ingredientes, era parte fundamental de la dieta de asentamientos precolombinos, como los quichés en Ahuachapán. 
En España, el bocadillo fue siempre un uso propio de las clases bajas populares (jornaleros y trabajadores) que no tenían el tiempo de parar a comer de otra manera. Su uso fue también muy extendido por el ejército. En las crónicas de Indias está documentado que en 1519 ya se conocía la tortilla de maíz y la tortilla de huevo, tanto en Europa, por los conquistadores españoles, como en América, al menos por los aztecas, quienes las preparaban y vendían en los mercados de Tenochtitlan. Desde el siglo XV los bocadillos, un «chusco» de pan y algo de fiambre, queso, huevo, tomate o cebolla fueron bastante comunes en algunas campañas, dando origen a la palabra «chusquero». 
En el África colonial magrebí, (Tanger, Ceuta y Melilla) se le denominaba tradicionalmente entre la tropa «bocata» por la influencia de la población autóctona. La Real Academia de la Lengua Castellana, ya a finales del siglo XX, la aceptó en su Diccionario: los quintos licenciados llevaban la costumbre de comer «chuscos» de vuelta con ellos; por desgracia, cayó progresivamente en desuso a favor de la más aséptica bocata.
A mediados del siglo XIX se describen fórmulas llamadas choripán en los territorios gauchos de la región de Río de la Plata.
La denominación bocadillo es similar en otros países europeos: en la cocina italiana, a una variante similar se la denomina panino, que emplea dos rebanadas de pan crujiente; en Grecia, el gyro; en Bélgica, mitraillette (metralleta); kanapka en Polonia; se pueden considerar parientes los blinis rusos; sin olvidar los populares kebab, que tienen su origen en Turquía. En la mayoría de los países latinoamericanos se denominan aperitivos, tentempiés, matahambres, emparedados o sánduches a diversas preparaciones usadas como comidas auxiliares.
En Estados Unidos, la tradición del bocadillo se atribuye legendariamente a la ciudad de Seymour, Wisconsin. En 1885 Charlie Nagreen, de quince años, que trabajaba en un puesto de la Feria Estatal, resolvió el problema de sus clientes, que querían pasear por la feria mientras comían: puso un filete de carne picada entre dos panes, dando así lugar a una de sus formas más conocidas: la hamburguesa, aunque desde muy antiguo existen variantes en forma de aro que se denominan roscas.
En Inglaterra, atribuyen su invención a John Montagu, IV conde de Sandwich, que mientras jugaba una partida de cartas pidió que le sirvieran unas rebanadas de roast beef unos panes cortados transversalmente, para poderlos coger con una mano sin mancharse y no por ello dejar de apostar. Fuente wikipedia 

domingo, 15 de noviembre de 2015

§46 Dentro del olvidadero

El te librará del lazo del cazador,
de la peste destructora.
Con sus plumas te cubrirá,
Y debajo de sus alas hallarás refugio;
escudo y adarga es su verdad.
No temerás el terror nocturno,
ni la saeta que vuele de día,
ni la pestilencia que ande en la oscuridad,
ni la plaga que en pleno día destruya.
Caerán a tu lado mil,
y diez mil a tu diestra;
mas a ti no llegará.
Salmo 91: 3-7
Asociamos automáticamente la entrega de una llave como privilegio, el poder de abrir. Y cuando se trata de una llave maestra, que hemos ascendido de categoría (es cierto que entregar las llaves también simboliza rendir o abandonar un lugar, pero en ese caso se trata del final de algo y aquí estamos hablando del comienzo). Parece, pero no siempre es así. Fueron creadas para accionar mecanismos de protección de accesos no deseados, es decir, tanto abren como cierran. El poder de cerrar las cosas ya no parece tan atractivo —¿verdad?—. Si meditamos un poco más nos damos cuenta de que se entregaban llaves maestras a los sirvientes para que pudieran realizar todas las tareas. Otro ejemplo, los serenos.
Los anglosajones llaman skeleton (calavera, el título original de la película es The Skeleton Key) a la llave maestra, por la forma de los ojos de las cerraduras que parecen un cráneo.
Aunque se reservaban llaves particulares para los lugares realmente importantes. La auténtica seguridad se encuentra en la llave única. Hace un par de meses comenté una escena de Enemy (2013) de Denis Villeneuve. En otra escena del film se muestra una llave de la marca UNICA, que tiene la clave del asunto (en realidad llave procede del latin clavis, clave). Mas Hitchcock ya había utilizado este recurso en Encadenados, donde Alicia (Ingrid Bergman) recibe todas las llaves, salvo la de la bodega. Así que en realidad, contradiciendo muchas opiniones, son un símbolo de sometimiento. No obstante, implican un grado de confianza o  responsabilidad.

Fotograma de Encadenados (1946)

Se me ocurre que el mismo grado de dominio se ejerce sobre todos cuando una compañía nos da las claves para que podamos acceder a nuestra cuenta. También pensamos que nos están dando algún tipo de privilegio —dejo esta línea de pensamiento, cual simiente perniciosa, que me estoy desviando del tema—.
Volviendo a la escena, Caroline tiene que subir al desván en busca de unas semillas de trillium. La elección de esta especie —siempre lo específico despierta mi curiosidad— puede deberse a que esta planta contiene fuertes alcaloides; por ello se usa con fines medicinales o como insecticida, aunque hay alguna variante ornamental.

Escena de La llave del mal (2005) de Iain Softley


Hay un bello plano a través del ojo de la cerradura, seguido de uno cenital muy inquietante que subraya la importancia de esta zona concreta de la casa: el desván es la memoria de la casa, y éste tiene además una puerta escondida tras una estantería de cacharros, que la llave maestra no puede descandar —bien podría representar su subconsciente—. El uso de la iluminación y los ruidos provocados por la corriente y la madera seca logran concentrar la tensión de cada paso. La lógica invitaría a no avanzar, pero el deseo de saber qué hay después es la semilla que nos han mandado buscar. Funciona. También para el espectador.
Los primeros planos de la protagonista en contraplano con la puerta, que parece pequeña enmarcada por el estante, hacen recordar un célebre episodio de Alicia en el País de las Maravillas (1865) de Lewis Carrol.

Alicia en el País de las Maravillas (Disney, 1951)

Una película de terror tiene que mostrar alguna de las cosas que provocan miedo al espectador (además de los socorridos sustos). En esta el motivo es la vejez (gerascofobia se denomina), pero llevada al extremo de la pérdida de facultades, del libre albedrío y de quedar confinados en un cuerpo que se ha convertido en una auténtica cárcel. Existen pocas cosas tan pavorosas. Pero creo que el autor utiliza esta historia para hablarnos de la relación que tenemos con las personas mayores, de la que no tenemos o de la que deberíamos tener.
Se han hecho grandes avances en gerontología: la esperanza de vida es cada vez mayor y, por ello precisamente, cada vez están más marginados. Esto se debe a que no asimilan los cambios con la rapidez que exige la modernidad. Y bajo la apariencia de cuidarlos mejor o protegerlos, los alejamos de nuestra vida diaria. En el mejor de los casos, nos contentamos en pensar que nos ocuparemos de ellos cuando haga falta y cuando llega el día descubrimos a una persona totalmente distinta a la que dejamos en el olvidadero (adoro este concepto que por vez primera descubrí en Dentro del Laberinto, 1986, de Jim Henson con guión de Terry Jones, el galés de los Monty Python).
El lenguaje también refleja esa situación, pues hablamos de longevidad, y no de ancianidad, al referirnos al límite de la vida, y antes he utilizado, no sin ironía, el concepto "esperanza de vida" —al ver la película hoy creo que es más un eufemismo que un indicador demográfico—.

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Hoodoo o Vudú de Nueva Orleans es una forma de magia utilizada por la población afroamericana del sur de los EE.UU. Esta magia, también conocida como conjure, se desarrolló a partir del sincretismo de diferentes culturas y tradiciones mágicas traídas de África y el Grimorio europeo. Si bien lo que es especialmente innovador en esta tradición es la "extraordinariamente eficaz utilización de figuras bíblicas," en sus prácticas.
No debe confundirse, por ejemplo, con la brujería ya que podría interpretarse como moralmente negativo sobre la práctica, ni con la religión Wicca (la historia de la ménade, tema central de la estupenda segunda temporada de True Blood, de 2009). Fuente wikipedia
Básicamente el Hoodoo es, en principio, un intento por alterar la realidad en beneficio de sus practicantes. El único detalle que lo diferencia de otras tradiciones mágicas consiste en que sus ritos no pueden realizarse sin una entrega absoluta.
El cristianismo tuvo una influencia determinante sobre el pensamiento Hoodoo. La idea de que el Dios bíblico recompensa y castiga a sus hijos fue recogida por los esclavos africanos y adaptada a su propio sistema ético: si el Dios de los blancos castiga y recompensa justamente, la única maldición efectiva es la que se realiza con la aprobación divina.
El relato del Éxodo de Egipto causó un poderoso impacto en sus raíces. Moisés opera no solo como un lider militar y espiritual, sino como un mago que "canaliza la justicia divina" para castigar a las tropas del Faraón y beneficiar a los esclavos que buscan una tierra de libertad. Para el Hoodoo, Moisés es solo un conductor, un catalizador de esa justicia que procede inevitablemente de Dios.
El mago Hoodoo, en menor escala, opera siguiendo este principio. Teniendo en cuenta esto, no resulta extraño que el libro de conjuros y hechizos de cabecera del Hoodoo sea, justamente, la Biblia, en especial el Antiguo Testamento. El vínculo es tan fuerte que la iniciación al Hoodoo se realiza leyendo el libro de Salmos. Fuente elespejogotico.
¿Que enseñan los maestros salmistas? Todo su programa puede resumirse en una sola palabra: "Justicia". Procuran educar al pueblo en la práctica de la justicia. Pero, ¿qué quiere decir una palabra tan elástica? Respondamos distinguiendo nuestro propio lenguaje del Antiguo Testamento en general y del salterio en particular.
1ª. Para nosotros, hoy, la justicia es la virtud que regula el intercambio entre personas (justicia distributiva), las obligaciones de las personas con el Estado (justicia legal) y la de los dirigentes para con el pueblo (justicia social). Y acostumbramos relacionar, de preferencia con la caridad, el deber imperioso de socorrer a los necesitados.
2ª En el Antiguo Testamento, el término "justicia" significa mucho más. Dicho con sencillez, "practicar la justicia" equivalía a vivir conforme a la Alianza, a respetar todos los compromisos que implicaba la relación privilegiada con Dios. La noción de "justicia", se acercaba pues a la de "fidelidad".
3ª En los Salmos, no obstante, la enseñanza de los maestros recalca fertemente el aspecto de la justicia social. La presentan ellos como una necesidad absoluta para que el pueblo permanezca fiel a la Alianza. En diferentes ocasiones son interpelados y censurados los dirigentes, los jueces y los ricos. Por el contrario, esa enseñanza hace muy poco caso de las relaciones de justicia entre las personas que poseen e intercambian entre sí (justicia destributiva). Y calla prácticamente la responsabilidad del pueblo con el Estado (justicia legal). Solo enfoca el deber general de alivar la miseria de cualquier pobre que se presente. Estrictamente hablando, ello forma parta de las exigencias de la propia "justicia". Por tanto, el salterio contribuyo mucho a convencernos de la importancia máxima que asume la preocupación por los necesitados entre las obligaciones básicas de la Alianza. La justicia social es uno de los temas clave de los salmos de instrucción.
 Marc Girard. Cómo leer el libro de los Salmos, pp.54-55