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lunes, 17 de junio de 2019

§92 El mágico Leteo

Yo, maestro Eckhart, doctor en Sagrada Teología, protesto ante todo, tomando como testigo a Dios mismo, que siempre he rechazado, en cuanto he podido, todo error sobre la fe y toda corrupción de costumbres, ya que esos errores son contrarios a mi condición de maestro y a mi Orden. Por tanto, si se encontrasen proposiciones erróneas concernientes a lo que yo he dicho, escritas por mí, dichas o predicadas, en privado o en público, en cualquier momento o lugar, directa o indirectamente, según una doctrina sospechosa o falsa, yo las revoco aquí expresamente y públicamente, ante todos y cada uno de los presentes...

Hace unos días recibí La escalera de Jacob (Adrian Lyne, Jacob’s ladder, 1990), una película que no veía (creo recordar) desde su estreno y de la que guardaba muy vago recuerdo, salvo por la escena de la bañera, que me hizo revivir un episodio semejante de cuando tenía cinco años y que a mi madre le pone todavía los pelos como escarpias.
Pero no quería hablar de mi experiencia, cuyos huecos han debido rellenarse con fragmentos de la película juraría que mi médico dijo exactamente las mismas palabras, sino de lo que hacía que la considerase equivocada, quizás incompleta pero que dejé pasar, sin más.
Es aquí donde debo incrustar el aviso de que lo que viene a continuación incluye opiniones que no deberían anticiparse a quienes no la hayan visto y tengan intención de hacerlo. Y ya de paso descubrir las manzanas que se han colado en su metraje.


Bien, espero que haya quedado alguien para leer esto.
Mi tesis es que Jacob Singer no muere en Vietnam. Así de contundente.
Cuando vi la película en los noventa, no había los medios para analizar y buscar con tanto detalle, ni yo tenía el tiempo y el ánimo imprescindibles para abordar tal trabajo de forma analógica. Así que pasé por alto algunas cosas que han tenido que esperarme en el limbo.
Pero antes quiero dejar claro un axioma, que me parece universalmente aceptable: el narrador SOLO puede manifestar experiencias basadas en su propio acervo, incluido aquello que ha podido trasmitirle otro narrador (y así sucesivamente), salvo que se trate de un profeta (en este caso son siempre poco precisos o ambiguos) o un viajero del tiempo. Y creo que éstos no vienen hoy al caso.
La muerte de Jacob en Vietnam se habría producido en 1971, como consecuencia de las heridas del incidente del 6 de octubre. Pero:
  • A lo largo del metraje vemos una estampa de la ciudad (skyline) con las infaustas “torres gemelas” (WTC, 1973-2001), una fiesta en un apartamento, donde suenan Lady Marmalade y My Thang, que no se editarán hasta 1974, y un cromo de béisbol de Goose Goosage de la liga de 1973.
  • Jacob es secuestrado de las puertas del juzgado en un Ford LTD de 1975, el primero de una serie con unas luces traseras diferentes aunque intuí lo del coche, el modelo lo obtuve de la lista de errores (goofs) de la película en imdb.—
  • También hay al menos un par de libros anacrónicos, La biblia de las brujas, vol. 1, de 1981 y otro con el título de Chilbirth in America que, al no tener trascendencia en la trama, puede haberlo introducido por error el equipo de arte.
Repasando la biografía del protagonista encontramos algunas lagunas, como cuando su pareja comenta que Gabe murió antes de ir Jake a Vietnam. Al existir una carta del pequeño, en que dice que su madre le reclama dinero, debemos suponer que ya estaban separados.
  • Cuando llegamos a ver las placas militares descubrimos que nació el 14 de marzo de 1945, por lo que en 1971 tenía 26 años, había pasado seis terminado un doctorado en filosofía y ya tenía tres hijos que no son precisamente bebes ¡esto si que es correr!, aunque biológicamente sea posible.
  • Pero la fecha de su nacimiento no le hubiera llevado a Vietnam. En el sorteo de selección (draft) de 1970, para los nacidos entre 1940-45, su fecha obtuvo el puesto 354 y solo se llegó a llamar hasta el 195.
Entonces ¿no es razonable pensar que pudo haber tergiversado la muerte del chaval? Pudo utilizar el trauma como excusa, haber simulado ser opositor antes de ir al conflicto —no dudo que cambiara de opinión después— o simplemente dejar que Jezzy pensara lo que quisiera. Esa mentira le habría llevado a otra y a montar un castillo de naipes.
—Aventurémonos un poco más— ¿Y si en realidad se alistó como VOLUNTARIO y eso le avergonzaba? También habría sido un motivo de peso para el divorcio.
Esto plantearía nuevas incógnitas sobre cuándo pudo morir y mensaje que esconde la película.
  • Ateniéndonos a la trama conspirativa, los soldados habrían sido drogados con BZ mezclado en las latas de comida que transportan los helicópteros de los primeros compases del film.
  • El llamado trastorno de estrés post-traumático (PTSD) es consecuente con un tratamiento a base de fármacos o el consumo de LSD y opiáceos de muchos excombatientes. Y ésta habría sido la mejor fórmula para eliminar cabos sueltos: trastorno ciclotímico, adicciones varias y paranoia que fácilmente servirían para explicar accidentes, homicidios en trifulcas, suicidios y sobredosis de la corta lista de supervivientes.
  • El melancólico y atrabiliario Jacob Singer bien podría haberse convertido en adicto y fallecer de un “mal viaje”. ¿Por qué no un colapso en la bañera de los hielos? Todo lo que vemos a partir de ese punto es delirante y parece fruto de un cerebro al punto de cocción; lo que en absoluto contradice el mensaje de espiritualidad al que apunta el libreto original de Bruce Joel Rubin, también autor del oscarizado guión de Ghost, del mismo año, con el que guarda no pocas similitudes.
En conclusión, el momento final no sería real, representaría la “versión oficial” y con el mensaje del Pentágono a continuación, negando la experimentación con soldados en combate, conseguiría, por contraposición, plasmar una denuncia ¿sutil, verdad?—.
  • Es para estudio que aún hoy no se cuestione la última escena y se asuma que lo anterior es un cúmulo de errores y no viceversa: que el epílogo es una impostura intencionada, cercana a lo que representan las figuras de Escher o la copa de Rubin, utilizadas en la psicología de la Gestalt.
  • Lo que me lleva a reconocer que Adrian Lyne nos ha manipulado a conciencia, subiendo muchos puestos en el escalafón.

M C Escher, Relatividad (1953), litografía.

Lo que si sería sorprendente es que estuviera imaginando que escribo esta entrada desde la bañera de mis padres, con cinco añitos (♫ Oh, sonny boy ♫).

miércoles, 1 de agosto de 2018

₰14: Medias tintas

Maggie D. sin duda había perdido el sentido. Había sido condenada a la horca por el asesinato de su hijo recién nacido y ajusticiada en Grassmarket. Así que cuando despertó entre exabruptos y estertores, para pasmo de aquellos que descolgaron su cuerpo, no pudo negarse que, en justicia, la sentencia se había cumplido y podía proseguir su mísera existencia. Eso sí, desde entonces, en Escocia se instauró la coletilla “hasta la muerte” en prevención de repeticiones. Lo que puede considerarse un fallo poco piadoso.

Shadow of the gibbet, Grassmarket Edimburgh

jueves, 17 de mayo de 2018

₰6: "Paquibotes"

Siempre me pareció perturbador que alguien hubiera ideado algo tan absurdo como el elefante suspendido de la telaraña de la cancioncilla infantil. Y no digo nada de su machacona multiplicación.
Un día empecé a pensar en la profusión de improvisadas embarcaciones y su insistencia en remontar cada cresta de mar en pos de una ilusión y me compadecí de la osada desesperación de los paquidermos.


Huevo de pascua

jueves, 19 de mayo de 2016

§73 Frontera garbancera

Humpty Dumpty sat on a wall,
Humpty Dumpty had a great fall.
All the king's horses and all the king's men
Couldn't put Humpty together again.
Humpty Dumpty en un muro se sentó,
Humpty Dumpty de él se cayó.
Ni todos los caballos ni todos los hombres del Rey
pudieron a Humpty recomponer.
(originalmente no se decía que Humpty Dumpty era un huevo)
Al cine siempre le han fascinado las fronteras. Eso es tanto como decir que al hombre siempre le ha interesado hasta dónde podía llegar. Sin esa capacidad, es difícil que se hubiera producido avance alguno. Pero por necesaria no deja de ser una arbitrariedad más. Cada uno establece unos límites y, de alguna forma, se llega a un acuerdo sobre dónde quedan. La frontera establece desde entonces la seguridad del ser y el no ser, del bien y del mal, del yin y del yang. El dualismo intrínseco a todo lo existente en el universo, si nos atenemos al taoísmo, traído a lo cotidiano.
Ahora bien, en el mundo real no es fácil distinguir en qué lado estamos. Vemos la frontera como el borde de una silueta demasiado grande para saber a qué pertenece. Vivimos en la tranquilidad de la existencia de unos límites, ignorantes de todo, de lo que contienen y de lo frágiles que pueden llegar a ser. El drama está servido. Por eso al cine le gustan tanto.

Escena de Sicario, de Denis Villeneuve (2015)

Inevitablemente las tomas cenitales de esta película recuerdan, al menos al espectador español, las estampas de los créditos de La isla mínima, de Alberto Rodríguez (2014). Pero discrepo de los que ven una misma intención en ambos realizadores, lo que sería como decir que el recurso tiene una única lectura. Al menos en este caso, la elección queda justificada en un primer apunte de un personaje omnipresente, Juárez (México), la Bestia, anunciado con una llamada amenazadora, que se extiende por todo el más allá de la frontera: una malla de alambre que no logra contener el ansia del zorro, que antes o después encontrará un hueco para su zarpa o excavará una madriguera por la que colarse en el gallinero.
Si no fuera por las trompas apocalípticas y la parafernalia de la administración americana, tendríamos dificultades para saber si estamos del lado de los raposos o de las plumíferas. Por eso tras una escena inicial demoledora, que determina en qué lado debemos estar, despegan los helicópteros y ya nada está tan claro, si perdemos de vista por un instante el norte, puede que ya no sepamos a qué atenernos.
No se trata de un descenso a los infiernos —como he leído, aunque reconozco que subir y bajar también puede llevar a la desorientación— al modo griego, entre otras cosas por que el héroe (debería poner heroína pero podría inducir a confusión) no llega a establecer un contacto directo con Hades. El mito del descenso se puede estructurar en tres fases diferenciadas: la separación, la iniciación a través de las pruebas y el retorno, que no se cumplen en esta ocasión. Su papel está más cerca de los chicos que en otra escena juegan al fútbol: lanzas la moneda y te toca un lado del campo. Quizás de ahí esa sensación de haber sido manipulados, sobre todo con respecto al protagonismo, pese a que el título ya lo advertía.

“La muerte es democrática, ya que a fin de cuentas, güera, morena, rica o pobre, toda la gente acaba siendo calavera”-  José Guadalupe Posada
También me llama la atención que uno de los carteles de la película utilizara un grafo de una calavera. Durante el gobiernos de Benito Juárez ésta acompañaba a escritos críticos y de denuncia. Precisamente el director decía en una rueda de prensa durante la presentación en Cannes que se deberían hacer más y más películas sobre la frontera mexicana, hablando de la violencia omnipresente y su sentimiento de responsabilidad como americano (cf. La Vanguardia).
"No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen en tres sitios equidistantes la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, de hecho como, en virtud de nuestra superioridad racial, ya es nuestro moralmente" William Howard Taft, vigesimoséptimo presidente de EE.UU.
Cierto es que estas palabras las pronunciaría años después del encuentro con Porfirio Díaz —sino le pegan el tiro seguro—, cuando estaba sin resolver el tema de la frontera del río Bravo, que marcaba la frontera entre ambos países, por la mala costumbre del río de cambiar de cauce con el tiempo: había dejado parte de México al norte del río y parte de Estados Unidos al sur, una zona llamada El Chamizal, disputada por ambos países.

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La historia de La Catrina empieza durante los gobiernos de Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz, cuando se empezaron a popularizar textos escritos por la clase media que criticaban la situación del país y la actitud de las clases privilegiadas. Redactados de manera burlona y acompañados de dibujos de esqueletos vestidos con ropas de gala se empezaron a reproducir en los periódicos llamados de combate.
La versión original procede de un grabado en metal del caricaturista José Guadalupe Posada. Originariamente es conocida como la Calavera Garbancera. «Garbancera» es la palabra con la que se conocía entonces a las personas que vendían garbanza, que teniendo sangre indígena pretendían ser europeos, ya fueran españoles o franceses (esto último más común durante el Porfiriato) y renegaban de su propia raza, herencia y cultura.
Esto se hace notable por el hecho de que la calavera no tiene ropa sino únicamente el sombrero; desde el punto de vista de Posada, es una crítica a muchos mexicanos del pueblo que son pobres, pero que aun así quieren aparentar un estilo de vida europeo que no les corresponde.
«...en los huesos pero con sombrero francés con sus plumas de avestruz».
Diego Rivera fue quien además del nuevo nombre (de catrín, hombre elegante y bien vestido) le dio su atuendo característico, con su estola de plumas, al plasmarla en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947), donde aparece con su creador, José Guadalupe Posada, una versión infantil de Rivera y Frida Kahlo.
Las calaveras literarias, son composiciones en verso tradicionalmente mexicanas que en vísperas del día de muertos se suelen escribir como otra de las manifestaciones de la cultura popular para hacer burla tanto a los vivos como a los muertos, y recordar que todos nos vamos a morir. Están escritas con un lenguaje satírico o burlesco y son textos muy breves pero que reflejan todo el espíritu y festividad del mexicano frente a la muerte. Hoy en día se acostumbra que desde que los niños son pequeños, en la escuela, hagan burla o crítica de algún personaje o situación de interés general o moda con este formato. Fuente wikipedia
   Las Marcelas y las Saras
que al cine van a gozar,
vendiendo hasta las cucharas,
y se embadurnan las caras
porque pretenden gustar,
   serán indudablemente,
sin ninguna discursión,
de improviso o lentamente
esqueleto pestilente,
calaveras del montón.
José Guadalupe Posada 

sábado, 20 de febrero de 2016

§61 Etopeya de un calavera

“Las cosas son como son.”
No hace demasiado que extraía una escena con la misma sentencia, que también una madre transmitía a su hijo como legado (El Abuelo que saltó por la ventana y escapó, Felix Herngren, 2013). Esto seguramente ha influido en mi elección de hoy. Pero no voy a ceder (todavía) a la comodidad de repetir argumentos aprovechando la oportunidad que se presenta, sino que trataré de buscar de otra perspectiva, aunque solo sea por puro ejercicio.
Algo parecido hizo Jim Mickle en esta su segunda oportunidad: Stake land (2010).
En primer lugar, no se debería caer en la trampa de lo anecdótico de si los monstruos que aparecen son vampiros, son zombis o son un mestizo de ambos (he encontrado vampizombis y zombipiros, que podrían servir a mi categoría de seres indecidibles). Y esto me recuerda algo que me decía mi padre, gallego de pro: un gallego es una persona que cuando te la encuentras en la escalera no sabes si sube o si baja. Alguno pensará que no hay relación, pero bien sabe el gallego hacia dónde va. El problema es nuestro. Yo lo interpreto de la misma forma: no me quedaría quieto el tiempo suficiente para averiguar qué es en realidad y si cumple con la ortodoxia de unos u otros. Huyes, si puedes, o lo matas, si se deja ¡al gallego no, por Dios!.
El foco de atención debe ponerse en las personas, en concreto, a cómo afrontan la nueva realidad, si pueden llegar a ser más perniciosos que las bestias o si se dejan domeñar por el ímpetu del primer vocero que aparezca. Mister (Nick Damici es también el asaz guionista y, por lo tanto, conocedor de las entrañas del personaje) podría ser uno de esos personajes que se elevan en estas circunstancias. En este caso, por la coherencia de sus convicciones y pese a sus contradicciones y ambigüedades manifiestas —¡hasta podría ser un ortodoncista de Brooklyn! (por la matrícula de su Chevy), con una vida muy convencional. En esto creo se parece bastante al Max de George Miller (Mad Max 2, 1981).
La película se decanta finalmente por retratar al guerrero, al hombre de la frontera, a partir de su código de conducta y desde la perspectiva del que lo recibe, su hijo-aprendiz. Bueno, hasta esta escena, que solo se puede entender en un sentido: el alumno (narrador) ha comprendido que su maestro siempre estuvo observando sus evoluciones, hasta decidir que su labor había concluido.

Escena de Stake Land (2010) de Jim Mickle

Todos tenemos algo de “calaveras”, más o menos. ¡Quién no hace locuras y disparates alguna vez en su vida? ¿Quién no ha hecho versos, quién no ha creído en alguna mujer, quién no se ha dado malos ratos algún día por ella, quién no ha prestado dinero, quién no lo ha debido, quién no ha abandonado alguna cosa que le importase por otra que le gustase, quién no se casa, en fin?… todos lo somos; pero así como no se llama locos sino a aquellos cuya locura no está en armonía con la de los más, así sólo se llama “calaveras” a aquellos cuya serie de acciones continuadas son diferentes de las que los otros tuvieran en iguales casos.
Mariano José de Larra, Los calaveras (1935)
Estoy totalmente de acuerdo con la interpretación que Larra daba de los calaveras, que se puede resumir en algo así como "genio y figura". Por eso no me resulta nada extraño que Mister lleve una colgada al cuello. De hecho es algo muy coherente con la estampa del cazador que llega al poblado y a cambio de mostrar sus trofeos (los colmillos arrancados a sus víctimas son prueba de su utilidad a la comunidad y de la deuda que tienen con él), obtiene provisiones, un trago y el hueco en el lecho de la camarera, antes de proseguir su camino; la obligación de avituallar a los ejércitos, sino de participar en la milicia, es tan antigua como la civilización misma.
Pero cuando llegan a esta parada, el interés de la chica se decanta por Martin en una toma cálidamente iluminada, por contraste con el frío exterior, quien demuestra con estúpido entusiasmo juvenil que es digno sucesor del gran calavera.
Aunque también se podría interpretar como que Mister por fin ha encontrado una niñera sensata dispuesta a cargar con el chavalín (esto es broma, como demuestra la continuación de la película).

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San Sebastián era un soldado del ejército romano que llegó a ser jefe de la primera cohorte de la guardia pretoriana en tiempos de Maximiliano. Fue denunciado por ser cristiano y condenado por pertinaz a morir asaeteado. Lo llevaron al estadio y cumplieron la sentencia dándolo por muerto (la imagen más conocida del santo le representa vivo y ensartado). Sin embargo sus amigos descubrieron que estaba aún con vida y lo llevaron a casa de Irene, viuda de Cástulo, otro mártir cristiano. Ella lo mantuvo escondido y le curó sus heridas hasta quedar restablecido.
Sus amigos le aconsejaron ausentarse de Roma a lo que Sebastián se negó, presentándose ante un emperador desconcertado al que reprochó su conducta por perseguir a los cristianos. Maximiliano mandó entonces que lo azotaran hasta morir. Los soldados cumplieron esta vez sin error su misión y tiraron su cuerpo a un lodazal. Los cristianos recogieron sus restos y los enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre del santo (288).
Su culto está muy extendido, siendo invocado contra la peste y contra los enemigos de la religión. Se le llama el Apolo cristiano y es uno de los santos más representados en el arte. Fuente wikipedia

 
San Sebastián cuidado por Santa Irene (1634-1643)
George de La Tour además de por su forma de iluminar las escenas se caracteriza por su preferencia por los santos asociados a la peste, especialistas en prevenir el contagio y mujeres que curan heridos. Fuente wikipedia

domingo, 31 de enero de 2016

§58 Ferula communis

Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector. Se enalteció tu corazón a causa de tu hermosura, corrompiste tu sabiduría a causa de tu esplendor; yo te arrojaré por tierra; delante de los reyes te pondré para que miren en ti. Con la multitud de tus maldades y con la iniquidad de tus contrataciones profanaste tu santuario; yo, pues, saqué fuego de en medio de ti, el cual te consumió, y te puse en ceniza sobre la tierra a los ojos de todos los que te miran. Todos los que te conocieron de entre los pueblos se maravillarán sobre ti; espanto serás, y para siempre dejarás de ser.
Ezequiel 28: 14-19

Que El corredor del Laberinto (Wes Ball, 2014) haya sido mi siguiente elección no podía ser casual. Cuando la semana pasada señalé los antecedentes de Los Juegos del Hambre (Gary Ross, 2012) en la mitología griega (argumento que también sostiene la autora), ya tenía en mente que otro tanto ocurría con esta trilogía; pero, aunque el título parezca indicar lo contrario, no tanto en el mito del Laberinto como el de Prometeo.
José de Ribera, Prometeo (ca. 1630)
Prometeo era uno de los titanes, dioses enfrentados a los dioses olímpicos. Bien por simpatía hacia los humanos, bien porque servía a su capricho, urdió un engaño para escatimar a Zeus el beneficio de los sacrificios que le ofrecían. Indignado por la añagaza, decidió privar a los hombres del beneficio del fuego, es decir, de un futuro próspero. Esto determinó que Prometeo lo robara del carro de Helios (o de la fragua de Hefesto, según Platón) y se lo devolviera a los hombres con el tallo de una cañaheja (ferula communis) encendida —origen de la antorcha olímpica—. La venganza por esta nueva ofensa se servirá con la entrada en escena de Pandora —la de la caja— y con el perpetuo suplicio de Prometeo.
No me quiero extender en este punto, pero entre líneas se puede ver por dónde van los tiros.
Mi interés camina por otras lindes: cuáles son los primeros pasos de una sociedad.
Aunque muy por encima, los clarianos cuentan que, aunque tenían cubiertas las necesidades básicas, muy pronto tuvieron la necesidad de establecer una serie de reglas y sanciones. De hecho, la escena que tenía seleccionada (que la Fox no me ha permitido publicar) era la expulsión de Ben del Claro. Podría haber sido por infringir la ley (atacar a otro clariano) o como drástica medida profiláctica (evitar la proliferación del destello), pero extraña, tanto en el libro como en la película, que no se detengan mucho a investigar sobre los recuerdos que reciben a cambio los infectados. O precisamente eso es lo que lleva al protagonista a cuestionar los fundamentos mismos de la comunidad y desencadenar su escisión.

Después de denegarme la publicación de la escena encontré este video en el que el autor la identifica como una de las favoritas por los lectores.

Mucho más interesante que la pérdida del Paraíso bíblico —que siempre me he preguntado cómo desapareció de este mundo, porque destruirlo hubiera sido de una crueldad injustificable para con el resto de sus criaturas— me parece este escenario de la nación exiliada por conveniencia. 
La bula Exigit sincerae devotionis de 1478 permitió la creación de la Inquisición Española como instrumento para investigar los casos de contaminación dentro de la comunidad cristiana; que si bien inicialmente no iba destinada contra judíos y moriscos (que evidentemente no eran cristianos), pronto determinará su expulsión de los distintos territorios. Y una vez probada su eficacia fue aplicada contra toda desviación posible de la ortodoxia. Y su catálogo fue extenso… Aunque en honor a la verdad, los procesos de la Inquisición en aquella época no permitían algunas formas de tortura que si hacía la justicia ordinaria, que además suponían un gran avance sobre las ordalías o juicios de Dios. En ambas jurisdicciones, las garantías para el procesado eran paupérrimas. Por ejemplo, el reo no conocía el contenido de la acusación, ni quién la formulaba, hasta el mismo día del juicio. La prueba (su peso normalmente recae en la acusación, salvo si se trata de algunas áreas de la administración, como la recaudación de impuestos, incluso actualmente) se establecía con su propio testimonio durante los interrogatorios —¡y qué interrogatorios!— donde ya se había alcanzado, en numerosos casos, la meta del arrepentimiento. Es más, en rigor, había pocas diferencias procesales entre los distintos países civilizados.
Las condenas podían ir desde la hoguera y pena de muerte (o mutilación) en los casos más graves, a galeras, el escarnio público o la requisa de bienes, así que el destierro (del territorio hasta donde se extiendía la soberanía de quien lo imponía) no parece un resultado desdeñable. Y en la Grecia Antigua era una práctica democrática saludable.
En España, es cierto, tenemos una larga tradición en expulsar. Pero, como todo en esta vida, se puede interpretar desde puntos de vista dispares: como signo de intransigencia, pero también como indicio de inconformismo. Me consuela pensar que éste último es el factor dominante, porque de otra forma no hubiera resurgido periódicamente en la historia (como el hígado de Prometeo).
En mi vida he tenido que sufrir varias exclusiones (algunas pude evitarlas con contrición) debido a mi tendencia indómita y he de reconocer que, como los sefardíes con la llave de su vivienda, guardo el recuerdo con la esperanza de algún día recibir la redención (esto último con razonables cargas de ironía).
El montaje siguiente está destinado a los amantes de las reglas al estilo de Columbus.


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Se conoce con el nombre de Diáspora sefardí a las diversas comunidades de los judíos que fueron expulsados de España en 1492 por orden de los Reyes Católicos. Como por tradición identificaban la península ibérica con la Sefarad bíblica, recibieron el nombre de sefardíes. Además de su religión, mantuvieron muchas de sus costumbres y particularmente la lengua, conocida como judeoespañol, que deriva del castellano que se hablaba en el siglo XV.
Los sefardíes nunca se olvidaron de la tierra de sus padres, abrigando para ella sentimientos encontrados: por una parte, el rencor por los trágicos acontecimientos de 1492; por otra parte, andando el tiempo, la nostalgia de la patria perdida…
Joseph Perez, Los judíos en España (2009), p.117
Aunque en el edicto no se hacía referencia a una posible conversión, esta alternativa estaba implícita. De hecho muchos judíos se bautizaron, especialmente los ricos y los más cultos. Los que no tuvieron que marchar al exilio en unas condiciones muy duras: malvender sus propiedades a cambio de cantidades a veces ridículas en formas que pudieran portar, porque la salida de oro y de plata del reino estaba prohibida —la posibilidad de llevarse letras de cambio no les fue de mucha ayuda porque los banqueros, italianos en su mayoría, les exigieron enormes intereses—. También tuvieron grandes dificultades para recuperar el dinero prestado a los cristianos. Además de tener que hacerse cargo de todos los gastos del viaje: transporte, manutención, fletes de los barcos, peajes, etc…
Inicialmente la mayoría se instalaron en el norte de África o en los estados cristianos cercanos: de Navarra fueron expulsados en 1498 y se trasladaron a Bayona; los de Portugal, obligados a convertirse al cristianismo en 1497, acabaron en el norte de Europa, especialmente en los Países Bajos; y finalmente buena parte de los sefardíes terminaron viviendo en los territorios del Imperio Otomano de los Balcanes y Oriente Próximo.
En la República de Venecia los judíos fueron obligados a vivir en un barrio separado llamado ghetto –la palabra gueto pasaría a designar a partir de entonces a las juderías europeas donde se recluía a los judíos–, a llevar una indumentaria que los identificara, a pagar unos impuestos muy altos, a no poder adquirir inmuebles, y a no prestar dinero con un interés superior al 12 por ciento, además de no poder ejercer determinados oficios. En varias ocasiones se intentó expulsarlos, pero los judíos de Venecia siempre encontraron la manera de volver. En el novissimo ghetto, uno de los tres con que contó la ciudad en los siglos XVI y XVII, eran donde probablemente vivían los judíos sefardíes.
Miles de judíos regresaron a la península para convertirse, a causa del maltrato que sufrieron en algunos de los lugares de acogida. Su situación se regularizó con una orden del 10 de noviembre de 1492 que establecía que las autoridades civiles y eclesiásticas tenían que ser testigos del bautismo y, en el caso de que se hubiesen bautizado antes de volver, se exigieran pruebas o testimonios que lo confirmasen. Asimismo que pudieran recuperar todos sus bienes por el mismo precio que hubieran recibido. Los retornos están documentados hasta 1499 por lo menos. Por otro lado, una provisión del Consejo Real de 24 de octubre de 1493 determinó duras sanciones para aquellos que injuriasen a estos cristianos nuevos (llamándolos tornadizos, por ejemplo). Fuente wikipedia

domingo, 24 de enero de 2016

§57 Disciplina de canelones


(Lo prometido es deuda.)

Dedicada a mi colega (de muchas cosas) Javier

(¿No sabías que era una distopía?)

—Eso —replicó la duquesa— más es darse de palmadas que de azotes. Yo tengo para mí que el sabio Merlín no estará contento con tanta blandura: menester será que el buen Sancho haga alguna disciplina de abrojos, o de las de canelones, que se dejen sentir, porque la letra con sangre entra, y no se ha de dar tan barata la libertad de una tan gran señora como lo es Dulcinea, por tan poco precio; y advierta Sancho que las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada.
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, II, 36, p. 1015-1016.

La sociedad japonesa, tremendamente anclada en sus raíces, se caracteriza aún hoy por un comportamiento social vertical que la hace muy diferente a las occidentales, fuertemente influenciadas por las ideas igualitarias. Por esta razón, la novela de Koushun Takami, que sitúa la acción en un presente alternativo del Japón desde la Segunda Guerra Mundial, pudo trasladarse a la pantalla sin dar demasiadas explicaciones (además de ser muy conocida por el público). Las personas con las que he intercambiado impresiones sobre ella la consideran absurda desde su comienzo, a pesar de que las tradiciones pedagógicas germánica y anglosajona han propiciado de alguna manera el individualismo del alumnado.
La novela se entiende perfectamente como una crítica del sistema educativo japonés, que se perpetúa sin que nadie sepa muy bien qué busca y que nadie se atreva a contradecir (aunque podría ser el de cualquier país que fomente la competencia y el utilitarismo como principales valores). Por ello los 42 estudiantes aceptan las reglas del juego y no muestran apenas compasión hacia sus compañeros.
En la película, la clase es la propia sociedad decadente, que de pronto se percata de estar viviendo la pesadilla del totalitarismo, y la prueba es un acontecimiento que sirve para dar vía de escape a los impulsos autodestructivos de la sociedad, al tiempo que la divide moralmente, impidiendo una rebelión organizada.

Escena de Battle Royale (2000) de Kinji Fukasaku


La escena reproduce de forma esperpéntica —¿o no?— el comienzo de un nuevo curso —respeto que muchos tengan el recuerdo placentero de cuadernos a estrenar—.
Como mi andadura en el sistema se inició durante los estertores de la dictadura franquista tengo mi propia experiencia de cómo se regían entonces los colegios. El mío no fue especialmente estricto, pero conservó intactas hasta el final las formas de levantarse, saludar, rezar, callar, numerarse, vestir y hablar como Dios manda. Más de un pescozón recibí por cuchichear con el par que me acompañó, por cercanía alfabética, durante toda la EGB; el condenado profesor debía tener antepasados indios, pues ninguno le oyó nunca acercarse.
Mi colegio constaba de una sola clase enorme, donde todos los cursos estaban distribuidos en mesas corridas, y todas las lecciones las impartía la misma persona, empezando por los cursos superiores, mientras los demás guardábamos respetuoso silencio. Así aprendíamos siempre algo de más, o esa era la teoría. Todavía recuerdo la rutina: lunes, lengua; martes, matemáticas; miércoles, naturales; jueves, sociales; y viernes, religión, caligrafía y dibujo. Sin gimnasia, que bastante ejercicio hacíamos en el recreo. Un camión del ejército pasaba cerca muchas mañanas con el pan de la tropa y corríamos como diablos para conseguir un bollo que otorgaba el furriel, que nos ahorraba la peseta del almuerzo.
Un día el profesor encontró bajo una de las mesas una rama enorme, arrancada por el viento, que había sido introducida de contrabando durante el recreo, por una peregrina ocurrencia. Durante años proporcionó la materia prima de las varas con las que se juzgó nuestra más mínima desviación de las normas de conducta.

(Vi romper muchas, más nunca cuándo se acabaron.)

El resto de la enseñanza obligatoria la pasé en un instituto público elegido por mis padres, donde todavía se discriminaba por sexo en edificios separados. De la calle venían ecos de las manifestaciones de la primera transición y el silencio pavoroso del tejerazo. En los años universitarios apenas encontraría reglas de comportamiento.
Quizás esto me haya proporcionado una perspectiva sobre los cambios en la sociedad y en el sistema educativo que no disponen generaciones posteriores. Casualmente supe de esta película por una de aquellas amistades del colegio.

La letra con sangre entra, de Francisco de Goya  (1780-85)

El éxito de las novelas de Suzanne Collins (Los Juegos del Hambre, 2008) y su posterior adaptación al cine, se vieron empañados por la publicación de numerosos comentarios sobre la cantidad de similitudes que guardan con las versiones de Battle Royale; incluido Stephen King que rápidamente aclaró que La larga marcha (1979) también podría haber sido referente de todas ellas. Mi admirado Gus Portokalos (Mi Gran Boda Griega, Joel Zwick, 2000) diría que todas tienen su origen en la leyenda griega de Teseo y el Minotauro.

 ("Todos somos frutos")

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La Ley de Reforma Educativa del Milenio: Battle Royale

La ley BR (Battle Royale) se rige según estos artículos:

Artículo 1: Objetivo de Battle Royale
Se instituyó con el fin de formar una nación sana de cuerpo, mente y espíritu.
Artículo 2: Quiénes van a participar
Va destinada, una vez al año y aleatoriamente, a una clase elegida entre tercero o cuarto de secundaria o bachillerato. Es decir, la fase final de la educación. Esta ley se aplica a toda la población, sin distinción de raza, sexo, condición social, ideologías políticas, religión u orientación sexual.
Artículo 3: Orientación general de Battle Royale
Todos los estudiante sujetos a esta ley deben alegrarse, divertirse y apreciarla. El combate debe hacerse con ganas y apreciando la inmensa oportunidad de poder participar.
Artículo 4: Obligación de los participantes de Battle Royale
Todos los participantes tienen el deber de matarse los unos a los otros. Ninguno de los participantes debe negarse o rechazarlo. Ni siquiera intentar obstaculizar el juego.
Artículo 5: Medidas judiciales únicas y especiales para los participantes
Todos los participantes están exentos de cualquier delito judicial como asesinar a sus compañeros de clase; causar incendios; utilizar armas de cualquier clase; robar las armas; violar la intimidad y los derechos de los demás; incluida la utilización ilegal de medicamentos. Sin embargo, les está prohibido rebelarse contra el profesor supervisor, contra los militares y contra los miembros del comité, impedir su acción o vengarse. Se castigará severamente a los que se atrevan a cometer tales actos convirtiéndose en fugitivos de la justicia.
Artículo 6: El ganador
Battle Royale concluye con la victoria de un solo ganador, el único superviviente de todo el juego. Ninguna derogación a esta norma es posible.
Artículo 7: La vida del ganador después de Battle Royale
El Estado subvencionará al ganador durante toda su vida. Tendrá un estatus de ciudadano modelo y será un ejemplo a seguir para formar una nación sana de cuerpo, mente y espíritu. Todo el pueblo, pues, será partícipe de la financiación del ganador/a.
Artículo 8: Supervisor de Battle Royale
Se coloca a los responsables administrativos de Battle Royale bajo la autoridad del supervisor/a. Éste/ésta se elige en el seno del Comité de promoción de la ley BR, sobre recomendación de sus miembros. Está habilitado/a para infringir todas las leyes con el fin de hacer progresar eficazmente el juego. Aunque ni el Estado, ni el Comité se hacen responsables de la supervivencia del profesor/a.
Artículo 9: Indemnización a las familias de los perdedores
Las familias de los perdedores recibirán una indemnización por la pérdida del estudiante. Esta medida se presenta bajo una norma específica.
Artículo 10: Disposiciones complementarias al reglamento
Con el fin de garantizar el buen desarrollo de Battle Royale, algunas disposiciones complementarias podrán publicarse en caso de necesidad.
Fuente wikipedia

domingo, 17 de enero de 2016

§56 Suerte contraria

De la muerte decía Epicuro que es algo que no debemos temer, porque mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos. Con este razonamiento, verdaderamente aplastante —decía Mairena— pensamos saltarnos la muerte a la torera, con helénica agilidad del pensamiento. Sin embargo —el sin embargo de Mairena era siempre la nota del bordón de la guitarra de sus reflexiones—, eso de saltarse la muerte a la torera no es tan fácil como parece, ni aún con la ayuda de Epicuro, porque en todo salto propiamente dicho la muerte salta con nosotros. Y esto lo saben los toreros mejor que nadie.
Antonio Machado, Antonio de Mairena, en Poesía y Prosa, 1989, IV, p.2001
Una de las consecuencias que trajo consigo el éxito de las novelas de Stieg Larsson (la trilogía Millennium) fue la revitalización del thriller policial europeo y sus variantes. O, quizás, sus novelas encontraron el terreno abonado en un público que deseaba encontrar respuesta a sus temores, nacidos de la globalización de la amenaza terrorista, en los esfuerzos de aquellos individuos que se enfrentan cara a cara al crimen. O, simplemente, los vengadores solitarios son una tendencia que periódicamente regresa con nuevos bríos. Sea como fuere, en nuestro país vecino, Fred Cavayé ha encabezado una interesante revisión del polar francés centrada las relaciones familiares como motor emocional de sus personajes. Sus imágenes, llenas de acción callejera, intentan mostrar la vitalidad de esos sentimientos, muchas veces encontrados.

Escena de Mea culpa (2014) de Fred Cavayé

Me llamó poderosamente la atención la elección de utilizar en montaje paralelo una corrida de toros —en realidad, un esquema en pequeños cortes o estampas de los tercios, el arrastre y el saludo; quizás le faltó el paseíllo para redondear la faena—. Es muy poco frecuente fuera de la Piel de toro (o allende los mares en un puñado de países) y casi políticamente incorrecto en un país donde sólo está permitida la celebración de corridas en unas pocas ciudades del sur que conservan sus ferias.
Aunque no se menciona, la trama se desarrolla en Arlés. Durante la Pascua se llevan a cabo corridas españolas en la cual se mata al toro y que se precede de un encierro por las calles. Las corridas de toros se llevan a cabo en el anfiteatro romano, incluyendo corridas al estilo provenzal (courses camarguaises) en la cual no se mata el toro sino que un equipo de hombres atléticos tratan de quitarle la borla de los cuernos sin ser heridos por el toro.
En los últimos años los intentos de inclusión de la tauromaquia dentro del patrimonio cultural inmaterial francés han generado una fuerte polémica. Incluso mientras buscaba confirmación de algunos datos encontré una opinión que acusaba absurdamente a esta película de fomentar el maltrato animal —más bien al contrario, pues equipara la muerte del toro en la arena con una ejecución sumarísima, que además provoca la persecución del espectador que inocentemente la ha presenciado—.
La persecución de la sombra del niño, con ecos de El Tercer Hombre (Carol Reid, 1949) —otra vez—, me distrajo y estuve tentado de dejar el tema, pero algo recóndito hacía que no quedara satisfecho. Al fin y al cabo, una corrida no deja de ser una representación de la lucha de la civilización contra lo natural —despojada del halo religioso de los primeros ritos— en la que nos identificamos con el hombre, pero ¿y si fuéramos el toro?
Si se analiza despacio, hay mucha ficción en la consideración del toro de lidia como un animal violento. No hay que olvidar que se trata de un herbívoro (que no precisa atacar para alimentarse), al que se puede ver corretear tranquilamente en libertad por la dehesa y al que hay que tentar para que embista. El acoso y derribo de erales se realiza en campo abierto para los machos golpeándoles en las ancas con una garrocha, hasta siete veces si el ejemplar responde.
El protagonista de esta historia tiene una actitud tan abúlica, debido a un trauma, que llego a pensar si no será el castigo su mejor terapia. Con esto no quiero defender el uso de la violencia (tampoco de las corridas), solo que el shock le devuelve su papel de protector, que no duda en asumir, y su vida.
Su antiguo compañero de armas, que tiene sus propias motivaciones, le acompaña en la empresa que se convierte en un mano a mano, tanto en la acción, como en lo interpretativo. La presencia de Vincent Lindon y Gilles Lellouche en la pantalla es lo que más se ha valorado de la película —indiscutible, aunque creo que a los demás se les ha dejado muy poco hueco para lucirse—.

Francisco de Goya, Tauromaquia nº 20. Ligereza de Juanito Apiñani en Madrid.
 
Aguafuerte y aguatinta. 1814-16.
Saltar a la torera, acoso y derribo, mano a mano son tres expresiones que han aparecido en lo ya escrito, que se entienden perfectamente en cualquier contexto y que proceden del coloquial taurino. Pero hay muchísimas y sería un interesante juego introducirlas en cualquier texto o, mejor, sería una lástima que fueran estigmatizadas por su origen cuando el vulgar se las apropió con entusiasmo. Oler a cuerno quemado, echarse al mundo por montera, hacer novillos, cambiar de tercio, tirarse un farol, dar largas, estar al quite, escurrir el bulto, tener querencia, crecerse en el castigo, pinchar en hueso, dejar para el arrastre, dar la puntilla, salir por la puerta grande, hacer algo a toro pasado, dar la alternativa, estar hasta la bandera, pasar por alto, mirar al tendido, división de opiniones, coger al toro por los cuernos, verlos desde la barrera, conocer el percal, echar un capote y —me gusta especialmente— tener mano izquierda, son un buen puñado de expresiones que avalan la importancia que llegó a tener este espectáculo en la sociedad.
Hasta llego a pensar que no se entiende el castellano sin la lidia.
Y, metafóricamente, la película, entonces, la exalta.

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El descabello (actual) se inventó tras morir un espectador al volar el estoque de Belmonte (ABC Toros 15/07/2015)
Lunes, 6 de agosto de 1934. La plaza de La Coruña estaba llena hasta los topes, con aficionados de todos los puntos de España. La gente intentaba sin éxito conseguir una entrada para una corrida de máxima expectación. Ni un boleto quedaba. No era para menos: Juan Belmonte, Ignacio Sánchez Mejías y Domingo Ortega daban cuenta de una corrida de Albaserrada.
La felicidad que se respiraba en el ambiente duró poco. Cuando salió el primer toro, terciado como toda la corrida, el Pasmo de Triana lo recibió con temple. Pero al salir del primer quite fue prendido y volteado, por fortuna sin consecuencias. La faena, según escribía Eduardo Palacio en ABC, tuvo adornos, pero pinchó. Llegaría entonces la tragedia: «Intentó descabellar, y el toro le tiró un derrote a la muñeca derecha, saliendo despedido el estoque como una catapulta hasta las últimas filas del tendido 1, donde quedó clavado en el lado derecho del espectador».
...

Una semana después, el 18 de agosto, el ministerio de la Gobernación abrió durante un plazo de quince días una información pública para adoptar normas que evitaran, en lo posible, que saltara el estoque al tendido en la suerte de descabellar. Los más de cuarenta descabellos distintos que presentaron a un concurso fueron probados en el Matadero de Madrid. Ahí se modificaría el reglamento y nacería el verduguillo, con su «cruceta». Fuente ABC

domingo, 10 de enero de 2016

§55 La piquera americana

Allí estaban sus abejas: el mundo seguía cambiando, como lo hacía él mismo, pero ellas permanecían inmutables. Y después de que cerrara los ojos y su respiración se relajara, sería una abeja la que le daría la bienvenida a casa; una obrera que se materializó en su pensamiento, lo encontró en alguna otra parte, se posó sobre su garganta y le picó.
Mitch Cullin, Mr. Holmes (2005) c.1
El cine, como generador de imágenes muy poderosas, pronto fue utilizado como medio de difusión ideológica. Su primer decidido impulsor fue Joseph Goebbels, desde el Ministerio de Propaganda en la Alemania Nazi; de aquí que la propaganda suela considerarse como algo negativo. Los americanos, por su parte, también hicieron sus pinitos para facilitar la colocación de bonos de guerra, un instrumento de financiación del Estado, como la deuda pública. Una de las formas derivadas de aquel cine comenzó casi inmediatamente después y se desarrollo durante la Guerra Fría: una vez eliminada la amenaza era importante mantener vivo su recuerdo y en las películas el mensaje llegaba más rápidamente y a mayor cantidad de público, sobre todo a las clases populares. Después pasó a la televisión, al mercado de vídeo doméstico y vídeo por demanda (on demand) que es como se ha difundido principalmente la que me ocupa.

Bond, Liberty Bond
Tras ver Survivor tengo la sensación de que intenta retener el recuerdo del horror del 11 de septiembre, revelando la existencia de una red global que relaciona toda actividad terrorista —no niego que la desestabilización sea un poderoso nexo de unión, además la película añade otros posibles: la ambición, la venganza y el oficio—.
Una vez pasado el cine de los abnegados bomberos y policías, le ha llegado el turno protagonista al personal de las embajadas, en concreto a los encargados de emitir los visados de entrada para Estados Unidos, que son como las abejas que guardan la piquera de la colmena.

Escena de Survivor (2015) de James McTeigue


Su papel se puede resumir en dos palabras identificación y seguridad. En la escena, que sigue al título, podemos reconocer, sin gran dificultad, Londres, su zona centro y el barrio de Mayfair, donde se encuentra la embajada americana. Después, los objetivos, incluida la jefa de Seguridad (el vigilante debe tenerle hecha una ficha biométrica o reconoce la moto que, por cierto, deja sobre la acera, como si la embajada no tuviera aparcamiento), para finalmente terminar con una reunión donde se nos informa de un mecanismo de control que identifica las falsificaciones.
La palabra identificar tiene una de las definiciones Rae más curiosas con las que me he encontrado últimamente: “Hacer que dos o más cosas, en realidad distintas, aparezcan y se consideren como una misma”. No es el concepto que asumimos normalmente, el que destaca la individualidad y se deriva del uso que le damos a documentos o claves particulares, sino el orgánico, que nos define como unidades que forman un conjunto organizado u ordenado, como larvas en las celdas del panal.
O dicho de otra forma, preferimos pensar que el sistema preserva nuestra diversidad, idea probablemente derivada del concepto derechos individuales que surgió en la Ilustración, cuando en realidad solo nos señala como miembros de un enjambre en particular. Además nuestra primera intuición se identifica progresivamente con esta otra cuando entra en peligro nuestra seguridad —nuevamente ambos conceptos aparecen relacionados—.
La pirámide de Maslow es una representación gráfica en cinco niveles jerárquicos de las necesidades humanas. La teoría defiende que, conforme se satisfacen las más básicas, se acometen las inmediatamente superiores. Los cuatro primeros se suelen agrupar como necesidades de déficit o primordiales, estando la seguridad en el segundo escalón. El superior es el de autorrealización, el primero que se sacrifica cuando las cosas se ponen feas.


En la película el sicario está a salvo de controles por que se sabe demasiado poco de él. Solo es visible su trabajo. Se le conoce, indudablemente por su precisión, como el relojero y tiene su tapadera ¡en una relojería!
—¡Lo siento! No pude evitar asociar ésto con el discurso de Orson Welles, en la noria del Prater, de El Tercer Hombre (Carol Reed, 1949):
Recuerda lo que dijo no sé quién. En Italia, en treinta años de dominación de los Borgia no hubo más que terror, guerras, terror y matanzas, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza, por el contrario, tuvieron quinientos años de amor, democracia y paz. ¿Y cuál fue el resultado? El reloj de cuco.
Ironías aparte, la consecuencia de la identificación positiva del potencial agresor es la picadura, que en las abejas lleva acarreada la muerte del defensor, que se auto sacrifica por su comunidad, y la automática y eficaz limpieza de todo resto de la agresión. Como en ocasiones no son capaces de trasladar los restos (si se trata de un roedor o de una polilla grande) los envuelven de una sustancia llamada propóleo (de pro y polis, algo así como para bien de la ciudad), un potente antibiótico que puede aislar definitivamente el foco de infección, convirtiéndolo en una momia —este verano pude ver unos ejemplares en un una granja-museo en Poyales del Hoyo, provincia de Avila, visita que recomiendo—.
Moraleja: no saquen ninguna del último párrafo.

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El documento nacional de identidad (dni) o carnet de identidad se crea a instancias del General Franco en 1944 para todos los ciudadanos de nacionalidad española, aunque él no estrenó el suyo, que tenía el número uno, hasta 1951. Reservó los siguientes para su esposa e hija (del cuarto al noveno han quedado vacantes). En 1961 al permitirse el regreso de la Familia Real se asignaron al futuro rey y su esposa los números 10 y 11, reservándose hasta el 99 para sus descendientes en la sucesión. El número 13, que hubiera correspondido a la infanta Cristina, fue descartado por la superstición. El actual rey Felipe tiene el 15 y sus hijas Leonor y Sofía, respectivamente 16 y 17.
A lo largo de 2006-7 se implantó la evolución lógica al dni electrónico, que se diferencia del tradicional por un chip que pretende garantizar la identidad de la persona que lleva a cabo las gestiones y transacciones electrónicas que se realicen con él.
En cuanto a la unicidad de la numeración de estos documentos la administración encargada de su gestión vela por la asignación de números únicos. No obstante, desde la creación de este documento en España se han producido diferentes situaciones que han derivado en la asignación de un mismo número a múltiples ciudadanos. Así para el año 1992 había en España unos 200.000 ciudadanos con un número de dni no único. El hecho de que este número no sea único es bien conocido en las profesiones relacionadas con las bases de datos informatizadas, en donde no se utiliza este campo como identificador único pues existen colisiones (números repetidos). Este error se corregirá al fallecer los afectados puesto que es perpetuo por motivos legales.
Los números más bajos no correspondieron en el pasado a personas ya fallecidas. Nadie ostenta “un número de un muerto”, como se suele decir.
Los primeros obligados a formalizarlo fueron los presos y los que permanecían en libertad vigilada.
Zaragoza fue la primera capital de provincia donde se expidió el documento y Burgos en acoger el proyecto electrónico.
Durante la conquista de América existió un antecedente, llamado cédula de composición, que acreditaba la identidad del que se embarcaba hacia el Nuevo Mundo. Fuente dni.zeo.es

martes, 5 de enero de 2016

§54 Apetito zombi

—Son zombis, mi querido niño: muertos vivientes. En el mundo real se mueven, hablan y creen ser libres para matarse los unos a los otros en vuestra preciosa guerra española. Pero sus almas están aquí, y el brujo dispone de su voluntad como del aire que ahora respiramos.
Javier Cosnava, 1936Z La Guerra Civil zombi (2012). cap.1.

Que una de las primeras películas que haya visto este año sea de zombis no debería parecer extraño. No por gusto, precisamente, aunque no lo desdeño. Sino por apetito. El de un público creciente que devora cada nueva propuesta y que demuestra también que se están haciendo bien las cosas.
Por poner un ejemplo, en 2010 Frank Darabont (director de Cadena perpetua, 1994) inauguraba la exitosa serie The Walking Dead, basada en el cómic homónimo de Robert Kirkman, que ha llegado a ser nominada a premios tan prestigiosos como el del gremio de escritores de América y el Globo de Oro, en su categoría de mejor serie dramática. Las temporadas segunda a cuarta fueron introducidas por varios webisodios de cinco minutos de duración, del reconocido mago del maquillaje Greg Nicotero, que también ha dirigido varios episodios en las temporadas regulares. En 2015, su sexta temporada se complementa con una serie derivada, Fear The Walking Dead
Nuevos brotes, que amplían y diversifican el mensaje y el medio, aparecen constantemente como ramas evolutivas y mutaciones del virus original, endémico en los Estados Unidos.
Rebuscando entre las cepas más virulentas, le ha tocado el turno al videojuego Dead Rising, desarrollado por Capcom (igual que la saga Resident Evil) en exclusiva para XBox 360 en 2006. La originalidad del juego se centraba en el uso de armas que combinan dos o más artefactos casuales (armas-combo) y que los enemigos finales no eran tanto los zombis, que incordian y son muchos —como debe ser—, como una serie de psicópatas que se han acomodado en este mundo apocalíptico.
Los problemas legales y litigios de los propietarios con George A. Romero (por las similitudes en la trama con El amanecer de los muertos, de 1978), que no pudieron frenar la difusión del juego, habrán sido decisivos para que la película se plantee como una secuela del juego.

Escena de Dead Rising: Watchtower (2015) de Zach Lipovsky

La acción se traslada de la ficticia ciudad de Willamette, Colorado, a la no menos fantástica East Mission, en Oregón; Estado curiosamente surcado por el río Willamette —¿corrección geográfica?—. En su comunidad han logrado convivir juntos en armonía ciudadanos e infectados tratados con un medicamento llamado Zombrex; al final del juego original se podía activar el modo prórroga para buscar los ingredientes de una medicina que detenía temporalmente el proceso de zombificación. Con el estallido de este nuevo brote los infectados son confinados en una zona de Cuarentena pendientes de transporte, mientras que al resto de la población se le permite la evacuación por sus medios. Los periodistas preguntan con razón a los afectados ¿se siente abandonado por el Gobierno?
Está claro que esta línea argumental es suficiente armazón para montar un juego de survival horror, pero las posibilidades temáticas que ofrecen los infectados, estando a medio camino entre la población y los monstruos, son ciertamente interesantes. Lástima que no sea la vía que ha terminado por elegir el guionista —¡game over, you lose!—, pero se anuncia una serie que podría enmendarlo —soñar es gratis—.
Eso no quita para que el resultado final no tenga algo que satisfaga el paladar del gourmet, como esta escena, en la que se nota el interés del realizador por aportar un toque de calidad, filmando una escena de acción en una sola toma. No es trepidante, pero contiene ese condimiento desmitificador del héroe que somos todos, que en apenas media calle ha perdido sus flamantes cachivaches; Edward Wright ya nos había dejado un par de planos secuencia sorprendentes en Zombies Party (2004) que son todo un referente. Enlace cinemafreaks

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“Cuando el pasado junio un hombre blanco perpetró una masacre en una iglesia de Charleston, en la que murieron tiroteadas nueve personas de raza negra, el presidente Obama declaró con tanta rotundidad como impotencia: "Esto no pasa en otros países avanzados". La violencia y el odio racial es una de las lacras de Estados Unidos que más preocupan al primer inquilino afroamericano de la Casa Blanca. Sin embargo, Obama está a punto de finalizar su mandato sin haber conseguido ningún avance ni en la lucha contra el racismo ni en un acceso más restrictivo a las armas. De nada han servido sus intentos para modificar la legislación. La oposición política, la fuerza de lobbies como la Asociación Nacional del Rifle y la inercia enquistada durante generaciones -no olvidemos que la segunda enmienda de la Constitución da derecho a los estadounidenses a portar armas- han frustrado cualquier cambio.”
Racismo y libertad total para poseer armas, la combinación diabólica de EEUU, frag. de Editorial de El Mundo de 12/08/15.
El Lexington Minuteman (1900), representa al Capitán de la Milicia John Parker.

La Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, aprobada el 15 de diciembre de 1791, es la que otorga el derecho a la posesión de armas a los ciudadanos, con muy pocas limitaciones. Su texto se puede traducir: “Siendo necesaria una Milicia bien ordenada para la seguridad de un Estado libre, (se establece) el derecho del pueblo a poseer y portar Armas, (el cual) no será infringido” —entiéndase esto último como “quebrantado por la ley”—.
Los primeros colonos americanos vieron la necesidad de incluir el derecho a poseer y portar armas y formar milicias estatales para sus propósitos. Durante el período pre-revolucionario las milicias estaban formadas por Lealistas y Patriotas, pero cada vez fueron más las legislaciones coloniales que excluían a los partidarios del imperio británico. Por otra parte el parlamento inglés estableció para la defensa de sus intereses un embargo a las armas de fuego y las municiones a las colonias americanas.
La restricción a la Defensa Propia, aunque no fuera el objetivo de tal medida, fue utilizada como argumento por los Patriotas. Del mismo modo, una vez declarada la Independencia, sirvió para la estrategia de aquellos que querían ver limitado el poder que otorgaba el texto constitucional al gobierno frente a los Estados. El Congreso les envió veinte enmiendas, de las que fueron aprobadas inmediatamente diez, conocidas como la Carta de Derechos de los Estados Unidos.
El 28 de junio de 2010 la Corte Suprema de los Estados Unidos sentenció que ninguna ley estatal o local podía restringir el derecho a poseer o portar armas que reconoce la Segunda Enmienda. Fuente wikipedia


lunes, 23 de noviembre de 2015

§48 La cuchipanda del billabong

Era la personificación del demonio, se lo aseguro. Dios lo libre de caer bajo las garras de un hombre como él. Me tuvo bajo su poder en estos últimos veinte años y arruinó mi vida. Le diré primero cómo caí bajo sus garras. Ocurrió en los primeros años de la década 1860-1870, en las excavaciones mineras. Entonces era yo joven inquieto y de sangre ardiente, dispuesto a cualquier cosa. Caí en malas compañías, me dediqué a la bebida, no tuve suerte con los reclamos que efectué en las minas, me largué al monte y, en una palabra, me convertí en lo que usted llamaría salteador de caminos. Conmigo había cinco más y llevábamos una vida libre y salvaje, asaltando de tanto en tanto una granja de oveja o deteniendo los vagones que iban a las minas. Tomé el nombre de Jack de Ballarat y todavía se acuerdan en la colonia de la banda de Ballarat.
Arthur Conan Doyle, El misterio del valle Boscombe, p.15
Escena de Wolf Creek 2 (2013) de Greg McLean


El título de la película alude al nombre del Parque Natural que rodea un cráter formado por la caída de un meteorito hace unos 300 mil años, durante lo que llaman el Pleistoceno.
En la mitología australiana no hay dioses, sino seres sagrados, cuyas historias conforman la espiritualidad aborigen. El cráter, que llaman Kandimalal, aparece en el Tiempo del Sueño, época anterior a la Humanidad en que los espíritus de los antepasados dieron forma al mundo físico y establecieron sus normas. Su origen está en el paso de la Serpiente del Arco Iris, esencia del agua ligada a la fecundidad de la Tierra. Tras la salida del sol y el comienzo de la ensoñación la serpiente dio lugar a los wondkinas, seres con forma humana, sin boca y con la cabeza de casco de astronauta, que fueron los que dieron vida a la Humanidad. Luego volvieron a la serpiente que sigue viva en los pozos, las nubes y en algunas piedras.
Al releer estas líneas casi estoy tentado por glosar un fragmento de Las aventuras de Priscila, reina del desierto (1994), que le van a la pluma.
La película que nos ocupa solo coincide en situar los hechos en el mismo escenario, el inhóspito, remoto y maravilloso desierto australiano. Incluso diría que propone la subversión de aquella, donde los personajes pierden su alma para convertirse en víctimas y los hoscos habitantes, en el implacable verdugo, hermano del John Ryder de Carretera al Infierno (1986).
No parece el mejor reclamo turístico, pero en realidad así se consigue atraer más atención sobre la zona. Este fabuloso paraje, con el segundo cráter más grande de la superficie terrestre, es conocido hoy por las películas y el cafre que las protagoniza (para los curiosos, el más grande es el cráter Barringer, en Arizona, que aparece en Starman, de 1984, de John Carpenter).
En la cultura aborigen tienen un nombre para lo que nosotros conocemos como diablo o espíritu maligno, el bunyip. Los indígenas no se ponen de acuerdo en su descripción y características:
El Bunyip se representa como la fusión de un pájaro y de un cocodrilo. Tiene una cabeza que se asemeja a un emú, con un largo pico con bordes dentados, como el hueso de la raya. Su cuerpo y piernas participan de la naturaleza de la piel del cocodrilo. Las patas traseras son gruesas y fuertes y las delanteras son mucho más largas, pero también denotan poseer gran fuerza. Las extremidades están equipadas con largas garras, pero los negros dicen que su método habitual de matar es abrazando a su presa hasta la muerte. En el agua nada como una rana y en tierra camina sobre las patas traseras, con la cabeza erguida y en esa postura llega a medir doce o trece pies de altura.
Fuente wikipedia: bunyip
Aunque mi traducción no es muy buena, demuestra que casi es seguro que ninguna persona sobria ha sobrevivido al ataque de ser semejante. Algo parecido pasa con Mike Taylor, después de oírle cantar —es broma, claro—, que se ha instalado en el panteón aussie de hijos del diablo, al ladito de Humungus.


La canción se titula Tie Me Kangaroo Down, Sport (1957), de Rolf Harris, y dependiendo de quien la cante puede considerarse infantil o soez. Su letra reúne las peticiones de un granjero moribundo sobre lo que tienen que hacer sus amigos con los animales (una versión incluye a los abos, en alusión a los esclavos aborigenes). A continuación el joven, tirando de repertorio, lo intenta con Advance Australia Fair (1878), que sustituyó al Good Save The Queen en 1984 como himno nacional, que en algunos sectores se considera aburrida y sin sentido. 
La escena —por fin— que sigue a la monserga recuerda el fragmento de Tarantino de Four Rooms (1995). Este a su vez homenajea el episodio de Alfred Hitchcook presenta, de 1960, Hombre del Sur, escrito por Roald Dahl e interpretado por Steve McQueen y Peter Lorre. Hitch hizo un remake en 1985, con Steven Bauer y John Houston —que fue el primero que vi y el que más me impresionó—. Eso sí, John Jarratt no tiene que emplear ni un minuto en convencer al pipiolo inglés.

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Roadl Dahl (1916-1990) fue un famoso novelista y autor de cuentos británico. Su primer libro para niños fue Los Gremlins, que trataba de unas pequeñas criaturas malvadas que formaban parte del folclore de la RAF (de la que fue piloto durante la Segunda guerra mundial), publicado en 1943; el libro había sido encargado por Walt Disney para la película Gremlins (que nunca se hizo). Dahl continuó creando algunas de las historias para niños más conocidas del siglo XX, tales como Charlie y la fábrica de chocolate, Matilda, James y el melocotón gigante y California 2000.


Paralelamente, tuvo una exitosa carrera como escritor de macabros cuentos para adultos, en los que normalmente emplea el humor negro y los finales sorprendentes. Muchos de ellos fueron originalmente escritos para revistas estadounidenses, como Playboy y The New Yorker, y luego recogidos en antologías, que tuvieron gran éxito. Dahl escribió más de sesenta cuentos, algunos de los cuales sólo han sido publicados en forma de libro después de su muerte.
Su colección de cuentos Relatos de lo inesperado (Tales of the Unexpected) fue adaptada para una exitosa serie de televisión del mismo nombre. Algunos de sus cuentos son supuestamente extractos del diario de su (ficticio) tío Oswald, un caballero rico cuyas hazañas son el tema central.
Por un breve período en los años 1960, Dahl escribió guiones alimenticios. Dos de ellos, la película de James Bond, Sólo se vive dos veces (You only live twice, 1967) y Chitty Chitty Bang Bang (1968), fueron adaptaciones de novelas de Ian Fleming. Además, adaptó su texto para la película de Mel Stuart, Willy Wonka y la fábrica de chocolate, de 1971.

jueves, 1 de octubre de 2015

§42 Chuletas al ajo cabañil

Un grupo pequeño de gente sincera (¡le garantizo que era sincera!), establecido y unido expresamente para trabajar por la causa de la libertad, había, al cabo de unos meses, conseguido sólo una cosa positiva y concreta: la creación entre sí de tiranía. Y fíjese qué tiranía... [...] Quiero decir, esta tiranía era, con relación a las ficciones sociales, una tiranía nueva. Y era una tiranía ejercida sobre gente esencialmente oprimida por las ficciones sociales. Era, todavía por encima, tiranía ejercida entre sí por gente cuyo objetivo sincero no era sino destruir tiranía y crear libertad.
El banquero anarquista, de Fernando Pessoa
Publicado por primera vez en 1922, en la revista Contemporánea (Nº 1, mayo, pp. 5-21)

Si no supiéramos que la película trata de las luchas de poder entre familias de la yakuza, bien podría ésta ser una reunión de ejecutivos de una empresa o de directivos de banca. ¿Porqué no? No nos engañe la violencia del lenguaje y la descalificación directa. El mundo empresarial ha asumido con naturalidad la ley del más fuerte. ¡Y qué decir de la banca! Con esta crisis, te puedes encontrar al que te concedió tu hipoteca tramitando la financiación del aparato que el dentista se ha empeñado en poner a tu hijo. Y contento, oye.

Escena de Outrage 2 (2012) de Takashi Kitano


Entre firma y firma te cuenta cómo las reuniones se fueron organizando en salas cada vez más pequeñas, como dando a entender que allí sobraban muchos. Aunque también por economía. O democracia. El nepote asi no tenía que girar la mirada y la bronca era más personal, aunque no te llamaras Pepe, ni trabajaras en la Agencia 2. Que si primero cambiaron los horarios para que fueras comido de casa. Que si luego subían la calefacción o si quitaron los botellines de agua y hasta los caramelos, para que el efecto de tragar saliva fuese más auténtico. Así conseguían mantenerte la cabeza bien caliente y los pies, lógicamente, en el otro extremo.
Al final de la arenga, el jefe, que se había reservado en segundo plano, recordaba con nostalgia los logros pasados y te recuperaba diciendo que si se conseguía el objetivo de tal o cual producto, como se había hecho siempre desde que él ocupaba el cargo, habría fundamento para parar los deseos de aquellos que defendían una reorganización general y se podrían conservar todos los puestos hasta que terminara la dichosa crisis. Que si la competencia no tenía ni producto, ni estaba organizada, por lo que era obligado arrebatarles su cuota de mercado. Y otras cosas como éstas.
Y como lo de los dientes es interminable, me he ido haciendo una idea muy cercana de por lo que han debido pasar. Así que me los puedo imaginar, salir en grupitos, quedando en voz baja para tomar una copa rápida y consolándose de que, al menos algunos, tenían empleados suficientes en los que descargar al día siguiente.
Eso sí, siempre añade alguna anécdota de cómo era todo, sobre todo antes del tiempo real —mucho más, antes de los ordenadores—, cuando tras un negocio, del camión se extraviaba un cordero que terminaba asado o al ajo cabañil, según el tiempo que faltara para el almuerzo. Después partidita de mus y completo —cafe, copa y puro— y se terminaba en algún lugar de carretera. Llegado a este punto siempre le corto con alguna excusa, más que nada por respeto a su señora, que bastante ha tenido.
Dan un poco de pena estos bancarios reciclados, claro que debe ser peor ser despedido de la yakuza.

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Fernando António Nogueira Pessoa, más conocido como Fernando Pessoa (1888-1935) fue un poeta y escritor portugués, considerado uno de los más brillantes e importantes de la literatura mundial y, en particular, de la lengua portuguesa. Tuvo una vida discreta, centrada en el periodismo, la publicidad, el comercio. Por la noche, escribía poesía: no escribía «su» propia poesía, sino la de diversos autores ficticios, diferentes en estilo, modos y voz. Publicó bajo varios heterónimos, e incluso publicó críticas contra sus propias obras, firmadas por sus heterónimos.
El poeta y crítico brasileño Frederico Barbosa declara que Fernando Pessoa fue o enigma em pessoa (con el doble significado de el enigma en Pessoa y el enigma en persona). En su poema Autopsicografia, afirmó que el poeta era «un fingidor» de sí mismo y toda su obra se concibe como un «drama en gente» en que dialogan diversas voces, equivalentes a los «apócrifos» de Antonio Machado, que representan diferentes cosmovisiones.
Los heterónimos, a diferencia de los pseudónimos, son personalidades poéticas completas: identidades, que, en principio falsas, se vuelven verdaderas a través de su manifestación artística propia y diversa del autor original. Entre los heterónimos, el mismo Fernando Pessoa pasó a ser llamado ortónimo, ya que era la personalidad original. Con el tiempo, y con la maduración de las demás personalidades, el propio ortónimo se convirtió en un heterónimo más entre otros. Los tres heterónimos más conocidos (y también aquellos con mayor obra poética) fueron Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Alberto Caeiro. Un cuarto heterónimo fue Bernardo Soares, autor del Livro do Desassossego (Libro del desasosiego). Bernardo es considerado un semi-heterónimo por tener muchas semejanzas con Fernando Pessoa y no poseer una personalidad muy característica ni fecha de fallecimiento, al contrario que los otros tres, con excepción de Ricardo Reis (que no tiene fecha de fallecimiento). Por esa razón el escritor y premio Nobel portugués José Saramago pudo escribir su novela «O ano da morte de Ricardo Reis» (El año de la muerte de Ricardo Reis).
A través de los heterónimos Pessoa encauzó un profunda reflexión sobre la relación entre verdad, existencia e identidad. Este último factor tiene una gran importancia en la famosa naturaleza misteriosa del poeta:
Con una falta tal de gente con la que coexistir, como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?
Fernando Pessoa llegó a tener 72 heterónimos. De ellos, los más importantes fueron:
Alberto Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino casi sin estudios formales —solo cursó la instrucción primaria—, pero es considerado el maestro entre los heterónimos, inclusive por el ortónimo. Muertos su padre y su madre, se quedó en casa de una tía-abuela, viviendo de una renta modesta. Murió de tuberculosis. 
Caeiro fue descrito por el propio Pessoa como no sólo un pagano, sino como el propio paganismo. Definía el amor verdadero como amor hacia algo o alguien simplemente por ser esa cosa o persona, y no por otros principios externos a ella. Su ideario se resume en el verso:
Hay suficiente metafísica en no pensar nada.
Álvaro de Campos, entre todos los heterónimos, fue el único en manifestar fases poéticas diferentes a lo largo de su obra. Era un ingeniero homosexual de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo.
Vivir es pertenecer a otro. Morir es pertenecer a otro. Vivir y morir son la misma cosa. Mas vivir es pertenecer a otro de fuera y morir es pertenecer a otro de dentro. Una y otra cosa se asemejan, pero la vida es el lado de fuera de la muerte. Por eso la vida es la vida y la muerte es la muerte, pues el lado de fuera siempre es más verdadero que el lado de dentro; tanto es así que el lado de fuera es el que se ve.
Tras una serie de desilusiones con la existencia, asume una vena nihilista, expresada en aquel que es considerado uno de los poemas más conocidos e influyentes de la lengua portuguesa: Tabacaria.

Ricardo Reis se define como latinista y monárquico. En cierta manera, simboliza la herencia clásica en la literatura occidental, expresada en la simetría, armonía, y un cierto bucolismo, con elementos epicúreos y estoicos. El fin inexorable de todos los seres vivos es una constante en su obra, clásica, depurada y disciplinada.
Según Pessoa, Reis se trasladó a Brasil en protesta por la proclamación de la República en Portugal, y no se sabe el año de su muerte.

Anécdota: en una tarde en que José Régio tenía pensado encontrarse con Pessoa, este apareció, como de costumbre con algunas horas de retraso, declarando ser Álvaro de Campos y disculpando a Pessoa por no haber podido acudir a la cita. Fuente wikipedia