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domingo, 26 de mayo de 2019

₰30 Entrantes y primeros platos

LEAR
... Sabed que he dividido
en tres mi reino y que es mi firme decisión
liberar mi vejez de tareas y cuidados,
asignándolos a sangre más joven, mientras yo,
descargado, camino hacia la muerte.
Mi yerno de Cornwall y tú, mi no menos querido
yerno de Albany, es mi voluntad en esta hora
hacer pública la dote de mis hijas
para evitar futuras disensiones. Los príncipes
de Francia y de Borgoña, rivales pretendientes
de mi hija menor, hacen amorosa permanencia
en esta corte y es forzoso responderles.

William Shakespeare, El rey Lear, Acto I
Tengo una teoría, seguramente absurda, sobre el verbo repartir: se le tuvo que añadir un prefijo para resaltar lo arduo que puede llegar a ser, cuando se quiere dar contento a todos. Lo que no tengo claro es si la reiteración a la que alude se debe tanto al número de fracasos en el intento, como a la cantidad de fragmentos que suelen resultar, en el bien y en los afectos.
Una de las causas de tal dificultad estriba en llevar implícita una valoración del individuo, que no suele coincidir con la que tiene de si mismo. Y por ello se ha generalizado el uso de las partes iguales; argumento falaz difícil de rebatir al encerrar el siempre esquivo concepto de la igualdad.
No me malinterpretes, no abogo por la preeminencia de facción alguna. Me refiero a la estimación que tiene cada uno de los demás, que solo aspira a ser igualitaria (se diga lo que se diga), y a la justeza en el reparto, que no tiene porqué implicar una forma de justicia.
Hay varios paradigmas a este respecto. En un intento de amenizarlos me voy a apoyar en una hipotética comida que se produce regularmente entre tres personajes, que podrían ser un abogado, un banquero y un contable (lo que me interesan son las iniciales, por lo que podrían ser un árabe, un británico y un chipriota), semanalmente en un mesón. Allí, entre plato y plato, hablan y se escuchan, sobre materiales previstos y aquello que les pasa por las mientes.
Un mediodía se aborda este tema con el siguiente resultado; la reescritura (¡otra más!) de un acertijo clásico, que he rastreado hasta Niccolò Fontana, "Tartaglia", matemático del siglo XVI, y que suele citarse para ilustrar la diferencia entre erudición y saber.
  • La herencia de Abbas
Hubo un hombre, que había dedicado su vida a la cría de caballos, que al ver finalizar sus días dejó estipulado cómo distribuirlos: la mitad al mayor, que tenía familia propia, un tercio al segundo, para que pudiera crear la suya y una novena parte para el menor, que aún disfrutaría de la protección prevista para su esposa y demás miembros de la casa.
Esta disposición no fue bien recibida por los legatarios, que no encontraban una buena solución con el número de animales disponibles.
Según se dijo, consultaron a múltiples expertos que se demostraron igualmente incapaces, hasta que la viuda (y esta es la opción que más me satisface) cedió una yegua, de nombre Aquedah, que tenía para sus desplazamientos. Que si había que sacrificar un animal, fuera el suyo, que era viejo y habiendo cumplido su función en la vida, su fin evitara una contienda.
Y así cada uno pudo recibir lo suyo y se dio por satisfecho, animal alguno tuvo sacrificio y el donado pudo regresar al establo al que pertenecía, demostrando que un mal reparto puede contentar a todo el mundo.

Al terminar el relato, el contable repasaba sus cálculos sobre el tamaño que tendría la yeguada y el banquero protestaba por que no se había tenido en cuenta el valor individual de los caballos, su edad, su sexo o la función a la que se podían dedicar, fallando que se trataba de un reparto francamente desafortunado e impropio de un criador.
Por mi parte, solo añadir que he leído varias versiones sobre el mismo esquema (y se me ocurre otra con los sillones azules del hemiciclo) que me animaron a componer una pequeña adivinanza para aquellos que o bien conocían la anécdota o bien les ha parecido un testamento:
Qué es más grande que todos tienen, todos temen perder y es imposible repartir.
Estudio de caballos de Théodore Géricault




domingo, 19 de mayo de 2019

₰29 El rey Pelasgo

Tantas idas
y venidas,
tantas vueltas
y revueltas
(quiero, amiga,
que me diga),
¿son de alguna utilidad?
Tomas DE IRIARTE. Fábula de La ardilla y el caballo
Tomo prestado el siguiente acertijo y le añado una coda:

El rey de las ardillas entrena a las tres candidatas a sucederle, a saber, roja, negra y gris, escondiendo una bellota dorada bajo una casilla de un tablero de 6x6 que deben averiguar. Para ello entrega una tarjeta a cada una (que no deben revelar, so pena de castigo) en que está escrito un número del 0 al 9, diferente para cada una. El dígito representa las casillas que distan entre las que ocupan al inicio y la que oculta el tesoro siguiendo un recorrido de movimientos horizontales y verticales, no estando permitido usar diagonales, y siempre dentro del tablero (por ejemplo, si la bellota estuviera bajo la casilla de la ardilla negra su tarjeta pondría 0, la de la gris 4 y la de la roja 5).


En la ocasión que ilustra la imagen, el monarca les preguntó, como siempre: ­—¿Ya sabéis dónde está la bellota dorada?­— Y las tres ardillas contestaron: —¡No!— Al unísono. Un instante después la ardilla roja exclamó: —¡Un momento! Sí, ahora ya se donde está.

Evidentemente, en ese momento las otras también supieron dónde se encontraba la bellota. ¿Y tú?

CODA: Si hubiera pasado sólo un poco más de tiempo sin que la roja hubiera cambiado su respuesta, la gris, dotada, además de gran inteligencia, de una vista extraordinaria (en realidad todas se habían percatado de que el rey no había dispuesto ninguna tarjeta con el 6 o el 9, para evitar confusiones), también habría replicado: ­—¡Un momento! Sí, ahora ya se donde está.

Evidentemente, las otras todavía no sabrían dónde situar la bellota. ¡Ni yo! Mi vista ya no es lo que era.



martes, 23 de abril de 2019

₰27 Un cuarto, cuatro maravedís

Es tanta su majestad,
aunque son sus duelos hartos,
que aun con estar hecho cuartos
no pierde su calidad.
Francisco de Quevedo

La debilidad que todo el mundo siente por los acertijos me llevó, un día que navegaba azarosamente por la red, a visitar la página de un diario que retaba a descubrir entre doce monedas aparentemente iguales, una falsificación, un poco más pesada, utilizando una balanza de platillos un máximo de tres veces. Recordé, casi al instante, una historia que siendo niño me había contado mi padrino; uno de los pocos vestigios de él que me quedan hoy.
Versaba sobre un comerciante que había solicitado la hospitalidad de su hogar a un hombre al que se consideraba el más sabio de la región. Tras alabar la cena y como muestra de agradecimiento planteó como divertimento el problema de las monedas, sacando unas relucientes que tenía guardadas en una bolsita de terciopelo; que bien pudieran ser doce y de cobre en aquella versión.
Al cabo de unos minutos, el hijo mayor, que se sentaba a su diestra, expuso que había varias posibles soluciones, aunque si de nueve se hubiera tratado se resolvía con dos intentos, ni uno menos.
A su lado, otro de los hijos añadió que, para una docena bastaban dos mediciones si era conocido el incremento de peso de la falsa sobre una verdadera, partiendo dos, eso sí, con gran exactitud, y aportando una fracción de cada una, por ejemplo la mitad.
Frente a él en la mesa, el menor de los hijos, no había dejado de moverse adelante y hacia atrás. Había calculado que, si no importaba la integridad de las piezas y con diferentes divisiones hechas con igual precisión, se podía deducir del resultado de una única pesada. Dijo simplemente: UNA.
Entonces la mujer, que había estado atenta, aun cuando todavía estaba atareada con el cacharrerío, concluyó que no hacía falta tal despilfarro, ni del uso del tanteo, si se contaba con un fluido lo suficientemente denso para que flotaran las auténticas y que seguramente había otros procedimientos menos arduos con los que observar la diferencia.
Unos y otros comenzaron a discutir en defensa de sus propuestas cuando súbitamente, el padre, que se había mantenido hasta entonces impasible, dio en el tablero un golpe, tan certero que volteó once de las monedas, descubriendo a la intrusa.
Tras la sorpresa inicial y sopesando lo acontecido, el mercader anunció que era hora de retirarse y que partiría temprano, para aprovechar el alba; convencido como estaba de que más le valdría buscar mejor plaza para sus negocios.

Anverso de moneda de cuatro maravedís (cobre),
acuñada a nombre de los Reyes Católicos con
ceca de Cuenca.

P. S.: No habían pasado ni diez días cuando un buhonero pasó por su puerta. Entre otras bagatelas llevaba un estuche con doce monedas de bronce, incluidas dos inapreciables imitaciones...


sábado, 8 de septiembre de 2018

₰17 Calambur

Si hace unos días tomaba la anécdota sobre Cicerón para ilustrar la ligereza con que se toma partido en algunos temas, hoy (de nuevo Posteguillo) partiendo de una semblanza de Quevedo en La sangre de los libros y con no poca envidia por el ingenio, propongo sin albur un aforismo:

Una malva da vida, otra perjudica

Balalaika puede que la adopte para su escudo

lunes, 2 de mayo de 2016

§71 El archipámpano de las pulgas

Es casi seguro que la afición al cine venga determinada por la costumbre de los padres de contar un cuento al acostarnos. No tiene una razón en la continuidad con las tareas diarias, por lo tanto debe haber una relación con el mismo hecho de concluir el día y el paso a una experiencia necesariamente individual para la que nunca considerarán que nos han preparado suficientemente. De ahí las plegarias, para invocar lo benéfico, y los cuentos, evocadores de situaciones que, por muy difíciles que se planteen, se conjuran con un final feliz amañado. Con los años he olvidado (sino renunciado) hacer mis oraciones, pero continuo terminando el día con mi dosis de ficción que me permita apartar la mente de las azarosidades diarias, sabiendo que esas nuevas tramas me son ajenas y, aunque pueda haber cierta identificación con los personajes, predomine la incredulidad.
Sea por ello que esta película, más que otras por este motivo, me incite a escribir sobre las distintas lecturas que se llegan a dar a una misma historia. Ya no solamente de la distorsión que puede haber entre espectador y director; cuando leo inconscientemente los títulos de crédito del final de las películas siento por igual respeto y vértigo por la cantidad de personalidades que han literalmente manipulado la información bajo la batuta que imaginamos como la dirección. En el caso de la tradición popular es incluso más rica.
La base de los cuentos se encuentra en el cotilleo, la comidilla que por recurrente llega a rumor y chisme antes de llegar a cuento; y de ahí a leyenda, novela o historia y finalmente a mito (del griego mythos, cuento). La persistencia de los cuales se debe a su función moralizadora y al transmitirse oralmente se adapta sutil, primero, y manifiestamente, después, en pugna por mantenerse vigente ante nuevos gustos y las nuevas finalidades que se les quieran dar. Más o menos hasta quedar fijados por algún erudito que haga acopio de ellas, sin perjuicio de continuar evolucionando o de las mutaciones por traslado a otras lenguas o inclusión en nuevas colecciones.

La Mafia también es un sifonáptero familiar

La intención de Giambattista Basile en El cuento de los cuentos (c.1632) no parece ser sólo de compendiar relatos moralizadores como en la Edad Media o divertimentos al modo del Decameron; si reproduce la excusa que le da estructura de jornadas, por lo que es conocido también como Pentameron, pero con una idea más cercana a la de Las mil y una noches (Alf Layla wa-Layla) que, por cierto, no era conocida en Occidente en aquellas fechas. Sus relatos (es evidente que los hizo suyos) sirven de continente de la sabiduría popular y sus fantásticas imágenes, que habían quedado fuera de la obra de Bocaccio:
[un bosque] donde los árboles hacían de empalizada a un prado para que no fuese descubierto por el Sol, los ríos se quejaban porque al avanzar por la oscuridad tropezaban con las piedras, y los animales silvestres, sin pagar tributos, disfrutaban de su Benevento [ciudad asilo perteneciente a los Estados Pontificios] y se desplazaban a salvo por toda esa maraña.
Esto me lleva a la decisión de Garrone de llevar a la pantalla su particular visión, que no es la de la tradición, ni la del escritor —más en la línea de Passolini o de Fellini, salvando los resultados—. Su relato trata de imbricar las historias de tres reinos cuyos monarcas actúan de forma caprichosa e irresponsable, como metáfora de lo que ocurre en la Europa actual, dejando imágenes tan poderosas que probablemente despisten al espectador de la crítica implícita.
El argumento de La pulga (pasatiempo quinto de la jornada primera) queda resumido en el encabezamiento del propio Basile:
Un rey, que tenía poco en qué pensar, cría una pulga hasta que ésta se vuelve gorda como un castrado, la manda entonces desollar y ofrece su hija como premio a quien sepa decir a qué animal pertenece la piel. Un ogro la reconoce por el olor y se lleva a la princesa, que luego es liberada por los siete hijos de una vieja, mediante igual número de pruebas.
Solo se me ocurre añadir que si en los sucesos de Altomonte pueden verse trazas transalpinas, para el reino de España se hubiera utilizar La vida del Buscón, que por algo es contemporáneo, díscolo y más cercano de lo que aparenta.

Escena de El cuento de los cuentos (2015) de Matteo Garrone [Sustituida por el trailer a raíz de la reclamación de Rico Management, causante del cierre de muchos canales YouTube y, por lo que dicen, imposible de contactar]


De la lectura del original de Basile para este fragmento, que debería haber incluido las siete proezas de cada uno de los hijos contestadas por tantas réplicas del ogro —queda para otro tipo de película—, se llega al ataque furibundo del marido ultrajado (guste o no, legítimo) al carromato de los cómicos y su madre; la habilidad de escupefuego y el malabarismo de manzanas —¡siempre manzanas! no presentes en el cuento de las que llega a ofrecer una a Violet, pero no hay tiempo—evidencia que se trata de una troupe de artistas, ya presentes en segundo plano desde el comienzo. 
En 2002, durante un viaje a Bulgaria, Berlusconi compareció ante las cámaras para denunciar el supuesto "uso criminal" que tres populares personajes televisivos, los periodistas Enzo Biagi y Michele Santoro y el humorista Daniele Lutazzi, hacían de sus espacios en la RAI. Tras el edicto [búlgaro o de Sofia], los tres fueron despedidos [a estos les siguió Roberto Benigni]. Y las imágenes se enterraron en los archivos, porque ofrecían un aspecto de Il Cavaliere poco tranquilizador.
Fuente El País
__________
La Academia de los Ociosos o degli Oziosi fue creada en Nápoles en 1611, durante el virreinato del séptimo conde de Lemos, don Pedro Fernández de Castro, con la intención de reunir a los mayores ingenios que se encontraban en ese momento en la ciudad. Sus estatutos fundacionales permitían ser miembros de la misma a españoles, italianos y franceses, hombres y mujeres por igual (caso de la poetisa Margherita Sarocchi).
Su irónico nombre fue sugerido por uno de sus primeros socios, Francesco De’Pietri, por oposición al afanoso negocio, es decir, como noble actividad del espíritu, en la misma línea que su lema Non pigra quies o su símbolo, un águila vigilante en lo alto de una roca —y que me gusta interpretar como ¡no va a ser todo ganar dinero!—.
Inicialmente se permitió únicamente el empleo del latín y el toscano, tanto en las disertaciones verbales como en las composiciones literarias y científicas, pero la inclusión de un relevante e ilustre número de escritores españoles en un segundo momento hizo que se autorizara el uso de nuestra lengua, por otra parte conocida por la mayoría de los napolitanos medianamente cultos.
La visita de Quevedo a Nápoles propició su rápida admisión, por ser ya un escritor famoso y admirado, además de secretario y amigo íntimo del nuevo virrey, el duque de Osuna (Pedro Téllez Girón, también conocido como Miedo del Mundo), y que dominaba las tres lenguas. Se cuenta que disfrazado de pordiosero consiguió evitar ser ahogado en el Gran Canal, como se estilaba en esos tiempos, por unos sicarios que le tomaron por lugareño, mientras ejercía de enlace con el embajador español. Un mes después al no dar con él ni con el duque, quemarían sus retratos en la plaza pública, dando por concluida la llamada Conjura de Venecia.
Es muy posible que lo que más echara de menos de la Academia a su retorno fueran aquellos interludios semanales con los más eminentes ingenios napolitanos. Su Cuento de los cuentos es un evidente eco de Lo cunto de li cunti de Giambattista Basile, uno de sus contertulios habituales.
[Félix Fernández Murga, "Francisco de Quevedo, Académico Ocioso" en Homenaje a Quevedo (ed.) de Victor García de la Concha, p. 45 ss.]



domingo, 20 de marzo de 2016

§64 El lanzamiento de una idea

Como todas las honradas historias romanas, ésta está escrita "desde el huevo a la manzana". Prefiero el minucioso método romano, que no omite nada, al de Homero y los griegos en general, que gusta de saltar al centro de los acontecimientos y luego retroceder o avanzar según sea su inclinación del momento. Sí, con frecuencia se me ocurrió la idea de reescribir la historia de Troya en prosa latina, para beneficio de nuestros ciudadanos más pobres que no saben leer en griego. Habría empezado por el huevo del cual fue empollada Elena y continuado, capítulo a capítulo, hasta las manzanas comidas como postres en la gran fiesta en celebración de la vuelta al hogar de Ulises y de la victoria de su esposa sobre sus cortejantes.
Robert Graves, Yo, Claudio (1934), cap. 3

En el transcurso de una comida con excelente compañía alguien comentó que desde hace poco un compañero había adquirido la muy sana costumbre de hacer una pausa cada mañana para almorzar una manzana. No era la primera vez que me encontraba con la misma determinación; desde que no se permite fumar en las cafeterías ya no se destaca por adoptar hábitos saludables. En Vitoria conocí a uno que se había preparado un rincón casi acogedor entre los cachivaches que se habían adueñado del almacén, con los que parecía llevarse mejor que con el resto del mundo. De alguna forma me recordaba la soledad del emperador Augusto cuando intentaba evitar ser envenenado comiendo las manzanas que recolectaba de los árboles de su jardín, en la novela de Robert Graves.
Cuando retorné de ese recuerdo me encontré en medio de una tormenta discursiva de ideas más o menos conexas a la anécdota y la cita a un conocido refrán anglosajón que podría traducirse por comer una al día del médico te alejaría (“An apple a day keeps the doctor away”). Para terminar refiriendo escenas y películas en las que aparecían, se nombraban o eran ingredientes. No muchas, ni (me temo) muy originales. No quedaba tiempo para más, lo que me dejó un comecome que todavía me dura.
De forma irremediable asociamos a esta fruta los temas de la tentación, la desobediencia y el castigo de la pérdida del paraíso terrenal —los de educación judeocristiana, por supuesto—. Esto es muy significativo, puesto que ésta sería la primera escena dramática de nuestra tradición. Desde un punto de vista puramente temático, un triángulo amoroso, en cuyo epicentro se encuentra nuestra amiga. Así que no íbamos tan desencaminados cuando buscábamos piezas semejantes en la cinematografía.
Hay otras coincidencias que me hacen pensar que otros antes debieron desandar el mismo camino, como que haya al menos dos empresas de distribución bautizadas con el nombre de alguna de sus variedades, a saber, Criterion y Cameo. Por cameo se conoce en el cine a una aparición breve de un personaje conocido que no altera la trama, aunque esta acepción viene de trasladar directamente del inglés el vocablo para camafeo; joya en que se reproduce el relieve de perfil de una persona. Por lo que quiero pensar que ambas se eligieron por el fruto, que desde el juicio de Paris se considera un tributo a la belleza.
Motivos menos excelsos llevaron a los Beatles elegir una manzana verde (la Granny Smith es característicamente ácida) como símbolo de su discográfica Apple Records, una de las divisiones de Apple Corps., creada para mejorar sus asuntos fiscales a su regreso de la India, donde habían coqueteado con trascendentalismo. Esta empresa, que ha continuado sacando ediciones en forma de recopilatorios pese a que sus derechos se extinguieron en 1978 y fueran adquiridos en 1983 por Michael Jackson, mantuvo un largo litigio por la marca con Apple Computers (hoy Apple Inc.) hasta un acuerdo en 2007, que resolvió esta nueva discordia por la manzana.

Jobs y Wozniak llamaron a su primer modelo McIntosh

Otros temas que se le asocian son los relacionados con las manzanas de la inmortalidad del Jardín de las Hespérides, el envenenamiento frustrado de Blancanieves, en el cuento de los hermanos Grimm y la supuesta fuente de inspiración para la teoría de la gravedad de Newton. Así que tratándose de un símbolo tan universal y recurrente (sensualidad, pecado, engaño, conocimiento y rivalidad) no me entra en la mollera que no me asaltaran más que un puñado de títulos y algunos con un poco de trampa.
Y es que la organización de la memoria es algo bastante azaroso, como mostraban los contenedores de esferas de Inside Out (Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015). Por ejemplo, se hizo una prueba entre 85 alumnos de UCLA con el siguiente resultado: todos afirmaron conocer el logotipo de Apple, pero solo uno logró dibujarlo correctamente y la mitad de ellos erró al elegir entre estas ocho variaciones:


Pero me resisto a pensar que en el olvido está la semilla del problema. Lo que me lleva a plantear el reto de encontrar un número razonable de ejemplos significativos. Para ello impongo algunas limitaciones bastante lógicas, como que tengan un mínimo de relevancia en la trama, no ser un mero elemento decorativo, evitar los logos informáticos, las alusiones arquitectónicas y a la "Gran Manzana"; denominación utilizada por un periodista deportivo de los años 20 en el contexto de las carreras de caballos, que se ha popularizado por interés municipal. Por otro lado, el término urbanístico "manzana de casas" parece derivar de mansana y mansilla (hay varios municipios españoles así llamados) que determinan el conjunto de casas en derredor de un manso; a su vez, porción de tierra entregada al siervo en el sistema feudal.
Creo que podría considerarse como el equivalente moderno a uno de los trabajos de Hércules, el onceno en concreto, que consistió en robar las manzanas del jardín de las Hespérides. No creo que vaya a ser tarea fácil, puesto que las herramientas de búsqueda —Google sería nuestro erómeno— no serán tan definitivas. Y del cómputo extraer el grado malus (manzano) de cinefilia —tan científico como una calificación de imdb o filmaffinity—.

"Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor"
(Mae West)

Escena de La Tienda (1993) de Fraser Clarke Heston (hijo de Charlton)

El fragmento (encontrado en el canal de youtube "Anatomía de la escena", a cuyo autor saludo y reconozco el mérito de la selección) reproduce el mito de la manzana de la discordia. Es una adaptación del relato de Stephen King de 1991 sobre la llegada de un forastero a Castle Rock, quien concede deseos a cambio de pequeños favores sin importancia.
El joven lanzador (pitcher) lanza, como si fueran bolas (pitch es la bola en béisbol, pero también hace referencia a la presentación verbal o visual concisa de una idea para una película hecha por un guionista o director a un posible productor), toda una caja de manzanas —menuda idea—.
Pese a los errores de continuidad, la escena tiene una gran fuerza, en parte por la superposición de la narración deportiva con el clásico de Johann Strauss, hijo (Kaiser-Walzer op. 467, de 1889) Vals del Emperador, también conocido como Mano a mano.

__________
La manzana es una fruta pomácea comestible, fruto del manzano doméstico (Malus domestica). La tradición  dice que sus raíces estarían en la zona de Almá-Atá o Almatý, antigua capital de la república soviética de Kazajistán. De hecho, Almaty es la forma adjetivada del sustantivo "manzana" en kazajo, popularmente traducida como "Padre de las Manzanas".
Se estima que existen entre 5000 y 20000 variedades de manzanas en el mundo, aunque el número comercial es lógicamente inferior. Se localizan preferentemente en zonas de clima templado-frío, pues es una de las especies frutales que requiere mayor cantidad de frío (temperaturas inferiores a 7 °C) durante el periodo de descanso invernal. Aunque de promedio requieren unas 1200 horas, existen cultivos en zonas subtropicales que requieren tan solo 200-300 (por ejemplo, Anna).

Algunas variedades
Akane
Crabapple
Granny Smith
McIntosh
Rome Beauty
Ambrosia
Criterion
Pero de Cehegín
Newtown/Pippin
Splendor
Arkansas Black
Egremont Russet
Gravenstein
Old Apple
Spur
Blackjohn
Empire
Honeycrisp
Pol Apple
Starkrimson
Braeburn
Esperiega
Idared
Pink lady
Starking
Bramley
Fuji
Jazz
Pinova
Verde doncella
Cameo
Gala
Jonagold
Red Delicious
Willie Sharp
Cortland
Ginger Gold
Jonathan
Red El
Winesap
Cox's Orange Pippin
Golden Delicious
Lodi
Reineta
Winter Banana

Con ella se ha representado el deseo pecaminoso por el fruto del árbol del conocimiento (malus puede significar maldad y manzano) que provocó la expulsión del Edén, la utopía por antonomasia. En el arte, se utilizó como símbolo de la nueva Eva, es decir la Virgen María, que intercedería por la salvación de la Humanidad. Por ello en muchas imágenes románicas la Virgen lleva en su mano derecha una manzana. Esta simbología cultural y del conocimiento ha llegado hasta el presente, como en la elección del motivo para los Premios Max de las Artes Escénicas, creados por Juan Brossa: una manzana plateada con un antifaz dorado. En palabras del creador "parece una cabeza y al mismo tiempo una manzana, un fruto pecaminoso y frívolo; el antifaz aporta la dimensión dramática y el misterio escénico".
Sirve para explicar algunos de los cuentos tradicionales, como el de Blancanieves, en el que juega un papel fundamental. En primer lugar por la importancia del color rojo, asociado con la sangre y la muerte: aparentemente es la manzana perfecta, brillante y atrayente, cuando en realidad produce la muerte ipso facto. Por tanto, lleva implícito el engaño.
En resumen, teniendo en cuenta el color o la textura, quién la ofrece, la persona a quién va dirigida, si está entera o apurada, puede significar cosas bien dispares. Wikipedia
Santa María de Vitoria, la patrona olvidada


sábado, 5 de marzo de 2016

§62 Heterochromia iridum

 [Pierre Coffin dotó a Bob de un ojo de cada color como homenaje a David Bowie, a quien echamos de menos]
Abrió la espaciosa caja y Dorothy vio que estaba llena de anteojos de todo tamaño y forma... y todos ellos tenían vidrios verdes. El guardián halló uno apropiado para la niña y se lo puso. Estaba asegurado por dos bandas doradas que rodeaban la cabeza, donde se aseguraba con una cerradura cuya llave llevaba el hombrecillo colgada del cuello. Cuando los tuvo puestos, Dorothy comprobó que no podría sacárselos de ningún modo; pero, claro está, no deseaba que la cegara el resplandor de la Ciudad Esmeralda, razón por la cual no dijo nada.
Lyman Frank Baum, El maravilloso mago de Oz (1900), capitulo 10: El guardián de la puerta.
Los minions me parecen unos perfectos robaplanos. Ya en su primera aparición en Gru, mi villano favorito (Pierre Coffin y Chris Renaud, 2010) quedó patente que la cámara les adoraba y que tarde o temprano les llegaría el estrellato. Porque pertenecen a esa casta de personajes que mejoran cualquier producción, con ese je ne sais quoi que vende —¡ya lo creo que vende!—. Y por eso esta tercera entrega, de la que son los protagonistas oficiales, fue la primera película de animación en la que no participaban ni Disney ni Pixar que obtenía una recaudación de más de 1 billón de dólares. Una minucia.
Su historia comienza en los títulos de crédito (inspirados en los peces piloto que acompañan a los tiburones), que se remontan al origen de la vida para contarnos qué les diferencia del resto de los seres vivos: su perseverancia por servir y acompañar a un líder, estableciendo una relación simbiótica de la que no sabemos muy bien qué obtienen a cambio. Quizás llenar un vacío existencial. Yo tengo la excéntrica teoría de que se trata de algo laboral y que son víctimas del síndrome de Maripili —¡lo siento, no le puse yo el nombre, sino Carmen García Ribas (ibidem, 2006)!— Según la doctora, el/la sumis@ Maripili quiere agradar a todo el mundo, lucha para ser buen@ en cada uno de los papeles que le ha tocado ejercer durante su vida, aunque esto implique un desgaste extremo tanto físico como psíquico, y se desmorona cuando recibe un mensaje de rechazo o de censura.
Tampoco es que sean muy exigentes en cuanto a cualidades para la jefatura. Sólo que tenga la útil capacidad de sobrevivir(les), o de quedar en pie el último en caso de duda. Pero esto es precisamente lo que les hace tan difícil encontrar uno duradero y no la “carta de villanía” que pueda acreditar; a la que incomprensiblemente se alude en toda la saga. Todo ello desemboca finalmente en su liberación del anfitrión, y por tanto del personaje de Gru (si así lo desean en un futuro), toda vez que han logrado cerrar el círculo argumental demostrando que su filiación se debe solo a su propia determinación. Así que en el fondo se trata de una declaración de igualdad.
Para poder llegar a esta revelación el autor optó por precisar algún personaje de esta peculiar horda, siendo tres los elegidos (en el proceso se pidieron voluntarios) con un claro paralelismo entre Kevin, Stuart y Bob y las tres huerfanitas del primer filme (Margo, Edith y Agnes), incluido el detalle de la mascota de peluche. Este mimetismo se volverá a repetir de forma evidente en el fragmento del concurso.

Escena de Los minions (2015) de Pierre Coffin


El trío cómico es un esquema que está plenamente desarrollado en el circo moderno desde 1870, con los estereotipos del Oliver o clown blanco, dominante e inteligente, al que acompaña el Augusto, impertinente y travieso, y el Contraugusto o Augusto del Augusto, que nada entiende y termina desastrando todo. Del espectáculo ambulante y el vodevil pasaron al cine y la televisión, caso de los hermanos Marx y, en España, Gaby, Fofo y Miliki son Los payasos de la tele.
También hay buenos ejemplos en la literatura, como en El maravilloso mago de Oz, obra de Lyman Frank Baum (1900); aunque sea más conocida la versión cinematográfica de Victor Fleming (y otros tres), El Mago de Oz (1939), donde en los tres pintorescos peones —villanos, al fin y al cabo— de la granja del tío Henry se reconoce al espantapájaros, al león cobarde y al hombre de hojalata, que acompañarán a Dorita a la Ciudad Esmeralda.
Ahora que lo pienso, el trío también fue utilizado por J.K. Rowling para su serie sobre Harry Potter (1997-2007). Su protagonista también presenta los mismos síntomas: miedo a no complacer a los demás, miedo a no ser querido, al éxito y a no cumplir con los estereotipos de la sociedad. Pero esta es otra historia con una intencionalidad diferente.
Todos estos ejemplos tienen, creo, su origen común en la Comedia del Arte, género teatral tragicómico y popular del siglo XVI. En la que aunque sus argumentos eran generalmente repetitivos, construidos a partir de una improvisada farsa amorosa, se popularizó por reproducir las tensiones sociales a partir de una trupe de personalidades reconocibles: amos y criados. Todos ellos enmascarados como en el Carnaval, lo que simboliza o facilita el engaño y la confusión que iguala a todos los estamentos.
David Robert Jones, The Thin White Duke, Ziggy Stardust,
siempre Bowie
Volviendo a la escena, ésta me interesó irremediablemente por la travesura de poder quedar atrapado una noche en un centro comercial para disfrutar de todas sus posibilidades —¡quién no lo ha imaginado alguna vez esconderse en una juguetería?—. Entre las que está, por supuesto, la de ver la programación televisiva más allá del umbral de las nueve, que en mi época señalaba la familia Telerín y su ¡vamos a la cama!
Recuerdo la programación de El Santo, una especie de James Bond televisivo que utilizaba el nombre y los atributos de santos católicos, según requería la ocasión (elección acertada para la tribu amarilla, que seguro también utiliza el santoral cuando se alumbra un nuevo minion) y Embrujada —otro caso del síndrome de Maripili, y seguramente más reconocible para el público americano que El Santo, que era inglés—. Respecto a la escenificación del concurso The Dating Game, no creo que se hiciera algo parecido en España hasta Contacto con tacto (1992-94), a su vez traslación de la fórmula de Studs de la Fox, presentado por Bertín Osborne —quien, por cierto, hubiera hecho un Gru memorable, "¡pisha, de la que no hemo librao!"— y que se recostaba en el sillón como el presentador de la cadena villana.
Según esta interpretación no resulta extraña la fascinación instantánea que les causa Scarlett y su éxito en el competitivo mundo de los villanos —“hay un hombre malo en la ciudad y ese hombre es una mujer”—. 
En definitiva, los minions no quieren ser pitufos (su color es diametralmente opuesto), pero tampoco Gargamel, quien, por cierto, asiste a la convención, aunque no esté acreditado. Son mucho más trendy que Scarlett y Herb juntos. Y me gusta pensar que su torpeza y simplicidad son artificios, las armas con que pueden derrotar a cualquier oponente, y que, como en la mencionada Comedia del Arte, se ríen del espectador al que parodian, que termina riéndose de si mismo y de lo absurdo de la vida... donde todos somos minions.

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La Comedia del Arte (Commedia dell'Arte) es un tipo de teatro popular nacido a mediados del siglo XVI en Italia. Normalmente no tenía más guión que un leve boceto o canovacci (una trama neutra y uniforme en la que se puede bordar todo lo que se quiera) al que agregaban improvisaciones e incorporaban máscaras y en la que cada actor tenía un repertorio de latiguillos y bromas a partir de las cuales construía su papel. En esto se diferencia de las representaciones literarias de la Corte, donde los jugadores eran aristócratas y académicos (Comedia Sostenuta), y las del teatro sagrado, interpretado por clérigos de la iglesia.
También se la conoce por los nombres de comedia all'improviso (que utiliza la improvisación), comedia popolare o comedia de maschere (de máscaras). Sus artífices, mezcla de saltimbanquis, mimos, músicos, espadachines, malabaristas y cantantes callejeros, son los primeros artistas profesionales. Se agrupaban en pequeñas compañías itinerantes de las que tenían cierta independencia e incluso podían cambiar a otras o fundar nuevas. Inicialmente utilizaron repertorios más o menos adaptados: comedias, fábulas, pastorales y tragicomedias. Pero la necesidad de tener que divertir a los espectadores para que pagaran por verlos hizo que cambiaran los esquemas de acuerdo a los gustos populares.
Poco a poco fueron dando a las mujeres la oportunidad de subir al escenario, pues desde los griegos, el escenario había sido un lugar reservado para los hombres en todos los roles. Así, inicialmente, el papel de Columbine fue interpretado por un hombre. Una vez asumida la participación de las mujeres, el teatro alcanzó una formulación moderna.
Hay tres tipos de personajes en la comedia del arte: los zannis o bufones que representan a los sirvientes, los vecchios u hombres viejos y los enamorados. Los únicos que usan máscara son los dos primeros, que también simbolizaban la lucha entre ricos y pobres. Cada uno tenía particularidades físicas: una joroba, una pierna más corta o un gran vientre, un vestuario fijo y hablaban simulando la lengua o el acento de su lugar de origen.

Los zanni
  • Polichinela (Pulcinella): vestido siempre de blanco y con un gorro puntiagudo. Tenía una nariz aguileña y barbilla prominente, con voz nasal y de elevado volumen. A veces tenía joroba. Era un astuto matón que no se separaba de su garrote para darle una paliza a quien no pensara como él.
  • Arlequín: es quizá el personaje más famoso de la comedia del arte. Su vestimenta es un traje hecho de parches y remiendos de colores que representaba su bajo estatus. Arlequín complica la historia, siendo muy mal mensajero pues siempre se distrae cambiando los planes y equivocándose en las órdenes recibidas. 
  • Brighella: viste con una camiseta blanca pantalones negros y una gorra verde. Es uno de los zannis más astutos, es cínico y sarcástico. 
  • Colombina: es la doncella de la enamorada y amante de Arlequín, es inteligente y astuta. Y siempre se veía envuelta en la intriga. 
  • Zanni: era el sirviente más pobre, hambriento y tonto de todos. Servia a Dottore, Capitano o Pantalone y nunca hacia un buen trabajo, pues se la pasaba durmiendo durante el trabajo o se escapaba buscando comida. En un principio era un solo personaje, pero después su nombre se usaría para designar a todos los sirvientes. 
Los vecchios
  • Pantalone: es un rico mercader veneciano, avaro, mezquino y enemigo de los jóvenes. Se caracteriza por tener una nariz ganchuda, barba puntiaguda y zapatos con las puntas levantadas. Es una típica mascara veneciana de la mitad del siglo XVI. Un señor inocente y crédulo, al que siempre buscaban burlar. Es rival de Arlequín. Para ocultar su edad en su afán de atraer a las mujeres, Pantaleone llevaba una extraña indumentaria turca, que consistía en un calzón ajustado a las piernas y ceñido hasta las rodillas. Curiosamente, del recorrido de la "comedia italiana por Europa y especialmente a su paso por Inglaterra, fue la imagen de Pantaleón la que puso de moda este tipo de calzones a finales del siglo XVII, y en su honor se los llamó "pantaloons".
  • Capitano: es arrogante y egocéntrico, arquetipo del fanfarrón. Detrás de su fachada de coraje siempre terminaba exhibido como un cobarde que le tiene miedo a casi todo. Abundaban los personajes de este tipo con nombres como Matamore, Fracassa, Spavento (espanto), Rodomonte, Spezza-Monti (fiende-montañas), Rinoceronte, Scarabombardon, Cerimonia, Giangurgolo (Juan Bocazas), Rogantino o Scaramouche con características propias y orígenes diversos.
  • Dottore: representa el arquetipo del que sabe, es feliz de saber y de enseñar sus ciencias. Relacionado a los libros (doctor de doctorados más que de medicina), representa a aquellos que dicen saber y no saben nada. Su verborrea denuncia su limitado conocimiento y su gran barriga demuestra que más que el intelecto cultiva su sibarismo. Llamado también Dottore Graziano o Dottore Balanzone, mantenía una imagen de erudito porque sabía aparentarlo aunque al final de la obra siempre se evidenciaban sus errores y su ignorancia siendo castigado al igual que Pantalone y Capitano.
Los enamorados
  • No suelen estar definidos psicológicamente, se limitan a suspirar y dejarse enredar por sus criados. Están siempre muy distraídos por el frenesí de su pasión. De entre todos destaca Isabella que tomó el nombre de Isabel Andreini, una de las más grandes actrices de la comedia, famosa por su talento, belleza y virtud. Vanidosos, siempre esperan al príncipe azul y son incapaces de ver que lo tienen al lado. Preocupados en exceso por el día en que consumarán el amor, revisan sus posturas y su apariencia, la pureza de sus sentimientos, su poesía, pero no miran la realidad tangible. No usaban máscara pero utilizaban maquillaje, por lo general una base blanca con los labios pintados de rojo.

lunes, 7 de diciembre de 2015

§50 El incordio viridiano

—¡Es una maqueta!
El escudero Patsy a las puertas de Camelot en Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locos seguidores (Terry Jones y Terry Gilliam, 1975)
Para el cincuentenario he reservado una película especial. Al menos lo es para mucha gente que conozco. Además viene a coincidir con el largo puente de diciembre y la invitación a disfrutar de unas merecidas vacaciones en casita. Eso es lo que también desean los Maitland en Bitelchús (1988), cuyo tema central es que no hay nada como el hogar y qué azaroso es preservarlo de los intrusos.
Aunque la película es de sobra conocida, he seleccionado una escena que, por incluir ideas difíciles de trasladar, pierde su fuerza en nuestro idioma. Desarrolla el momento en que Otho y Delia salen para hacer bombing por la casa con sprays que él lleva encima —como colores corporativos—, juzgando todo lo que encuentran. 
Todas las salas parecen tener el mismo aspecto. Y en verdad todas reproducen el mismo motivo floral con variaciones en los tonos. Son regalos que Adam le ha ido haciendo a Barbara (cuando le entrega uno al comienzo le dice que es para que decore la habitación de invitados), lo que le da un nuevo —doble, triple— significado a la expresión "rollo de papel".

Escena de Bitelchús (1988) de Tim Burton

En la primera habitación Delia garabatea Mauve (malva, color de la flor malva, mallow flower) con su aerosol —lo cual no denota ningún ingenio por su parte ya que en castellano son homógrafas, como rosa; yo hubiera utilizado "malvado"—, que es homónima del apellido del pintor Anton Mauve (1838-1888); bastante popular entre los estadounidenses por sus temas agropecuarios y en cuyo estudio trabajó Van Gogh.
En el armario encastrado —empotrado es más habitual, pero creo que este sinónimo le da fuerza— cuelgan, además de Geena Davis, los trajes de boda preservados en plástico —esto siempre me ha recordado al retrato de Dorian Grey, porque parece que envejecen, en todos los sentidos, más que tú, aunque sólo es una vana ilusión—. Para enfatizar que están pasados de moda Otho los llama Ozzie y Harriet, título de una sitcom americana de los 50, todo un fenómeno televisivo por su persistencia durante quince temporadas, que, evidentemente, se fue quedando anticuada; contaba las peripecias de una familia auténtica, a la que llegarían a sumarse las mujeres de sus hijos... uno de los cuales era el malogrado cantante Ricky Nelson —del que seguro conoces la canción Hello, Mary Lou—.
Rick haría su mejor papel en Rio Bravo (Howard Hawks, 1959) en la que cantaba una canción a dúo con Dean Martin titulada My Rifle, Pony and Me. Incluyo este detalle porque su estrofa final comienza: No more cows to be ropin' (Sin vacas para lanzar, sería una posible traducción). Apelo a la paciencia del lector por esta línea argumental que justificaré más adelante.
La siguiente es "otro cuarto de baño", que no tiene la mala leche de "una letrina interior" (indoor outhouse), como originalmente la denominan, de paso a otro cuarto que etiqueta (tagging, siguiendo el argot graffitero) como viridiano con gran afectación. El guión vuelve a jugar con las palabras: Viridiano es un color verde esmeralda compuesto de óxido de cromo hidratado (2Cr2O3 · H2O ó CrO3 · 2H2O), transparente, de tono intenso y moderadamente tóxico. Este pigmento se ha detectado en numerosas obras de impresionistas franceses, en particular de Van Gogh. Suena como el film de Luis Buñuel, y la relación se establecería por el ruralismo y las ideas arcáicas que critica; pero, para el espectador, ellos son los intrusos entroncados con aquellos vagabundos que abusaban de la hospitalidad de Viridiana (1961).
Y finalmente el despacho, de estilo rústico: —Deliver me from L.L.Bean— (librame del Leroy Merlín, o algo así diríamos hoy). Esta es una empresa que se dedica a la venta por correo, sobre todo de ropa, a comunidades atrasadas o alejadas de las grandes poblaciones.
Como culminación, subimos las escaleras hasta el ático, donde está la maqueta del pueblo, que un poco después va a ser el escenario de un anuncio publicitario del bio-exorcista número uno de la otra vida, un Rumpelstilzchen de los muertos y, como él, de nombre impronunciable: Betelgeuse. El mismo que una estrella supergigante roja de la constelación de Orión. Supongo que lo importante es que se parezca la fonética y que se pueda pronunciar tres veces seguidas.


El caso es que aparece montado sobre una vaca, aunque sea una miniatura de este desquiciado belén (que es un cementerio), sin motivo aparente, lo que me lleva inexorablemente a recordar la expresión "Fetchez la vache" (ve a buscar la vaca) de la citada película de los Python.
—Como es la tercera alusión espero que no lo tome como una invocación, ... aunque sería más correcto decir evocación... La vaca, claro—.

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Betelgeuse, también llamada α Orionis o HIP 27989, es una estrella brillante del tipo supergigante roja. Es la novena estrella más brillante en el cielo. Su color característico proviene de las bajas temperaturas de su superficie (unos 3000 K). El estado evolutivo de la estrella es avanzado: ha pasado ya la etapa más importante de su vida, la secuencia principal, ha agotado ya el combustible en su núcleo que le proporcionaba energía (por fusión del hidrógeno), después de lo cual aumentó su tamaño hasta las enormes dimensiones actuales.
Su brillo es muy intenso. Aunque es la estrella α de Orión, no es la más brillante de la constelación en luz visible, ya que Rígel (β Orionis) la supera en este aspecto; pero en luz roja e infrarroja cercana, Betelgeuse sí es la más brillante.
El origen de su nombre es árabe, yad al-jawzā (‘la mano de Jauza’), siendo Jauza una figura mitológica de sexo femenino, inicialmente identificada por los antiguos árabes en el firmamento con Géminis y posteriormente asociada con la constelación de Orión. Durante la Edad Media este nombre fue transcrito al latín y malinterpretado por lo que se convirtió en "Bedalgeuze" y de ahí al actual.
Aunque es el uso el que tiene que definir la corrección o no de la pronunciación de un término, dados sus orígenes, se puede aducir que la pronunciación más adecuada está muy cercana a la que le daría de forma intuitiva un hispanohablante.
Pronunciaciones como la popular inglesa homófona de Beetlejuice, u otras como Betelgeux o Betelgés, están mucho menos justificadas por la etimología. En el pasado se usó la forma castellanizada Betelgoso. Fuente wikipedia

P.D.
TYRELL: La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con muchísima intensidad, Roy. Mírate, eres el hijo pródigo. Eres todo un premio.
Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
ROY: Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión...
Ibid.
¿Resultará que hemos encontrado por fin al quinto replicante?

viernes, 20 de noviembre de 2015

§47 El gran caricato

Llamo a mi esposa: Gala, Galuchka, Gradiva (porque ha sido mi Gradiva); Oliva (por el óvalo de su rostro y el color de su piel); Oliveta, diminutivo catalán de oliva (aceituna); y sus delirantes derivados: Oliueta, Oriueta, Buribeta, Buriueteta, Suliueta, Solibubuleta, Oliburibuleta, Ciueta, Liueta. También la llamo Lionette, porque ruge, cuando se enoja, como el león de la Metro-Goldwyn-Mayer; Ardilla, Tapir, Pequeño Negus (porque se parece a un animado animalito selvático); Abeja (porque descubre y me trae todas las esencias que se convierten en la miel de mi pensamiento en la atareada colmena de mi cerebro). 
Salvador Dalí
Prefiero no tener una opinión preconcebida sobre una película, así que no suelo anunciar qué voy a ver. Pero no puedo evitar recibir comentarios espontáneos de tal o cual película, sobre todo cuando hablo de cine —y casi siempre termino hablando de cine—. Así que, aún a sabiendas de la pobre acogida que tuvo en su estreno —se debería decir rica, ya que recibió de todas partes y con abundancia—, estuve buscando una copia de Buñuel y la Mesa del Rey Salomón, porque el tema me interesaba lo suficiente como para asumir el riesgo de perder dos horas. Me parecía que Carlos Saura y Agustín Sánchez Vidal podían haber vertido algo de conocimiento de primera mano sobre el de Calanda y, a partir de ahí, de la amistad que le unió a Lorca y Dalí en un momento de su azarosa vida.
La escena nos sitúa en el Parador de Toledo, lugar en que se gestó este guión y que ya habían utilizado para otros proyectos Buñuel y Jean Claude Carrière (éste hace un cameo al comienzo de la película como productor). El diálogo es parte de un ensayo de tres actores que desde ese momento se transmutarán, en el sentido alquímico, en los tres genios —quiero pensar que la imagen mostrada es la de la ensoñación, que siempre quita y pone, a veces donde no debe, y que por eso parecen caricaturas y una buena caricatura tiene que representar eficazmente al personaje, sin importar si resiste la comparación directa con el original—. La escena cumple con el estilo de Buñuel de transformar las cosas cotidianas en extrañas sin alardes que distraigan —otra cuestión es la valoración que haga cada uno—, si bien la fascinante historia de amistad de los tres artistas, que podría ampliarse, ya que en la Residencia de Estudiantes de Madrid se forjó el núcleo duro de la Generación del 27, bien merece que algún día se haga un retablo cinematográfico a su altura. 

Escena de Buñuel y la Mesa del Rey Salomón (2001) de Carlos Saura

La mayor parte de los datos que se incluyen pueden encontrarse fácilmente en la red, sin embargo, las piezas podrían encajar de otras formas:
Efectivamente, Dalí no aparece acreditado en Un Perro Andaluz (1929). Esto no es inusual en el cine, además ni el propio Buñuel debía confiar en el resultado, ya que acudió a la sala con los bolsillos llenos de piedras con las que responder si le abucheaban —así que no queda claro que Dalí no estuviera de acuerdo, al menos inicialmente—. Pero el exito obtenido sirvió para que ambos fueran acogidos por la vanguardia del tout Paris.
Se juntarían de nuevo en el encargo de otro guión, aunque la relación no debió ser tan fructífera, quizás por la injerencia de Gala Eluard (antes Elena Diakonova). Y mientras Dalí estaba con ella de vacaciones en Torremolinos, Buñuel decidió terminar La Edad de Oro (1930), con riesgo de acabar con la amistad —Dalí diría que parecía "una película americana", como elogio, aunque podría ser desdeño o incluso ironía—. También hay opiniones de que la intimidad entre Dalí y Lorca fuera origen de celos por parte del aragonés. 
Luis Buñuel había viajado a Madrid en 1917 para estudiar ingeniería agrícola, mas en 1920 decidió cambiarla por la entomología, que también abandonaría para matricularse en Filosofía y Letras. Se había informado de que varios países ofrecían trabajo como lector de español a licenciados, lo que le proporcionaba la oportunidad de salir de España. En esa época llevaba una alimentación y vestimenta espartanas, gustaba de lavarse con agua helada, llegó a escalar la fachada de la Residencia, visitaba los burdeles madrileños —"los mejores del mundo", en su opinión— y practicaba sus habilidades hipnóticas con las mujeres, mientras que el catalán, digamos que no. 
Buñuel descubrió con fascinación Toledo en 1921 y fundó con sus amigos en marzo de 1923 la fantasiosa Orden de Toledo, de la que se convirtió en Condestable, mientras Pepín Bello era su Secretario. Entre sus Caballeros figuraron Dalí, Alberti, Hinojosa, María Teresa León, etc. Luego venían los Escuderos, el Jefe de los invitados de los Escuderos (José Moreno Villa), los Invitados de los Escuderos y los Invitados de los Invitados de los Escuderos. Sus actividades se desarrollaban sobre todo en las tabernas, con generosos tragos de vino. Toledo se convirtió en un referente vital para su generación y cuando se estrenó Tristana en París, al aparecer en las portadas un plano general de la ciudad, Dalí suspiró “¡Toledo!”, según me contó Jean-Claude Carrière, que le acompañaba.
La figura de Dalí no es menos estroboscópica. Hace poco leí en una reseña del libro Sobre Dalí (2014) de Antonio Pixot y Fernando Uici donde, entre otros datos curiosos, dicen que Dalí odiaba los saltamontes (incluyó uno en el autorretrato El gran masturbador, pero los hay por toda su obra) y que las pajaritas de papel se los recordaban. En  Salvador Dalí: a la conquista de lo irracional (1965), de Javier Pérez Andújar, dice: 
Para poner fin al tormento, Dalí hizo correr la voz de que, aún más que los saltamontes, le aterrorizaban las pajaritas blancas de papel. Fue así como empezaron a arrojarle en el colegio esas pajaritas que él recibía lleno de simulado espanto. (pag 48)
El gran masturbador (1929)

Interpretaciones a parte, el éxito de Dalí fue paralelo al ostracismo del aragonés. En 1939 Bretón acuñaría el anagrama Avida Dollars para criticar la pasión de Dalí por el dinero, que ganaba con facilidad. Algunos surrealistas empezaron a hablar de él en pretérito perfecto (como si hubiera muerto). Pero la ruptura con Buñuel no se certificó hasta la publicación de su libro La vida seceta de Salvador Dalí (1942), donde le señalaba como ateo y comunista, provocando su inclusión en las listas negras y que le despidieran del MOMA de Nueva York, único sustento de su familia en ese momento.
En la ficción podemos "ensopar" que en sus últimos años no guardara rencor por aquello de los buenos tiempos, ya que, como advierte uno de los personajes de El discreto encanto de la burguesía (1973), "no existe mejor tranquilizante que el martini seco."
—Quizás necesitara pedir un par antes—.

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La Edad de Oro (L'âge d'or) es un película francesa dirigida por Luis Buñuel.
Un día, Georges-Henri Rivière le presentó a los vizcondes de Noailles, a raíz de haberse visto agradablemente impresionados por Un chien andalou. Éste se mostró reticente por tratarse de aristócratas, clase social a la que abiertamente despreciaba.
Los planes de los Noailles eran darle dinero y libertad total a Buñuel para hacer una película, con la única condición de que la música fuera de Igor Stravinsky. Buñuel rechazó la idea, pese a lo cual la oferta de hacer la película siguió en pie. Entonces, Buñuel decidió ir a Cadaqués a visitar a Dalí y tratar de trabajar con él, como un año antes había hecho para Un perro andaluz. Esta vez no funcionó el entendimiento de antaño y, decepcionado, Buñuel regresó a París y escribió el guion en la mansión de los Noailles durante el día y por las noches les leía los avances hechos. Ellos aceptaban todo complacidos.
Una vez escrito el guion, buscó el equipo necesario: los actores Gaston Modot y Lya Lys para representar los personajes principales, Duverger repetía como operador de cámara  y escogió la música (fue la segunda o tercera película sonora rodada en Francia): el tercer movimiento de la Sinfonía n.º 5 de Beethoven, música de Claude Debussy, de Wolfgang Amadeus Mozart, de van Parys y el acto III (Mild und leise) de la ópera de Richard Wagner Tristán e Isolda. Además, incluyó los tambores de Calanda y un pasodoble. Aun aceptó alguna propuesta que Dalí le envió por carta (como la escena en Roma en la que aparece un hombre que lleva una piedra en la cabeza, paseando por delante de una estatua que tiene la misma piedra en la cabeza), motivo por el cual su nombre aparece en los créditos del film.
Además, la que entonces era su novia y se convertiría después en su mujer, Jeanne Rucar, era la contable y, gracias a su sensatez, el rodaje fue mucho más serio que el de su anterior película.
Una vez rodada y montada La edad de oro, con novedades tales como la voz en off, utilizada por primera vez en el cine, se preparó una proyección privada a la que asistieron miembros del grupo surrealista y algunos amigos más. Días más tarde, organizaron otra en el cine Pantheon, a las diez de la mañana, de la que la gente salió indignada y que acarreó muchos problemas a los Noailles. Así, Luis Buñuel escribió en sus memorias:
Marie-Laure y Charles recibían a los invitados en la puerta, les estrechaban la mano sonriendo y a algunos hasta los besaban. Después de la sesión, volvieron a situarse en la puerta, para despedir a los invitados y recoger sus impresiones. Pero los invitados se marchaban deprisa, muy serios, sin decir una palabra. Al día siguiente, Charles de Noailles fue expulsado del Jockey Club. Su madre tuvo que hacer un viaje a Roma para intentar parlamentar con el Papa, ya que incluso se hablaba de excomunión.
A pesar de todo, estuvo seis días más a sala llena en Studio 28, hasta que fue prohibida por la policía, debido a las presiones de grupos conservadores de extrema derecha, los Camelots du Roi y los Jeunesses Patriotiques, los mismos que destrozaron la sala durante una de las proyecciones. La prohibición se extendió hasta 1980 en Nueva York y 1981 en París. En España, con el estallido de la Guerra Civil, se perdió la cinta.
Quizá todo esto contribuyó a hacer de la película un objeto de culto, no sólo por el valor indudable que en sí misma tiene. Fuente wikipedia


sábado, 24 de octubre de 2015

§11 El ser de renombre

—Mira, Sancho —dijo don Quijote—, donde quiera que está la virtud en eminente grado, es perseguida. Pocos o ninguno de los famosos varones que pasaron dejó de ser calumniado de la malicia: Julio César, animosísimo, prudentísimo y valentísimo capitán, fue notado de ambicioso y algún tanto no limpio, ni en sus vestidos ni en sus costumbres; Alejandro, a quien sus hazañas le alcanzaron el renombre de Magno, dicen dél que tuvo sus ciertos puntos de borracho; de Hércules, el de los muchos trabajos, se cuenta que fue lascivo y muelle; de don Galaor, hermano de Amadís de Gaula, se murmura que fue más que demasiadamente rijoso; y de su hermano, que fue llorón. Así que, ¡oh Sancho!, entre las tantas calumnias de buenos bien pueden pasar las mías, como no sean más de las que has dicho. 
Miguel de Cervantes, El Ingenioso caballero Don Quijote de la Mancha, cap II, pp 27-28.

Escena de Caminando entre las tumbas (2014) de Scott Frank


(Redacto como homenaje a los autores de relatos de picaresca, con respeto y veneración)

Aquellos que me conocen me refirieron este momento de la película por razones obvias y rieron la coincidencia, a lo que, casi inmediatamente, tirando de recurso cinéfilo, añadí que el perro de los Jones se llamaba Indiana y que el intrépido doctor lo adoptó por que le gustaba más que el suyo propio. Como prácticamente nadie me llama por el que me dieron en la pila, he ido tomando la costumbre de elegir los que más me apetecían para cada ocasión.
Poco después descubrí que no es preciso buscar renombre, por que de paso uno se lo encuentra. Me explico: aunque el significado más conocido y común de renombre es celebridad o fama que adquiere alguien por actos con que ha dado muestra de inteligencia y talento, o algo por su calidad, la primera acepción que nos da la RAE es el apellido o sobrenombre que se da a una persona en vez del suyo propio y que, generalmente, hace referencia a algún defecto, cualidad o característica peculiar que lo distingue. Por ello, recibimos un nombre por cariño de nuestros padres, nos identificamos con el que nos damos benévolamente y soportamos el que nos dan ... por que sí. 
Pero es el quiz de la elección (hacia 1782, en Estados Unidos quiz tenía el significado de persona excéntrica y en torno a 1807 tomó el significado de acertijo) lo que ha llevado a alguno a inquirirlo y más a preguntar. Pues he aquí mis razones:
No disimulo mi gusto por el anime y en particular por Black Lagoon (Burakku Raguun, de Sunao Katabuchi 2006-11) pues de uno de sus personajes tomo la imagen de mi avatar, por la gracia de que en un episodio se afanaba en montar unos videos frenéticamente. Me dije —como yo, algunas noches— y dejé el recuerdo en la recámara.
El apodo ya me gustaba por su sonoridad, como me pasa con otras palabras, que más que compuestas, son indecidibles. Pero no supe porqué hasta tiempo después, por mor de repetirla descubrí que escondía la cábala (qabbalah que significa recibir, abarca una disciplina que busca en el Pentateuco el significado del mundo y la verdad). Para los cabalistas, el lenguaje es creador y la Torá contiene todos los textos, todas las combinaciones que pueden darse para crear otros mundos y otras realidades; entienden que el nombre de Dios está formado por todas las letras que componen el alfabeto y que éste, por tanto, tiene múltiples formas, que buscan con ahínco.
Ya cuando era estudiante, solía marcar los apuntes con una suerte de tres triángulos, que aludían a las tres aes de mi apellido, más por vanagloria de verlas que por otras razones. A pesar de desarrollar un trazo ágil, terminé por simplificar garabateando una escuadra, cuya perspectiva me parece más caballera, atravesada por tres barras, que, bien mirado, simula el instrumento musical de tres cuerdas. Así que inconscientemente había encontrado la abstracción antes que al objeto mismo de la encuesta.
Este curioso laud, símbolo de todas las Rusias, tiene un origen popular, aunque ahora se construyan en siete tamaños (desde el más pequeño "piccolo" al contrabajo) y hayan alcanzado categoría orquestal. Era habitual de los skomorokhis (de posible origen en el italiano scaramuccia, comodín), juglares o bufones que ironizaban sobre la política, la religión y la sociedad en general. Por ello fue adoptada con entusiasmo con el advenimiento de la Revolución.
Etimológicamente parece que su cuna es onomatopéyica, de hablar mucho sobre cosas sin importancia; claro está que el rango lo otorga normalmente el que escucha o el que lee.
Parecía pues tenía firmes atributos para lo que quería emprender. Pero idea tan simple era imposible que no hubiera sido enarbolada, aún en lengua extraña. Así que, cual caballero andante, partí en pos de un tratamiento que no enturbiara mi renombre. Fue entonces que encontré un significado particular de la inglesa mistress, que además de señora de tal, designa a la otra señora de tal, su amante (to set one´s mistress up in a little place significa poner un cuarto a la querida), literal o figurada, caso del poeta y su dueña. Por lo que adopté el título, en su forma abreviada mrs., para no restar importancia y por economía de todos.
Y estas son llanamente las raíces de la filiación tomada en la dirección de esta bitácora. que espero sirvan para remembranza del lugar y próxima visita.
¿La del perro de la escena? Ni idea.

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El blog moderno es una evolución de los diarios en línea, donde la gente escribía sobre su vida personal, como si fuese un diario íntimo pero dándole difusión en la red. Las páginas abiertas Webring incluían a miembros de la comunidad de diarios en línea. Justin Hall, quien escribió desde 1994 su blog personal, mientras era estudiante de la Universidad de Swarthmore, es reconocido generalmente como uno de los primeros blogueros.
Los primeros blogs eran simplemente componentes actualizados de sitios web comunes. Sin embargo, la evolución de las herramientas que facilitaban la producción y mantenimiento de artículos web publicados y ordenados de forma cronológica, hizo que el proceso de publicación pudiera dirigirse hacia muchas más personas, y no necesariamente a aquellos que tuvieran conocimientos técnicos. Últimamente, esto ha llevado a que en la actualidad existan diversos procedimientos para publicar blogs. Por ejemplo, el uso de algún tipo de software basado en navegador, es hoy en día un aspecto común del blogging.
El término weblog fue acuñado por Jorn Barger el 17 de diciembre de 1997. La forma corta, "blog", fue acuñada por Peter Merholz, quien dividió la palabra weblog en la frase "we blog" en la barra lateral de su blog Peterme.com en abril o mayo de 1999. Y rápidamente fue adoptado tanto como nombre y verbo (asumiendo "bloguear" como "editar el weblog de alguien o añadir un mensaje en el weblog de alguien"). Fuente wikipedia