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domingo, 30 de septiembre de 2018

₰18 Menudos calambures

Uno de los eventos que más disfruté en las pasadas fiestas de Salamanca fue la marcha de constelaciones con que deleitó el grupo Spasmo Teatro. Su alusión al Cielo de las Escuelas Menores estuvo llena de ingenio y belleza plástica. Y por eso envié una foto, a modo de invitación, sin sospechar que algo de ella volvería a presentarse en pocos días, en otro lugar, a más de dos mil kilómetros:

Astros en Compañía

Por aquello de la carne transparente, elige: Burro o Paco
Quizás por su influjo, la coincidencia o qué se yo, pero quise componer algo y, como estaba en harina de calambures, pergeñé el siguiente:

El asno alado de uno,
culto, ilucido vecino.

viernes, 20 de julio de 2018

₰12: El crimen de M.W.


Las vacaciones, aparte de sus beneficios obvios, pueden ser el momento ideal para plantearse algo (o todo) desde una perspectiva diferente, aprovechando esa salida de lo que vienen en llamar el lugar de confort. De la azarosa elección de Carpatia (que suena bastante mejor que la Rumanía romántica de la agencia) puedo sacar tres ideas (que no pretendo que se tengan por originales): la absoluta ignorancia que tenemos sobre esa zona (y me da igual que hablemos de historia, arte, costumbres e incluso tópicos), que el romanticismo y los procesos intelectuales que llevan a este pensamiento parten del observador que se tiene por más civilizado y, finalmente, que donde no hay misterio, tendemos a inventarlo.
En esta última está el germen del siguiente microrrelato, un divertimento para noches de caluroso insomnio, aunque ciertamente hayan sido escasas, que he titulado el crimen de M. W. (homenaje a la gran dama del misterio, sin ser las siglas de su nombre).

El inspector lo había planteado como homicidio con ocasión de robo, para disgusto de los deudos, que reclamaban un (convenientemente) desaparecido diario, que desvelaría los celos de su consorte y los entresijos de su relación con un mancebo, que recibía amenazas de airear sus devaneos, por lo que a nadie le extrañó que, no pudiendo justificar su posesión de ciertos presentes, tomara las de Villadiego, y al que menos, a su albacea, que rastreaba transacciones a favor de un monje, ausente desde la víspera de autos y receptor tres días después de una esclarecedora misiva de la difunta. O no.

sábado, 7 de julio de 2018

Don't get me wrong

Creo que estábamos en los postres cuando la conversación derivó a un terreno insospechado. Comenzaban los primeros acordes de Don’t get me wrong, que, más allá de la nostalgia, es una canción que creo nos gusta a todos por que iguala a hombres y mujeres en sus sentimientos contradictorios cuando se sienten enamorados; a mi particularmente por asociación con Peter´s friends y supongo que lo mismo le pasa a otros con Bridget Jones’s diary. Dos películas que la incluyen en su banda sonora. Los muy freakys recordarán que el videoclip incluía escenas de The Avengers (la serie británica), con Chrissie Hynde haciendo de Emma Peel.
Don't get me wrong
if I'm acting so distracted
I'm thinking about the fireworks
that go off when you smile.
Para cuando regresé al mundo, mis amigos ya hablaban de violencia de género y lo diferentes que eran las relaciones en las sociedades animales. En concreto, la de los leones. Y pensé que ya era hora de que llegaran las vacaciones, para retozar perezosamente como un león hasta la hora de comer, amar y dormir.
Unas horas más tarde seguía dándole vueltas a estos temas, intentando traer un recuerdo de algo leído hace bastantes años. Se trataba de un relato originariamente titulado The world the children made, de R. D. Bradbury, aunque yo lo había descubierto primero en un pase en la TVE del film The illustrated man. Tomo prestada de él la idea y algunas impresiones para las siguientes líneas, con la economía acostumbrada.

₰11: Vacaciones en la sabana

Un día nos dimos cuenta de que ya habíamos estado en todos los lugares que siempre habíamos querido visitar. Decidimos entonces acondicionar una sala donde aglutinar cada recuerdo, aunque fue Rai quien la construyó siguiendo nuestras especificaciones. En sus paredes se reproducen en fabulosa tridimensionalidad los datos del hipocampo. Ya no anhelábamos las vacaciones. En cualquier momento, al salir del trabajo o de una reunión, podíamos disfrutar de nuestro retiro. Al cabo de un tiempo, apenas abandonábamos un claro de la sabana donde refocila una manada de leones tras dar cuenta de alguna incauta criatura, cuyos gritos… suenan a conocidos.

domingo, 13 de marzo de 2016

§63 Res in dominum

Una de las desorbitadas sugerencias a que se ha aludido entre las que acabaron por unirse a la ballena blanca en las mentes propensas a la superstición, era la convicción sobrenatural de que Moby Dick era ubicuo, y que se le había encontrado de hecho en latitudes opuestas en un mismo instante de tiempo. Y, por más crédulas que debían ser tales mentes, esa convicción no carecía por completo de algún leve vislumbre de probabilidad supersticiosa.
Herman Melville, Moby Dick, cap. XLI
Leía una crítica hace pocos días en la que el autor se preguntaba si realmente tenía sentido realizar una película bajo los mismos planteamientos que hace una o dos décadas, si aportaba algo nuevo sobre su predecesora y si denotaba un agotamiento de las ideas en el cine estadounidense (Quim Casas, "Zoolander Nº 2, Vacaciones en Roma" en Dirigido por, nº 464, marzo 2016). Esas mismas preguntas referidas a Ben Stiller y la comedia americana actual pueden aplicarse a la totalidad de la producción destinada al gran público. Sin ir más lejos, en pocos meses hemos asistido al renacimiento de Star Wars, Mad Max y Jurassic Park a las que seguirán Independence Day, Ghostbusters y una lista —creo— interminable.
Habiendo más mentes dedicadas únicamente a explorar nuevas posibilidades que hace décadas ¿es sensato hablar de escasez? En términos absolutos, no lo creo. Ha crecido la demanda y eso se debe casi exclusivamente a la universalización del uso de nuevas tecnologías, que han conseguido modificar nuestras costumbres en poquísimo tiempo —¿quién no tiene la sensación de que alguien tenga pulsado permanentemente el botón fast-forward?—. El acceso a enormes catálogos de contenidos es fácil, instantáneo e individual. Y su coste se ha asumido como algo necesario y básico, equiparable al suministro eléctrico, de agua y calefacción.
En un ejercicio una amiga me cuenta que preguntó a sus alumnos qué objetos llevarían consigo si sobrevivieran a un apocalipsis y que en todas las listas estaba el teléfono móvil (y había una ausencia elocuente de libros). Cuando interrogó a una porqué respondió simplemente "es que si me quitan el móvil me muero".

Una vez establecida la dependencia el siguiente paso era suministrar un flujo constante de contenidos que aseguren los ingresos. La televisión lo tenía fácil con las series. El cine ha incorporado esa misma fórmula con las sagas: empezó con las literarias a las que siguieron las de simple adición o explotación.
En este caso, para no recibir la consideración del denostado remake han ideado el mucho más favorable reboot o renacimiento, que no es más que una puesta al día de intérpretes y contenidos con ingentes homenajes (la mención explícita en la escena a Hammond, el visionario creador del primer parque, remarca el continuismo). Y la novedosa incorporación a un "universo", donde se van añadiendo otras producciones con las que se interconectan. Digo novedad, referida al cine, porque ya se había probado con éxito con el cómic (Marvel Super Hero Contest of Champions, 1982). No es casualidad que el primer universo cinematográfico coherente lo haya establecido la propia Marvel (con permiso de DC, que va con retraso).
Con todo ello no niego la predisposición nostálgica de otra parte del público, acuciado por las consecuencias de la crisis económica; como tampoco la conveniente revisión cíclica que se hace de los "clásicos", quizás para mantener vigentes la idea de autoría, como la galería de monstruos de la Universal.

"Todo lo que no es tradición es plagio", aforismo de Eugenio D'Ors en el Casón del Buen Retiro
De hecho, he visto recientemente invorcar la nostalgia como argumento de peso, en su forma de si mantiene (o no) "la esencia" de tal y pascual; sobre todo referida a Lucas y Spielberg, quienes ya la habían utilizado inteligentemente en los 80 y los 90 en sus sagas, que retomaban el serial de los años 30 de Republic Pictures y Columbia (El llanero solitario, Flash Gordon, The Green Hornet, Superman y Batman, por poner ejemplos), que a su vez se inspiraban en el folletín y la novela de aventuras a la pantalla.

Escena de Jurassic World (2015) de Colin Trevorrow

Este corte me llamó la atención como lograda metáfora de lo que son y se busca con los blockbusters —con más dientes y tan inteligentes como pueda ser un dinosaurio— y cómo el cine tiene la capacidad de fusionar pasado-presente-futuro en un mismo espectáculo para todos los públicos; lo más normal es centrarse temporalmente para revisar el pasado, retratar el presente o especular sobre el/los futuro/s.
El juego de miradas de reconocimiento evidencia el recurso al sempiterno tema de la bella y la bestia, con la particularidad de jugar con las identificaciones; inteligencia y “temibilidad” —más que peligrosidad, si se me permite la licencia— evolucionan de forma inversa a lo largo de la historia.
Para terminar refiriéndose a esa cualidad inusual del color blanco que la relaciona —creo yo— directamente con la obra de Melville, que demostraba cómo el blanco destaca tanto la belleza y virtud, dando múltiples ejemplos de objetos y animales, como extrema el terror que puede llegar a producir:
“Era la blancura de la ballena lo que me horrorizaba por encima de todas las cosas.”
Ibid, c. XLII.
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El folletín (del francés feuilleton, diminutivo de feuillet, 'hoja', página de un libro) es un género dramático de ficción caracterizado por su intenso ritmo de producción, un argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica. Recurre principalmente a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. Y aunque propio de las novelas por entregas, se ha dado también en otras manifestaciones, siempre con características similares. Es, en palabras de Jesús Cuadrado,
El género popular por antonomasia; y es la esencia de la cultura popular en cualquiera de sus facetas. Es, también, la cualidad evidente que el lector o espectador —sujeto pasivo— acepta sin extrañarse. Las coordenadas no variables de su privada gramática son, a su vez, la ética del mensaje.
«Los folletines divinos de San Juan Iranzo, que estará en los cielos», 1999
La exigencia estética de este género no suele ser muy acusada (aunque grandes escritores pudieron ver así publicadas sus obras) como consecuencia de la forma en que son producidas y pagadas, así como el medio por el cual son difundidas. Dado que se realizan a medida que son publicadas, las obras no siempre obedecen a un plan previo, aparecen incongruencias en la conducta de los personajes y no hay una presentación adecuada de las tramas secundarias. Además suele haber una distinción maniquea de buenos y malos, entre los que abunda el científico loco y el encapuchado.


Ya en las novelas decimonónicas, a veces se hinchaba el estilo o se alargaban los diálogos con monosílabos para ocupar más folios, porque se pagaba a los autores por hoja escrita (costumbre que conservan los notarios). Esto derivó en que los autores ya consagrados contrataran a personas que trabajan para ellos. Dumas, por ejemplo, llegó a tener setenta y tres colaboradores (o negros). Domina el adjetivo común, la metáfora tópica y la descripción pintoresca de paisajes exóticos.
En lo temático, se prefiere lo exagerado, lo exótico, lo crudo. Los actos de violencia, los raptos, los adulterios y la muerte del padre (hoy prima el trauma infantil por divorcio de los padres, superados los huerfanitos de Disney). Sus finales son siempre tristes o trágicos.
Otra característica del folletín es que está dedicado a todos los públicos, con independencia de edad, sexo y condición social (aunque las mujeres históricamente hayan sido más aficionadas al mismo). La horizontalidad de sus tramas y la técnica del suspense lo convierte en un producto con una fuerte capacidad de fidelización. Fuente wikipedia

lunes, 7 de diciembre de 2015

§50 El incordio viridiano

—¡Es una maqueta!
El escudero Patsy a las puertas de Camelot en Los Caballeros de la Mesa Cuadrada y sus locos seguidores (Terry Jones y Terry Gilliam, 1975)
Para el cincuentenario he reservado una película especial. Al menos lo es para mucha gente que conozco. Además viene a coincidir con el largo puente de diciembre y la invitación a disfrutar de unas merecidas vacaciones en casita. Eso es lo que también desean los Maitland en Bitelchús (1988), cuyo tema central es que no hay nada como el hogar y qué azaroso es preservarlo de los intrusos.
Aunque la película es de sobra conocida, he seleccionado una escena que, por incluir ideas difíciles de trasladar, pierde su fuerza en nuestro idioma. Desarrolla el momento en que Otho y Delia salen para hacer bombing por la casa con sprays que él lleva encima —como colores corporativos—, juzgando todo lo que encuentran. 
Todas las salas parecen tener el mismo aspecto. Y en verdad todas reproducen el mismo motivo floral con variaciones en los tonos. Son regalos que Adam le ha ido haciendo a Barbara (cuando le entrega uno al comienzo le dice que es para que decore la habitación de invitados), lo que le da un nuevo —doble, triple— significado a la expresión "rollo de papel".

Escena de Bitelchús (1988) de Tim Burton

En la primera habitación Delia garabatea Mauve (malva, color de la flor malva, mallow flower) con su aerosol —lo cual no denota ningún ingenio por su parte ya que en castellano son homógrafas, como rosa; yo hubiera utilizado "malvado"—, que es homónima del apellido del pintor Anton Mauve (1838-1888); bastante popular entre los estadounidenses por sus temas agropecuarios y en cuyo estudio trabajó Van Gogh.
En el armario encastrado —empotrado es más habitual, pero creo que este sinónimo le da fuerza— cuelgan, además de Geena Davis, los trajes de boda preservados en plástico —esto siempre me ha recordado al retrato de Dorian Grey, porque parece que envejecen, en todos los sentidos, más que tú, aunque sólo es una vana ilusión—. Para enfatizar que están pasados de moda Otho los llama Ozzie y Harriet, título de una sitcom americana de los 50, todo un fenómeno televisivo por su persistencia durante quince temporadas, que, evidentemente, se fue quedando anticuada; contaba las peripecias de una familia auténtica, a la que llegarían a sumarse las mujeres de sus hijos... uno de los cuales era el malogrado cantante Ricky Nelson —del que seguro conoces la canción Hello, Mary Lou—.
Rick haría su mejor papel en Rio Bravo (Howard Hawks, 1959) en la que cantaba una canción a dúo con Dean Martin titulada My Rifle, Pony and Me. Incluyo este detalle porque su estrofa final comienza: No more cows to be ropin' (Sin vacas para lanzar, sería una posible traducción). Apelo a la paciencia del lector por esta línea argumental que justificaré más adelante.
La siguiente es "otro cuarto de baño", que no tiene la mala leche de "una letrina interior" (indoor outhouse), como originalmente la denominan, de paso a otro cuarto que etiqueta (tagging, siguiendo el argot graffitero) como viridiano con gran afectación. El guión vuelve a jugar con las palabras: Viridiano es un color verde esmeralda compuesto de óxido de cromo hidratado (2Cr2O3 · H2O ó CrO3 · 2H2O), transparente, de tono intenso y moderadamente tóxico. Este pigmento se ha detectado en numerosas obras de impresionistas franceses, en particular de Van Gogh. Suena como el film de Luis Buñuel, y la relación se establecería por el ruralismo y las ideas arcáicas que critica; pero, para el espectador, ellos son los intrusos entroncados con aquellos vagabundos que abusaban de la hospitalidad de Viridiana (1961).
Y finalmente el despacho, de estilo rústico: —Deliver me from L.L.Bean— (librame del Leroy Merlín, o algo así diríamos hoy). Esta es una empresa que se dedica a la venta por correo, sobre todo de ropa, a comunidades atrasadas o alejadas de las grandes poblaciones.
Como culminación, subimos las escaleras hasta el ático, donde está la maqueta del pueblo, que un poco después va a ser el escenario de un anuncio publicitario del bio-exorcista número uno de la otra vida, un Rumpelstilzchen de los muertos y, como él, de nombre impronunciable: Betelgeuse. El mismo que una estrella supergigante roja de la constelación de Orión. Supongo que lo importante es que se parezca la fonética y que se pueda pronunciar tres veces seguidas.


El caso es que aparece montado sobre una vaca, aunque sea una miniatura de este desquiciado belén (que es un cementerio), sin motivo aparente, lo que me lleva inexorablemente a recordar la expresión "Fetchez la vache" (ve a buscar la vaca) de la citada película de los Python.
—Como es la tercera alusión espero que no lo tome como una invocación, ... aunque sería más correcto decir evocación... La vaca, claro—.

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Betelgeuse, también llamada α Orionis o HIP 27989, es una estrella brillante del tipo supergigante roja. Es la novena estrella más brillante en el cielo. Su color característico proviene de las bajas temperaturas de su superficie (unos 3000 K). El estado evolutivo de la estrella es avanzado: ha pasado ya la etapa más importante de su vida, la secuencia principal, ha agotado ya el combustible en su núcleo que le proporcionaba energía (por fusión del hidrógeno), después de lo cual aumentó su tamaño hasta las enormes dimensiones actuales.
Su brillo es muy intenso. Aunque es la estrella α de Orión, no es la más brillante de la constelación en luz visible, ya que Rígel (β Orionis) la supera en este aspecto; pero en luz roja e infrarroja cercana, Betelgeuse sí es la más brillante.
El origen de su nombre es árabe, yad al-jawzā (‘la mano de Jauza’), siendo Jauza una figura mitológica de sexo femenino, inicialmente identificada por los antiguos árabes en el firmamento con Géminis y posteriormente asociada con la constelación de Orión. Durante la Edad Media este nombre fue transcrito al latín y malinterpretado por lo que se convirtió en "Bedalgeuze" y de ahí al actual.
Aunque es el uso el que tiene que definir la corrección o no de la pronunciación de un término, dados sus orígenes, se puede aducir que la pronunciación más adecuada está muy cercana a la que le daría de forma intuitiva un hispanohablante.
Pronunciaciones como la popular inglesa homófona de Beetlejuice, u otras como Betelgeux o Betelgés, están mucho menos justificadas por la etimología. En el pasado se usó la forma castellanizada Betelgoso. Fuente wikipedia

P.D.
TYRELL: La luz que brilla con el doble de intensidad dura la mitad de tiempo. Y tú has brillado con muchísima intensidad, Roy. Mírate, eres el hijo pródigo. Eres todo un premio.
Blade Runner (Ridley Scott, 1982)
ROY: Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión...
Ibid.
¿Resultará que hemos encontrado por fin al quinto replicante?

sábado, 4 de julio de 2015

§23 El mapa de la arqueóloga

Había visto Las Ruinas, de Carter Smith, en 2008 y me gustó bastante la forma que tiene de sugerir terror. Y, desde luego, no me pareció una ópera prima. Si bien el esquema es el típico de jóvenes que se alejan inconscientemente del camino y pagan religiosamente con su vida las consecuencias (La Matanza de Texas, de Tobe Hooper), la culpa probablemente sea de la novela de Scott Smith.
Cuando he sentido la tentación de reverla, seguramente por la ambientación estival, he descubierto un pequeño trozo que casi me pareció un chiste. Cuando se ve en contexto se entiende perfectamente su función en la película, como asidero de esperanza de los protagonistas.
Pero si se ve con ojos del 2015 descubrimos a un impaciente americano que va a organizar un grupo; a un griego que intenta copiar una ruta, que le muestra el alemán, para otros griegos, más inconscientes que dormidos, aunque dudemos mucho de puedan interpretar o saber de qué se trata (el rescate griego, pero al revés).
Cuando estaba extrayendo la escena de la película, estando fuera de contexto, descubrí otra broma. Literalmente se dice que está copiando el mapa de la chica para sus amigos. Y la respuesta es que a sus amigos les vendría bien un mapa. Como si de anatomía se tratara. El caso es que la respuesta procede de un estudiante de medicina y (en español) con la voz de Sheldon, de Big Bang Theory. (¿Ah, que también sale este chico en La Matanza de Texas? Pero será en la del 2003).
Por otra parte, el sueño de los griegos, según la mitología clásica, era determinado por los oniros, responsables de dar noticias a los humanos con sus apariciones. ¿Pudiera ser todo el sueño etílico de unos griegos en la playa antes de una excursión a una pirámide maya? ("que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son", de Calderón de la Barca). Ahora tienes que verla (mejor leerla) para dar una respuesta con conocimiento.
Los sueños dan mucho juego en las tramas cinematográficas, de ahí la fábrica de sueños.

Escena de Las Ruinas (2008) de Carter Smith


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Ovidio cuenta en Las metamorfosis que Morfeo duerme en una cama de ébano en una cueva sutilmente iluminada, rodeado de flores de adormidera (que contienen alcaloides de efectos sedantes y narcóticos). También cuenta que mientras sus hermanos Fobetor y Fantaso eran responsables de los animales, los objetos inanimados, y apariciones de los sueños, Morfeo se centraba en los elementos humanos. Fue castigado por Zeus por haber revelado secretos a los mortales a través de sus sueños. Fuente Wikipedia