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viernes, 20 de julio de 2018

₰12: El crimen de M.W.


Las vacaciones, aparte de sus beneficios obvios, pueden ser el momento ideal para plantearse algo (o todo) desde una perspectiva diferente, aprovechando esa salida de lo que vienen en llamar el lugar de confort. De la azarosa elección de Carpatia (que suena bastante mejor que la Rumanía romántica de la agencia) puedo sacar tres ideas (que no pretendo que se tengan por originales): la absoluta ignorancia que tenemos sobre esa zona (y me da igual que hablemos de historia, arte, costumbres e incluso tópicos), que el romanticismo y los procesos intelectuales que llevan a este pensamiento parten del observador que se tiene por más civilizado y, finalmente, que donde no hay misterio, tendemos a inventarlo.
En esta última está el germen del siguiente microrrelato, un divertimento para noches de caluroso insomnio, aunque ciertamente hayan sido escasas, que he titulado el crimen de M. W. (homenaje a la gran dama del misterio, sin ser las siglas de su nombre).

El inspector lo había planteado como homicidio con ocasión de robo, para disgusto de los deudos, que reclamaban un (convenientemente) desaparecido diario, que desvelaría los celos de su consorte y los entresijos de su relación con un mancebo, que recibía amenazas de airear sus devaneos, por lo que a nadie le extrañó que, no pudiendo justificar su posesión de ciertos presentes, tomara las de Villadiego, y al que menos, a su albacea, que rastreaba transacciones a favor de un monje, ausente desde la víspera de autos y receptor tres días después de una esclarecedora misiva de la difunta. O no.

miércoles, 1 de abril de 2015

Declaración de intenciones

Cuando empecé a esbozar la idea de ir registrando las impresiones que surgían al ver todo tipo de películas, una de mis aficiones,  no sabía que iba a terminar volcándolos en un blog. En realidad, no pretendía más que no se perdieran "como lágrimas bajo la lluvia". Esa idea de la perdurabilidad, remedo de inmortalidad, pero sin adornos de notoriedad, que buscas cuando no sabes que no tendrás descendencia. Supongo que el hecho de perder algunos seres queridos en poco tiempo ha hecho que me plantee más seriamente cuán preciado es el tiempo.
Y escaso, me temo.
La vorágine del día a día apenas deja un respiro para la reflexión, al menos así lo siento ahora. Por ello, no pretendo hacer una obra que me agote rápidamente. Solo unas notas de cada impresión.
Pero ¿cómo glosar una película?
¡Mejor una escena! Una selección bajo unas sencillas normas y un comentario al margen.
Si consigo (volcarme) que el collage resultante tenga una cierta coherencia y sirva para algo, ¡mejor!, pero a mi me servirá para detenerme a reflexionar sobre asuntos que hasta ahora solo pasaban fugazmente por mi pensamiento.
Esto es coherente, creo, con algo que escribía solo hace unas fechas en otro lugar, a modo de presentación:

Este es un proyecto que nace de las vísceras, por lo que, antes de nada, pido disculpas por la falta de un objeto concreto, que seguramente exista, pero no sé aún muy bien cuál será. Lo iré desvelando según lo vaya vislumbrando. Pero el motivo inicial es intentar mostrar esos momentos cinematográficos que me han impresionado y que, por algún motivo, no han recibido un gran eco. Este será su espacio.
Ya he establecido algunas condiciones, que no serán cinco y que se intentará cumplir:
  • duración máxima 5 minutos;
  • no habrá cortes, ni montaje, ni efectos especiales, para preservar la integridad del original;
  • deberán contar una historia completa;
  • no desvelarán detalles importantes del film;
  • se justificará el motivo de su elección;
  • y se evitarán las escenas más famosas, no se trata de elegir las mejores.
Por último, se eliminará el acceso público de las imágenes a la primera notificación de los propietarios legales.

Comenzaré en breve, revisando las primeras entradas, ya que todavía no he encontrado la forma que más me convenza de mostrarlas. Comienzan en YouTube y pasan por Google+ y Facebook, ahora aparecerán en blogger.
Si os parece bien, acompañadme.
¡Claqueta! (*)



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Frank W. Thring, cineasta pionero australiano, ideó un método para relacionar imágenes y audio grabadas, apuntando en una pizarra datos básicos, a la que añadió una tablilla que sirviera al cerrarse como punto de partida para la sincronización. En realidad no se puede confirmar su autoría de la claqueta, pero sí que fue el Herodes de Ben-Hur (1959). Fuente Wikipedia