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viernes, 6 de enero de 2017

§78 El argumento del tercer hombre

Los chinos utilizan dos pinceladas para escribir la palabra crisis. Una pincelada significa peligro, la otra, oportunidad. En una crisis toma conciencia del peligro, pero reconoce la oportunidad.
In the Chinese language, the word "crisis" is composed of two characters, one representing danger and the other, opportunity.
John F. Kennedy (discurso en Indianapolis, 12-04-1959)
LISA: —The Chinese have the same word for crisis as opportunity.
HOMER: —Yes, Crisitunity, you're right!


Todos hemos sido niños alguna vez. Y por ello, crédulos.
Durante un tiempo la fórmula [crisis = peligro + oportunidad] tuvo tanto predicamento que parecía una moraleja sacada de una fábula de Esopo o Samaniego o de El arte de la guerra —para mantener el toque oriental—.
Aunque cuando alguien me suelta del tirón la cita le concedo un tiempo adicional para que la culmine haciendo referencia a Lisa o Los Simpson en un guiño a mi complicidad. En su defecto, deseo con fervor que apunte el socorrido "alguien dijo", restándole la seriedad justa para que lo pueda tomar como una muestra más de la sabiduría popular —no es desprecio, simplemente que no está lejos de la cháchara insustancial—. Lo que me parece lamentable es que se conozca la autoría de Kennedy —tampoco es desprecio, sino tristeza, por lo que prosigue—.
La era de los buscadores de Internet nos ha privado de muchos momentos de animada controversia y algún que otro 'qué te juegas' que nunca debió producirse en un bar. Pero creo a pocos tertulianos rebuscando la cita en el discurso de Indianápolis del 12/04/1959. Y aquí incluyo a los auténticos culpables, a todos los que han copiado la decorativa traducción de las pinceladas en sus libros, sus clases y sus webs y que por pereza la han reducido al contenido de una galletita de la fortuna —cuyo origen no es China, sino San Francisco y Los Angeles (ver wikipedia)—.
When written in Chinese, the word "crisis" is composed of two characters - one represents danger and one represents opportunity. The danger signs are all around us. With less than half our productive capacity the Soviet Union has at least equalled us in several crucial areas of military science and technology. Since World War II a devastated Russia has rebuilt its factories, harnessed its rivers and regimented its manpower in such a way as to challenge us in many fields of science and technology where we were for so long supreme. Sputnik is a symbol - the symbol of Soviet concentration on scientific education and development - at the expense, it is true, of the immediate needs of the Russian people. Fuente jfklibrary.org
¿No es esto un panfleto?
Lo que me lleva a concluir que la mayoría, durante esta crisis hemos tenido que buscar motivación o consuelo en algún consultor. O nos lo ha procurado la empresa para la que trabajamos.
Sin tener que acudir los argumentos que desmontan su lógica (se cita un artículo de Victor H. Mair, de la Universidad de Pennsylvania, p.e. en la wikipedia) y que ésta pueda llevar a conclusiones dañinas del tipo: ¿cómo puedo utilizar la crisis en mi beneficio? me pregunto ¿qué rigor le supone cómo se escriba en China? La frase sólo es ejemplo de una oratoria brillante y, fuera de contexto, un buen mantra para repetir en una sesión de "emprendizaje".
Como decía, crédulos. Pero también muy influenciables.
He repasado el concepto de coaching, y me voy a aventurar a resumirlo, asumiendo los riesgos de tal práctica, como complemento de la escena siguiente:
  • se basa en el compromiso de un entrenador en que el alumno, dispuesto a realizar los esfuerzos necesarios, conseguirá ciertos logros en un plazo establecido;
  • se han de elegir unos objetivos concretos, diseñar un plan específico de acción y hacer comprobaciones periódicas para corregir dificultades particulares del sujeto
  • y la máxima efectividad exige un elevado grado de confianza recíproca.

Escena de  Los intocables de Eliot Ness (Brian de Palma, 1987):

Ya he comentado en alguna ocasión que, seguramente por algún desajuste de mi historia, tiendo a relacionar las relaciones laborales —solo puedo hablar de las que conozco— con el cine de gangsters. Si bien, en esta ocasión, los personajes están en el lado de los buenos (de los que no son gangsters, se entiende).
Y que me gustan las manzanas:
If you're afraid of getting a rotten apple, don't go to the barrel.
Get it off the tree.
(En mi opinión, barril queda mejor que cesto por aludir sutilmente al modo de almacenar alcohol) 
Claro que la estupenda Infiltrados (Martin Scorsese, 2006) se encargaría de probar que ni del árbol; algo que, por cierto, ya habían dicho unos chinos de Hong Kong en la no inferior, Juego Sucio (Andrew Lau y Alan Mak, 2002) en la que basa su trama.
El fragmento seleccionado contiene dos instantáneas, parte de una sucesión que concede a Sean Connery todo el protagonismo de un perfecto instructor (una relación tipo jedi-padawan). En ese momento siempre me pregunto ¿dónde se ha escondido este tío todo el tiempo? Porque con su carisma, si sigue vivo, tendría que ser el jefe de todos los corruptos.
Connery ganaría su Oscar por este personaje "secundario", aunque hay que recordar que sus anteriores trabajos en El nombre de la Rosa (Jean Jacques Annaud, 1986) y Highlander (Russell Mulcahy, 1986) le habían preparado convenientemente.
Y el personaje de Kevin Costner sí que queda en un segundo plano, lo que, por cierto, encaja muy bien con el hecho de que, si bien sus acciones hicieron mella, sobre todo económica, en la organización de Al Capone, fue Andrew Mellon quien logró llevarle finalmente ante la justicia y la condena por evasión de impuestos.
Pero hay que reconocer que la elección de Los Intocables como lema (es el principal motivo por el que se le recuerda) demuestra su gran aprovechamiento del curso y le hubiera capacitado para impartir.
Una de las críticas que suelen recibir los seminarios de liderazgo se centra en la superficialidad del método, que tiende a exacerbar los sentimientos de superación y competitividad a corto plazo, alimentando cierto grado de euforia casi etílica, pero que rinde resultados estériles a largo. Lo cierto es que Eliot Ness fue ascendido a jefe de investigación mientras su unidad era desmantelada, tras la operación, para hacer hueco a la Administración Federal del Alcohol en el año 1935.
En 1968, con la aprobación del Acta de Control de Armas, la agencia cambió de nombre a División de Armas de fuego, Alcohol y Tabaco, más conocida por las iniciales "ATF" (Alcohol, Tobacco y Firearms). En 1972, el Presidente Nixon firmó una Orden Ejecutiva que creaba una oficina separada para el Alcohol, el Tabaco, y las Armas de fuego dentro del Ministerio de Hacienda.

¿Y qué fue de Ness?


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En 1935 Eliot Ness fue nombrado Director de Seguridad por el alcalde de Cleveland. Allí se tuvo que enfrentar a los espeluznantes crímenes de El asesino del Torso, entre 1934 y 1938; que no solo no pudo resolver, sino que fue duramente criticado por utilizar prácticas propias de "los intocables", como prender fuego a un campamento de desocupados (wikipedia) o del brutal interrogatorio al que fue sometido Frank Dolezal, que aparecería convenientemente ahorcado antes de ser juzgado (El Español). En 1942 se trasladó a Washington para luchar contra la prostitución (no encontré nada de sus logros). En 1947 se presentó para la alcaldía de Cleveland, tras una serie de infructuosos negocios. También sin éxito. Se divorció por segunda vez y comenzó a pasar la mayor parte de su tiempo libre en bares bebiendo y contando sus viejas historias sobre sus años luchando contra el crimen organizado. Por aquella época trabajaba como electricista, dependiente e incluso vendiendo hamburguesas congeladas para ganarse la vida, hasta que una empresa, en 1953, especializada en poner marcas de agua en documentos y papeles oficiales le contrató por su experiencia como agente de la ley. Se trasladaría con posterioridad a Pensilvanía tras una reubicación de la empresa, para morir el 16 de mayo de 1957 de un ataque al corazón.
Casi cuarenta años más tarde, sus cenizas, olvidadas en el garaje de un pariente lejano, fueron arrojadas en la laguna del cementerio Lake View de Cleveland. Fuente La historia compartida de César del Campo de Acuña.

P.S.: Por cierto, Sputnik, Спутник, puede traducirse como 'compañero de viaje' —¡no sabía dónde ponerlo!— y el término blueness no es ninguna contracción de blues de Eliot Ness.
... más triste que un torero al otro lado del telón de acero
Joaquín Sabina

lunes, 2 de mayo de 2016

§71 El archipámpano de las pulgas

Es casi seguro que la afición al cine venga determinada por la costumbre de los padres de contar un cuento al acostarnos. No tiene una razón en la continuidad con las tareas diarias, por lo tanto debe haber una relación con el mismo hecho de concluir el día y el paso a una experiencia necesariamente individual para la que nunca considerarán que nos han preparado suficientemente. De ahí las plegarias, para invocar lo benéfico, y los cuentos, evocadores de situaciones que, por muy difíciles que se planteen, se conjuran con un final feliz amañado. Con los años he olvidado (sino renunciado) hacer mis oraciones, pero continuo terminando el día con mi dosis de ficción que me permita apartar la mente de las azarosidades diarias, sabiendo que esas nuevas tramas me son ajenas y, aunque pueda haber cierta identificación con los personajes, predomine la incredulidad.
Sea por ello que esta película, más que otras por este motivo, me incite a escribir sobre las distintas lecturas que se llegan a dar a una misma historia. Ya no solamente de la distorsión que puede haber entre espectador y director; cuando leo inconscientemente los títulos de crédito del final de las películas siento por igual respeto y vértigo por la cantidad de personalidades que han literalmente manipulado la información bajo la batuta que imaginamos como la dirección. En el caso de la tradición popular es incluso más rica.
La base de los cuentos se encuentra en el cotilleo, la comidilla que por recurrente llega a rumor y chisme antes de llegar a cuento; y de ahí a leyenda, novela o historia y finalmente a mito (del griego mythos, cuento). La persistencia de los cuales se debe a su función moralizadora y al transmitirse oralmente se adapta sutil, primero, y manifiestamente, después, en pugna por mantenerse vigente ante nuevos gustos y las nuevas finalidades que se les quieran dar. Más o menos hasta quedar fijados por algún erudito que haga acopio de ellas, sin perjuicio de continuar evolucionando o de las mutaciones por traslado a otras lenguas o inclusión en nuevas colecciones.

La Mafia también es un sifonáptero familiar

La intención de Giambattista Basile en El cuento de los cuentos (c.1632) no parece ser sólo de compendiar relatos moralizadores como en la Edad Media o divertimentos al modo del Decameron; si reproduce la excusa que le da estructura de jornadas, por lo que es conocido también como Pentameron, pero con una idea más cercana a la de Las mil y una noches (Alf Layla wa-Layla) que, por cierto, no era conocida en Occidente en aquellas fechas. Sus relatos (es evidente que los hizo suyos) sirven de continente de la sabiduría popular y sus fantásticas imágenes, que habían quedado fuera de la obra de Bocaccio:
[un bosque] donde los árboles hacían de empalizada a un prado para que no fuese descubierto por el Sol, los ríos se quejaban porque al avanzar por la oscuridad tropezaban con las piedras, y los animales silvestres, sin pagar tributos, disfrutaban de su Benevento [ciudad asilo perteneciente a los Estados Pontificios] y se desplazaban a salvo por toda esa maraña.
Esto me lleva a la decisión de Garrone de llevar a la pantalla su particular visión, que no es la de la tradición, ni la del escritor —más en la línea de Passolini o de Fellini, salvando los resultados—. Su relato trata de imbricar las historias de tres reinos cuyos monarcas actúan de forma caprichosa e irresponsable, como metáfora de lo que ocurre en la Europa actual, dejando imágenes tan poderosas que probablemente despisten al espectador de la crítica implícita.
El argumento de La pulga (pasatiempo quinto de la jornada primera) queda resumido en el encabezamiento del propio Basile:
Un rey, que tenía poco en qué pensar, cría una pulga hasta que ésta se vuelve gorda como un castrado, la manda entonces desollar y ofrece su hija como premio a quien sepa decir a qué animal pertenece la piel. Un ogro la reconoce por el olor y se lleva a la princesa, que luego es liberada por los siete hijos de una vieja, mediante igual número de pruebas.
Solo se me ocurre añadir que si en los sucesos de Altomonte pueden verse trazas transalpinas, para el reino de España se hubiera utilizar La vida del Buscón, que por algo es contemporáneo, díscolo y más cercano de lo que aparenta.

Escena de El cuento de los cuentos (2015) de Matteo Garrone [Sustituida por el trailer a raíz de la reclamación de Rico Management, causante del cierre de muchos canales YouTube y, por lo que dicen, imposible de contactar]


De la lectura del original de Basile para este fragmento, que debería haber incluido las siete proezas de cada uno de los hijos contestadas por tantas réplicas del ogro —queda para otro tipo de película—, se llega al ataque furibundo del marido ultrajado (guste o no, legítimo) al carromato de los cómicos y su madre; la habilidad de escupefuego y el malabarismo de manzanas —¡siempre manzanas! no presentes en el cuento de las que llega a ofrecer una a Violet, pero no hay tiempo—evidencia que se trata de una troupe de artistas, ya presentes en segundo plano desde el comienzo. 
En 2002, durante un viaje a Bulgaria, Berlusconi compareció ante las cámaras para denunciar el supuesto "uso criminal" que tres populares personajes televisivos, los periodistas Enzo Biagi y Michele Santoro y el humorista Daniele Lutazzi, hacían de sus espacios en la RAI. Tras el edicto [búlgaro o de Sofia], los tres fueron despedidos [a estos les siguió Roberto Benigni]. Y las imágenes se enterraron en los archivos, porque ofrecían un aspecto de Il Cavaliere poco tranquilizador.
Fuente El País
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La Academia de los Ociosos o degli Oziosi fue creada en Nápoles en 1611, durante el virreinato del séptimo conde de Lemos, don Pedro Fernández de Castro, con la intención de reunir a los mayores ingenios que se encontraban en ese momento en la ciudad. Sus estatutos fundacionales permitían ser miembros de la misma a españoles, italianos y franceses, hombres y mujeres por igual (caso de la poetisa Margherita Sarocchi).
Su irónico nombre fue sugerido por uno de sus primeros socios, Francesco De’Pietri, por oposición al afanoso negocio, es decir, como noble actividad del espíritu, en la misma línea que su lema Non pigra quies o su símbolo, un águila vigilante en lo alto de una roca —y que me gusta interpretar como ¡no va a ser todo ganar dinero!—.
Inicialmente se permitió únicamente el empleo del latín y el toscano, tanto en las disertaciones verbales como en las composiciones literarias y científicas, pero la inclusión de un relevante e ilustre número de escritores españoles en un segundo momento hizo que se autorizara el uso de nuestra lengua, por otra parte conocida por la mayoría de los napolitanos medianamente cultos.
La visita de Quevedo a Nápoles propició su rápida admisión, por ser ya un escritor famoso y admirado, además de secretario y amigo íntimo del nuevo virrey, el duque de Osuna (Pedro Téllez Girón, también conocido como Miedo del Mundo), y que dominaba las tres lenguas. Se cuenta que disfrazado de pordiosero consiguió evitar ser ahogado en el Gran Canal, como se estilaba en esos tiempos, por unos sicarios que le tomaron por lugareño, mientras ejercía de enlace con el embajador español. Un mes después al no dar con él ni con el duque, quemarían sus retratos en la plaza pública, dando por concluida la llamada Conjura de Venecia.
Es muy posible que lo que más echara de menos de la Academia a su retorno fueran aquellos interludios semanales con los más eminentes ingenios napolitanos. Su Cuento de los cuentos es un evidente eco de Lo cunto de li cunti de Giambattista Basile, uno de sus contertulios habituales.
[Félix Fernández Murga, "Francisco de Quevedo, Académico Ocioso" en Homenaje a Quevedo (ed.) de Victor García de la Concha, p. 45 ss.]



domingo, 17 de enero de 2016

§56 Suerte contraria

De la muerte decía Epicuro que es algo que no debemos temer, porque mientras somos, la muerte no es, y cuando la muerte es, nosotros no somos. Con este razonamiento, verdaderamente aplastante —decía Mairena— pensamos saltarnos la muerte a la torera, con helénica agilidad del pensamiento. Sin embargo —el sin embargo de Mairena era siempre la nota del bordón de la guitarra de sus reflexiones—, eso de saltarse la muerte a la torera no es tan fácil como parece, ni aún con la ayuda de Epicuro, porque en todo salto propiamente dicho la muerte salta con nosotros. Y esto lo saben los toreros mejor que nadie.
Antonio Machado, Antonio de Mairena, en Poesía y Prosa, 1989, IV, p.2001
Una de las consecuencias que trajo consigo el éxito de las novelas de Stieg Larsson (la trilogía Millennium) fue la revitalización del thriller policial europeo y sus variantes. O, quizás, sus novelas encontraron el terreno abonado en un público que deseaba encontrar respuesta a sus temores, nacidos de la globalización de la amenaza terrorista, en los esfuerzos de aquellos individuos que se enfrentan cara a cara al crimen. O, simplemente, los vengadores solitarios son una tendencia que periódicamente regresa con nuevos bríos. Sea como fuere, en nuestro país vecino, Fred Cavayé ha encabezado una interesante revisión del polar francés centrada las relaciones familiares como motor emocional de sus personajes. Sus imágenes, llenas de acción callejera, intentan mostrar la vitalidad de esos sentimientos, muchas veces encontrados.

Escena de Mea culpa (2014) de Fred Cavayé

Me llamó poderosamente la atención la elección de utilizar en montaje paralelo una corrida de toros —en realidad, un esquema en pequeños cortes o estampas de los tercios, el arrastre y el saludo; quizás le faltó el paseíllo para redondear la faena—. Es muy poco frecuente fuera de la Piel de toro (o allende los mares en un puñado de países) y casi políticamente incorrecto en un país donde sólo está permitida la celebración de corridas en unas pocas ciudades del sur que conservan sus ferias.
Aunque no se menciona, la trama se desarrolla en Arlés. Durante la Pascua se llevan a cabo corridas españolas en la cual se mata al toro y que se precede de un encierro por las calles. Las corridas de toros se llevan a cabo en el anfiteatro romano, incluyendo corridas al estilo provenzal (courses camarguaises) en la cual no se mata el toro sino que un equipo de hombres atléticos tratan de quitarle la borla de los cuernos sin ser heridos por el toro.
En los últimos años los intentos de inclusión de la tauromaquia dentro del patrimonio cultural inmaterial francés han generado una fuerte polémica. Incluso mientras buscaba confirmación de algunos datos encontré una opinión que acusaba absurdamente a esta película de fomentar el maltrato animal —más bien al contrario, pues equipara la muerte del toro en la arena con una ejecución sumarísima, que además provoca la persecución del espectador que inocentemente la ha presenciado—.
La persecución de la sombra del niño, con ecos de El Tercer Hombre (Carol Reid, 1949) —otra vez—, me distrajo y estuve tentado de dejar el tema, pero algo recóndito hacía que no quedara satisfecho. Al fin y al cabo, una corrida no deja de ser una representación de la lucha de la civilización contra lo natural —despojada del halo religioso de los primeros ritos— en la que nos identificamos con el hombre, pero ¿y si fuéramos el toro?
Si se analiza despacio, hay mucha ficción en la consideración del toro de lidia como un animal violento. No hay que olvidar que se trata de un herbívoro (que no precisa atacar para alimentarse), al que se puede ver corretear tranquilamente en libertad por la dehesa y al que hay que tentar para que embista. El acoso y derribo de erales se realiza en campo abierto para los machos golpeándoles en las ancas con una garrocha, hasta siete veces si el ejemplar responde.
El protagonista de esta historia tiene una actitud tan abúlica, debido a un trauma, que llego a pensar si no será el castigo su mejor terapia. Con esto no quiero defender el uso de la violencia (tampoco de las corridas), solo que el shock le devuelve su papel de protector, que no duda en asumir, y su vida.
Su antiguo compañero de armas, que tiene sus propias motivaciones, le acompaña en la empresa que se convierte en un mano a mano, tanto en la acción, como en lo interpretativo. La presencia de Vincent Lindon y Gilles Lellouche en la pantalla es lo que más se ha valorado de la película —indiscutible, aunque creo que a los demás se les ha dejado muy poco hueco para lucirse—.

Francisco de Goya, Tauromaquia nº 20. Ligereza de Juanito Apiñani en Madrid.
 
Aguafuerte y aguatinta. 1814-16.
Saltar a la torera, acoso y derribo, mano a mano son tres expresiones que han aparecido en lo ya escrito, que se entienden perfectamente en cualquier contexto y que proceden del coloquial taurino. Pero hay muchísimas y sería un interesante juego introducirlas en cualquier texto o, mejor, sería una lástima que fueran estigmatizadas por su origen cuando el vulgar se las apropió con entusiasmo. Oler a cuerno quemado, echarse al mundo por montera, hacer novillos, cambiar de tercio, tirarse un farol, dar largas, estar al quite, escurrir el bulto, tener querencia, crecerse en el castigo, pinchar en hueso, dejar para el arrastre, dar la puntilla, salir por la puerta grande, hacer algo a toro pasado, dar la alternativa, estar hasta la bandera, pasar por alto, mirar al tendido, división de opiniones, coger al toro por los cuernos, verlos desde la barrera, conocer el percal, echar un capote y —me gusta especialmente— tener mano izquierda, son un buen puñado de expresiones que avalan la importancia que llegó a tener este espectáculo en la sociedad.
Hasta llego a pensar que no se entiende el castellano sin la lidia.
Y, metafóricamente, la película, entonces, la exalta.

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El descabello (actual) se inventó tras morir un espectador al volar el estoque de Belmonte (ABC Toros 15/07/2015)
Lunes, 6 de agosto de 1934. La plaza de La Coruña estaba llena hasta los topes, con aficionados de todos los puntos de España. La gente intentaba sin éxito conseguir una entrada para una corrida de máxima expectación. Ni un boleto quedaba. No era para menos: Juan Belmonte, Ignacio Sánchez Mejías y Domingo Ortega daban cuenta de una corrida de Albaserrada.
La felicidad que se respiraba en el ambiente duró poco. Cuando salió el primer toro, terciado como toda la corrida, el Pasmo de Triana lo recibió con temple. Pero al salir del primer quite fue prendido y volteado, por fortuna sin consecuencias. La faena, según escribía Eduardo Palacio en ABC, tuvo adornos, pero pinchó. Llegaría entonces la tragedia: «Intentó descabellar, y el toro le tiró un derrote a la muñeca derecha, saliendo despedido el estoque como una catapulta hasta las últimas filas del tendido 1, donde quedó clavado en el lado derecho del espectador».
...

Una semana después, el 18 de agosto, el ministerio de la Gobernación abrió durante un plazo de quince días una información pública para adoptar normas que evitaran, en lo posible, que saltara el estoque al tendido en la suerte de descabellar. Los más de cuarenta descabellos distintos que presentaron a un concurso fueron probados en el Matadero de Madrid. Ahí se modificaría el reglamento y nacería el verduguillo, con su «cruceta». Fuente ABC

jueves, 1 de octubre de 2015

§42 Chuletas al ajo cabañil

Un grupo pequeño de gente sincera (¡le garantizo que era sincera!), establecido y unido expresamente para trabajar por la causa de la libertad, había, al cabo de unos meses, conseguido sólo una cosa positiva y concreta: la creación entre sí de tiranía. Y fíjese qué tiranía... [...] Quiero decir, esta tiranía era, con relación a las ficciones sociales, una tiranía nueva. Y era una tiranía ejercida sobre gente esencialmente oprimida por las ficciones sociales. Era, todavía por encima, tiranía ejercida entre sí por gente cuyo objetivo sincero no era sino destruir tiranía y crear libertad.
El banquero anarquista, de Fernando Pessoa
Publicado por primera vez en 1922, en la revista Contemporánea (Nº 1, mayo, pp. 5-21)

Si no supiéramos que la película trata de las luchas de poder entre familias de la yakuza, bien podría ésta ser una reunión de ejecutivos de una empresa o de directivos de banca. ¿Porqué no? No nos engañe la violencia del lenguaje y la descalificación directa. El mundo empresarial ha asumido con naturalidad la ley del más fuerte. ¡Y qué decir de la banca! Con esta crisis, te puedes encontrar al que te concedió tu hipoteca tramitando la financiación del aparato que el dentista se ha empeñado en poner a tu hijo. Y contento, oye.

Escena de Outrage 2 (2012) de Takashi Kitano


Entre firma y firma te cuenta cómo las reuniones se fueron organizando en salas cada vez más pequeñas, como dando a entender que allí sobraban muchos. Aunque también por economía. O democracia. El nepote asi no tenía que girar la mirada y la bronca era más personal, aunque no te llamaras Pepe, ni trabajaras en la Agencia 2. Que si primero cambiaron los horarios para que fueras comido de casa. Que si luego subían la calefacción o si quitaron los botellines de agua y hasta los caramelos, para que el efecto de tragar saliva fuese más auténtico. Así conseguían mantenerte la cabeza bien caliente y los pies, lógicamente, en el otro extremo.
Al final de la arenga, el jefe, que se había reservado en segundo plano, recordaba con nostalgia los logros pasados y te recuperaba diciendo que si se conseguía el objetivo de tal o cual producto, como se había hecho siempre desde que él ocupaba el cargo, habría fundamento para parar los deseos de aquellos que defendían una reorganización general y se podrían conservar todos los puestos hasta que terminara la dichosa crisis. Que si la competencia no tenía ni producto, ni estaba organizada, por lo que era obligado arrebatarles su cuota de mercado. Y otras cosas como éstas.
Y como lo de los dientes es interminable, me he ido haciendo una idea muy cercana de por lo que han debido pasar. Así que me los puedo imaginar, salir en grupitos, quedando en voz baja para tomar una copa rápida y consolándose de que, al menos algunos, tenían empleados suficientes en los que descargar al día siguiente.
Eso sí, siempre añade alguna anécdota de cómo era todo, sobre todo antes del tiempo real —mucho más, antes de los ordenadores—, cuando tras un negocio, del camión se extraviaba un cordero que terminaba asado o al ajo cabañil, según el tiempo que faltara para el almuerzo. Después partidita de mus y completo —cafe, copa y puro— y se terminaba en algún lugar de carretera. Llegado a este punto siempre le corto con alguna excusa, más que nada por respeto a su señora, que bastante ha tenido.
Dan un poco de pena estos bancarios reciclados, claro que debe ser peor ser despedido de la yakuza.

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Fernando António Nogueira Pessoa, más conocido como Fernando Pessoa (1888-1935) fue un poeta y escritor portugués, considerado uno de los más brillantes e importantes de la literatura mundial y, en particular, de la lengua portuguesa. Tuvo una vida discreta, centrada en el periodismo, la publicidad, el comercio. Por la noche, escribía poesía: no escribía «su» propia poesía, sino la de diversos autores ficticios, diferentes en estilo, modos y voz. Publicó bajo varios heterónimos, e incluso publicó críticas contra sus propias obras, firmadas por sus heterónimos.
El poeta y crítico brasileño Frederico Barbosa declara que Fernando Pessoa fue o enigma em pessoa (con el doble significado de el enigma en Pessoa y el enigma en persona). En su poema Autopsicografia, afirmó que el poeta era «un fingidor» de sí mismo y toda su obra se concibe como un «drama en gente» en que dialogan diversas voces, equivalentes a los «apócrifos» de Antonio Machado, que representan diferentes cosmovisiones.
Los heterónimos, a diferencia de los pseudónimos, son personalidades poéticas completas: identidades, que, en principio falsas, se vuelven verdaderas a través de su manifestación artística propia y diversa del autor original. Entre los heterónimos, el mismo Fernando Pessoa pasó a ser llamado ortónimo, ya que era la personalidad original. Con el tiempo, y con la maduración de las demás personalidades, el propio ortónimo se convirtió en un heterónimo más entre otros. Los tres heterónimos más conocidos (y también aquellos con mayor obra poética) fueron Álvaro de Campos, Ricardo Reis y Alberto Caeiro. Un cuarto heterónimo fue Bernardo Soares, autor del Livro do Desassossego (Libro del desasosiego). Bernardo es considerado un semi-heterónimo por tener muchas semejanzas con Fernando Pessoa y no poseer una personalidad muy característica ni fecha de fallecimiento, al contrario que los otros tres, con excepción de Ricardo Reis (que no tiene fecha de fallecimiento). Por esa razón el escritor y premio Nobel portugués José Saramago pudo escribir su novela «O ano da morte de Ricardo Reis» (El año de la muerte de Ricardo Reis).
A través de los heterónimos Pessoa encauzó un profunda reflexión sobre la relación entre verdad, existencia e identidad. Este último factor tiene una gran importancia en la famosa naturaleza misteriosa del poeta:
Con una falta tal de gente con la que coexistir, como hay hoy, ¿qué puede un hombre de sensibilidad hacer, sino inventar sus amigos, o cuando menos, sus compañeros de espíritu?
Fernando Pessoa llegó a tener 72 heterónimos. De ellos, los más importantes fueron:
Alberto Caeiro, nacido en Lisboa, fue la mayor parte de su vida un campesino casi sin estudios formales —solo cursó la instrucción primaria—, pero es considerado el maestro entre los heterónimos, inclusive por el ortónimo. Muertos su padre y su madre, se quedó en casa de una tía-abuela, viviendo de una renta modesta. Murió de tuberculosis. 
Caeiro fue descrito por el propio Pessoa como no sólo un pagano, sino como el propio paganismo. Definía el amor verdadero como amor hacia algo o alguien simplemente por ser esa cosa o persona, y no por otros principios externos a ella. Su ideario se resume en el verso:
Hay suficiente metafísica en no pensar nada.
Álvaro de Campos, entre todos los heterónimos, fue el único en manifestar fases poéticas diferentes a lo largo de su obra. Era un ingeniero homosexual de educación inglesa y origen portugués, pero siempre con la sensación de ser un extranjero en cualquier parte del mundo.
Vivir es pertenecer a otro. Morir es pertenecer a otro. Vivir y morir son la misma cosa. Mas vivir es pertenecer a otro de fuera y morir es pertenecer a otro de dentro. Una y otra cosa se asemejan, pero la vida es el lado de fuera de la muerte. Por eso la vida es la vida y la muerte es la muerte, pues el lado de fuera siempre es más verdadero que el lado de dentro; tanto es así que el lado de fuera es el que se ve.
Tras una serie de desilusiones con la existencia, asume una vena nihilista, expresada en aquel que es considerado uno de los poemas más conocidos e influyentes de la lengua portuguesa: Tabacaria.

Ricardo Reis se define como latinista y monárquico. En cierta manera, simboliza la herencia clásica en la literatura occidental, expresada en la simetría, armonía, y un cierto bucolismo, con elementos epicúreos y estoicos. El fin inexorable de todos los seres vivos es una constante en su obra, clásica, depurada y disciplinada.
Según Pessoa, Reis se trasladó a Brasil en protesta por la proclamación de la República en Portugal, y no se sabe el año de su muerte.

Anécdota: en una tarde en que José Régio tenía pensado encontrarse con Pessoa, este apareció, como de costumbre con algunas horas de retraso, declarando ser Álvaro de Campos y disculpando a Pessoa por no haber podido acudir a la cita. Fuente wikipedia

jueves, 30 de julio de 2015

§29 El paraboloide hiperbólico

Primera adaptación de una de las historias de Matt Scudder a la pantalla (recientemente se ha visto Caminando entre las Tumbas, de 2014, de Scott Frank), con el aliciente de que el guión viene firmado por Oliver Stone. Cualquiera esperaría una revisión de los traficantes latinos, pero está claro que Stone se volcó en Scarface (1983) -¡gracias a Dios!-.
El traslado de la acción a Los Angeles elimina uno de los personajes de las novelas de Lawrence Block, Nueva York (la ciudad antes de la apertura de la tienda Disney en Times Square, es decir, antes de que cerraran los pep shows y los tugurios de la calle 42 -esto lo lei y no recuerdo dónde-). Es posible que además de la comodidad de rodar "en casa", hubiera interés por incluir la O`Neill House como escenario.

Escena de 8 millones de maneras de morir (1986), última película de Hal Hasby

Fue construída en Beverly Hills, en North Rodeo Drive, en 1980, por el dueño de una tienda art decó; aunque en realidad solo el salón y la casa de huéspedes, al menos en el momento de rodaje, de ahí que Andy diga que va a construir una mansión. La casa sería terminada por su viuda con posterioridad y actualmente no se permite visitar el interior, por lo que esta escena nos otorga un privilegio especial. 
El autor (se puede valorar el resultado) hace un esfuerzo por manifestar la vulgaridad desde el comienzo del diálogo, hablando de "guita" y "choza", hasta la supuesta erudición del mafioso, que nos obsequia con una cita de catálogo y el palabro "superblime". La casa, por desgracia, está a juego.
Para curiosos, en este enlace hay una relación de formas de decir dinero en español (¿o se debería decir en todos los españoles?) y que cada cual elija el que más le guste. A mi me encanta juaniquiqui.

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Gaudí fue un arquitecto con un sentido innato de la geometría y el volumen, así como una gran capacidad imaginativa que le permitía proyectar mentalmente la mayoría de sus obras antes de pasarlas a planos. De hecho, pocas veces realizaba planos detallados de sus obras; prefería recrearlos sobre maquetas tridimensionales, moldeando todos los detalles según los iba ideando mentalmente. 
En aquella época comenzaba la demanda de un mayor confort doméstico, con la canalización de agua, gas y luz eléctrica, elementos que Gaudí supo incorporar de forma magistral en sus construcciones. Para la Sagrada Familia, por ejemplo, llevó a cabo profundos estudios de acústica e iluminación, para optimizarlas. Gaudí decía lo siguiente respecto a la luz:
La luz que consigue la máxima armonía es la que tiene una inclinación de 45°, pues incide en los cuerpos de modo que no es de forma horizontal ni vertical. Es la que se puede considerar luz media y da la más perfecta visión de los cuerpos y su matización más exquisita. Es la luz del Mediterráneo.
Fuente wikipedia