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martes, 2 de julio de 2019

§93 La petite grand mort

Los espejos y la cópula son abominables, porque multiplican el número de los hombres.
            (Jorge Luis Borges, “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, Ficciones, 1944)
Hay tantos sexos como personas.
            (Sin autoría definida, la considero cita apropiada)

Alguien, a quien llamaré J, me ha señalado que en las aproximadamente cien entradas de este blog aún no he abordado el sexo como tema central. No creo que haya sido por pudor, ni por interés o la falta de él. Quizás por el medio. En fin, le he buscado remedio, trayendo a cuento una película que, si bien en su día revolvió el panorama y ha envejecido muy dignamente, hoy probablemente no se la tenga en la consideración debida. En parte, por una secuela que no debió producirse, en parte, por el sambenito de clásico, que espanta incluso a los trasnochadores. Me refiero a Instinto básico, de Paul Verhoeven, de 1992.
Lo que estoy a punto de escribir puede parecer increíble, pero no me avergüenza: fue mi primera vez con un filme en el que el sexo (no romántico) tenía una función narrativa esencial y no de transición. Una canción, una persecución o una escena de sexo son, para la trama, normalmente prescindibles (se entendería la historia si se decidiera su elipsis o su censura). Aquí casi es al revés.
Este fue el argumento con el que se defendió el director ante la MPAA de la temida clasificación NC-17 (solo adultos), que le hubiera impedido su exhibición en la mayoría de las salas. Para más inri, las restricciones de su contrato con Tristar le obligaban a conseguir una clasificación R (menores acompañados). Lo lograría tras dura batalla con ambas y renunciar a cuarenta y cinco segundos, que pueden verse en la edición europea.
Quien sabe si ya sabía dónde se metía y le divirtió el hermanamiento con otro europeo (mentalidad más que origen) que también había tenido que luchar con las autoridades para mantener algunas escenas de Psicosis (1960):
Se cuenta que algunos censores insistían en que se veía uno de los senos de Janet Leigh. Al cabo de unos días se volvió a presentar para la aprobación, habiendo mantenido los planos, cada uno de los censores invirtió su postura inicial: los que lo habían visto, ahora no lo veían y los que no, ahora sí. La película fue calificada R después de que se quitara una toma de los glúteos de la doble de la actriz (extracto).
En cualquier caso, hay un descarado homenaje al maestro del suspense, sobre todo de Vértigo (1958), que en una entrevista afirma haber estudiado y conocer al dedillo; sin que se le pueda acusar de apropiación, aunque la línea es siempre tenue.
Con estos ingredientes y un guión hecho rápidamente y preñado de errores, construyó un notable thriller en torno al instinto de matar. Aunque en realidad nos cuela, en una línea paralela, el instinto carnal (igualmente básico), con tal naturalidad que puede desplegar todo un catálogo sexual en su magnífica complejidad. Hasta permitirse el lujo de hacer una elipsis del único contacto romántico (lo ortodoxo es heterodoxo).
La elección de San Francisco no es casual, evidentemente, y la reacción furibunda de las comunidades homosexuales que pudiera sorprender, se entiende si se considera que en aquel momento su postura no era ni mucho menos uniforme. Había muchos reparos a la exposición porque la película habla (y mucho) de diversidad, lo no binario, lo no definido o indefinible y desde el punto de vista del malvado.
En un intento por boicotearla, se repartieron octavillas que, aún destripando el final, no pudieron impedir que se convirtiera en el éxito de taquilla del año. Aún así, no voy a caer en la tentación.


El mensaje decía: —¡Catherine lo hizo! (Catherine did it!).
—¡Y tanto que lo hizo!
La película comienza con un auténtico estallido. Un éxtasis sexual seguido de un asesinato tan violento que nos hace olvidar lo anterior. Pero, sobre todo, nos impide percibir que es algo que no nos esta permitido presenciar. Es la visión del asesino (o como mucho la reconstrucción forense) y los datos que aporta no pueden ser menos fiables. Sin embargo, va a determinar nuestra interpretación de la película (hipótesis fuerte).
Eso es la suspensión de incredulidad o inmersión en la trama que la propia Catherine cita. Y ciertamente ella busca esa implicación, que considera vital. Por eso, no debe extrañar su elección de parejas en un boxeador y un roquero o que recree en sus novelas crímenes que, digamos, ha presenciado.
Desde mi punto de vista, poco le importaron a Verhoeven los errores del guión, que le llevaron a prescindir durante un tiempo del guionista y a un intento de reescritura, cuando se dio cuenta de que encajaban en la historia que quería contar. Me explico:
El principal fallo del guión está en que la policía no recurra a cotejar el ADN del asesino (prueba habitual desde mediados de los ochenta, de lo que se puede inferir que la idea original era vieja). Esto hubiera identificado sin lugar a dudas al asesino (en una metalectura, su identidad sexual) y por eso utiliza el detector, falible en teoría.
El siguiente error es conceptual. La descripción del crimen en el libro no da una coartada (alibi) a la autora, si nos atenemos a la definición. Sí es un impedimento para acusarla sin pruebas tangibles o testigos. Lo que nos devolvería al punto anterior.
Por eso se necesita la referencia a sus libros que, al igual que su pasado, la convierten en la sospechosa. Pero entonces ¿qué sentido tiene que siga utilizando un picahielos? No será falta de creatividad (el libro, afirma, se escribe solo), ni creo que sea el arma a utilizar en su nueva obra (lugar que ocuparía la pistola).
Por cierto, tampoco conocemos el final de Love Hurts (El amor duele), pero es dudoso que Pistolero (Shooter) sea su continuación.
Tal como lo veo, que Nicky tenga la oportunidad de leer un fragmento (de nuevo, aunque en otro sentido, lo que no se debe saber) es lo que le va a salvar, restituirse y quedarse con la chica; y es totalmente necesario para que el mecanismo funcione y cargue la psiquiatra con la culpa. La escritora consigue que el final del libro (y la película) incluya las dos alternativas posibles, que parecían antagónicas cuando eran expuestas por los protagonistas (she got it!).
Y finalmente, la peluca. El elemento más prescindible y absurdo. Absolutamente impropio, salvo que exista una sólida razón: ser el disfraz de quien necesita ocultar, negar, desviar su identidad. La prueba de cargo (y falso dilema).
Para quien piense todavía que los detalles tal vez no fueron importantes para la producción, un par de ejemplos. El uso de pseudónimo, de alguien que no oculta nada, como Catherine Woolf (sin duda homenaje de la escritora a Virginia Woolf), o las matrículas de sus Lotus Esprit S4 (2GQI123 y 2GQI124, que no aluden a ningún coeficiente intelectual, sino a genderqueer identity) uno blanco y otro negro, según el día.
Siempre he pensado coches, casas y perros son elegidos por sus dueños, no solo en las películas, como reflejo de su personalidad. Por eso Catherine, que huye de constreñirse, tiene dos casas (una con un Picasso y esculturas que parecen fracturadas y la de la playa, donde prima la armonía, su cubil de escritor), dos coches y dos amantes. Camino de su casa vemos la bahía y el puente Golden Gate, de vuelta al apartamento de Nick, la pirámide Transamerican (denominada a veces por los lugareños “el pene de Pereira”).

Coda final: Repico la pregunta ¿y el picahielos? Ese añadido que no puede ser un final alternativo, sino una pregunta: ¿quién fantasea con un picahielos bajo el colchón?


Sano como una manzana.

sábado, 11 de mayo de 2019

₰28 El problema del día

BASILIO:
Dadme un caballo, porque yo en persona
vencer valiente a un hijo ingrato quiero;
y en la defensa ya de mi corona,
lo que la ciencia erró venza el acero.
Pedro Calderón de la Barca, La vida es sueño, Jornada tercera parte II
Los acertijos son como un chicle pegado al pantalón: si sale solo, bien, si no, te acuerdas de la madre que lo parió. Aunque en algunas ocasiones no puedes dejar de mirar, ni de rascar, aunque se haya despegado, tú no.
Algo así me ocurrió con un acertijo que encontré no hace mucho y que reproduzco aproximadamente:
Un vaquero vino a un pueblo en Viernes, se quedó un día y se marchó en Viernes ¿cómo lo hizo?
La solución me pareció bastante obvia: era “a caballo”. Y no hacía falta mucho ingenio para adivinar su nombre; lo que a la vez validaba la proposición lógica que envolvía la pregunta.
Pero, en lugar de dejarlo a buen recaudo en el olvidadero, no hacía más que darle vueltas y más vueltas. Hasta que caí en que la pista del vaquero me había despistado de algo tan simple como la diferencia que hay entre un día (definido en cualquier diccionario como el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta completa sobre sí misma y que sabemos que se realiza en 23 horas, 56 minutos y cuatro segundos, a la increíble velocidad de 1700 km por hora) y el viernes, o cualquier otro día, que para ajustarse al calendario tiene una duración estándar de veinticuatro horas. Así que el vaquero pudo salir del pueblo sin recurrir al galope.
¿Y el caballo? No lo sabremos, pero para mí que el jinete era el mismísimo Jim Bridger, un legendario hombre de la frontera que gustaba de narrar historias, a menudo fantásticas, capaz de apreciar la nobleza de un caballo lógico.
Decía que hubo un gran curandero crow que maldijo una montaña y todo lo que en ella se hallaba. Osos, alces y águilas transformó en piedras. Allí incluso la luz del sol y de la luna estaban petrificados.
Jim Bridger viendo que no podría llegar a su destino, propuso a su caballo que saltase sobre el cañón. Este le miró como si estuviese bromeando, puesto que les unía cierta complicidad, pero al ver que hablaba en serio, saltó y pudieron proseguir camino ya que la gravedad también estaba congelada.
El caballo aprovechó para repetir el truco una ocasión que estaba reunido con un grupo de ponys cerca de un precipicio. Jim contaba que nunca había visto cara tan sorprendida como la de aquél cuando comenzó a caer. Era un caballo bueno y lógico, pero descubrió demasiado tarde que en la mayoría de los lugares la gravedad no está suspendida.*
En tal paraje seguro que el tiempo también se había detenido. ¿Era quizás viernes?
Me gusta tanto el concepto que creo que lo utilizaré en algo de cosecha propia. Mientras tanto dejo una cuestión que bien pudiera habérsele dado al príncipe pastor:
Hay una belleza que cumple años cada uno de sus días, pero dime ¿dónde hallarla?
Se ha sugerido que los filósofos de la antigua Grecia animaban a sus alumnos a masticar resina de lentisco para fomentar el razonamiento. Cabría preguntarse si les quedaría pegada al quitón.

Puede hacerse una colección con las inconsistencias de los tiempos bíblicos.
¡Para otro día! 


martes, 27 de diciembre de 2016

§86 Realidad virtual

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado.

Es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado.

Es una libertad encarcelada,
que dura hasta el postrero paroxismo;
enfermedad que crece si es curada.

Éste es el niño Amor, éste es su abismo.
¿Mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!
Francisco de Quevedo

Me contaba un compañero que en una escapada de fin de semana había hecho parada rápida en Avila para una visita al Palacio de Polentinos, reconvertido desde 1993 en Archivo histórico militar, y que alberga un museo. La gracia y pertinencia del asunto está en que su hijo Diego, ante uno de los maniquís uniformados que jalonan el recorrido, exclamó:
—¡Mira, papá, un hombre disfrazado!
No hace demasiado tiempo, la sala habría estado llena de público y algún transeunte ofendido le habría interpelado por la interferencia o por infantil. Pero en la actualidad el ejército es materia que no se airea y los museos inspiran poco o a rancio. Así que su definición se me antoja imprecisa solo por lo que al primero se refiere: el hombre, o el muñeco, según se mire.
Aunque la imagen, trasunto de la sociedad que nos ha tocado, da para más reflexiones. Así, el remedo simula ser un hombre y el uniforme le convierte en soldado. Le sitúa en un contexto, perteneciente a un grupo o un bando, con una identidad y unos valores (disciplina, valor, protección, lealtad y sacrificio), que hoy son tan poco estimados, ¡que se le tacha de títere! Como la mona de la seda. Y es que el alistamiento viene de lista y no de listo (y resulta una aceptable salida profesional y no lo contrario).
Si hablamos de indumentaria, solo hay que ver a frailes, payasos, cocineros y policías (si encontramos alguno). La utilería adecuada también es parte indispensable, aunque parezca que no hayan evolucionado el agricultor, el sastre o el médico. Es curioso que alguno de los citados haya sabido reconvertirse y, como las glorias del celuloide, pueda exprimir su caché en televisión. Esto me conduce a la interpretación.
Cuando el actor afronta un papel empieza con la ficha de su personaje, rellenando los huecos de su currículum vitae, para que se adapten al guión, como si se tratara de una entrevista laboral. Estar correctamente ataviado también le ayuda a meterse en su piel, comprender cómo se siente y cómo se desenvolverá después —también del traje— o qué voz tendrá (en el teatro romano a la máscara se la denominaba per sona, literalmente "por sonido", ya que la voz era un rasgo fundamental para la identificación de los papeles, como actualmente lo es para los doblajes de los actores famosos).
Imaginemos a Simon, un vendedor de coches que finge ser un espía en apuros, como método para seducir fácilmente a las mujeres. Harry, un agente de contraespionaje, trata de parecer un vendedor de suministros informáticos; aunque lo más grave es que trate de demostrarle a su pareja que su trabajo es apasionante. Juno, ejecutiva de una empresa de importación de arte, tapadera de grupos terroristas —no puedo evitar que me asalte la imagen de unos puzzles en los que cabezas, cuerpo y pies son intercambiables (¿a lo mejor Cameron tuvo uno?). Pero creo que me estoy desviando...—
Prácticamente todos los personajes tienen otro trabajo vocacional, de riesgo asegurado, que gana en importancia sobre la propia vida. Salvo Helen, que aunque también engaña, es exactamente lo que parece: una mujer crisálida a punto de metamorfosear (por cambio total e irreversible). Algo así cuenta Mentiras arriesgadasMentiras verdaderas en Hispanoamérica, que sí refleja el oxímoron del título original, True lies—.
Escena de Mentiras arriesgadas (James Cameron, 1994)


[Para los que buscan los créditos musicales: I Never Thought I´d See The Day (Sade), Alone in the Dark (John Hiatt) y Shadow Lover (Brad Fiedel)] 

La elección de la escena se debió, en parte, a las trabas a la divulgación de contenidos por parte de la Fox (curiosamente en España solo la ha editado en DVD, inicialmente licenciada por Universal y sin ningún extra), porque mi primera opción era la escena del corvette: Bill Paxton y Arnold Schwarzenegger llegan a intercambiar asiento, mientras la cámara transita de un lado a otro mostrando sus perfiles. Los dos de ambos. No los profesionales, los de sus caras. Bueno, también —a mi jefe seguro que le encanta cómo Simon intenta cerrar la venta, como buen profesional que es. Mi jefe, evidentemente—.
El coche, que fue diseñado para convertirse en el deportivo americano, estuvo a punto de ser descartado (de la y no por la cadena de producción) por su escasa potencia y su rígida suspensión trasera —no me extraña que Arnold, en la escena, quisiera pensárselo un poco—. No fue hasta que el ingeniero exiliado soviético Zora Arkus (luego, ex-soviético) le metió mano a su motor V8, cuando comenzó su leyenda (el modelo que aparece no es el clásico moderno, sino el de 1958, con ópticas dobles solo en el frontal).
No me resisto a añadir que la cantidad de destellos que se le colaron al operador deben de ser la causa de la obsesión de Cameron por la posición del sol —me refiero evidentemente al rodaje de Titanic, de 1997—.
La escena del estriptis (de strip, desnudo y tease, engañar) es de una de las más recordadas y está entre las más sensuales  —"doucement"— que se han filmado. No le quita ningún valor la referencia más que evidente a Nueve semanas y media (Adrian Lyne, 1986) de la coreografía, el claroscuro, la sumisión ciega y la elección musical; su secreto está en la original parodia de Jamie Lee Curtis, en línea con su papel en la más lograda Un pez llamado Wanda (Charles Crichton, 1988); "la graciosa torpeza, un principio de éxtasis", parafraseando al simpar Jorge Luis Borges (El aleph, 1945).
Como prueba de la importancia que tiene en la película, se puede revisar la francesa Dos espías en mi cama (Claude Zidi, 1991) —que no he podido encontrar en español—. He leído, en varios sitios, la animada decepción de los espectadores que ya conocían las "Mentiras", al no encontrar la discreta exhibición de Miou-Miou y poco sobre los reciclados americanos, el caos controlado y sus armas inteligentes.

 Del canal Diaries of a Movie Geek

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El oxímoron (une los lexemas ξύς oxýs: ‘agudo, punzante’ y μωρός morós: ‘fofo, romo, tonto’, por tanto, él mismo es un oxímoron), dentro de las figuras literarias en retórica, es una figura lógica que consiste en usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, que genera un tercer concepto. Dado que el sentido literal de oxímoron es opuesto, ‘absurdo’ (por ejemplo, «un instante eterno»), se fuerza al lector o al interlocutor a comprender el sentido metafórico (en este caso: un instante que, por la intensidad de lo vivido durante su transcurso, hace perder la noción del tiempo).

Para los que gusten de ellos, la página oximoron.com. Yo me quedo con la soledad compartida del blogger.

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domingo, 3 de abril de 2016

§67 El alquimista de Bután

En la anterior entrada había dejado premeditadamente de hablar de la portada del tríptico de El carro de heno. La intención no era tanto crear intriga, que desapareció con los buscadores de internet, como encabalgar con la siguiente escena, de una película que tiene el aliciente de que su realizador sea un lama de Bután: también autor de La copa (1999), largometraje inaugural para este país (eso creo) que sorprendió a propios y extraños en su día y posibilitó esta nueva aventura. En ambas, sin querer parecer demasiado condescendiente, predomina la sencillez y conocimiento de lo que se narra, no exento de un cierto proselitismo ─¿qué otra cosa cabría esperar de un monje?─

Escena de Viajeros y Magos (2003) de Khyentse Norbu

La ética que propone es tan universal que puede ilustrarse no solo con una película de iniciación budista. Porque si se trata de referencias, creo que no es más que otra paráfrasis de Las mil y una noches (el cuento de la noche número 351), en definitiva las aventuras de un héroe ─la broma maliciosa, ajena a la película, no acaba en que sea funcionario─ que busca su tesoro lejos de su hogar, para terminar regresando al punto de partida una vez ha sido transformado por el viaje; como ya hiciera Paulo Coelho en su conocidísimo El alquimista (1988) y antes condensara admirablemente Jorge Luis Borges en "Historia de dos que soñaron" (Historia universal de la infamia, 1935), que por elegante y conciso, bien merece dos minutos de lectura:
Cuentan hombres dignos de fe que hubo en El Cairo un hombre poseedor de riquezas, pero tan magnánimo y liberal que todas las perdió menos la casa de su padre, y que se vio forzado a trabajar para ganarse el pan.
Trabajó tanto que el sueño lo rindió una noche debajo de una higuera de su jardín y vio en el sueño un hombre empapado que se sacó de la boca una moneda de oro y le dijo: "Tu fortuna está en Persia, en Isfaján; vete a buscarla". A la madrugada siguiente se despertó y emprendió el largo viaje y afrontó los peligros del desierto, de las naves, de los piratas, de los idólatras, de los ríos, de las fieras y de los hombres.
Llegó al fin a Isfaján, pero en el recinto de esa ciudad lo sorprendió la noche y se tendió a dormir en el patio de una mezquita. Había, junto a la mezquita, una casa y por decreto de Alá Todopoderoso, una pandilla de ladrones atravesó la mezquita y se metió en la casa, y las personas que dormían se despertaron con el estruendo de los ladrones y pidieron socorro. Los vecinos también gritaron, hasta que el capitán de los serenos de aquel distrito acudió con sus hombres y los bandoleros huyeron por la azotea.
El capitán hizo registrar la mezquita y en ella dieron con el hombre de El Cairo y le menudearon tales azotes con varas de bambú que estuvo cerca de la muerte. A los dos días recobró el sentido en la cárcel. El capitán lo mandó buscar y le dijo: "¿Quién eres y cuál es tu patria?" El otro declaró: "Soy de la ciudad famosa de El Cairo y mi nombre es Mohamed El Magrebí". El Capitán le preguntó: "¿Qué te trajo a Persia?" El otro optó por la verdad y le dijo: "Un hombre me ordenó en un sueño que viniera a Isfaján, porque ahí estaba mi fortuna. Ya estoy en Isfaján y veo que esa fortuna que prometió deben ser los azotes que tan generosamente me diste".
Ante semejantes palabras, el capitán se rió hasta descubrir las muelas del juicio y acabó por decirle: "Hombre desatinado y crédulo, tres veces he soñado con una casa en la ciudad de El Cairo, en cuyo fondo hay un jardín, y en el jardín un reloj de sol y después del reloj de sol una higuera y luego de la higuera una fuente, y bajo la fuente un tesoro. No he dado el menor crédito a esa mentira. Tú, sin embargo, engendro de mula con un demonio, has ido errando de ciudad en ciudad, bajo la sola fe de tu sueño. Que no te vuelva a ver en Isfaján. Toma estas monedas y vete."
El hombre las tomó y regresó a su patria. Debajo de la fuente de su jardín (que era la del sueño del capitán) desenterró el tesoro. Así Alá le dio bendición y lo recompensó.
"Dijo el loco en su corazón: No hay Dios.

Se corrompieron, hicieron obras abominables; no hay quien haga bien."
(Salmo XIV)
Con esto he gastado casi todo el espacio de la entrada sin apenas aportar nada. Se me habrá pegado algo de aquel que quería buscar manzanas cuando estaba sentado junto a uno que tenía el cuévano lleno; del fabricante de papel de arroz consciente de que el importado es más barato lo que le abocará a la precariedad; de su hija, que también lo sabe y sacrifica un futuro universitario que podría aliviar la vejez de su padre; del monje ─he estado a punto de llamarle "butanero", por los colores chillones, pero sonaba irrespetuoso─ de actitud contemplativa; del radiocassette que funcionaría con un montón de pilas D, de no tenerlas agotadas y la maleta que no cierra sin cincha ─Manolo Tena († 4/4/2016) con acompañamiento de dranyen─. 
Elogio, al fin y al cabo, de ese hombre sencillo que, como el del cuadro, logra no inmiscuirse en los negocios de sus acompañantes y llegar a su destino.
Prefiero esta interpretación desenfocada en este viajero anónimo, que a la postre es al que todos echarán de menos, que la muy realista de que si partes en pos de tus sueños y no los alcanzas a una determinada edad, reconoces en la apacibilidad tu consuelo.
Será mi vena romántica. 

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El loco es la carta sin número del tarot (prosigo con el artículo de Isidro G. Bango Torviso sobre El carro de heno, en Museo del Prado):
"Las dos caras externas del tríptico cerradas configuran una única escena: el hombre en el proceloso camino de la vida, próximo en su intención al caminante extraviado en el canto primero de la Divina Comedia: «A la mitad del camino de nuestra vida, perdido el recto sendero, me encontré en una oscura selva [...] así mi ánimo, aún fugitivo, volviose a mirar aquellos parajes».


El estado físico y material del caminante es lamentable, el deambular vital lo ha dejado tan abatido que se vuelve con un rictus de amargura y melancolía, dando la espalda a unos bandidos, a una pareja de lujuriosos —los aldeanos que danzan al son de la gaita—, defendiéndose con el bastón de un fiero perro. Su lastimoso caminar se ensombrece aún más por la presencia de unos cuervos revoloteando sobre unos huesos y, especialmente, por la existencia de una horca cuya silueta se recorta sobre el celaje del fondo.
Nuestro personaje, aunque malparado, ha salido triunfante sobre los males que le acechaban. No le atrae ninguna de las necedades humanas; los hombres, no comprendiendo esto, le llaman loco, pues para ellos es inconcebible que no se deje arrastrar por las pasiones tal como muestran las imágenes del interior del tríptico.
El mensaje moralizador resulta evidente; pero ¿de dónde procede el iconograma y la exégesis de la idea? El personaje ha sido casi siempre relacionado con el vigésimo segundo Arcano Mayor de los naipes (Combe, 1946). Representa el final del juego; aquí, de la vida. Su iconografía en la baraja es un hombre con hatillo al hombro y bastón a la diestra; un perro intenta morderle. No dudamos de que el iconograma del viejo peregrino coincide con el vigésimo segundo Arcano, pero solo en tanto en cuanto que está definiendo la imagen de un loco tal como se concebía en el siglo XV. Nuestro loco y todo el desarrollo iconográfico del tríptico corresponden a la ilustración plástica del salmo XIV (XIII)."

domingo, 20 de marzo de 2016

§64 El lanzamiento de una idea

Como todas las honradas historias romanas, ésta está escrita "desde el huevo a la manzana". Prefiero el minucioso método romano, que no omite nada, al de Homero y los griegos en general, que gusta de saltar al centro de los acontecimientos y luego retroceder o avanzar según sea su inclinación del momento. Sí, con frecuencia se me ocurrió la idea de reescribir la historia de Troya en prosa latina, para beneficio de nuestros ciudadanos más pobres que no saben leer en griego. Habría empezado por el huevo del cual fue empollada Elena y continuado, capítulo a capítulo, hasta las manzanas comidas como postres en la gran fiesta en celebración de la vuelta al hogar de Ulises y de la victoria de su esposa sobre sus cortejantes.
Robert Graves, Yo, Claudio (1934), cap. 3

En el transcurso de una comida con excelente compañía alguien comentó que desde hace poco un compañero había adquirido la muy sana costumbre de hacer una pausa cada mañana para almorzar una manzana. No era la primera vez que me encontraba con la misma determinación; desde que no se permite fumar en las cafeterías ya no se destaca por adoptar hábitos saludables. En Vitoria conocí a uno que se había preparado un rincón casi acogedor entre los cachivaches que se habían adueñado del almacén, con los que parecía llevarse mejor que con el resto del mundo. De alguna forma me recordaba la soledad del emperador Augusto cuando intentaba evitar ser envenenado comiendo las manzanas que recolectaba de los árboles de su jardín, en la novela de Robert Graves.
Cuando retorné de ese recuerdo me encontré en medio de una tormenta discursiva de ideas más o menos conexas a la anécdota y la cita a un conocido refrán anglosajón que podría traducirse por comer una al día del médico te alejaría (“An apple a day keeps the doctor away”). Para terminar refiriendo escenas y películas en las que aparecían, se nombraban o eran ingredientes. No muchas, ni (me temo) muy originales. No quedaba tiempo para más, lo que me dejó un comecome que todavía me dura.
De forma irremediable asociamos a esta fruta los temas de la tentación, la desobediencia y el castigo de la pérdida del paraíso terrenal —los de educación judeocristiana, por supuesto—. Esto es muy significativo, puesto que ésta sería la primera escena dramática de nuestra tradición. Desde un punto de vista puramente temático, un triángulo amoroso, en cuyo epicentro se encuentra nuestra amiga. Así que no íbamos tan desencaminados cuando buscábamos piezas semejantes en la cinematografía.
Hay otras coincidencias que me hacen pensar que otros antes debieron desandar el mismo camino, como que haya al menos dos empresas de distribución bautizadas con el nombre de alguna de sus variedades, a saber, Criterion y Cameo. Por cameo se conoce en el cine a una aparición breve de un personaje conocido que no altera la trama, aunque esta acepción viene de trasladar directamente del inglés el vocablo para camafeo; joya en que se reproduce el relieve de perfil de una persona. Por lo que quiero pensar que ambas se eligieron por el fruto, que desde el juicio de Paris se considera un tributo a la belleza.
Motivos menos excelsos llevaron a los Beatles elegir una manzana verde (la Granny Smith es característicamente ácida) como símbolo de su discográfica Apple Records, una de las divisiones de Apple Corps., creada para mejorar sus asuntos fiscales a su regreso de la India, donde habían coqueteado con trascendentalismo. Esta empresa, que ha continuado sacando ediciones en forma de recopilatorios pese a que sus derechos se extinguieron en 1978 y fueran adquiridos en 1983 por Michael Jackson, mantuvo un largo litigio por la marca con Apple Computers (hoy Apple Inc.) hasta un acuerdo en 2007, que resolvió esta nueva discordia por la manzana.

Jobs y Wozniak llamaron a su primer modelo McIntosh

Otros temas que se le asocian son los relacionados con las manzanas de la inmortalidad del Jardín de las Hespérides, el envenenamiento frustrado de Blancanieves, en el cuento de los hermanos Grimm y la supuesta fuente de inspiración para la teoría de la gravedad de Newton. Así que tratándose de un símbolo tan universal y recurrente (sensualidad, pecado, engaño, conocimiento y rivalidad) no me entra en la mollera que no me asaltaran más que un puñado de títulos y algunos con un poco de trampa.
Y es que la organización de la memoria es algo bastante azaroso, como mostraban los contenedores de esferas de Inside Out (Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015). Por ejemplo, se hizo una prueba entre 85 alumnos de UCLA con el siguiente resultado: todos afirmaron conocer el logotipo de Apple, pero solo uno logró dibujarlo correctamente y la mitad de ellos erró al elegir entre estas ocho variaciones:


Pero me resisto a pensar que en el olvido está la semilla del problema. Lo que me lleva a plantear el reto de encontrar un número razonable de ejemplos significativos. Para ello impongo algunas limitaciones bastante lógicas, como que tengan un mínimo de relevancia en la trama, no ser un mero elemento decorativo, evitar los logos informáticos, las alusiones arquitectónicas y a la "Gran Manzana"; denominación utilizada por un periodista deportivo de los años 20 en el contexto de las carreras de caballos, que se ha popularizado por interés municipal. Por otro lado, el término urbanístico "manzana de casas" parece derivar de mansana y mansilla (hay varios municipios españoles así llamados) que determinan el conjunto de casas en derredor de un manso; a su vez, porción de tierra entregada al siervo en el sistema feudal.
Creo que podría considerarse como el equivalente moderno a uno de los trabajos de Hércules, el onceno en concreto, que consistió en robar las manzanas del jardín de las Hespérides. No creo que vaya a ser tarea fácil, puesto que las herramientas de búsqueda —Google sería nuestro erómeno— no serán tan definitivas. Y del cómputo extraer el grado malus (manzano) de cinefilia —tan científico como una calificación de imdb o filmaffinity—.

"Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor"
(Mae West)

Escena de La Tienda (1993) de Fraser Clarke Heston (hijo de Charlton)

El fragmento (encontrado en el canal de youtube "Anatomía de la escena", a cuyo autor saludo y reconozco el mérito de la selección) reproduce el mito de la manzana de la discordia. Es una adaptación del relato de Stephen King de 1991 sobre la llegada de un forastero a Castle Rock, quien concede deseos a cambio de pequeños favores sin importancia.
El joven lanzador (pitcher) lanza, como si fueran bolas (pitch es la bola en béisbol, pero también hace referencia a la presentación verbal o visual concisa de una idea para una película hecha por un guionista o director a un posible productor), toda una caja de manzanas —menuda idea—.
Pese a los errores de continuidad, la escena tiene una gran fuerza, en parte por la superposición de la narración deportiva con el clásico de Johann Strauss, hijo (Kaiser-Walzer op. 467, de 1889) Vals del Emperador, también conocido como Mano a mano.

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La manzana es una fruta pomácea comestible, fruto del manzano doméstico (Malus domestica). La tradición  dice que sus raíces estarían en la zona de Almá-Atá o Almatý, antigua capital de la república soviética de Kazajistán. De hecho, Almaty es la forma adjetivada del sustantivo "manzana" en kazajo, popularmente traducida como "Padre de las Manzanas".
Se estima que existen entre 5000 y 20000 variedades de manzanas en el mundo, aunque el número comercial es lógicamente inferior. Se localizan preferentemente en zonas de clima templado-frío, pues es una de las especies frutales que requiere mayor cantidad de frío (temperaturas inferiores a 7 °C) durante el periodo de descanso invernal. Aunque de promedio requieren unas 1200 horas, existen cultivos en zonas subtropicales que requieren tan solo 200-300 (por ejemplo, Anna).

Algunas variedades
Akane
Crabapple
Granny Smith
McIntosh
Rome Beauty
Ambrosia
Criterion
Pero de Cehegín
Newtown/Pippin
Splendor
Arkansas Black
Egremont Russet
Gravenstein
Old Apple
Spur
Blackjohn
Empire
Honeycrisp
Pol Apple
Starkrimson
Braeburn
Esperiega
Idared
Pink lady
Starking
Bramley
Fuji
Jazz
Pinova
Verde doncella
Cameo
Gala
Jonagold
Red Delicious
Willie Sharp
Cortland
Ginger Gold
Jonathan
Red El
Winesap
Cox's Orange Pippin
Golden Delicious
Lodi
Reineta
Winter Banana

Con ella se ha representado el deseo pecaminoso por el fruto del árbol del conocimiento (malus puede significar maldad y manzano) que provocó la expulsión del Edén, la utopía por antonomasia. En el arte, se utilizó como símbolo de la nueva Eva, es decir la Virgen María, que intercedería por la salvación de la Humanidad. Por ello en muchas imágenes románicas la Virgen lleva en su mano derecha una manzana. Esta simbología cultural y del conocimiento ha llegado hasta el presente, como en la elección del motivo para los Premios Max de las Artes Escénicas, creados por Juan Brossa: una manzana plateada con un antifaz dorado. En palabras del creador "parece una cabeza y al mismo tiempo una manzana, un fruto pecaminoso y frívolo; el antifaz aporta la dimensión dramática y el misterio escénico".
Sirve para explicar algunos de los cuentos tradicionales, como el de Blancanieves, en el que juega un papel fundamental. En primer lugar por la importancia del color rojo, asociado con la sangre y la muerte: aparentemente es la manzana perfecta, brillante y atrayente, cuando en realidad produce la muerte ipso facto. Por tanto, lleva implícito el engaño.
En resumen, teniendo en cuenta el color o la textura, quién la ofrece, la persona a quién va dirigida, si está entera o apurada, puede significar cosas bien dispares. Wikipedia
Santa María de Vitoria, la patrona olvidada


domingo, 13 de marzo de 2016

§63 Res in dominum

Una de las desorbitadas sugerencias a que se ha aludido entre las que acabaron por unirse a la ballena blanca en las mentes propensas a la superstición, era la convicción sobrenatural de que Moby Dick era ubicuo, y que se le había encontrado de hecho en latitudes opuestas en un mismo instante de tiempo. Y, por más crédulas que debían ser tales mentes, esa convicción no carecía por completo de algún leve vislumbre de probabilidad supersticiosa.
Herman Melville, Moby Dick, cap. XLI
Leía una crítica hace pocos días en la que el autor se preguntaba si realmente tenía sentido realizar una película bajo los mismos planteamientos que hace una o dos décadas, si aportaba algo nuevo sobre su predecesora y si denotaba un agotamiento de las ideas en el cine estadounidense (Quim Casas, "Zoolander Nº 2, Vacaciones en Roma" en Dirigido por, nº 464, marzo 2016). Esas mismas preguntas referidas a Ben Stiller y la comedia americana actual pueden aplicarse a la totalidad de la producción destinada al gran público. Sin ir más lejos, en pocos meses hemos asistido al renacimiento de Star Wars, Mad Max y Jurassic Park a las que seguirán Independence Day, Ghostbusters y una lista —creo— interminable.
Habiendo más mentes dedicadas únicamente a explorar nuevas posibilidades que hace décadas ¿es sensato hablar de escasez? En términos absolutos, no lo creo. Ha crecido la demanda y eso se debe casi exclusivamente a la universalización del uso de nuevas tecnologías, que han conseguido modificar nuestras costumbres en poquísimo tiempo —¿quién no tiene la sensación de que alguien tenga pulsado permanentemente el botón fast-forward?—. El acceso a enormes catálogos de contenidos es fácil, instantáneo e individual. Y su coste se ha asumido como algo necesario y básico, equiparable al suministro eléctrico, de agua y calefacción.
En un ejercicio una amiga me cuenta que preguntó a sus alumnos qué objetos llevarían consigo si sobrevivieran a un apocalipsis y que en todas las listas estaba el teléfono móvil (y había una ausencia elocuente de libros). Cuando interrogó a una porqué respondió simplemente "es que si me quitan el móvil me muero".

Una vez establecida la dependencia el siguiente paso era suministrar un flujo constante de contenidos que aseguren los ingresos. La televisión lo tenía fácil con las series. El cine ha incorporado esa misma fórmula con las sagas: empezó con las literarias a las que siguieron las de simple adición o explotación.
En este caso, para no recibir la consideración del denostado remake han ideado el mucho más favorable reboot o renacimiento, que no es más que una puesta al día de intérpretes y contenidos con ingentes homenajes (la mención explícita en la escena a Hammond, el visionario creador del primer parque, remarca el continuismo). Y la novedosa incorporación a un "universo", donde se van añadiendo otras producciones con las que se interconectan. Digo novedad, referida al cine, porque ya se había probado con éxito con el cómic (Marvel Super Hero Contest of Champions, 1982). No es casualidad que el primer universo cinematográfico coherente lo haya establecido la propia Marvel (con permiso de DC, que va con retraso).
Con todo ello no niego la predisposición nostálgica de otra parte del público, acuciado por las consecuencias de la crisis económica; como tampoco la conveniente revisión cíclica que se hace de los "clásicos", quizás para mantener vigentes la idea de autoría, como la galería de monstruos de la Universal.

"Todo lo que no es tradición es plagio", aforismo de Eugenio D'Ors en el Casón del Buen Retiro
De hecho, he visto recientemente invorcar la nostalgia como argumento de peso, en su forma de si mantiene (o no) "la esencia" de tal y pascual; sobre todo referida a Lucas y Spielberg, quienes ya la habían utilizado inteligentemente en los 80 y los 90 en sus sagas, que retomaban el serial de los años 30 de Republic Pictures y Columbia (El llanero solitario, Flash Gordon, The Green Hornet, Superman y Batman, por poner ejemplos), que a su vez se inspiraban en el folletín y la novela de aventuras a la pantalla.

Escena de Jurassic World (2015) de Colin Trevorrow

Este corte me llamó la atención como lograda metáfora de lo que son y se busca con los blockbusters —con más dientes y tan inteligentes como pueda ser un dinosaurio— y cómo el cine tiene la capacidad de fusionar pasado-presente-futuro en un mismo espectáculo para todos los públicos; lo más normal es centrarse temporalmente para revisar el pasado, retratar el presente o especular sobre el/los futuro/s.
El juego de miradas de reconocimiento evidencia el recurso al sempiterno tema de la bella y la bestia, con la particularidad de jugar con las identificaciones; inteligencia y “temibilidad” —más que peligrosidad, si se me permite la licencia— evolucionan de forma inversa a lo largo de la historia.
Para terminar refiriéndose a esa cualidad inusual del color blanco que la relaciona —creo yo— directamente con la obra de Melville, que demostraba cómo el blanco destaca tanto la belleza y virtud, dando múltiples ejemplos de objetos y animales, como extrema el terror que puede llegar a producir:
“Era la blancura de la ballena lo que me horrorizaba por encima de todas las cosas.”
Ibid, c. XLII.
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El folletín (del francés feuilleton, diminutivo de feuillet, 'hoja', página de un libro) es un género dramático de ficción caracterizado por su intenso ritmo de producción, un argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica. Recurre principalmente a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. Y aunque propio de las novelas por entregas, se ha dado también en otras manifestaciones, siempre con características similares. Es, en palabras de Jesús Cuadrado,
El género popular por antonomasia; y es la esencia de la cultura popular en cualquiera de sus facetas. Es, también, la cualidad evidente que el lector o espectador —sujeto pasivo— acepta sin extrañarse. Las coordenadas no variables de su privada gramática son, a su vez, la ética del mensaje.
«Los folletines divinos de San Juan Iranzo, que estará en los cielos», 1999
La exigencia estética de este género no suele ser muy acusada (aunque grandes escritores pudieron ver así publicadas sus obras) como consecuencia de la forma en que son producidas y pagadas, así como el medio por el cual son difundidas. Dado que se realizan a medida que son publicadas, las obras no siempre obedecen a un plan previo, aparecen incongruencias en la conducta de los personajes y no hay una presentación adecuada de las tramas secundarias. Además suele haber una distinción maniquea de buenos y malos, entre los que abunda el científico loco y el encapuchado.


Ya en las novelas decimonónicas, a veces se hinchaba el estilo o se alargaban los diálogos con monosílabos para ocupar más folios, porque se pagaba a los autores por hoja escrita (costumbre que conservan los notarios). Esto derivó en que los autores ya consagrados contrataran a personas que trabajan para ellos. Dumas, por ejemplo, llegó a tener setenta y tres colaboradores (o negros). Domina el adjetivo común, la metáfora tópica y la descripción pintoresca de paisajes exóticos.
En lo temático, se prefiere lo exagerado, lo exótico, lo crudo. Los actos de violencia, los raptos, los adulterios y la muerte del padre (hoy prima el trauma infantil por divorcio de los padres, superados los huerfanitos de Disney). Sus finales son siempre tristes o trágicos.
Otra característica del folletín es que está dedicado a todos los públicos, con independencia de edad, sexo y condición social (aunque las mujeres históricamente hayan sido más aficionadas al mismo). La horizontalidad de sus tramas y la técnica del suspense lo convierte en un producto con una fuerte capacidad de fidelización. Fuente wikipedia

domingo, 14 de febrero de 2016

§60 Convidado de piedra

MUSICOS:
“Mientras en el mundo viva,
no es justo que diga nadie
qué largo me lo fiáis
siendo tan breve el cobrarse.”
Tirso de Molina, El Burlador de Sevilla (1612-25), acto tercero, p.138
Algunas de las mejores historias de Agatha Christie tienen el dudoso mérito de ser tan conocidas por sus adaptaciones cinematográficas que cada vez menos curiosos se acercan al texto para desentrañar la intriga original —y eso que son muy accesibles por extensión, el lenguaje utilizado en las traducciones e incluso precio—. En este caso concreto, habría que añadir el aliciente de que los finales propuestos traicionan la intención de la autora —he leído que una versión rusa y una reciente serie británica respetan su desenlace, pero no he tenido todavía oportunidad de comprobarlo. ¡Animo, pues, a recuperar el hábito de leer antes de ver! o de catar el auténtico, frente al sucedáneo, si lo prefieren—.
Aparte del epílogo, en  Diez Negritos (Peter Collinson, 1974) hay otras evidentes alteraciones de la novela: el escenario principal pasa de una acomodada residencia en una isla británica, a un palacio de lujo oriental en medio del desierto iraní (el hotel Shah Abbas de Isfahan, ciudad donde también se filmaron algunas estampas turísticas de su mezquita) y se introduce una subtrama “española”, tan innecesaria como pintoresca. Supongo que fruto de la cuota exigida en los acuerdos de la coproducción internacional.
En ella Rik Battaglia y Teresa Gimpera se encargan de proveer lo necesario al plan de Mr. Owen (hay un personaje en la novela llamado Isaac Morris, que ejerce similares funciones, también relacionado con el mundo de la delincuencia).
Como si de un cuento de Sherezade se tratase, mágicamente son trasladados a un fresquito atardecer madrileño, con el templo de Debod al fondo —aunque bien pensado, lo que en los sesenta era pura fantasía, hoy puede ser cotidiano—.

Escena de Diez Negritos (1974) de Peter Collinson



No se si por providencia, pero este escenario le añade un nuevo halo de misterio y maldición. Me explico: el templo está situado en un alto, en el que estuvo el Cuartel de la Montaña, donde se produjo un sangriento episodio al inicio de la Guerra Civil española. El 19 de julio del 36 el General Fanjul se hizo fuerte en sus dependencias, con 1500 de sus hombres y un puñado de falangistas, y proclamó el estado de guerra, que fue sofocado casi instantáneamente por tropas leales a la República. 
El edificio, que ya había sido seriamente dañado durante el asalto, recibió en el transcurso de la contienda numerosos impactos por su cercanía a la línea del frente, prácticamente estable desde 1937. Al finalizar la guerra quedaba tan solo un conjunto de ruinas. Posteriormente, ninguno de los proyectos para aprovechar el solar prosperó, hasta que fuera cedido al Ayuntamiento de la capital, que se planteó destinarlo a parque público. Antes de que D. Carlos Arias Navarro lo inaugurara en 1972, se decidió que albergara al templo egipcio “regalado” a España en 1968, como agradecimiento por la ayuda prestada para la preservación de algunos templos de Nubia (principalmente el de Abu Simbel —¡maravilloso, lo juro!—) amenazados por la finalización de las obras de construcción de la presa de Asuán. Además de España y por la misma colaboración, Italia recibió el Templo de Ellesiya (en el Museo Egipcio de Turin), Países Bajos el de Taffa (en el Rijksmuseum van Oudheden, de Leiden) y Estados Unidos, el Templo de Dendur, actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York (donde vimos pescar a Robert Neville en su estanque en Soy Leyenda, Francis Lawrence, 2007).
La reconstrucción se hizo por el método de anastilosis o estudio metódico del ajuste de los elementos de su arquitectura, añadiendo piedra nueva diferenciada para las partes perdidas que, en este caso, se trajo de las canteras de Villamayor, Salamanca.
Aunque los bloques exteriores fueron tratados químicamente para protegerlos y reforzarlos, la contaminación, el clima de Madrid, el vandalismo y otros malos usos han dejado profundas huellas en el monumento.
Ocho negritos viajaron por Devon (¿o Debod?)
Uno se escapó (el general) y quedaron
Siete.”
El templo de Debod se calcula que pudo haber sido erigido hacia el siglo I a. C. para el culto de Amon de Debod e Isis (dioses que no están emparejados en el panteón egipcio). Aunque muy discutible, existe una leyenda que logra relacionarlos: Leonardo da Vinci habría aceptado realizar encargo de retratar a la mujer de Francesco del Giocondo, llamada Mona Lisa, por la coincidencia del anagrama de Amon e Isis (Amon L'Isa). De la unión de los símbolos de la fertilidad masculina y femenina resultaría la (con)fusión de sexos de La Gioconda (Dan Brown, El Codigo da Vinci, Dan Brown, 2003, cap. 26).
Volviendo a la ubicación de la escena, el alto en el que se asienta el templo, y antes el cuartel, era conocido como la Montaña del Príncipe Pío, por su propietario Francisco Pío de Saboya, que la había recibido de Felipe V por su apoyo durante la guerra de Sucesión; como anécdota añadiré que murió ahogado en una presa en 1723. En ella se supone uno de los lugares en que las tropas francesas de Napoleón fusilaron a los sublevados del alzamiento de 1808, suceso inmortalizado por Francisco de Goya.

El 3 de mayo en Madrid, o ''Los fusilamientos''
1814. Óleo sobre lienzo, 268 x 347 cm.
El escenario planteado por el artista no se corresponde, sin embargo, con la zona del Príncipe Pío (aunque tampoco niega que aquí se produjeran). Analizando los perfiles de las torres de las iglesias, así como la puerta monumental, y la disposición de las casas al fondo o en el terraplén a la izquierda, la escena podría estar situada a la salida de la Puerta de la Vega, derribada en 1820, al final de la calle Mayor. La torre más alta podía ser así, la de la iglesia de Santa Cruz, conocida entonces como la "atalaya de Madrid", por ser la más alta de la ciudad y visible en la distancia. La otra, de menor altura, sería la de Santa María la Real, la iglesia de Palacio, y el desmonte contra el que están siendo fusilados, los terrenos cercanos al Palacio, emplazado a la izquierda, fuera de la escena, por lo que Goya pudo haber insinuado así (aquí también), que la muerte de los rebeldes había sido en defensa de la Corona, como en el ataque del 2 de mayo de 1808 en Madrid, o "La lucha con los mamelucos". Fuente Museo del Prado

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La decimatio era uno de los máximos castigos aplicados en el ejército romano. La palabra proviene del diezmado de tropas. Se trataba de una medida excepcional que se solía aplicar en casos de extrema cobardía o amotinamiento.
El castigo consistía en aislar a la cohorte seleccionada de la legión amotinada y dividirla en grupos de diez soldados. Dentro de cada grupo se echaba a suertes quién debía ser castigado (independientemente de su rango), el cual debía ser ejecutado por los nueve restantes, generalmente por lapidación o por golpes de vara.
Los supervivientes eran obligados a dormir fuera del campamento de su legión, hecho de gran peligro en época de guerra.
Supuestamente, el castigo debía aleccionar a los soldados supervivientes y a las demás cohortes, pues la muerte podía llegar aleatoriamente, a manos de los propios compañeros. Sin embargo, más habitualmente, la decimatio rompía el espíritu de cuerpo y la unión entre compañeros de armas (ejecutores por sorteo de sus propios hermanos de armas), minando la confianza hacia los comandantes de las legiones que ordenaban tal castigo: el emperador bizantino Mauricio advertía contra los castigos arbitrarios en su obra sobre ciencia militar Strategikon, indicando que hacían más daño que beneficio a la moral de la tropa. Fuente wikipedia

jueves, 31 de diciembre de 2015

§53 Un argumento demoledor

Mi mamá dice que la vida es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar.
Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994)
Creo que no me equivoco mucho si digo que aquel personaje de Tom Hanks debió inspirar la novela El abuelo que saltó por la ventana y se largó (Jonas Jonasson, 2009) y que por ello la película de Felix Herngren no puede evitar relacionarse y ser comparada con aquella. Supongo que esto es lo que pasa cuando eres un director sueco, no te apellidas Bergman y tienes que adaptar un bestseller mundial.
Aunque también hay que reconocer que el autor del libro tenía mucho más claro qué elementos funcionaban y cómo dosificarlos.
De todas formas, la intención de mi cita iba por otros lares. Era subrayar la decisiva influencia de la sabiduría materna, que todos sacamos de una forma o de otra de vez en cuando. El principio básico que determina las decisiones de Allan Karlsson se encuentra en las últimas palabras que su madre le regala antes de fallecer: "Las cosas son como son y pasará lo que tenga que pasar". Esto, que podría parecer una perogrullada, en realidad ha mantenido ocupados a pensadores de todos los tiempos y es uno de los pilares de ideologías y religiones dispares y ha provocado no pocas guerras en el mundo: el debate sobre el libre albedrío. Típico de una madre de las de antes, de las que decían siempre la última palabra o terminaban la frase con una zapatilla en la mano.
Sin embargo, la figura paterna no pertenece tanto al ámbito del hogar y no tiene una influencia tan decisiva. Su padre, que parecía un idealista, un insensato o ambas cosas, le dejó una herencia mucho más material: una joya con forma de huevo, unas muñecas rusas y una cámara de fotos. Como dice el protagonista, narrador de sus memorias, un buen legado. 

Escena de El Abuelo que saltó por la ventana y se largó (Felix Herngren, 2013)


A posteriori pensé que el contenido de la caja podía tener un significado simbólico. No sería como la ofrenda de los Reyes Magos, pero el primero prometía, el Fabergé. Claro que esto es lo que ocurre cuando se introducen elementos que no están en la historia original en una película que voy a ver.
La novela cuenta que su madre solo recibió un huevo de pascua de madera lacada realizado por un tal Fabbe, que vendió a un comerciante y que éste se convirtió en el tercer propietario de un automóvil de la comarca, el primer Volvo (claro que no salió hasta 1927, el ÖV4; OV es la abreviatura de Vagn Oppen, coche abierto en sueco y el 4 significa que tiene cuatro asientos) —¡quién iba a pensar que el primer vehículo sueco sería un descapotable!—.
Su padre también llamaba Carl a este artista amigo suyo, del que da algún otro dato, que hace que se le pueda identificar como el famoso joyero. El huevo azul que aparece no pertenece a la colección imperial, fue un encargo del propietario de unas minas de oro en Siberia para su esposa. Recuerda una piña y alberga en su interior un elefante al que está unido por una cadena —¡qué ocurrencia!— El de la película pudo ser un modelo para su fabricación. Ahora sólo falta relacionarlo con mi teoría.

http://lillianelegance.blogspot.com.es/p/faberge.html
Huevo de elefante, mahout incluido.
La construcción de una biografía suele comenzar con el nacimiento, sino antes, por la gran importancia que se ha dado históricamente a los antepasados, dejar clara la limpieza de sangre y patente la nobleza de cuna. Y se continúa cronológicamente hasta el presente, marcando el paso entre las clásicas fases de la vida. A esta fórmula, se la denomina ab ovo, desde el huevo —¡mira por dónde!— 
Es cierto que en ese momento ya tenía diez años, pero este suceso marca el inicio de su afición por la pirotecnia. Otro sueco, un químico llamado Alfred Nobel, había inventado la dinamita y parece que se ganó bien la vida, pues al final dejó una fortuna de 33 millones de coronas, cien mil para su familia y el resto para unos premios que llevan su nombre. Y una cosa llevó a la otra y esta a la siguiente, como ocurre cuando abres una matrioska.

No tiene pajarito, pero si un telémetro incorporado

El tercer presente, la cámara, es el elemento más controvertido, puesto que la industria fotográfica rusa no se desarrolló hasta después de la Segunda Guerra Mundial, tras incautarse de las fábricas del este de Alemania, de las más prestigiosas y avanzadas en ese momento. El modelo parece una Moskva, que tuvo varias versiones con fuelle plegable. Según los expertos, una cámara excelente que se puede adquirir todavía a unos precios asequibles. Indudablemente representa el recuerdo y augura que va a vivir acontecimientos memorables a lo largo de su vida.

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Peter Carl Fabergé, conocido también como Karl Gustavovich Fabergé (1846–1920), fue un joyero ruso, considerado uno de los orfebres más destacados del mundo. Realizó 69 huevos de Pascua entre los años 1885 a 1917, de los que se conservan 61.
En 1870 pasó a ser el responsable de la empresa familiar de joyería en San Petersburgo. Con una excelente reputación como diseñador, trabajaba con metales y piedras preciosos con los que materializaba diseños de diferentes estilos como ruso antiguo, griego, renacentista, barroco, art nouveau, naturalista y caricaturesco. Sus obras fueron expuestas en la Exposición Panrusa de Moscú de 1882 y recibieron la medalla de oro. Su éxito le reportó el nombramiento de orfebre y joyero de la Corte Imperial Rusa y de otras muchas monarquías europeas. 
Para la Pascua de 1883, el zar Alejandro III le encargó un obsequio para su mujer, la zarina María, con las únicas especificaciones de que debía ser único y contener una sorpresa. El regalo consistió en un huevo con cáscara de platino que contenía dentro uno más pequeño de oro. Al abrirse este último, se encontraba una gallina de oro en miniatura que tenía sobre su cabeza una réplica de la corona imperial rusa. Este particular Huevo de Pascua le gustó tanto a la emperatriz que el zar le ordenó realizar uno nuevo para cada Pascua.
Once fueron en total los huevos que Alejandro III le regaló a su mujer. Luego, su hijo Nicolás II continuó con esta tradición y mandó otros para regalarle a su mujer y a su madre. Otros siete huevos de Pascua fueron encargados por Alejandro Ferdinandovich Kelch, dueño de minas de oro en Siberia, para su esposa Bárbara. Asimismo personajes de la época como Alfred Nobel —otra vez—, el príncipe Yussupov y los duques de Marlborough, entre otros de categoría no imperial, suman un total de otros ocho huevos. Fuente wikipedia

Huevo de Alejandro III ecuestre.
Ecuestre lo que cuestre (Les Luthiers)