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martes, 6 de diciembre de 2016

§85 Delirio de negación

- ¿Quién eres tú?
- La muerte.
- ¿Es que vienes por mí?
- Hace ya tiempo que camino a tu lado.
- Ya lo sé.
- ¿Estás preparado?
- El espíritu está pronto, pero la carne es débil. Espera un momento.
- Es lo que todos decís, pero yo no concedo prorrogas.
- Tú juegas al ajedrez, ¿verdad?
- ¿Cómo lo sabes?
- Lo he visto en pinturas y lo he oído en canciones.
- Pues sí, realmente soy un excelente jugador de ajedrez.
- No creo que seas tan bueno como yo.
- ¿Para qué quieres jugar conmigo?
- Es cuenta mía.
- Por supuesto.
- Juguemos con una condición, si me ganas me llevarás contigo, si pierdes la partida me dejarás vivir.
- Las negras para tí.
- Era lo lógico, ¿no te parece?
Diálogo de Antonius Block y la Muerte en El Séptimo Sello (Ingmar Bergman, 1957)

—¡Qué cosas!— Un día escucho en una emisora la incredulidad del locutor de que pueda existir algo como el síndrome de Cotard —volvía a casa escuchando música ochentera, cuando de pronto salta con lo del trastorno, ¡lo juro!—. El también llamado delirio de negación o nihilista es una enfermedad mental relacionada con la hipocondría, en la que el afectado cree estar muerto (que sus órganos se pudren) o que simplemente no existe, vaga como un espectro o es incapaz de tener una muerte. Fuente wikipedia.
Esto no hubiera pasado de curiosidad enciclopédica, de las que me gusta guardar para luego, de no estar atando cabos tras ver El hombre de Londres (Béla Tarr, 2007). Su argumento me parecía que se articulaba en torno al dinero como elemento maléfico —que sea robado le da ese carácter y que de los ricos se diga que están "podridos de dinero", me parece una genial coincidencia— que lastra la vida de con quienes se cruza. Y esto se relacionaba con algunos acontecimientos recientes míos y el destino de una herencia familiar —no por latrocinio, ¡valga Dios!, sino por monetización—. Aunque más tarde que pronto me di cuenta de que se trata de un mcguffin y que los personajes sólo tienen la ilusión de poseer, pero no pueden disfrutar, algo valioso; en castellano, la expresión "papel mojado", lleva implícita la pérdida de valor o el menosprecio, semejante al efecto que suele tener el agua para el director.

Escena de El hombre de Londres

La escena comienza con un descenso vertical de la cámara sobre Maloin y su hija, a quien acaba de sacar del trabajo para evitar que la sigan explotando. Cuando se corra la voz, no tendrá muchas posibilidades de encontrar otro trabajo y, de propina, tendrán que afrontar una demanda por incumplimiento de contrato. Luego la chica le pregunta por la pipa nueva (de espuma de mar, como la de Holmes), el único lujo personal que se ha permitido tras encontrar el maletín, que ha pagado con parte de los ahorros sustraídos de un cajón de su casa. Cuando salgan de la taberna irán a comprar una bufanda de piel de zorro para la chica (en la novela la viste a capricho de arriba abajo). Mientras, el tabernero se lamenta del dinero perdido con el inglés, al tiempo que manosea a la prostituta del muelle al precio de una copa. Ella, impasible, le acompañará sólo si no encuentra otro partido mejor. De la juerga de los parroquianos hablo más adelante.
El autor se toma su tiempo (es la marca de la casa) en encuadrar la decadencia. No esa decadencia romántica que rezuma estilo propio, sino la de los objetos viejos, los que nunca llegarán a antigüedades. Para dar testimonio de que el mundo se ha extinguido y ha quedado en un estado de ruina perpetua.
Todo me lleva a pensar que los personajes han llegado a un punto sin retorno, marcado por el fracaso de sus posibilidades (si es que las tuvieron alguna vez). En la agonía de un eterno presente, en el que no se vive, se padece: el cuarto círculo del infierno. El mundo actual. El fracaso universal de la humanidad.
Tarr por primera vez adapta una obra de un autor tan alejado de su concepción artística como pueda ser George Simenon y la desubica en tiempo y geografía para hacerla espectral: el detalle de que los extranjeros procedan de Londres, lo que podría ser otro mundo, habla de una distancia no solo física —el Brexit no surgió porque sí—. Prioriza la sensación de estar atrapado permanentemente por un pasado, por las decisiones, por todos los compromisos, por los horarios, su familia, el trabajo, la ley ... De forma que sus personajes deambulan por un continuo de días y noches brumosos, donde han de realizar las mismas tareas, una y otra vez. Como Sísifo, quien disfruta irónicamente de la inmortalidad (literalmente se negó a morir), condenado a empujar una piedra hasta la cima de la montaña, en un frustrante proceso que no puede culminar; tenido por astuto, también por mentiroso, se cree que utilizaba a menudo métodos ilícitos para hacerse con las riquezas de los viajeros.
De aquí podría deducirse que se aleja del texto literario (1933), pero hay muy pocas variaciones (la habitual simplificación de diálogos y personajes, y el desenlace, aunque solo por su mensaje). Solo es una sensación. Es la forma que tiene Tarr de narrar, centrado en inmanencia de los personajes, dejando en segundo plano el argumento: para evitar que el espectador se quede con la superficialidad, sitúa los personajes de espaldas a la cámara, obligando al espectador a tomar su lugar si quiere comprender qué le ocurre (en lugar de qué ocurre). Otras veces, mantiene el encuadre, aún cuando el audio advierte que la acción se realiza fuera de campo.
Por ello, al final de la escena, gira la cámara para mostrar algo que llevamos tiempo oyendo, unos figurantes que juegan y bailan al son de un acordeonista que no había sido presentado —al igual que Velázquez en Las Meninas (La familia de Felipe IV, 1656), revela qué ven los monarcas mientras están siendo retratados—. Las escasas notas y la repetición machacona del tema rom, en accelerando, hasta culminar en la danza de taberna, que es otro de los elementos recurrentes del director. Produce cierto extrañamiento y sensación de danza macabra —me viene el recuerdo, tres círculos más abajo, del infierno de Calvario (Fabrice du Welz, 2004)—.

Escena de Calvario

De hecho, la repetición es el tropo que proporciona esta sensación de eternidad. Maloin no solo vive de forma rutinaria, sino que, cuando intenta cambiar su destino no puede obviar los errores de los personajes que ha observado (Brown, sobre todo). Morrison también reconstruye los hechos como buen investigador, hasta llegar a la pista de Maloin, y al final se las apaña para que todo pueda "solucionarse", como si nada hubiera ocurrido. Todo refuerza esa idea tan posmoderna de la "extinción de los acontecimientos" cuando ya no se puede evitar la redundancia —resulta inevitable la comparación con la "buenista" Atrapado en el tiempo (Harold Ramis, 1993)—. 

Trailer de Atrapado en el tiempo


P.S.: En la novela se dice que Maloin lleva treinta años en su oficio de guardagujas y que antes trabajó en la marina. Luego responde que los ferroviarios se jubilan a los 55 años, cuando charla con un gendarme. También recuerda que al subjefe Mordavin le condecoraron a los treinta y cinco años de servicio. De todo ello puede deducirse que le debían quedar pocos años para el retiro. Una eternidad en el tiempo, similar a la condena que le cae al final de la novela, incluso más que los tres o cuatro años que dura una bufanda de piel de zorro, si solo se pone los domingos. ¡Por favor, no calculen!

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La Danza de la muerte o Danza macabra es un género artístico tardo-medieval cuyo tema era la universalidad de la muerte. Se trata de un diálogo en verso y por tanto representable, en que una personificación alegórica de la Muerte, como un esqueleto humano, llama a personas de distinta posición social o en diferentes etapas en la vida para bailar alrededor de una tumba. Era usual que fueran el Papa, el Obispo, el Emperador, el Sacristán, el Labrador, Cortesanos y Posaderos. La muerte les recuerda que los goces mundanos tienen su fin y que todos han de morir. Se cree que las danzas macabras se bailaban durante las representaciones teatrales en el siglo XIV.
Este macabro espectáculo, que se prodigó en toda la literatura europea, tuvo su origen en Francia. El tema dominó la Baja Edad Media y frente a ella no había resignación cristiana, sino terror ante la pérdida de los placeres terrenales. Presenta, por un lado, una intención religiosa: recordar que los goces del mundo son perecederos y que hay que estar preparado para morir cristianamente; por otro lado, una intención satírica, al hacer que todos caigan muertos, con independencia de su edad o su posición social, por el poder igualatorio de la muerte.
Una de las referencias más famosas a la Danza de la Muerte es la que se hace en el citado film de Ingmar Bergman, en la que el personaje Fran Marley (Jof en la versión original) dice a su esposa: "Ya marchan todos, hacia la oscuridad, en una extraña danza. Ya marchan huyendo del amanecer, mientras la lluvia lava sus rostros, surcados por la sal de las lágrimas."
Fuente wikipedia

Wolgemut (1493) Tanz der gerippe. coloriert


domingo, 24 de enero de 2016

§57 Disciplina de canelones


(Lo prometido es deuda.)

Dedicada a mi colega (de muchas cosas) Javier

(¿No sabías que era una distopía?)

—Eso —replicó la duquesa— más es darse de palmadas que de azotes. Yo tengo para mí que el sabio Merlín no estará contento con tanta blandura: menester será que el buen Sancho haga alguna disciplina de abrojos, o de las de canelones, que se dejen sentir, porque la letra con sangre entra, y no se ha de dar tan barata la libertad de una tan gran señora como lo es Dulcinea, por tan poco precio; y advierta Sancho que las obras de caridad que se hacen tibia y flojamente no tienen mérito ni valen nada.
Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, II, 36, p. 1015-1016.

La sociedad japonesa, tremendamente anclada en sus raíces, se caracteriza aún hoy por un comportamiento social vertical que la hace muy diferente a las occidentales, fuertemente influenciadas por las ideas igualitarias. Por esta razón, la novela de Koushun Takami, que sitúa la acción en un presente alternativo del Japón desde la Segunda Guerra Mundial, pudo trasladarse a la pantalla sin dar demasiadas explicaciones (además de ser muy conocida por el público). Las personas con las que he intercambiado impresiones sobre ella la consideran absurda desde su comienzo, a pesar de que las tradiciones pedagógicas germánica y anglosajona han propiciado de alguna manera el individualismo del alumnado.
La novela se entiende perfectamente como una crítica del sistema educativo japonés, que se perpetúa sin que nadie sepa muy bien qué busca y que nadie se atreva a contradecir (aunque podría ser el de cualquier país que fomente la competencia y el utilitarismo como principales valores). Por ello los 42 estudiantes aceptan las reglas del juego y no muestran apenas compasión hacia sus compañeros.
En la película, la clase es la propia sociedad decadente, que de pronto se percata de estar viviendo la pesadilla del totalitarismo, y la prueba es un acontecimiento que sirve para dar vía de escape a los impulsos autodestructivos de la sociedad, al tiempo que la divide moralmente, impidiendo una rebelión organizada.

Escena de Battle Royale (2000) de Kinji Fukasaku


La escena reproduce de forma esperpéntica —¿o no?— el comienzo de un nuevo curso —respeto que muchos tengan el recuerdo placentero de cuadernos a estrenar—.
Como mi andadura en el sistema se inició durante los estertores de la dictadura franquista tengo mi propia experiencia de cómo se regían entonces los colegios. El mío no fue especialmente estricto, pero conservó intactas hasta el final las formas de levantarse, saludar, rezar, callar, numerarse, vestir y hablar como Dios manda. Más de un pescozón recibí por cuchichear con el par que me acompañó, por cercanía alfabética, durante toda la EGB; el condenado profesor debía tener antepasados indios, pues ninguno le oyó nunca acercarse.
Mi colegio constaba de una sola clase enorme, donde todos los cursos estaban distribuidos en mesas corridas, y todas las lecciones las impartía la misma persona, empezando por los cursos superiores, mientras los demás guardábamos respetuoso silencio. Así aprendíamos siempre algo de más, o esa era la teoría. Todavía recuerdo la rutina: lunes, lengua; martes, matemáticas; miércoles, naturales; jueves, sociales; y viernes, religión, caligrafía y dibujo. Sin gimnasia, que bastante ejercicio hacíamos en el recreo. Un camión del ejército pasaba cerca muchas mañanas con el pan de la tropa y corríamos como diablos para conseguir un bollo que otorgaba el furriel, que nos ahorraba la peseta del almuerzo.
Un día el profesor encontró bajo una de las mesas una rama enorme, arrancada por el viento, que había sido introducida de contrabando durante el recreo, por una peregrina ocurrencia. Durante años proporcionó la materia prima de las varas con las que se juzgó nuestra más mínima desviación de las normas de conducta.

(Vi romper muchas, más nunca cuándo se acabaron.)

El resto de la enseñanza obligatoria la pasé en un instituto público elegido por mis padres, donde todavía se discriminaba por sexo en edificios separados. De la calle venían ecos de las manifestaciones de la primera transición y el silencio pavoroso del tejerazo. En los años universitarios apenas encontraría reglas de comportamiento.
Quizás esto me haya proporcionado una perspectiva sobre los cambios en la sociedad y en el sistema educativo que no disponen generaciones posteriores. Casualmente supe de esta película por una de aquellas amistades del colegio.

La letra con sangre entra, de Francisco de Goya  (1780-85)

El éxito de las novelas de Suzanne Collins (Los Juegos del Hambre, 2008) y su posterior adaptación al cine, se vieron empañados por la publicación de numerosos comentarios sobre la cantidad de similitudes que guardan con las versiones de Battle Royale; incluido Stephen King que rápidamente aclaró que La larga marcha (1979) también podría haber sido referente de todas ellas. Mi admirado Gus Portokalos (Mi Gran Boda Griega, Joel Zwick, 2000) diría que todas tienen su origen en la leyenda griega de Teseo y el Minotauro.

 ("Todos somos frutos")

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La Ley de Reforma Educativa del Milenio: Battle Royale

La ley BR (Battle Royale) se rige según estos artículos:

Artículo 1: Objetivo de Battle Royale
Se instituyó con el fin de formar una nación sana de cuerpo, mente y espíritu.
Artículo 2: Quiénes van a participar
Va destinada, una vez al año y aleatoriamente, a una clase elegida entre tercero o cuarto de secundaria o bachillerato. Es decir, la fase final de la educación. Esta ley se aplica a toda la población, sin distinción de raza, sexo, condición social, ideologías políticas, religión u orientación sexual.
Artículo 3: Orientación general de Battle Royale
Todos los estudiante sujetos a esta ley deben alegrarse, divertirse y apreciarla. El combate debe hacerse con ganas y apreciando la inmensa oportunidad de poder participar.
Artículo 4: Obligación de los participantes de Battle Royale
Todos los participantes tienen el deber de matarse los unos a los otros. Ninguno de los participantes debe negarse o rechazarlo. Ni siquiera intentar obstaculizar el juego.
Artículo 5: Medidas judiciales únicas y especiales para los participantes
Todos los participantes están exentos de cualquier delito judicial como asesinar a sus compañeros de clase; causar incendios; utilizar armas de cualquier clase; robar las armas; violar la intimidad y los derechos de los demás; incluida la utilización ilegal de medicamentos. Sin embargo, les está prohibido rebelarse contra el profesor supervisor, contra los militares y contra los miembros del comité, impedir su acción o vengarse. Se castigará severamente a los que se atrevan a cometer tales actos convirtiéndose en fugitivos de la justicia.
Artículo 6: El ganador
Battle Royale concluye con la victoria de un solo ganador, el único superviviente de todo el juego. Ninguna derogación a esta norma es posible.
Artículo 7: La vida del ganador después de Battle Royale
El Estado subvencionará al ganador durante toda su vida. Tendrá un estatus de ciudadano modelo y será un ejemplo a seguir para formar una nación sana de cuerpo, mente y espíritu. Todo el pueblo, pues, será partícipe de la financiación del ganador/a.
Artículo 8: Supervisor de Battle Royale
Se coloca a los responsables administrativos de Battle Royale bajo la autoridad del supervisor/a. Éste/ésta se elige en el seno del Comité de promoción de la ley BR, sobre recomendación de sus miembros. Está habilitado/a para infringir todas las leyes con el fin de hacer progresar eficazmente el juego. Aunque ni el Estado, ni el Comité se hacen responsables de la supervivencia del profesor/a.
Artículo 9: Indemnización a las familias de los perdedores
Las familias de los perdedores recibirán una indemnización por la pérdida del estudiante. Esta medida se presenta bajo una norma específica.
Artículo 10: Disposiciones complementarias al reglamento
Con el fin de garantizar el buen desarrollo de Battle Royale, algunas disposiciones complementarias podrán publicarse en caso de necesidad.
Fuente wikipedia

viernes, 26 de junio de 2015

§20 Los mojigatos

"Puedes aprender muchos de las personas observando el comportamiento de ciertos animales..." esta frase puede resumir mi etiquetado de escenas dentro de un bestiario. La película entera puede presentarse con ella. El título elegido, Musarañas (2014), de Juanfer Andrés y Esteban Roel.
Prácticamente toda la acción transcurre en un piso típico del centro de Madrid, en una España que ya ha superado la posguerra, pero donde no se ven los techos, con un papel estampado de flores (de "pitimini") cubriendo las paredes, muebles castellanos, ganchillo e imágenes religiosas. Muchas. Vamos, la casa de mi abuela.
En ella solo cabe un pequeño resquicio a la vanidad, el espejo (espejo, espejito), justificado por la profesión de la protagonista.
Aunque es evidente la relación con la película Misery (1990), de Rob Reiner, pierna incluída, y se la ha relacionado con ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), de Robert Aldrich, por el tour de force de la protagonista, creo que los autores quisieron llevar su película al terreno de los cuentos no contados a la niña de la que no se dice su nombre (¿la rosa?): Caperucita, Blancanieves y Cenicienta tienen todos los ingredientes para hacer películas y hasta series de terror, como últimamente nos están demostrando.
También me llama la atención que prácticamente nada de lo que se dice se hace a la cara, todo o es mentira o se esconde o se canda (tabú). Debieron tomar buena cuenta quienes redactaron la sinopsis (no digo más).
Ah, la inmobilización de la pierna es digna de la Santa Inquisición (que me perdonen los médicos).
Todas estas características y algunas más, como la comicidad malsana, han sido aludidas en las críticas a esta película, sobretodo por el apadrinamiento del film por Alex de la Iglesia. En estos casos es frecuente que aparezca la palabra esperpento, que quiero ver como alusión al "género" creado por Valle-Inclán*.

Escena de Musarañas (2014) de Juanfer Andrés y Esteban Roel.


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En efecto, don Ramón del Valle-Inclán (1869-1936), una de las grandes  figuras españolas de la llamada Generación del 98, produjo una variada obra, que  abarca géneros como la poesía, la narración, el ensayo y el teatro… Entre sus obras tienen especial importancia las que tituló «Esperpentos», textos narrativos en que prefiere la forma dialogada, y aun teatral y farsesca, donde pone de manifiesto su estilo irónico, satírico y sarcástico, su mentalidad desgarrada e hiriente y su tendencia a presentar una imagen deformada y grotesca de la realidad. Como lo señala el DRAE en su definición, los «esperpentos» de  Valle Inclán pueden considerarse como un género específico, del cual él sería el creador. Fuente fundéu