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jueves, 2 de junio de 2016

§75 Forámenes del cráneo

Entonces, poseído por la más absoluta desesperación, hice mi acto de fe, y ya iba a cerrar los ojos para aguardar la muerte, cuando vi abrirse por encima de mi cabeza el agujero del pozo y descender en un ataúd a un hombre muerto, y tras él su esposa con los siete panes y el cántaro de agua.
Las Mil y una Noches, XLI El cuarto viaje de Simbad el Marino.
No podría decir las veces que he visto El jovencito Frankenstein (Mel Brooks, 1974), pero casi tantas como he leído reescritos los mismos comentarios, extraídos de las dos fuentes principales y más accesibles sobre la película, incluidos en cualquier edición digital, a saber, el audiocomentario del director y una entrevista de treinta y tantos minutos a Gene Wilder, co-guionista y autor de la idea original. A pesar de todo, la sensación que retengo es que cada visionado permite apreciar nuevos detalles, antes desapercibidos, ¿que no es posible? Pues el mismo Mel Brooks lo reconoce en el citado audio y se le puede considerar una autoridad en la materia.
Dicho esto, invito a aquellos que no hayan visto todavía la versión original a que no pierdan el tiempo (en otra cosa), porque los juegos de palabras y las resonancias no tienen traslación posible y se están perdiendo parte de la experiencia. Me gustaría decir que el vídeo siguiente tiene esa misma intención (desconozco sus motivos y, francamente, no creo que los aprobara), solo es una mixtura de instantes tan conocidos que no hará falta traducción; el que contiene la escena que quería comentar fue bloqueado por los que detentan aún los derechos legales, como si con ello ganaran alguna batalla a la piratería, pero no me entretendré en discutir más eso.

¡Dentro vídeo!

Según los testimonios, parece que el proyecto empezó a interesar a Brooks cuando Wilder (irónicamente se trata de una b&w movie) sugirió que el doctor se habría cambiado el apellido para evitar el menosprecio por su antepasado. Este cambio no sólo es una idea con muchas posibilidades (como luego demostraron), sino que es algo muy presente en el subconsciente de todos aquellos que han sido perseguidos, los emigrantes en general y es más que evidente en los judíos que llegaron a Estados Unidos a lo largo del siglo XX, muchos de los cuales buscarían refugio en la farándula (que es de armas tomar, como la legión extranjera) y de ahí, a los escenarios y el cine. Para esta película se reunieron un número considerable de ellos, hasta el punto de que se podría considerar una película coincidentemente judía.
Pero lo que espera toda buena madre judía para su hijo es que abra una consulta médica en Manhattan o alrededores, y las cabezas de los demás siempre han dado mucho juego (particularmente la psiquiatría, la estética y la estomatología). Freddy seguro que tuvo algún contratiempo anterior, puesto que le encontramos en la Universidad, que da prestigio y poco más —¡podría ser peor, podría tener que sustituir a Joel Fleischman en Alaska!—.
Precisamente le encontramos a punto de hacer una demostración práctica ante sus estudiantes, que se asemeja más de lo que debiera a lo que zurujanos, sacamuelas y vendedores de pócimas representaban en cada una de sus estaciones; como también es curioso que el protagonista de El médico (Phillipp Stölzl, 2013) hubiera de circuncidarse para ingresar en el bimaristán de Avicena.

ADN Normal
La insistente inquisición del alumno sobre los experimentos de la materia muerta, que tanto enfurecen al doctor Frankenstein (todavía Fronkonsteen), subrayan uno de los temas centrales del cine sobre la medicina, la ética, en sus distintas variantes:
  • Mad doctors, que en solitario o en grupos marginales, experimentan sobrepasando los límites de lo razonable. Incluso hoy en día, en que se publica e investiga en equipos, es un temor presente (inconsciente). Se le suele denominar el factor Frankenstein.
  • La criatura creada a partir de piezas, comparable al robot (término creado en 1920 por Karel Capek para su novela fantástica Russum's Universal Robots, derivado del checo robota, 'trabajo obligatorio', generalizado a partir del Yo robot de Asimov, 1940) induce el llamado complejo de Frankenstein, o temor lógico a ser superado por una máquina (no importa en qué campo, por no repetir materia).
  • El beneficio de los transplantes, que, de humanitario en origen, se ha convertido en algo de trascendencia económica y amenaza con la perpetuación del poder.
  • Y, no por último menos importante, la genética y la generación de vida. Tradicionalmente apuntado como una de las preocupaciones de la mujer y, en particular, de Mary Shelley (Mary Wollstonecraft Godwin de soltera, que perdería tres de sus cuatro hijos) cuando gestaba su Frankenstein.
En mi opinión, émulo de George Sand o Fernán Caballero, Fronkonstin ocultaría a Fronkonstina (o así debería ser).
He intentado en vano que Frankenstein me cuente en detalle la creación del ser; pero sobre este punto permaneció impenetrable.
— ¿Está usted loco, amigo mío? —me contestó— ¿Hasta dónde le va a llevar su absurda curiosidad? ¿Es que quiere crear, también, un ser diabólico, enemigo suyo y del mundo? Si no, ¿a dónde quiere ir a parar con sus preguntas? ¡No inista! Aprenda de mis sufrimientos, y no se empeñe en aumentar los suyos.
Mary Shelley, Frankenstein o el moderno Prometeo, 1818, Narración de Walton, v. III, c. 7, p.168-9
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Mary Shelley (1787-1851) a pesar de su producción literaria como narradora, dramaturga, ensayista, filosófica e incluso biográfica, es reconocida sobre todo por ser la autora de la novela gótica Frankenstein y como la esposa del poeta romántico Percy Bysshe Shelley.
Los estudios sobre sus trabajos menos conocidos apoyan la teoría de que a lo largo de su vida mantuvo una actitud política (y vital) muy radical para la época, basada en la idea de que la cooperación y la compasión, particularmente las practicadas por las mujeres en sus familias, son la vía para reformar la sociedad (desafío directo al romanticismo individual promovido por su marido y las teorías políticas educativas de su padre, William Godwin).
En 1816, Mary Godwin, Percy Shelley y su hijo viajaron a Ginebra con Claire Clairmont (hermanastra de Mary y amante ocasional de su marido). Planeaban pasar el verano con el poeta Lord Byron, cuyo reciente romance con Claire había devenido en un embarazo de ésta. El grupo llegó en mayo a Ginebra, en donde Mary comenzó a llamarse a sí misma «Sra. Shelley» (no contraerían matrimonio hasta diciembre tras el suicidio de la primera señora Shelley). Byron se les unió el 25 de mayo, con su joven médico y secretario, John William Polidori, y alquilaron la Villa Diodati, cercana al lago de Ginebra; Percy Shelley más tarde alquiló un edificio más pequeño llamado Maison Chapuis, ubicado en las cercanías. Pasaron el tiempo escribiendo, navegando en el lago y conversando hasta altas horas de la noche.

El perfecto enclave para devorar historias de fantasmas alemanas

Mary Shelley, en 1831, describió aquel verano como «húmedo y poco amable en lo que respecta al clima, ya que la lluvia incesante nos obligó a encerrarnos durante días en la casa». Entre otros temas, las conversaciones se basaban en los experimentos del filósofo del siglo XVIII Erasmus Darwin, del cual se decía que había animado materia muerta, y de la posibilidad de devolverle la vida a un cadáver o a distintas partes del cuerpo. Sentados alrededor de una fogata en la villa, el grupo también se entretenía leyendo historias de fantasmas alemanas —literal de la wikipedia—. Esto llevó a Byron un día a sugerir que cada uno escribiese su propia historia sobrenatural. Poco después, durante un sueño, Mary concibió la idea de Frankenstein. Comenzó a escribir lo que asumió que sería una historia corta y con la ayuda de Shelley llegó a convertirse en su primera novela, Frankenstein o el Moderno Prometeo, que publicaría anónimamente en 1818, aunque la crítica asumió que era obra de su marido (por el prólogo de Percy y estar dedicado a su héroe político William Godwin). Más tarde describiría el verano en Suiza como «el momento en que por primera vez salté de la infancia a la vida real».
La muerte de Percy determinó que tuviera que hacerse cargo de la familia, de las deudas y del legado literario de su marido y de su padre sin descuidar el propio (Frankenstein pago muchas facturas y alguna que otra extorsión).
La última década de su vida estuvo plagada de enfermedades, probablemente vinculadas al tumor cerebral que se sospecha acabó con ella a los 53 años.
En el primer aniversario de su muerte, la familia inspeccionó su escritorio. Allí encontraron trozos de cabello de sus hijos fallecidos, un cuaderno que había compartido con Percy Shelley y una copia del poema de éste titulado Adonaïs, junto con una página envuelta en seda, la cual contenía algunas de sus cenizas y los restos de su corazón. Fuente wikipedia

sábado, 31 de octubre de 2015

§44 La lista de suscriptores

Muchas veces me imagino que hay un montón de niños jugando en un campo de centeno. Miles de niños. Y están solos, quiero decir que no hay nadie mayor vigilándolos. Sólo yo. Estoy al borde de un precipicio y mi trabajo consiste en evitar que los niños caigan a él. En cuanto empiezan a correr sin mirar adonde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Eso es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos. Yo sería el guardián entre el centeno. Te parecerá una tontería, pero es lo único que de verdad me gustaría hacer. Sé que es una locura.
J.D. Salinger, El guardián entre el centeno, cap. 22 pag 72.

Escena de Conspiración (1997) de Richard Donner

Al terminar la producción de Asesinos (1995) Joel Silver preguntó a uno de los guionistas, Brian Helgeland (los otros dos eran los hermanos Wachowski), si tenía algún otro proyecto en mente. Lo había: Teoría de la Conspiración. Parte de la idea de que desde la década anterior se había incrementado la predisposición del público a creer en este tipo de tramas, más allá de la ficción; han pasado veinte años y sólo sé que el boletín de Jerry no se publicaría en papel.
Aunque el argumento central de una teoría de la conspiración en Estados Unidos normalmente giraría en torno a la muerte de su presidente, en su defecto un candidato, a manos de un pistolero solitario, la película ya apunta a la existencia de fases dentro de un plan maestro, centrándose en si hay una forma de fabricar un ejecutor y si alguien la estaba utilizando.
En la escena del apartamento de Jerry (he seleccionado un fragmento significativo dada su longitud) se nos bombardea con gran cantidad de sugerencias, algunas de ellas improvisadas por un muy bien descentrado Mel Gibson y otras de los diseñadores de producción que se pueden ver por toda la casa:
  • Comienza con The Grateful Dead. Hay en esto una relación curiosa: Ken Kesey, de los Merry Prankster (una comuna móvil que los seguía a todos los conciertos) y autor de Alguién voló sobre el nido del cuco (1959), y Robert Hunter, letrista, cantante y poeta estadounidense, conocido por su asociación con Jerry García y Bob Dylan, fueron voluntarios en pruebas MK ULTRA en la Universidad de Stanford. Les pagaron por tomar LSD, psilocibina y mescalina e informar de sus experiencias. Este es el germen de la cultura hippie
  • La verdad sobre los Ovnis —en el boletín de Jerry, aunque no se desarrolla—.
  • El secreto sísmico del transbordador espacial —trama que se sugiere cierta en la película—.
  • La conexión Oliver Stone-George Bush y la interpretación de la historia americana reciente en sus películas JFK (1991) y Nixon (1995), aunque hoy podríamos añadir World Trade Center (2006), W (2008, sobre George W. Bush) y la serie documental La historia no contada de EEUU (2012). En realidad casi toda su filmografía se inspira en hechos reales. Pero Lee Harvey Oswald, Arthur Herman Bremer y John Hinkley Jr., tres pistoleros solitarios, se cruzaron en las historias de estos presidentes.
  • Caras humanas en Marte —en el boletín—, teoría que nace tras la publicación de unas fotografías hechas por el Viking 2 de una formación rocosa en la zona llamada Cidonia, en las que el capricho de la luz hizo que aparecieran rostros en su relieve; la tendencia del cerebro a reconocer patrones como formas conocidas se denomina pareidolia. 
  • El asesinato de John Lennon por Mark David Chapman, otro pistolero solitario, a las puertas del edificio Dakota donde residía. Este famoso y exclusivo inmueble tiene sus propias leyendas, algunas relacionadas con el rodaje de La Semilla del Diablo (1968) de Roman Polanski. Aunque otros muchos famosos han vivido allí, como Alec Baldwin, Lauren Bacall, Leonard Bernstein, José Ferrer, Roberta Flack, Judy Garland, Steve Guttenberg, Judy Holliday, Boris Karloff, Rudolf Nuréyev, Robert Ryan, Jason Robards y Aleister Crowley; se dice que en 2005 Antonio Banderas y Melanie Griffith intentaron adquirir un apartamento, pero no lograron la aprobación de sus vecinos. Por cierto, Yoko Ono sigue residiendo allí.
  • El control de libros en librerías y bibliotecas —que también aparece en Seven (1995) de David Fincher, para los asesinos en serie— dada la coincidencia, más allá de la casualidad, en muchos crímenes de las preferencias literarias de sus autores. Queda ejemplificada aquí con El Guardián entre el centeno (1951), de Jerome D. Salinger, que portaba Chapman cuando perpetró el asesinato de Lennon, y que aparece entre las pertenencias de Charles Manson, Lee H. Oswald, John Hinkley y Sirhan B. Sirhan (asesino confeso de Robert F. Kennedy). El protagonista del libro, Holden Caulfield, representa al joven furibundo frente a una sociedad llena de hipocresía —lo prefiero a “rebelde sin causa”, que de tan manido ha perdido ese carácter—. Salinger expresó su deseo de que el libro no fuera trasladado al cine.
  • El programa MK ULTRA (Mind Kontrol Ultra), aquí llevado a cabo por el Dr. Jonás (Patrick Stewart), un personaje que podría estar basado en el Dr. Ewen Cameron, autor del concepto “conducción psíquica”, que la CIA encontró particularmente interesante. En pocas palabras, defendía que el borrado de memoria y la reconstrucción completa la psique era un medio para volver a educar a la gente... Sus experimentos consistían en la reproducción de bucles de ruidos o sentencias simples a pacientes en coma inducido por sustancias como el LSD y drogas paralizantes. Documentos desclasificados en 1977 revelaron que aunque los experimentos se realizaron en Canadá, algunos de los sujetos analizados, no todos voluntarios, eran ciudadanos de los Estados Unidos. Estos experimentos se asemejan a otros realizados por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Casualmente Cameron fue miembro del tribunal médico de Nuremberg.
  • El movimiento scoutt de Baden-Powell —el fragmento ya no recoge esta alusión—, que muchos asocian con la masonería por la similitud de ritos, como la Iniciación, el Saludo y el Juramento. Un apunte, su fundador, durante el asedio de Mafeking, en las guerras anglo-boers, permitió que la Logia local Austral Nº2534 pudiera seguir reuniéndose y posteriormente que se fundase una Logia con su nombre en Melbourne, la Logia Baden Powell Nº488.48
  • El fenómeno Betty Crocker —omitido en la traducción—, marca creada en 1921 para dar una respuesta personalizada a las amas de casa (algo así como la Elena Francis americana,  programa de radio incluido). El nombre fue una decisión de marketing, por considerarse alegre para la mayoría de los americanos, combinado con el apellido del director de la compañía. Como curiosidad añadiré que puede encontrarse repostería de esta marca en los estantes de Mercadona.
  • La Easy-Bake Oven, cocinita de juguete —en la traducción se sustituye por el horno microondas, para hacerlo inteligible—, actualmente fabricado por Hasbro. El juguete original utilizaba una bombilla incandescente como fuente de calor y en ella se podían realizar sencillas recetas (aparece en el episodio s4e21 de Fringe, en el que el Dr. Bishop hornea un pastel de limón con cerebros de cerdo y cortexiphan).
  • 4-23-12 (¡ésta es buena!) muchos vieron en la combinación del café una fecha profética y esperaron a ver qué pasaba.
  • Antes de caer la botella de cerveza, la M de Miller se ve como el número 911 (11 de septiembre). Esta marca se puede adquirir en todo el mundo, aunque la sede de la empresa está en Londres, otra elección que hace pensar.
  • En otro estante puedo distinguir más libros: Under Fire de Oliver L. North (sobre el Iran-Contra); The Reagan Foreign Policy, de William G. Hyland; Unbounding the Future, the Nanotechnology Revolution, de Eric Drexler, Chris Peterson y Gayle Pergamit; y My Life In Court, de Louis Nizer, memorias del abogado de los famosos. Curiosa selección, pero no son los libros de un lelo.
  • El exterior de la vivienda fue filmado en Thompson Street, en el distrito Soho de Manhattan. Desde esta calle en particular se hicieron algunas filmaciones del atentado del World Trade Center.
  • Jodie Foster fue inicialmente la elegida para hacer de Alice, pero por su papel en Taxi Driver (1976) y, sobre todo, por el acoso sufrido por parte de John Hinkley, declinó la oferta. El frustrado magnicida se trasladó a New Haven cuando la actriz entró en la Universidad de Yale. Pero como no logró acceder a ella urdió planes que llamaran su atención, como secuestrar un avión, suicidarse delante de ella o matar a un personaje importante. La elección fue matar al presidente Jimmy Carter, pero fue detenido antes y recluido en un centro psiquiátrico hasta 1981, año en que comenzó el mandato de Ronald Reagan.
La tecnología doméstica actual hace que cualquiera pueda hallar tal cantidad de coincidencias que justifiquen enunciar nuevas teorías, que me duele la cabeza solo de pensarlo. ¡Gracias a Dios que tenemos el café! El café es un amigo. Seguro.
De hecho, lo primero que se da a un sintecho, antes incluso de preguntar su nombre, es café y una manta. Además de hacer que nos sintamos más agusto, el café tiene efectos positivos que incluyen reducir el riesgo de demencia y Alzheimer, Parkinson y gota; como analgésico, antidiabético, antineoplásico, broncodilatador y cardioprotector, laxante y diurético; mejora el rendimiento cognitivo y la memoria a corto plazo. Aunque también se dice que Alá hizo que se lo dieran a Mahoma ¡vaya usted a saber por qué!
Con solo una porción de las palabras que se incluyen en este texto seguro que consigo un puñado de suscriptores nuevos en Langley, condado de Fairfax (pero no por John).

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Un documento de 1955 de MK-ULTRA sobre un estudio con drogas da indicios del estado y de la magnitud de los esfuerzos de la CIA. Sobre su contenido habría que preguntar a un farmacéutico.

  • Sustancias que promovían el pensamiento ilógico y la impulsividad hasta el punto en que el sujeto perdía credibilidad en público. 
  • Sustancias que aumentaban la eficacia de la mentalización y de la percepción.
  • Materiales que prevenían o contrarrestaban los efectos del alcohol.
  • Materiales que promovían los efectos intoxicantes del alcohol.
  • Materiales que producen síntomas y signos de enfermedades reconocibles en forme reversible de manera que pueden ser usados para hacer creer a las personas que están enfermas, etc.
  • Materiales que ayudan a una inducción rápida de hipnosis o potencian su utilidad.
  • Sustancias que mejoraban las capacidades de los individuos para soportar la privación sensorial, la tortura y la coerción durante la interrogación y el así llamado "lavado de cerebro".
  • Materiales y métodos físicos que producen amnesia para los eventos precedentes o durante su uso. 
  • Métodos físicos para producir shock y confusión durante periodos extendidos de uso y uso subrepticio.
  • Sustancias que producen incapacidad física como parálisis de las piernas, anemia aguda, etc.
  • Sustancias que producen euforia "pura" sin depresión posterior.
  • Sustancias que alteran la estructura de la personalidad de tal manera que el receptor se ve facilitado a ser dependiente de otra persona.
  • Un material que produce confusión mental como la del tipo que en la que el individuo se ve impedido a cuestionar las órdenes que se le dan.
  • Sustancias que reducen la ambición y la eficiencia laboral cuando son administradas en cantidades indetectables.
  • Sustancias que promueven déficit auditivos o visuales, preferiblemente sin efectos permanentes.
  • Una píldora Nocaut que puede ser dada subrepticiamente en bebidas, comida, cigarros, como aerosol, etc., que debía ser segura de usar produciendo amnesia, y portátil para ser usada por agentes de campo.
  • Un material que pudiera ser administrado subrepticiamente por las vías descritas anteriormente, y que en pequeñas dosis hiciera que un hombre quedara completamente inhabilitado.

¡Y luego va el médico y te quita el chorizo! Fuente wikipedia



domingo, 2 de agosto de 2015

§30 La pila del robot

(Entrada dedicada a mi amigo J.M.G.)

Escena de Autómata (2014) de Gabe Ibáñez.

Voy a divagar un rato sobre la precisión del lenguaje. Para ello, lo mejor es ponerse en el contexto de las máquinas lógicas, que demuestran lo poco concreto que puede llegar a ser.
Tomemos la palabra reflexivo, que tiene dos significados perfectamente diferenciables. Por un lado denota al que piensa antes de hablar o actuar. Por otro, al que es capaz de reflejar y, en algunos contextos, reproducir. La película que nos ocupa (y gran parte de la ciencia-ficción) se podría decir que trata de la capacidad reflexiva de las máquinas, con un claro margen de error.
En la escena, el marido, se queja de que su perro está muerto y que únicamente le pidió al robot que se lo cepillara. ¡Hombre, dicho de ese modo, menos mal que el robot no decidió calzárselo, en el sentido no admitido por la RAE! Cualquier robot se lo hubiera cargado (sin cogérselo), sobre todo si se habla de cepillar al mejor amigo de su mujer. Si hubiera sido un examen, también se lo habrían cepillado a él.
Bromas aparte, la mayor se encuentra en buscar argumentos que apoyen nuestra reclamación, tanto en las cláusulas de las pólizas de seguros, como en el manual de instrucciones de un electrodoméstico (y eso que en este caso se cuenta con una versión en español -ver la portada-). Todos los actores de la sociedad, para regocijo de los abogados, están sujetos a la interpretación que se dé de estos textos y el relato del siniestro (el demandante no tiene que serlo y el siniestro, tampoco -ya me estoy liando y liándote-).
En otro orden, que el robot sostenga el cepillo (sin pedir nada), en actitud sospechosamente inocente, me ha recordado (perdonen a mis neuronas) la escena en la que Roger O. Thornill agarra el cuchillo criminal en Con la muerte en los talones (1959), de Alfred Hitchcock. Curiosamente ambas películas fueron presentadas en el Festival de San Sebastián, en el 63º y 7º, respectivamente (también se puede relacionar a Hitchcock con la suegra del protagonista, dicho sea de paso).
Por último, quiero añadir que se ha hecho escarnio debido a la extensa relación de los filmes homenajeados (o expoliados) por esta película. Aunque no es mi estilo, quiero añadir a la lista Hardware (1990), de Richard Stanley, en la que también se dan cita robots, desierto y Dylan McDermott.

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Cary Grant es el protagonista de una novela de espías titulada 54 (2002) de Wu Ming (Foundation), pseudónimo de un grupo de escritores italianos. La trama le situa en Hollywood, tremendamente aburrido con su nueva vida después de haberse retirado de su carrera como estrella de cine. Tanto Alfred Hitchcock como el MI6 están intentando convencerlo para que vuelva a actuar. Mientras que la propuesta de Hitchcock es clara y precisa (el maestro del suspense está preparando la filmación de Atrapa a un ladrón (1955), aquella del MI6 es vaga y poco plausible: Grant tiene que viajar a Yugoslavia para encontrarse con el presidente Tito. Fuente wikipedia

54 también es un número natural, compuesto y abundante, un número de Leyland, el código telefónico de Argentina, el número atómico del Xenon y una película de 1998, de Mark Christopher, sobre una discoteca. Fuente wikipedia