Nota que abuso de la confianza que depositas en mi por saberte desconocedor de los terribles hechos que se te atribuyen y que, de un tiempo a esta parte, van de boca en boca. Aunque te confío que las personas de tu círculo no prestan oído a tales tejemanejes y, más aún, alejan de ti las sombras de cualquier duda, son los menos, insisto, los que perseveran en poner el foco en circunstancias que favorecen sus propósitos y empañan tus méritos. No entraré en detalles, perversos en sí, pues me avergüenza tener tal conocimiento.
Por ello, amigo mío (me siento ahora más cercano, si cabe) te recomiendo y casi te apremio a que tomes cartas en el asunto y desbarates la infamia urdida, desvelando lo que, por prudencia, llevas tiempo callando. Piensa en la acusación como parte fundamental en el devenir de la justicia y, ¡por Dios!, guarda tu buen nombre, como haría cualquiera, de la iniquidad. Piensa en los tuyos y en los que no entenderían otro proceder.
Por último, desconfía de tomar consejo de los que no han desvelado por tu bien ganada reputación y vence tu natural cautela asestando un golpe de gracia. Sabe que tienes la verdad de tu lado y el respaldo de quienes admiran tu determinación y te suscriben.
Un muchacho miraba hacia un lugar indeterminado. A unos
pasos había un balón y otros más allá se intuía la portería, entre dos árboles.
Imaginé que estaba concentrado en el disparo, así que guardé silencio. Al cabo
de un rato no tuve por menos que preguntar si le pasaba algo. Respondió que
esperaba calmarse, no fuera a matar a alguien.
Ante tal extemporánea reacción, me alejé para no suscitar
más violencia.
Había llegado a casa cuando me planteé si el joven no estaría
entrenando hasta que vio a un conocido, seguramente cercano, querido ... ocultarse
en la maleza con alguien inapropiado.
Es casi seguro que la afición al cine venga determinada por la costumbre de los padres de contar un cuento al acostarnos. No tiene una razón en la continuidad con las tareas diarias, por lo tanto debe haber una relación con el mismo hecho de concluir el día y el paso a una experiencia necesariamente individual para la que nunca considerarán que nos han preparado suficientemente. De ahí las plegarias, para invocar lo benéfico, y los cuentos, evocadores de situaciones que, por muy difíciles que se planteen, se conjuran con un final feliz amañado. Con los años he olvidado (sino renunciado) hacer mis oraciones, pero continuo terminando el día con mi dosis de ficción que me permita apartar la mente de las azarosidades diarias, sabiendo que esas nuevas tramas me son ajenas y, aunque pueda haber cierta identificación con los personajes, predomine la incredulidad.
Sea por ello que esta película, más que otras por este motivo, me incite a escribir sobre las distintas lecturas que se llegan a dar a una misma historia. Ya no solamente de la distorsión que puede haber entre espectador y director; cuando leo inconscientemente los títulos de crédito del final de las películas siento por igual respeto y vértigo por la cantidad de personalidades que han literalmente manipulado la información bajo la batuta que imaginamos como la dirección. En el caso de la tradición popular es incluso más rica.
La base de los cuentos se encuentra en el cotilleo, la comidilla que por recurrente llega a rumor y chisme antes de llegar a cuento; y de ahí a leyenda, novela o historia y finalmente a mito (del griego mythos, cuento). La persistencia de los cuales se debe a su función moralizadora y al transmitirse oralmente se adapta sutil, primero, y manifiestamente, después, en pugna por mantenerse vigente ante nuevos gustos y las nuevas finalidades que se les quieran dar. Más o menos hasta quedar fijados por algún erudito que haga acopio de ellas, sin perjuicio de continuar evolucionando o de las mutaciones por traslado a otras lenguas o inclusión en nuevas colecciones.
La Mafia también es un sifonáptero familiar
La intención de Giambattista Basile en El cuento de los cuentos (c.1632) no parece ser sólo de compendiar relatos moralizadores como en la Edad Media o divertimentos al modo del Decameron; si reproduce la excusa que le da estructura de jornadas, por lo que es conocido también como Pentameron, pero con una idea más cercana a la de Las mil y una noches (Alf Layla wa-Layla) que, por cierto, no era conocida en Occidente en aquellas fechas. Sus relatos (es evidente que los hizo suyos) sirven de continente de la sabiduría popular y sus fantásticas imágenes, que habían quedado fuera de la obra de Bocaccio:
[un bosque] donde los árboles hacían de empalizada a un prado para que no fuese descubierto por el Sol, los ríos se quejaban porque al avanzar por la oscuridad tropezaban con las piedras, y los animales silvestres, sin pagar tributos, disfrutaban de su Benevento [ciudad asilo perteneciente a los Estados Pontificios] y se desplazaban a salvo por toda esa maraña.
Esto me lleva a la decisión de Garrone de llevar a la pantalla su particular visión, que no es la de la tradición, ni la del escritor —más en la línea de Passolini o de Fellini, salvando los resultados—. Su relato trata de imbricar las historias de tres reinos cuyos monarcas actúan de forma caprichosa e irresponsable, como metáfora de lo que ocurre en la Europa actual, dejando imágenes tan poderosas que probablemente despisten al espectador de la crítica implícita.
El argumento de La pulga (pasatiempo quinto de la jornada primera) queda resumido en el encabezamiento del propio Basile:
Un rey, que tenía poco en qué pensar, cría una pulga hasta que ésta se vuelve gorda como un castrado, la manda entonces desollar y ofrece su hija como premio a quien sepa decir a qué animal pertenece la piel. Un ogro la reconoce por el olor y se lleva a la princesa, que luego es liberada por los siete hijos de una vieja, mediante igual número de pruebas.
Solo se me ocurre añadir que si en los sucesos de Altomonte pueden verse trazas transalpinas, para el reino de España se hubiera utilizar La vida del Buscón, que por algo es contemporáneo, díscolo y más cercano de lo que aparenta.
Escena deEl cuento de los cuentos (2015) de Matteo Garrone [Sustituida por el trailer a raíz de la reclamación de Rico Management, causante del cierre de muchos canales YouTube y, por lo que dicen, imposible de contactar]
De la lectura del original de Basile para este fragmento, que debería haber incluido las siete proezas de cada uno de los hijos contestadas por tantas réplicas del ogro —queda para otro tipo de película—, se llega al ataque furibundo del marido ultrajado (guste o no, legítimo) al carromato de los cómicos y su madre; la habilidad de escupefuego y el malabarismo de manzanas —¡siempre manzanas! no presentes en el cuento de las que llega a ofrecer una a Violet, pero no hay tiempo—evidencia que se trata de una troupe de artistas, ya presentes en segundo plano desde el comienzo.
En 2002, durante un viaje a Bulgaria, Berlusconi compareció ante las cámaras para denunciar el supuesto "uso criminal" que tres populares personajes televisivos, los periodistas Enzo Biagi y Michele Santoro y el humorista Daniele Lutazzi, hacían de sus espacios en la RAI. Tras el edicto [búlgaro o de Sofia], los tres fueron despedidos [a estos les siguió Roberto Benigni]. Y las imágenes se enterraron en los archivos, porque ofrecían un aspecto de Il Cavaliere poco tranquilizador.
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La Academia de los Ociosos o degli Oziosi fue creada en Nápoles en 1611, durante el virreinato del séptimo conde de Lemos, don Pedro Fernández de Castro, con la intención de reunir a los mayores ingenios que se encontraban en ese momento en la ciudad. Sus estatutos fundacionales permitían ser miembros de la misma a españoles, italianos y franceses, hombres y mujeres por igual (caso de la poetisa Margherita Sarocchi).
Su irónico nombre fue sugerido por uno de sus primeros socios, Francesco De’Pietri, por oposición al afanoso negocio, es decir, como noble actividad del espíritu, en la misma línea que su lema Non pigra quies o su símbolo, un águila vigilante en lo alto de una roca —y que me gusta interpretar como ¡no va a ser todo ganar dinero!—.
Inicialmente se permitió únicamente el empleo del latín y el toscano, tanto en las disertaciones verbales como en las composiciones literarias y científicas, pero la inclusión de un relevante e ilustre número de escritores españoles en un segundo momento hizo que se autorizara el uso de nuestra lengua, por otra parte conocida por la mayoría de los napolitanos medianamente cultos.
La visita de Quevedo a Nápoles propició su rápida admisión, por ser ya un escritor famoso y admirado, además de secretario y amigo íntimo del nuevo virrey, el duque de Osuna (Pedro Téllez Girón, también conocido como Miedo del Mundo), y que dominaba las tres lenguas. Se cuenta que disfrazado de pordiosero consiguió evitar ser ahogado en el Gran Canal, como se estilaba en esos tiempos, por unos sicarios que le tomaron por lugareño, mientras ejercía de enlace con el embajador español. Un mes después al no dar con él ni con el duque, quemarían sus retratos en la plaza pública, dando por concluida la llamada Conjura de Venecia.
Es muy posible que lo que más echara de menos de la Academia a su retorno fueran aquellos interludios semanales con los más eminentes ingenios napolitanos. Su Cuento de los cuentos es un evidente eco de Lo cunto de li cunti de Giambattista Basile, uno de sus contertulios habituales.
[Félix Fernández Murga, "Francisco de Quevedo,
Académico Ocioso" en Homenaje a Quevedo (ed.) de Victor García de la
Concha, p. 45 ss.]
About an old proverb, the words that say:
“A rotten apple‘s better thrown away
Before it spoils the barrel.” That is true
When dealing with a bad apprentice too.
Geoffrey Chaucer, The Cook's Tale
En castellano no es un concepto tan común como en tierras anglosajonas, pero a nadie se le escapa el significado de una manzana podrida, ni que dañe a sus vecinas, parafraseando el proverbio del siglo XIV. En repetidas ocasiones he oído decir alegremente que son las malas compañías, la rama torcida y otras formas de prejuicio tan afines a la sabiduría popular, por otra parte muchas veces tan certera, sin detenerse en intenciones, si son justificables o justificadas y, sobre todo, en las consecuencias.
Comienza la cadena en la inmediata adyacente, la manzana vecina, que transita de la envidia provocada por la insolente precocidad, (que se confunde a menudo con asaz procacidad) al rechazo natural por las postrimerías, pasando por el desprecio al ajado cuando se hace evidente. Escucha después con avidez la que guarda la portería las noticias que escurren de arriba, tomando lo que le parece, imaginando más de lo que debe. Y todas las demás recrean aquí y allá lo que su alcance les permite. Así parece más que barril, pozo de sabidurías anegadas de caución a la mudanza, que no por menos esperada deja de ser ominosa a fin de cuentas.
Quien fue artífice de tal disposición tenía motivos (los suyos), aunque no fueran precisamente la nobleza o el azar, sino la economía (definitivamente, la suya), también de esfuerzo y espacio. Y siendo causa y beneficiado principales del desorden, va, maldice la suerte y escarba curioso la montonera por si haya maca, la expurga y acaba con la algazara que se ha montado. Que ya se sabe lo que pasa cuando muere el perro.
Luego están el observador y el comentarista ocasional de cafetería, que aún ajenos aportan generosos pábulo al batiburrillo y lo agrandan, lo difunden y generalizan, cual pan nuestro. Y si da para abundar, el que lo traslada, el que lo descarga, seguido del que prepara el mostrador, el de las voces, el comerciante, el cajero, el comprador y quien finalmente se regocija, que para eso paga. La sociedad del consumo del chisme en pleno.
Pero si la galana lo merece, será gran desperdicio que se marchite a solas, derroche que su aroma no despierte a otras la sazón y pérdida sino revienta las duelas ceñidas por flejes de conveniencia.
Me retuerce las tripas tan vulgar contención (y de acá, el vómito).
Escena de Horizontes Lejanos (1952) de Anthony Mann
Tampoco parece James Stewart muy de acuerdo con el tópico de las manzanas cuando se aplica a las personas. Como la mayoría de los colonizadores de cualquier historia tiene un pasado del que no está orgulloso y busca empezar de nuevo. Tierras de nuevas oportunidades donde se le juzgue sólo por lo que aporta, puedan remover los errores con los cimientos y forjar un futuro, tan impredecible como el de cualquiera. Solo por esta metáfora —y poder escuchar de nuevo "Nunca debimos abandonar el Mississippi"— merece recuperar esta entretenida epopeya de Anthony Mann, injustamente olvidado, como otros padres del western.
Visto desde hoy, es fácil caer en la cuenta de que el marcado Cole, un Arthur Kennedy magnífico en cada uno de sus papeles secundarios, no recibiría apenas recompensas (cinco nominaciones al oscar, ningún galardón), mientras que el apuesto Troy, Rock Hudson (una nominación por Gigante en 1956, que tampoco obtuvo premio), una de las estrellas favoritas para el público femenino de los 50's, se convirtiera en un icono cultural al declarar públicamente padecer sida (dos meses antes de fallecer) y su homosexualidad. Burt Lancaster, uno de los pocos amigos que le quedaban, leyó el último mensaje del actor antes de su muerte:
“No estoy feliz por tener sida, pero si esto puede ayudar a otros, al menos puedo saber que mi propia desgracia tiene un valor positivo”.
Esto hizo que el presidente Ronald Reagan —quien había sido amigo personal de Hudson— se viera obligado a hacer frente a una epidemia que su administración había ignorado durante cerca de un lustro, con consecuencias fatales para los enfermos.
Pese a ello, hasta 1987 el presidente no se pronunció públicamente sobre el VIH/sida, que en círculos conservadores se veía como un "castigo de Dios" contra los homosexuales por su estilo de vida.
1984: Rock Hudson en una recepción con los Reagan casi un año y medio antes de su fallecimiento. Fuente wikipedia
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Se denomina fruta a aquellos frutos comestibles obtenidos de plantas cultivadas o silvestres que, por su sabor generalmente dulce-acidulado, por su aroma intenso y agradable, y por sus propiedades nutritivas, suelen consumirse mayormente en estado fresco, como jugo o como postre (y en menor medida, en otras preparaciones, una vez alcanzada la madurez organoléptica, o luego de ser sometidos a cocción). Su consumo aporta pocas calorías y un alto porcentaje de agua (entre 80 y 95 % de su peso fresco), por lo que facilita la hidratación del organismo. Algunas frutas son fuentes de ácidos grasos esenciales para el organismo, tales como los frutos secos. Son además una importante fuente de energía para el organismo por su alto contenido en hidratos de carbono solubles de rápida disponibilidad.
Las transformaciones que se producen en las frutas debido a la maduración son:
Degradación de la clorofila y aparición de pigmentos amarillos nombrados carotenos y rojos, denominados antocianos.
Degradación de la pectina que forma la estructura.
Transformación del almidón en azúcares y disminución de la acidez, así como pérdida de la astringencia.
Estas transformaciones pueden seguir evolucionando hasta el deterioro de la fruta. El etileno es una hormona vegetal que genera la fruta antes de madurar y es fundamental para que se produzca. En las frutas maduras su presencia determina el tiempo de la maduración, por lo que el control de sus niveles es clave para su conservación. En las no climatéricas la presencia de etileno provoca una intensificación de la maduración: en el caso del producido por las manzanas, se suele aprovechar para acelerar el proceso en frutas verdes para presentarlas maduras en el supermercado.
La manipulación de la maduración también se puede hacer modificando la temperatura, la humedad relativa y los niveles de oxígeno, dióxido de carbono y etileno. Fuente wikipedia
Cuando empecé a esbozar la idea de ir registrando las impresiones que surgían al ver todo tipo de películas, una de mis aficiones, no sabía que iba a terminar volcándolos en un blog. En realidad, no pretendía más que no se perdieran "como lágrimas bajo la lluvia". Esa idea de la perdurabilidad, remedo de inmortalidad, pero sin adornos de notoriedad, que buscas cuando no sabes que no tendrás descendencia. Supongo que el hecho de perder algunos seres queridos en poco tiempo ha hecho que me plantee más seriamente cuán preciado es el tiempo.
Y escaso, me temo.
La vorágine del día a día apenas deja un respiro para la reflexión, al menos así lo siento ahora. Por ello, no pretendo hacer una obra que me agote rápidamente. Solo unas notas de cada impresión.
Pero ¿cómo glosar una película?
¡Mejor una escena! Una selección bajo unas sencillas normas y un comentario al margen.
Si consigo (volcarme) que el collage resultante tenga una cierta coherencia y sirva para algo, ¡mejor!, pero a mi me servirá para detenerme a reflexionar sobre asuntos que hasta ahora solo pasaban fugazmente por mi pensamiento.
Esto es coherente, creo, con algo que escribía solo hace unas fechas en otro lugar, a modo de presentación:
Este es un proyecto que nace de las vísceras, por lo que, antes de nada, pido disculpas por la falta de un objeto concreto, que seguramente exista, pero no sé aún muy bien cuál será. Lo iré desvelando según lo vaya vislumbrando. Pero el motivo inicial es intentar mostrar esos momentos cinematográficos que me han impresionado y que, por algún motivo, no han recibido un gran eco. Este será su espacio.
Ya he establecido algunas condiciones, que no serán cinco y que se intentará cumplir:
duración máxima 5 minutos;
no habrá cortes, ni montaje, ni efectos especiales, para preservar la integridad del original;
deberán contar una historia completa;
no desvelarán detalles importantes del film;
se justificará el motivo de su elección;
y se evitarán las escenas más famosas, no se trata de elegir las mejores.
Por último, se eliminará el acceso público de las imágenes a la primera notificación de los propietarios legales.
Comenzaré en breve, revisando las primeras entradas, ya que todavía no he encontrado la forma que más me convenza de mostrarlas. Comienzan en YouTube y pasan por Google+ y Facebook, ahora aparecerán en blogger.
Si os parece bien, acompañadme.
¡Claqueta! (*)
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Frank W. Thring, cineasta pionero australiano, ideó un método para relacionar imágenes y audio grabadas, apuntando en una pizarra datos básicos, a la que añadió una tablilla que sirviera al cerrarse como punto de partida para la sincronización. En realidad no se puede confirmar su autoría de la claqueta, pero sí que fue el Herodes de Ben-Hur (1959). Fuente Wikipedia