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martes, 8 de mayo de 2018

₰3: La oportunidad

Algunas personas parecen tener algo que las hace irresistibles. El éxito, la fortuna y la genialidad parecen consustanciales a su presencia. Y todos los demás mortales podemos sentirnos orgullosos de presenciar tanta opulencia. Envidias aparte, he escrito un microrrelato que, ... bueno, leélo y opina.

* * * * *
Hubiera sido un gran gesto de generosidad gastar tanto dinero en los cuidados de una persona sin recursos... si no fuera porque en realidad era una parte insignificante de la fortuna que había amasado. El mero hecho de ser rico le había abierto todas las puertas y las ganancias se habían ido acumulando solas. Así que cuando se enteró de que aquella vieja gloria necesitaba un triple trasplante le pareció una buena oportunidad de devolver algo que había robado años atrás, cuando le encargó una serie de inversiones de las que nadie nunca le pidió cuentas. Maldita memoria la suya.
Manos abiertas que quieren agarrar o que se desprenden,
que buscan acercar o expulsan. Siempre ambiguas.
(ilustración inspirada en la portada de una conocida serie)

domingo, 19 de junio de 2016

§76 Teatro catróptico

Claudio, rey de una tarde, rey soñado,
no sintió que era un sueño hasta aquel día
en que un actor mimó su felonía
con arte silencioso, en un tablado.
(fr. del poema Los espejos, de Jorge Luis Borges)
Pueda parecer al visitante despistado que hay bastante de esnobismo y de búsqueda de la originalidad por la originalidad en este blog. Más es al contrario, pues no sólo no son un fin, sino que son el resultado del descarte de lugares que, por más de frecuentados, espantan al interés. Y no tanto en lo referido a los datos (que más que ineludibles, son imprescindibles), como a su interpretación. Intentar ejercer de original es, como mínimo, una quimera, cuando el mundo es, cada vez más, un salón de espejos que se multiplican hasta lo indefinible.
Esto —que en absoluto es una disculpa— me sirve para enfocar la atención sobre uno de esos procesos que inconsciente y constantemente realizamos y que tanto ocupan a los semiólogos, la mera comparación de algo con una idea previa o conjunto de símbolos. Cuando se trata de la adaptación literaria puede superponerse el texto original a nuestra visión y, a veces, a una interpretación histórica contrastada. Las semejanzas y diferencias que resultan añaden una intencionalidad de la que pueden extraerse conclusiones, a lo mejor distintas. Y quizás alguna contenga algo original.
Desde el punto de vista filosófico, la emisión del mensaje ya lo transforma en una obra nueva, pero esta línea la dejo para otro día más nublado.
Anamorfismo de Istvan Orosz
La biografía de un escritor está en sus obras; en pocas como en Tristana está don Benito, al tiempo que juega con espejos y bambalinas.
Pedro Ortiz-Armengol, Vida de Galdós (2000) p.309.
Me parece curiosa la frase sobre todo porque las bambalinas laterales son las "patas" del telón de un escenario, un espacio protegido de la mirada del público por donde se mueven el traspunte, el regidor o el director de escena entre un nutrido grupo de tramoyistas, utileros, racionistas o avisadores, comparsas y actores en tránsito (de aquí "entre bambalinas") y que desear que se rompa una "pata" sea de buen agüero en el teatro (deseo de tantas representaciones que se rompa por el uso).
Cuando seleccioné Tristana, fue la de Buñuel, pero acaso canjeé un sambenito por un sanluis. Me explico: suele considerarse Tristana (1892) una obra de su tiempo, decimonónica, exégesis española de Casa de Muñecas de Ibsen (1879); a Buñuel no le gustaba especialmente, pero veía facilidades en su adaptación a la pantalla. Y por ello, aunque se ajusta con bastante fidelidad al argumento original, al menos hasta la mitad —“hasta la rodilla”, permítamese el juego— con sutiles cambios, consigue con un simple gesto dar la campanada para que pueda interpretarse como la (des)ilusión por un futuro (im)posible.
Mire usted señorita. En los tiempos aquellos de mucha religión la gente sabía las cosas por las campanas, y las obedecía. Había toque de agonía, toque de muerto, el de fuego, bandera de gloria, llamado a misa y repliques de gran devoción. La gente oía y allá iban a visitar al agonizante, a enterrar al muerto o a buscar los trabucos cuando tocábamos arrebatos. Hoy ya son otros tiempos. La gente tiene prisa por buscar dinero, no escuchan, hasta se quejan del municipio cuando tocamos a misa porque dicen, fíjese usted, que los despertamos.
Ibid, Buñuel.
Aunque los elementos ya estaban presentes en el texto de Galdós, la visión de Buñuel es más moderna —¡por supuesto!—. Tanto que consiguió la "indiferencia" de D. Manuel Fraga, que sorprendentemente no cambió nada de nada, a pesar de su oposición inicial y el recuerdo del escándalo provocado por Viridiana (1961); algo provocaría que D. Manuel fuera destituido a finales de 1969, aunque tal vez no tenga nada que ver con esta película.

Escena de Tristana (Luis Buñuel, 1970)

Una de las cosas que me llama la atención de las películas de Buñuel es el montaje encabalgado de ciertas escenas, con un diálogo o un narrador que se mete en el siguiente plano, algo que permite una transición dinámica sin introductorias, que lleva directamente a la acción. Esto es tanto más llamativo al comienzo de una película, que es cuando se presenta a los personajes principales: Tristana, Saturna y Saturno, primero que a Don Lope, lo que ya es en sí una diferencia sutil y efectiva.
Que la historia se desarrolle en Toledo y no en las zonas de Cuatro Caminos o Chamberí responde, es de suponer, a la lógica del presupuesto. Toledo encuadra mejor una sociedad tradicionalista que cualquier reconstrucción que se hiciera en aquel momento de Madrid (que también nos parecería provinciana, pero no entonces).
Ya comenté, a propósito de una escena de Buñuel y la Mesa del rey Salomón (Carlos Saura, 2001), el conocimiento y ¿porqué no? cariño de Buñuel por Toledo, por haberse conservado tal y como la llegó a conocer tiempos ha, por sus cuestas y su empedrado, que hace de cualquier avance sea algo más trabajoso, hasta insufrible para un impedido y por si hiciera falta énfasis sobre el desafortunado dicho de que “la mujer honrada la pierna quebrada y en casa”.
Los quites taurinos han evolucionado hacia regates y remates balompédicos, mucho más lógicos para la explanada del colegio y que le permiten poner una zancadilla, como ejemplo de rivalidad, pero también de inmovilismo —mi padre me contó que en sus años, cuando no había otra, componían una pelota de trapo y cualquier cosa, y las porterías, de libros y ladrillos, que para señalar valían, pero lo del juez de línea con banderita es todo un lujo—.
En Galdós, los chicos eran solo huérfanos y habrían alborotado lo suyo (el silencio se hace notar más), y Saturno un mero apunte comparado con el protagonismo que le otorga Buñuel cuando le obsequia con la manzana, sustituto de una naranja y una perra chica —el cambio de fruta no puede ser casual y, por cierto, la moza también come un huevo pasado por agua—. Representa la primera edad de los hombres de Tristana, aunque es tan imperfecto como los siguientes. Como dice su maestro, es vago y anda "papando moscas" (con la boca abierta), pero ¿quién sabe?
A renglón seguido se presenta a Lope, vividor y seductor, de los que van a menos por méritos propios, la tentación de dejarse llevar (Horacio, el tercero, también la defraudará con su fuga mundi) al precio de dejarle colarse entre sus sábanas. Saturna llama a Tristana " la entenada de Don Lope", lo que en principio significa ahijada o pupila, pero que en realidad es la fórmula social que consiente en que vivan bajo el mismo techo.
En la estructura de la película parte de la escena se repite al final, cerrando un anillo en torno a Don Lope, con una intención muy dispar a la literaria, que concluye de esta forma:
Por aquellos días, entrole a la cojita una nueva afición: el arte culinario en su rama importante de repostería. Una maestra muy hábil enseñole dos o tres tipos de pasteles, y los hacía tan bien, tan bien, que D. Lope, después de catarlos, se chupaba los dedos, y no cesaba de alabar a Dios. ¿Eran felices uno y otro?... Tal vez..
Benito Pérez Galdós, Tristana (Madrid, Enero de 1892)
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La anamorfosis es una técnica para la distorsión de una imagen mediante un dispositivo óptico (como por ejemplo utilizando un espejo curvo), o a través de un procedimiento matemático. Su resultado se ha utilizado en arte para forzar al observador a un determinado punto de vista preestablecido o privilegiado (también una forma de esconderlo), desde el que el elemento cobra una forma proporcionada y clara. La anamorfosis fue descrita en los estudios de Piero della Francesca sobre perspectiva.
Esta técnica se utiliza en el cine, como por ejemplo en el Cinemascope, en el que mediante lentes anamórficas se graban imágenes comprimidas que producen una pantalla ancha durante la proyección.
Inicialmente se utilizó para mejorar la estética de los edificios debido a la distorsión por acercamiento del espectador, como en los templos griegos y romanos, como para ampliar los espacios interiores (trampantojos). El espectacular resultado de Bramante para la Iglesia de Santa María presso San Satiro (1488, Milan) popularizó esta técnica en las iglesias renacentistas.
En la pintura, el más conocido es el efecto en el cuadro Los Embajadores, de Hans Holbein (Jean de Dinteville y Georges de Selve, c.1533) donde hay una calavera anamórfica, interpretada por unos como vanidad, por otros firma del autor (hohle bein, en alemán hueso hueco, recuerda a Holbein).
El afán de captar la imagen de las cosas llevó a los artistas del XVI y XVII a diseñar instrumentos como las pirámides visuales, las linternas mágicas y las cámaras oscuras, cuyos efectos todavía asombran a muchos espectadores (el año pasado pude disfrutar de que hay en la Plaza Vieja de La Habana).
Durante el diecinueve, la anamorfosis ayudó a los artistas románticos a expresar sus sentimientos. En este período surgen nuevos técnicas más complejas, como los espejos mágicos, dibujos distorsionados que difícilmente pueden reconstruirse sin ayuda de un espejo específico.

La solución es Julio Verne
En 1991 los hermanos Quay hicieron el mayor homenaje fílmico en su Anamorphosis o De Artificiali Perspectiva.

Algunos dibujantes de excepcional imaginación, como Piranesi en el siglo XVIII (época de la arquitectura visionaria) y Escher en el XX (época del surrealismo), han utilizado las perspectivas de tal modo que falsean el propio concepto de realidad visible. Las escaleras, muy utilizadas por ambos (en Escher, invirtiendo su sentido de forma extrañamente verosímil, pero imposible), son un recurso habitual en los trampantojos, debido a su complejidad (líneas y planos proyectándose y rotando en el espacio). Su dinamismo también se ha utilizado en el cine (Escaleras de Odessa en Acorazado Potemkin, de Serguei Eisenstein, de 1925, las que utiliza recurrentemente Alfred Hitchcock o las móviles del Colegio Hogwarts en la serie de Harry Potter).
La decoración urbana, que comenzó a utilizar el trampantojo en el Renacimiento, y especialmente con la arquitectura efímera del Barroco, sigue usándolo, tanto en su vertiente regular-institucional (Richard Haas) como en su vertiente irregular (por artistas callejeros más o menos espontáneos, como Julian Beever, Banksy Eduardo Relero o Zilda). Fuente wikipedia


lunes, 28 de diciembre de 2015

§52 El pimentero japonés

—En tercer lugar y finalmente, ¡quiero hacer un anuncio!— Pronunció esta última palabra en voz tan alta y tan repentinamente que quienes todavía podían se incorporaron en seguida.—Lamento anunciarles que aunque ciento once años es tiempo demasiado breve para vivir entre ustedes, como ya dije, esto es el fin. Me voy. Los dejo ahora. ¡Adiós!
J.R.R.Tolkien, La comunidad del Anillo, p.25

Escena de Mr. Holmes (2015) de Bill Condon


No voy a descubrir que Sherlock Holmes es uno de los grandes personajes de ficción de todos los tiempos, ni mi predilección por él. Debido a ésta dedico periódicamente un buen tiempo a buscar nuevas (y viejas) figuraciones suyas, sin descartar algunos trasuntos más o menos confesos; aunque me declaro defensor del original no desdeño los apócrifos, ni los interesantes ejercicios de puesta al día que han reverdecido los relatos de sir Arthur Conan Doyle.
Ya teníamos sus peripecias de juventud de El Secreto de la Pirámide (Barry Levinson, 1985), que tiene el honor añadido de ser el primer largometraje con un personaje creado totalmente por ordenador, el caballero de la vidriera (aunque sería más apropiado decir: creado con un ordenador por el entonces trabajador de Lucasfilms John Lasseter, diez años antes de dirigir Toy Story). Pero faltaba un acercamiento al personaje en su vejez, o al menos tras su apogeo, que pudiera esclarecer algunas lagunas, seguramente intencionadas y por ello sublimes, dejadas por el autor. Brechas que han permitido descubrir a lo largo de los años nuevas formas de abordar el mito.
En este punto recuerdo una de mis lecturas obligatorias de estudiante en que se citaba un informe a la Cambridge University Press, que resume la autosuficiente mentalidad victoriana:
No podemos, en esta generación, formular una historia definitiva; pero sí podemos eliminar la historia convencional, y mostrar a qué punto hemos llegado en el trayecto que va de ésta a aquélla, ahora que toda la información es asequible, y que todo problema es susceptible de solución.
Edward Carr, Qué es la Historia, p.9.
El llamado canon holmesiano —también lo he visto llamar sherlockiano— se compone de 4 novelas y 56 relatos, normalmente relatados por el Dr. Watson (solo dos son narrados por Holmes, anteriores a su relación, y cuatro por un narrador onmiscente) que comienzan hacia el centro o al final de la acción (in media res e in extrema res), abruptos y que obligan a la retrospección; esta forma de narrar es muy cinematográfica y moderna (flashbacks) y uno de los aspectos que seguramente más me atraen. Juntos conforman la discontinua biografía de Sherlock Holmes. Siempre he pensado que ésta es la mejor forma de abordar la vida de cualquier personaje, real o de ficción, muy similar al que adoptan las series televisivas actuales, donde el personaje central es desenfocado a voluntad durante sus aventuras y el espectador resuelve mentalmente el puzzle de su biografía.
Mr. Holmes (Bill Condon, 2015) hace justo lo contrario, seguramente para intentar centrar la atención en la magnífica recreación de Ian McKellen (aunque pueda parecer una prolongación de su Gandalf, el tempo que marca es hipnótico), con tramas que parecen menores y que son sólo un marco: el caso de la armonicista de cristal, Ann Keller (curiosa mezcla de los nombres de Anne Sullivan y Helen Keller), la búsqueda del pimentero japonés y el apacible retiro de Holmes en su villa en las inmediaciones de Cuckmere Haven. No es el último caso de Sherlock, ni un inédito, es la sencilla historia de un hombre que se enfrenta a la senilidad, para la que nadie está preparado, su némesis definitiva; la sociedad no supone ninguna ayuda y la familia, si todavía se conserva alguna, amorosamente planea su confinamiento. No me extraña que el público desprevenido la haya ignorado, sino criticado, por la osadía de enunciar en voz clara un problema irresoluto y que pocos quieren afrontar —salvedad de vendernos un plan de pensiones—. Es uno de los muchos ejemplos en los que la insensible publicidad hace fracasar un producto al venderlo como algo que no es.
A mi sólo me ha disgustado que la denodada lucha que ha afrontado en su viaje (espiritual y real), que da la auténtica dimensión del personaje, se haya visto empequeñecida desde la novela:
Había estado fuera casi dos meses, durante los cuales había atravesado la India en un tren militar, había navegado con la Armada Real hasta Australia y después había puesto pie, por fin, en las costas de un Japón ocupado tras la guerra. Para volver había tomado las mismas interminables rutas de la ida...
Mitch Cullin, Mr. Holmes, c.1

Armónica de cristal
No quiero dejar pasar la ocasión de señalar otra original (y cinéfila, sin duda) secuencia en que Holmes va a la proyección de una película sobre uno de sus casos, interpretada por Nicholas Rowe (el mismo que hiciera de él en la citada El secreto de la pirámide), que le exaspera. El protagonista un adulto muy alejado de aquel prometedor joven —y también como actor, me temo—. El disgusto por la distorsión de su persona no solo atañe a las formas de vestir, sus costumbres y manías, creadas por el autor —¿Doyle, Watson?— para vender historias, va más allá del simple reproche al amigo añorado, se prolonga hasta la realidad de un anciano que pierde rápidamente sus facultades y se convierte en un ser patético —en el sentido etimológico—.
Por si fuera poco, el autor, con cierta gracia, lo enfrenta al joven Roger, curioso lector y promesa de futuro, que no ha atesorado recuerdos de las historias "invisibles" que le relataba su padre, por que era demasiado pequeño y no había desarrollado aún la capacidad de evocar.
Ambos personajes, niño y anciano, forjarán un vínculo amistoso que no es nada extraño, tanto en la literatura y el cine, como en la vida real. Se ve favorecido además por su condición de huérfanos, no sólo de algún ser muy cercano, también de recuerdos esenciales. Quizás los ancianos se vuelvan como niños o traten de compensar lo que no supieron dar a sus hijos, quizás los nietos tengan la capacidad de ver a sus abuelos sin taras o éstos sean los únicos que les dedican tiempo. En este caso, su curiosidad por todo y la afición por las abejas les hará inseparables. 
En la escena seleccionada la narración se anticipa a la imagen, como si la palabra sirviera para despertar el recuerdo perezoso y arrastrarnos al escenario siguiente, haciendo que el ritmo sea ciertamente agónico.

Colofón: Escribir un blog a modo de diario estimula la búsqueda y guarda de los preciados recuerdos que tejen las historias. La memoria es mi amiga y mi mortal enemiga.

[A mi padre]

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La pimienta de Sichuan es un polvo resultante de la molienda de los frutos del pimentero japonés. Pese a su nombre, no tiene otra relación con la pimienta que su sabor picante. Es de la familia de los cítricos y Sichuan, una región de China. Wikipedia

La jalea real es una sustancia segregada por unas glándulas de la cabeza de las abejas obreras jóvenes, que sirve de alimento a todas las larvas durante los primeros tres días de su vida. La abeja reina y las larvas que darán lugar a nuevas reinas reciben siempre jalea real como alimento. Es una sustancia neuroquímica potente, como se dice en la película, pero no tiene mucho de jalea, a diferencia del concentrado de miel, agua y polen que reciben las obreras. Wikipedia

La armónica de cristal es un instrumento musical inventado por Benjamin Franklin en 1762 basado en la automatización del tañido del juego de copas musicales. En algunos lugares estuvo prohibida por considerar que provocaba cáncer a quienes la tocaban. Hoy se sabe del peligro de intoxicación por plomo en la manipulación de cristales y pinturas realizadas con métodos antiguos (caso de Goya y Caravaggio). No tiene ninguna relación con las armónicas, que son instrumentos de viento. Wikipedia

Hellen Keller, escritora y oradora sordociega sufrió un proceso de criptomnesia (fenómeno por el cual se produce una alteración de la memoria en evocar un recuerdo y no reconocerlo como tal, de manera que la idea parece nueva) o al menos esa fue su defensa en la acusación de plagio de una obra de la escritora de cuentos Margaret Canby. Keller es reconocida por su ejemplo de superación más que por sus obras, de carácter político activista. Wikipedia

Cerca de Cuckmere Haven se encuentran las Siete Hermanas (Seven Sisters), acantilados, que se ven en la película, permanentemente expuestos a la erosión del viento y el mar y que por ello conservan su característico color blanco. A menudo son confundidos con las famosas Rocas Blancas de Dover, que al estar más protegidas por su puerto están más cubiertas de vegetación. Como curiosidad, son uno de los fondos de pantalla incluidos en Windows 7. Wikipedia

Y, por supuesto, las avispas, que también son himenópteros, como las abejas y las hormigas, nos deberían gustar más. Son parasitoides, es decir, ponen huevos en sus anfitriones, la mayoría son insectos plaga, controlando de forma natural su número sin afectar a los cultivos. El Alien (Ridley Scott, 1979) de los insectos. Avispapedia