viernes, 25 de marzo de 2016

§65 La turbamulta bantú

Hace unos días leí un homenaje dedicado a Ettore Scola por su fallecimiento. Es casi una obligación moral que las publicaciones tengan un obituario y que las especializadas encarguen un panegírico, sobre todo si no han tenido presente al difunto desde hace tiempo. Luego legiones de aficionados se suman al homenaje público y se cuelgan estampitas hasta que se agotan los pábilos del recuerdo. Si no surge antes un nuevo foco de atención.
No me malinterpreten. No condeno esta idolatría. Es algo connatural y pasa constantemente. Solo es la amargura del día siguiente por la infalibilidad del olvido. La auténtica celebración debería estar en poder compartir lo que sea en vida del autor y lacerarse sino por lo que no se haya hecho. En cambio se procesionan multitudes por mera participación. Por pertenencia. 
Algunos de los films de Scola influyeron decisivamente durante mis años universitarios: mixtura de humanismo y comunismo con mucho de comedia. Aquellos y él me resultan lejanos y entrañables y me maldigo por haberlos recluido tanto tiempo. Por eso no hubiera cedido tan fácil a la tentación si alguien no me hubiera pedido que escribiera sobre un tema tan universal como (supuestamente) inefable: la familia.
Bueno, hubiera podido esquivar (como suelo hacer con las peticiones, ya que los encargos me gusta cobrarlos) el compromiso eligiendo una buena película sobre la mafia o la camorra, centrándome en las relaciones entre sus miembros y sus códigos. Al fin y al cabo se autodenominan "familia" por algo. Pero me lo reservo para cuando le toque al trabajo.
Como empiezo a conocer las argucias de mi contertulio para provocarme, he decidido aceptar su guante y transcribir como preámbulo de mi diatriba:
Hogar, hogar... Unos pocos cuartitos, superpoblados por un hombre, una mujer periódicamente embarazada, y una turbamulta de niños y niñas de todas las edades. Sin aire, sin espacio; una prisión no esterilizada; oscuridad, enfermedades y malos olores.
Aldous Huxley, Un mundo feliz (1932) cap.3
Esta descripción de Su Fordería Mustafá Mond, evocando el pasado superado por la sociedad (¿utópica, distópica?) imaginada por Huxley, es un fragmento de una clase magistral a jóvenes adolescentes. ─¡Es didáctica! ¿Lo imaginan?─ Crea un contrapunto interesante de intenciones con la escena de Scola. Quien aunque rechaza frontalmente la ridícula complacencia por los delirios del Duce (del Führer y de todos los dictadores que en el mundo han sido, dicho sea de paso), su humanismo le lleva a excusar paternalmente a sus compatriotas, acaso sus padres, tíos o abuelos; a diferencia de las películas hechas dentro del régimen, como ocurre con La gran familia (1962) de Fernando Palacios, que seguramente a más de uno le haya venido a la mente. Por eso se toma el tiempo de planificar una bella toma sin cortes en el que nos presenta a toda la familia de Antonietta (Sofía Loren) en su ser natural ─huele a café expreso y ropa de plancha─. Aunque su intención sea quitarlos de en medio cuanto antes, como si fueran un ruido, para poder centrar la atención en el interludio de Gabriele y la susodicha -¡vaya ocurrencia la mía de utilizar esta película cuando el mismo autor tiene otra más propia, La Familia (1987)-.

Escena de Una jornada particular (1977) de Ettore Scola


Lo cierto es que la etimología de la palabra familia no ha podido ser establecida de modo preciso. Hay quienes afirman que procede del latín fames (“hambre”) ─aspecto interesante para comentar sobre la conocida trilogía de Suzanne Collins─, y otros del término famulus (“sirviente”). Por eso, se cree que, en sus orígenes, se utilizaba el concepto de familia para hacer referencia al grupo formado por los criados y los esclavos que un mismo hombre (pater familias) tenía como propiedad. Sea como fuere con el tiempo ha evolucionado de la convivencia al parentesco ─y al paso que vamos, si nada lo remedia, a la conveniencia administrativa─.
En realidad no se muy bien quién fue antes, ni quién la gallina. La sociedad y su germen, la familia, o el individuo, el primero en degenerarse. Y que la familia desestructurada es un sinsentido propiciatorio que ignora que la familia es la estructura y que sin una función es una carcasa vacía.

La familia bantú en pleno de la baraja Fournier
Creo que la persistencia de la familia ha radicado en establecer un "entorno controlado" donde poder criar a los hijos y prepararlos para el auténtico desastre que es el mundo exterior. Esto a pesar de la enorme cantidad de recursos que se tienen que destinar para mantenerla en pie (abogados, terapeutas y médicos entre otros) y deshacer los males que se hayan podido perpetrar dentro de ella ─personalmente creo que aún así compensa en ausencia de una alternativa viable─.
Nuestro Freud fue el primero en revelar los terribles peligros de la vida familiar. El mundo estaba lleno de padres, y, por consiguiente, estaba lleno de miseria; lleno de madres, y, por consiguiente, de todas las formas de perversión, desde el sadismo hasta la castidad; lleno de hermanos, hermanas, tíos, tías, y, por ende, lleno de locura y de suicidios.
Ibid
Es muy posible que el título se otorgue con tanta gratuidad como la amistad. No cuando es real y sincero. Entonces los parientes son como los amigos, que se cuentan con los dedos de una mano. Scola ironiza sobre ello cuando en otra escena llaman al timbre y ella se pregunta quién será, a lo que él responde “Amigos. ¿No es lo que dicen siempre?”
Y no es que tenga problemas con mi familia (sólo me hablo con unos pocos, a los que adoro), ni que haya tenido una mala infancia (río y lloro por igual al recordarla). Es que no hemos tenido tapujos en hacernos un homenaje en vida.

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Aldous Leonard Huxley (1894-1963), novelista y ensayista inglés de prosa enciclopédica y a la vez visionaria. Pertenece a una familia de sólida tradición intelectual. A los 16 años sufrió un ataque grave de queratitis punctata que le dejó prácticamente ciego durante 18 meses; sus esfuerzos por recuperar la visión quedaron plasmados en El arte de ver (1942). Debido a ello hubo de abandonar la idea de estudiar medicina, se graduó en literatura inglesa en el Balliol College de Oxford y trabajó para la célebre revista Athenaeum y como crítico de teatro en la Westminster Gazzette.
Sus primeras publicaciones fueron colecciones de versos y cuentos como los de La envoltura humana (1922). Ya en 1921 publicó su primera novela, Los escándalos de Crome, crítica mordaz de los ambientes intelectuales. Viajó constantemente con su esposa, tanto por Europa como por América y la India. Residió en Italia, donde escribió una de sus obras notables, Contrapunto (1928), en la cual despliega su solidez intelectual y técnicas novedosas del arte de la novela.
En 1932 publicó Un mundo feliz, tal vez su libro más conocido: una ficción futurista de carácter visionario y pesimista de una sociedad regida por un sistema de castas con ayuda de una sustancia, que llama soma. En 1936 publicó Ciego en Gaza, de carácter autobiográfico, en el que desarrolló la contraposición entre intelecto y sexo.
Tras ello comenzó su "época mística"; en 1941 se acercó a la literatura religiosa de la India, tuvo contactos con La Sociedad Vedanta de Los Ángeles y colaboró en la revista Vedanta and the West hasta 1960. En 1944 publicó El Tiempo debe detenerse, inspirada por El Libro Tibetano de los muertos, y en 1946 una colección comentada de textos místicos de todos los tiempos, La filosofía perenne, libro que ha ejercido influencia por el punto de vista tan abierto adoptado para sustentar la idea de lo sagrado; aquí contrapuso la espiritualidad mística a la técnica y pragmatismo modernos.
A partir de la década de 1950 inició una nueva etapa de su vida relacionada con las experiencias con las drogas, de las que resultó su popular libro Las puertas de la percepción (1954), que tuvo mucha influencia en la sociedad norteamericana (The Doors tomaron de aquí su nombre).
En 1960 le diagnosticaron un tumor en la lengua, que logra contener durante dos años a base de radioterapia. A pesar de su extrema debilidad por los duros tratamientos, continúa con los compromisos adquiridos impartiendo conferencias y asistiendo a congresos. Termina su último libro, Literatura y ciencia (1963), publicado dos meses antes de su muerte y en el que trata de aproximar el mundo del arte y el de la ciencia.
Muere el 22 de noviembre de 1963, el mismo día del asesinato del presidente John F. Kennedy (suceso por el que su fallecimiento pasó inadvertido). Según su propio deseo, le fue leído al oído, El Libro tibetano de los muertos. Fue incinerado y sus cenizas fueron trasladadas ocho años más tarde a Inglaterra, donde descansan junto a las de su familia.
Aldous Huxley tenía un saber enciclopédico, fruto de una gran curiosidad intelectual. Era un hombre de ingenio incisivo y pensamiento abierto que, además de interesarse profundamente por el misticismo y la psicodelia, lo hizo también por el mundo cotidiano y sus exigencias: la paz, la ciencia y la conservación de los recursos naturales. Su mentalidad no aceptó nunca el juego gratuito de las ideas, y en su pensamiento puede encontrarse la necesidad de aportar al mundo una estructura útil. Fuente Biografías y vidas y Wikipedia

domingo, 20 de marzo de 2016

§64 El lanzamiento de una idea

Como todas las honradas historias romanas, ésta está escrita "desde el huevo a la manzana". Prefiero el minucioso método romano, que no omite nada, al de Homero y los griegos en general, que gusta de saltar al centro de los acontecimientos y luego retroceder o avanzar según sea su inclinación del momento. Sí, con frecuencia se me ocurrió la idea de reescribir la historia de Troya en prosa latina, para beneficio de nuestros ciudadanos más pobres que no saben leer en griego. Habría empezado por el huevo del cual fue empollada Elena y continuado, capítulo a capítulo, hasta las manzanas comidas como postres en la gran fiesta en celebración de la vuelta al hogar de Ulises y de la victoria de su esposa sobre sus cortejantes.
Robert Graves, Yo, Claudio (1934), cap. 3

En el transcurso de una comida con excelente compañía alguien comentó que desde hace poco un compañero había adquirido la muy sana costumbre de hacer una pausa cada mañana para almorzar una manzana. No era la primera vez que me encontraba con la misma determinación; desde que no se permite fumar en las cafeterías ya no se destaca por adoptar hábitos saludables. En Vitoria conocí a uno que se había preparado un rincón casi acogedor entre los cachivaches que se habían adueñado del almacén, con los que parecía llevarse mejor que con el resto del mundo. De alguna forma me recordaba la soledad del emperador Augusto cuando intentaba evitar ser envenenado comiendo las manzanas que recolectaba de los árboles de su jardín, en la novela de Robert Graves.
Cuando retorné de ese recuerdo me encontré en medio de una tormenta discursiva de ideas más o menos conexas a la anécdota y la cita a un conocido refrán anglosajón que podría traducirse por comer una al día del médico te alejaría (“An apple a day keeps the doctor away”). Para terminar refiriendo escenas y películas en las que aparecían, se nombraban o eran ingredientes. No muchas, ni (me temo) muy originales. No quedaba tiempo para más, lo que me dejó un comecome que todavía me dura.
De forma irremediable asociamos a esta fruta los temas de la tentación, la desobediencia y el castigo de la pérdida del paraíso terrenal —los de educación judeocristiana, por supuesto—. Esto es muy significativo, puesto que ésta sería la primera escena dramática de nuestra tradición. Desde un punto de vista puramente temático, un triángulo amoroso, en cuyo epicentro se encuentra nuestra amiga. Así que no íbamos tan desencaminados cuando buscábamos piezas semejantes en la cinematografía.
Hay otras coincidencias que me hacen pensar que otros antes debieron desandar el mismo camino, como que haya al menos dos empresas de distribución bautizadas con el nombre de alguna de sus variedades, a saber, Criterion y Cameo. Por cameo se conoce en el cine a una aparición breve de un personaje conocido que no altera la trama, aunque esta acepción viene de trasladar directamente del inglés el vocablo para camafeo; joya en que se reproduce el relieve de perfil de una persona. Por lo que quiero pensar que ambas se eligieron por el fruto, que desde el juicio de Paris se considera un tributo a la belleza.
Motivos menos excelsos llevaron a los Beatles elegir una manzana verde (la Granny Smith es característicamente ácida) como símbolo de su discográfica Apple Records, una de las divisiones de Apple Corps., creada para mejorar sus asuntos fiscales a su regreso de la India, donde habían coqueteado con trascendentalismo. Esta empresa, que ha continuado sacando ediciones en forma de recopilatorios pese a que sus derechos se extinguieron en 1978 y fueran adquiridos en 1983 por Michael Jackson, mantuvo un largo litigio por la marca con Apple Computers (hoy Apple Inc.) hasta un acuerdo en 2007, que resolvió esta nueva discordia por la manzana.

Jobs y Wozniak llamaron a su primer modelo McIntosh

Otros temas que se le asocian son los relacionados con las manzanas de la inmortalidad del Jardín de las Hespérides, el envenenamiento frustrado de Blancanieves, en el cuento de los hermanos Grimm y la supuesta fuente de inspiración para la teoría de la gravedad de Newton. Así que tratándose de un símbolo tan universal y recurrente (sensualidad, pecado, engaño, conocimiento y rivalidad) no me entra en la mollera que no me asaltaran más que un puñado de títulos y algunos con un poco de trampa.
Y es que la organización de la memoria es algo bastante azaroso, como mostraban los contenedores de esferas de Inside Out (Pete Docter y Ronnie del Carmen, 2015). Por ejemplo, se hizo una prueba entre 85 alumnos de UCLA con el siguiente resultado: todos afirmaron conocer el logotipo de Apple, pero solo uno logró dibujarlo correctamente y la mitad de ellos erró al elegir entre estas ocho variaciones:


Pero me resisto a pensar que en el olvido está la semilla del problema. Lo que me lleva a plantear el reto de encontrar un número razonable de ejemplos significativos. Para ello impongo algunas limitaciones bastante lógicas, como que tengan un mínimo de relevancia en la trama, no ser un mero elemento decorativo, evitar los logos informáticos, las alusiones arquitectónicas y a la "Gran Manzana"; denominación utilizada por un periodista deportivo de los años 20 en el contexto de las carreras de caballos, que se ha popularizado por interés municipal. Por otro lado, el término urbanístico "manzana de casas" parece derivar de mansana y mansilla (hay varios municipios españoles así llamados) que determinan el conjunto de casas en derredor de un manso; a su vez, porción de tierra entregada al siervo en el sistema feudal.
Creo que podría considerarse como el equivalente moderno a uno de los trabajos de Hércules, el onceno en concreto, que consistió en robar las manzanas del jardín de las Hespérides. No creo que vaya a ser tarea fácil, puesto que las herramientas de búsqueda —Google sería nuestro erómeno— no serán tan definitivas. Y del cómputo extraer el grado malus (manzano) de cinefilia —tan científico como una calificación de imdb o filmaffinity—.

"Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor"
(Mae West)

Escena de La Tienda (1993) de Fraser Clarke Heston (hijo de Charlton)

El fragmento (encontrado en el canal de youtube "Anatomía de la escena", a cuyo autor saludo y reconozco el mérito de la selección) reproduce el mito de la manzana de la discordia. Es una adaptación del relato de Stephen King de 1991 sobre la llegada de un forastero a Castle Rock, quien concede deseos a cambio de pequeños favores sin importancia.
El joven lanzador (pitcher) lanza, como si fueran bolas (pitch es la bola en béisbol, pero también hace referencia a la presentación verbal o visual concisa de una idea para una película hecha por un guionista o director a un posible productor), toda una caja de manzanas —menuda idea—.
Pese a los errores de continuidad, la escena tiene una gran fuerza, en parte por la superposición de la narración deportiva con el clásico de Johann Strauss, hijo (Kaiser-Walzer op. 467, de 1889) Vals del Emperador, también conocido como Mano a mano.

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La manzana es una fruta pomácea comestible, fruto del manzano doméstico (Malus domestica). La tradición  dice que sus raíces estarían en la zona de Almá-Atá o Almatý, antigua capital de la república soviética de Kazajistán. De hecho, Almaty es la forma adjetivada del sustantivo "manzana" en kazajo, popularmente traducida como "Padre de las Manzanas".
Se estima que existen entre 5000 y 20000 variedades de manzanas en el mundo, aunque el número comercial es lógicamente inferior. Se localizan preferentemente en zonas de clima templado-frío, pues es una de las especies frutales que requiere mayor cantidad de frío (temperaturas inferiores a 7 °C) durante el periodo de descanso invernal. Aunque de promedio requieren unas 1200 horas, existen cultivos en zonas subtropicales que requieren tan solo 200-300 (por ejemplo, Anna).

Algunas variedades
Akane
Crabapple
Granny Smith
McIntosh
Rome Beauty
Ambrosia
Criterion
Pero de Cehegín
Newtown/Pippin
Splendor
Arkansas Black
Egremont Russet
Gravenstein
Old Apple
Spur
Blackjohn
Empire
Honeycrisp
Pol Apple
Starkrimson
Braeburn
Esperiega
Idared
Pink lady
Starking
Bramley
Fuji
Jazz
Pinova
Verde doncella
Cameo
Gala
Jonagold
Red Delicious
Willie Sharp
Cortland
Ginger Gold
Jonathan
Red El
Winesap
Cox's Orange Pippin
Golden Delicious
Lodi
Reineta
Winter Banana

Con ella se ha representado el deseo pecaminoso por el fruto del árbol del conocimiento (malus puede significar maldad y manzano) que provocó la expulsión del Edén, la utopía por antonomasia. En el arte, se utilizó como símbolo de la nueva Eva, es decir la Virgen María, que intercedería por la salvación de la Humanidad. Por ello en muchas imágenes románicas la Virgen lleva en su mano derecha una manzana. Esta simbología cultural y del conocimiento ha llegado hasta el presente, como en la elección del motivo para los Premios Max de las Artes Escénicas, creados por Juan Brossa: una manzana plateada con un antifaz dorado. En palabras del creador "parece una cabeza y al mismo tiempo una manzana, un fruto pecaminoso y frívolo; el antifaz aporta la dimensión dramática y el misterio escénico".
Sirve para explicar algunos de los cuentos tradicionales, como el de Blancanieves, en el que juega un papel fundamental. En primer lugar por la importancia del color rojo, asociado con la sangre y la muerte: aparentemente es la manzana perfecta, brillante y atrayente, cuando en realidad produce la muerte ipso facto. Por tanto, lleva implícito el engaño.
En resumen, teniendo en cuenta el color o la textura, quién la ofrece, la persona a quién va dirigida, si está entera o apurada, puede significar cosas bien dispares. Wikipedia
Santa María de Vitoria, la patrona olvidada


domingo, 13 de marzo de 2016

§63 Res in dominum

Una de las desorbitadas sugerencias a que se ha aludido entre las que acabaron por unirse a la ballena blanca en las mentes propensas a la superstición, era la convicción sobrenatural de que Moby Dick era ubicuo, y que se le había encontrado de hecho en latitudes opuestas en un mismo instante de tiempo. Y, por más crédulas que debían ser tales mentes, esa convicción no carecía por completo de algún leve vislumbre de probabilidad supersticiosa.
Herman Melville, Moby Dick, cap. XLI
Leía una crítica hace pocos días en la que el autor se preguntaba si realmente tenía sentido realizar una película bajo los mismos planteamientos que hace una o dos décadas, si aportaba algo nuevo sobre su predecesora y si denotaba un agotamiento de las ideas en el cine estadounidense (Quim Casas, "Zoolander Nº 2, Vacaciones en Roma" en Dirigido por, nº 464, marzo 2016). Esas mismas preguntas referidas a Ben Stiller y la comedia americana actual pueden aplicarse a la totalidad de la producción destinada al gran público. Sin ir más lejos, en pocos meses hemos asistido al renacimiento de Star Wars, Mad Max y Jurassic Park a las que seguirán Independence Day, Ghostbusters y una lista —creo— interminable.
Habiendo más mentes dedicadas únicamente a explorar nuevas posibilidades que hace décadas ¿es sensato hablar de escasez? En términos absolutos, no lo creo. Ha crecido la demanda y eso se debe casi exclusivamente a la universalización del uso de nuevas tecnologías, que han conseguido modificar nuestras costumbres en poquísimo tiempo —¿quién no tiene la sensación de que alguien tenga pulsado permanentemente el botón fast-forward?—. El acceso a enormes catálogos de contenidos es fácil, instantáneo e individual. Y su coste se ha asumido como algo necesario y básico, equiparable al suministro eléctrico, de agua y calefacción.
En un ejercicio una amiga me cuenta que preguntó a sus alumnos qué objetos llevarían consigo si sobrevivieran a un apocalipsis y que en todas las listas estaba el teléfono móvil (y había una ausencia elocuente de libros). Cuando interrogó a una porqué respondió simplemente "es que si me quitan el móvil me muero".

Una vez establecida la dependencia el siguiente paso era suministrar un flujo constante de contenidos que aseguren los ingresos. La televisión lo tenía fácil con las series. El cine ha incorporado esa misma fórmula con las sagas: empezó con las literarias a las que siguieron las de simple adición o explotación.
En este caso, para no recibir la consideración del denostado remake han ideado el mucho más favorable reboot o renacimiento, que no es más que una puesta al día de intérpretes y contenidos con ingentes homenajes (la mención explícita en la escena a Hammond, el visionario creador del primer parque, remarca el continuismo). Y la novedosa incorporación a un "universo", donde se van añadiendo otras producciones con las que se interconectan. Digo novedad, referida al cine, porque ya se había probado con éxito con el cómic (Marvel Super Hero Contest of Champions, 1982). No es casualidad que el primer universo cinematográfico coherente lo haya establecido la propia Marvel (con permiso de DC, que va con retraso).
Con todo ello no niego la predisposición nostálgica de otra parte del público, acuciado por las consecuencias de la crisis económica; como tampoco la conveniente revisión cíclica que se hace de los "clásicos", quizás para mantener vigentes la idea de autoría, como la galería de monstruos de la Universal.

"Todo lo que no es tradición es plagio", aforismo de Eugenio D'Ors en el Casón del Buen Retiro
De hecho, he visto recientemente invorcar la nostalgia como argumento de peso, en su forma de si mantiene (o no) "la esencia" de tal y pascual; sobre todo referida a Lucas y Spielberg, quienes ya la habían utilizado inteligentemente en los 80 y los 90 en sus sagas, que retomaban el serial de los años 30 de Republic Pictures y Columbia (El llanero solitario, Flash Gordon, The Green Hornet, Superman y Batman, por poner ejemplos), que a su vez se inspiraban en el folletín y la novela de aventuras a la pantalla.

Escena de Jurassic World (2015) de Colin Trevorrow

Este corte me llamó la atención como lograda metáfora de lo que son y se busca con los blockbusters —con más dientes y tan inteligentes como pueda ser un dinosaurio— y cómo el cine tiene la capacidad de fusionar pasado-presente-futuro en un mismo espectáculo para todos los públicos; lo más normal es centrarse temporalmente para revisar el pasado, retratar el presente o especular sobre el/los futuro/s.
El juego de miradas de reconocimiento evidencia el recurso al sempiterno tema de la bella y la bestia, con la particularidad de jugar con las identificaciones; inteligencia y “temibilidad” —más que peligrosidad, si se me permite la licencia— evolucionan de forma inversa a lo largo de la historia.
Para terminar refiriéndose a esa cualidad inusual del color blanco que la relaciona —creo yo— directamente con la obra de Melville, que demostraba cómo el blanco destaca tanto la belleza y virtud, dando múltiples ejemplos de objetos y animales, como extrema el terror que puede llegar a producir:
“Era la blancura de la ballena lo que me horrorizaba por encima de todas las cosas.”
Ibid, c. XLII.
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El folletín (del francés feuilleton, diminutivo de feuillet, 'hoja', página de un libro) es un género dramático de ficción caracterizado por su intenso ritmo de producción, un argumento poco verosímil y la simplicidad psicológica. Recurre principalmente a la temática amorosa, pero también al misterio y a lo escabroso. Y aunque propio de las novelas por entregas, se ha dado también en otras manifestaciones, siempre con características similares. Es, en palabras de Jesús Cuadrado,
El género popular por antonomasia; y es la esencia de la cultura popular en cualquiera de sus facetas. Es, también, la cualidad evidente que el lector o espectador —sujeto pasivo— acepta sin extrañarse. Las coordenadas no variables de su privada gramática son, a su vez, la ética del mensaje.
«Los folletines divinos de San Juan Iranzo, que estará en los cielos», 1999
La exigencia estética de este género no suele ser muy acusada (aunque grandes escritores pudieron ver así publicadas sus obras) como consecuencia de la forma en que son producidas y pagadas, así como el medio por el cual son difundidas. Dado que se realizan a medida que son publicadas, las obras no siempre obedecen a un plan previo, aparecen incongruencias en la conducta de los personajes y no hay una presentación adecuada de las tramas secundarias. Además suele haber una distinción maniquea de buenos y malos, entre los que abunda el científico loco y el encapuchado.


Ya en las novelas decimonónicas, a veces se hinchaba el estilo o se alargaban los diálogos con monosílabos para ocupar más folios, porque se pagaba a los autores por hoja escrita (costumbre que conservan los notarios). Esto derivó en que los autores ya consagrados contrataran a personas que trabajan para ellos. Dumas, por ejemplo, llegó a tener setenta y tres colaboradores (o negros). Domina el adjetivo común, la metáfora tópica y la descripción pintoresca de paisajes exóticos.
En lo temático, se prefiere lo exagerado, lo exótico, lo crudo. Los actos de violencia, los raptos, los adulterios y la muerte del padre (hoy prima el trauma infantil por divorcio de los padres, superados los huerfanitos de Disney). Sus finales son siempre tristes o trágicos.
Otra característica del folletín es que está dedicado a todos los públicos, con independencia de edad, sexo y condición social (aunque las mujeres históricamente hayan sido más aficionadas al mismo). La horizontalidad de sus tramas y la técnica del suspense lo convierte en un producto con una fuerte capacidad de fidelización. Fuente wikipedia

sábado, 5 de marzo de 2016

§62 Heterochromia iridum

 [Pierre Coffin dotó a Bob de un ojo de cada color como homenaje a David Bowie, a quien echamos de menos]
Abrió la espaciosa caja y Dorothy vio que estaba llena de anteojos de todo tamaño y forma... y todos ellos tenían vidrios verdes. El guardián halló uno apropiado para la niña y se lo puso. Estaba asegurado por dos bandas doradas que rodeaban la cabeza, donde se aseguraba con una cerradura cuya llave llevaba el hombrecillo colgada del cuello. Cuando los tuvo puestos, Dorothy comprobó que no podría sacárselos de ningún modo; pero, claro está, no deseaba que la cegara el resplandor de la Ciudad Esmeralda, razón por la cual no dijo nada.
Lyman Frank Baum, El maravilloso mago de Oz (1900), capitulo 10: El guardián de la puerta.
Los minions me parecen unos perfectos robaplanos. Ya en su primera aparición en Gru, mi villano favorito (Pierre Coffin y Chris Renaud, 2010) quedó patente que la cámara les adoraba y que tarde o temprano les llegaría el estrellato. Porque pertenecen a esa casta de personajes que mejoran cualquier producción, con ese je ne sais quoi que vende —¡ya lo creo que vende!—. Y por eso esta tercera entrega, de la que son los protagonistas oficiales, fue la primera película de animación en la que no participaban ni Disney ni Pixar que obtenía una recaudación de más de 1 billón de dólares. Una minucia.
Su historia comienza en los títulos de crédito (inspirados en los peces piloto que acompañan a los tiburones), que se remontan al origen de la vida para contarnos qué les diferencia del resto de los seres vivos: su perseverancia por servir y acompañar a un líder, estableciendo una relación simbiótica de la que no sabemos muy bien qué obtienen a cambio. Quizás llenar un vacío existencial. Yo tengo la excéntrica teoría de que se trata de algo laboral y que son víctimas del síndrome de Maripili —¡lo siento, no le puse yo el nombre, sino Carmen García Ribas (ibidem, 2006)!— Según la doctora, el/la sumis@ Maripili quiere agradar a todo el mundo, lucha para ser buen@ en cada uno de los papeles que le ha tocado ejercer durante su vida, aunque esto implique un desgaste extremo tanto físico como psíquico, y se desmorona cuando recibe un mensaje de rechazo o de censura.
Tampoco es que sean muy exigentes en cuanto a cualidades para la jefatura. Sólo que tenga la útil capacidad de sobrevivir(les), o de quedar en pie el último en caso de duda. Pero esto es precisamente lo que les hace tan difícil encontrar uno duradero y no la “carta de villanía” que pueda acreditar; a la que incomprensiblemente se alude en toda la saga. Todo ello desemboca finalmente en su liberación del anfitrión, y por tanto del personaje de Gru (si así lo desean en un futuro), toda vez que han logrado cerrar el círculo argumental demostrando que su filiación se debe solo a su propia determinación. Así que en el fondo se trata de una declaración de igualdad.
Para poder llegar a esta revelación el autor optó por precisar algún personaje de esta peculiar horda, siendo tres los elegidos (en el proceso se pidieron voluntarios) con un claro paralelismo entre Kevin, Stuart y Bob y las tres huerfanitas del primer filme (Margo, Edith y Agnes), incluido el detalle de la mascota de peluche. Este mimetismo se volverá a repetir de forma evidente en el fragmento del concurso.

Escena de Los minions (2015) de Pierre Coffin


El trío cómico es un esquema que está plenamente desarrollado en el circo moderno desde 1870, con los estereotipos del Oliver o clown blanco, dominante e inteligente, al que acompaña el Augusto, impertinente y travieso, y el Contraugusto o Augusto del Augusto, que nada entiende y termina desastrando todo. Del espectáculo ambulante y el vodevil pasaron al cine y la televisión, caso de los hermanos Marx y, en España, Gaby, Fofo y Miliki son Los payasos de la tele.
También hay buenos ejemplos en la literatura, como en El maravilloso mago de Oz, obra de Lyman Frank Baum (1900); aunque sea más conocida la versión cinematográfica de Victor Fleming (y otros tres), El Mago de Oz (1939), donde en los tres pintorescos peones —villanos, al fin y al cabo— de la granja del tío Henry se reconoce al espantapájaros, al león cobarde y al hombre de hojalata, que acompañarán a Dorita a la Ciudad Esmeralda.
Ahora que lo pienso, el trío también fue utilizado por J.K. Rowling para su serie sobre Harry Potter (1997-2007). Su protagonista también presenta los mismos síntomas: miedo a no complacer a los demás, miedo a no ser querido, al éxito y a no cumplir con los estereotipos de la sociedad. Pero esta es otra historia con una intencionalidad diferente.
Todos estos ejemplos tienen, creo, su origen común en la Comedia del Arte, género teatral tragicómico y popular del siglo XVI. En la que aunque sus argumentos eran generalmente repetitivos, construidos a partir de una improvisada farsa amorosa, se popularizó por reproducir las tensiones sociales a partir de una trupe de personalidades reconocibles: amos y criados. Todos ellos enmascarados como en el Carnaval, lo que simboliza o facilita el engaño y la confusión que iguala a todos los estamentos.
David Robert Jones, The Thin White Duke, Ziggy Stardust,
siempre Bowie
Volviendo a la escena, ésta me interesó irremediablemente por la travesura de poder quedar atrapado una noche en un centro comercial para disfrutar de todas sus posibilidades —¡quién no lo ha imaginado alguna vez esconderse en una juguetería?—. Entre las que está, por supuesto, la de ver la programación televisiva más allá del umbral de las nueve, que en mi época señalaba la familia Telerín y su ¡vamos a la cama!
Recuerdo la programación de El Santo, una especie de James Bond televisivo que utilizaba el nombre y los atributos de santos católicos, según requería la ocasión (elección acertada para la tribu amarilla, que seguro también utiliza el santoral cuando se alumbra un nuevo minion) y Embrujada —otro caso del síndrome de Maripili, y seguramente más reconocible para el público americano que El Santo, que era inglés—. Respecto a la escenificación del concurso The Dating Game, no creo que se hiciera algo parecido en España hasta Contacto con tacto (1992-94), a su vez traslación de la fórmula de Studs de la Fox, presentado por Bertín Osborne —quien, por cierto, hubiera hecho un Gru memorable, "¡pisha, de la que no hemo librao!"— y que se recostaba en el sillón como el presentador de la cadena villana.
Según esta interpretación no resulta extraña la fascinación instantánea que les causa Scarlett y su éxito en el competitivo mundo de los villanos —“hay un hombre malo en la ciudad y ese hombre es una mujer”—. 
En definitiva, los minions no quieren ser pitufos (su color es diametralmente opuesto), pero tampoco Gargamel, quien, por cierto, asiste a la convención, aunque no esté acreditado. Son mucho más trendy que Scarlett y Herb juntos. Y me gusta pensar que su torpeza y simplicidad son artificios, las armas con que pueden derrotar a cualquier oponente, y que, como en la mencionada Comedia del Arte, se ríen del espectador al que parodian, que termina riéndose de si mismo y de lo absurdo de la vida... donde todos somos minions.

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La Comedia del Arte (Commedia dell'Arte) es un tipo de teatro popular nacido a mediados del siglo XVI en Italia. Normalmente no tenía más guión que un leve boceto o canovacci (una trama neutra y uniforme en la que se puede bordar todo lo que se quiera) al que agregaban improvisaciones e incorporaban máscaras y en la que cada actor tenía un repertorio de latiguillos y bromas a partir de las cuales construía su papel. En esto se diferencia de las representaciones literarias de la Corte, donde los jugadores eran aristócratas y académicos (Comedia Sostenuta), y las del teatro sagrado, interpretado por clérigos de la iglesia.
También se la conoce por los nombres de comedia all'improviso (que utiliza la improvisación), comedia popolare o comedia de maschere (de máscaras). Sus artífices, mezcla de saltimbanquis, mimos, músicos, espadachines, malabaristas y cantantes callejeros, son los primeros artistas profesionales. Se agrupaban en pequeñas compañías itinerantes de las que tenían cierta independencia e incluso podían cambiar a otras o fundar nuevas. Inicialmente utilizaron repertorios más o menos adaptados: comedias, fábulas, pastorales y tragicomedias. Pero la necesidad de tener que divertir a los espectadores para que pagaran por verlos hizo que cambiaran los esquemas de acuerdo a los gustos populares.
Poco a poco fueron dando a las mujeres la oportunidad de subir al escenario, pues desde los griegos, el escenario había sido un lugar reservado para los hombres en todos los roles. Así, inicialmente, el papel de Columbine fue interpretado por un hombre. Una vez asumida la participación de las mujeres, el teatro alcanzó una formulación moderna.
Hay tres tipos de personajes en la comedia del arte: los zannis o bufones que representan a los sirvientes, los vecchios u hombres viejos y los enamorados. Los únicos que usan máscara son los dos primeros, que también simbolizaban la lucha entre ricos y pobres. Cada uno tenía particularidades físicas: una joroba, una pierna más corta o un gran vientre, un vestuario fijo y hablaban simulando la lengua o el acento de su lugar de origen.

Los zanni
  • Polichinela (Pulcinella): vestido siempre de blanco y con un gorro puntiagudo. Tenía una nariz aguileña y barbilla prominente, con voz nasal y de elevado volumen. A veces tenía joroba. Era un astuto matón que no se separaba de su garrote para darle una paliza a quien no pensara como él.
  • Arlequín: es quizá el personaje más famoso de la comedia del arte. Su vestimenta es un traje hecho de parches y remiendos de colores que representaba su bajo estatus. Arlequín complica la historia, siendo muy mal mensajero pues siempre se distrae cambiando los planes y equivocándose en las órdenes recibidas. 
  • Brighella: viste con una camiseta blanca pantalones negros y una gorra verde. Es uno de los zannis más astutos, es cínico y sarcástico. 
  • Colombina: es la doncella de la enamorada y amante de Arlequín, es inteligente y astuta. Y siempre se veía envuelta en la intriga. 
  • Zanni: era el sirviente más pobre, hambriento y tonto de todos. Servia a Dottore, Capitano o Pantalone y nunca hacia un buen trabajo, pues se la pasaba durmiendo durante el trabajo o se escapaba buscando comida. En un principio era un solo personaje, pero después su nombre se usaría para designar a todos los sirvientes. 
Los vecchios
  • Pantalone: es un rico mercader veneciano, avaro, mezquino y enemigo de los jóvenes. Se caracteriza por tener una nariz ganchuda, barba puntiaguda y zapatos con las puntas levantadas. Es una típica mascara veneciana de la mitad del siglo XVI. Un señor inocente y crédulo, al que siempre buscaban burlar. Es rival de Arlequín. Para ocultar su edad en su afán de atraer a las mujeres, Pantaleone llevaba una extraña indumentaria turca, que consistía en un calzón ajustado a las piernas y ceñido hasta las rodillas. Curiosamente, del recorrido de la "comedia italiana por Europa y especialmente a su paso por Inglaterra, fue la imagen de Pantaleón la que puso de moda este tipo de calzones a finales del siglo XVII, y en su honor se los llamó "pantaloons".
  • Capitano: es arrogante y egocéntrico, arquetipo del fanfarrón. Detrás de su fachada de coraje siempre terminaba exhibido como un cobarde que le tiene miedo a casi todo. Abundaban los personajes de este tipo con nombres como Matamore, Fracassa, Spavento (espanto), Rodomonte, Spezza-Monti (fiende-montañas), Rinoceronte, Scarabombardon, Cerimonia, Giangurgolo (Juan Bocazas), Rogantino o Scaramouche con características propias y orígenes diversos.
  • Dottore: representa el arquetipo del que sabe, es feliz de saber y de enseñar sus ciencias. Relacionado a los libros (doctor de doctorados más que de medicina), representa a aquellos que dicen saber y no saben nada. Su verborrea denuncia su limitado conocimiento y su gran barriga demuestra que más que el intelecto cultiva su sibarismo. Llamado también Dottore Graziano o Dottore Balanzone, mantenía una imagen de erudito porque sabía aparentarlo aunque al final de la obra siempre se evidenciaban sus errores y su ignorancia siendo castigado al igual que Pantalone y Capitano.
Los enamorados
  • No suelen estar definidos psicológicamente, se limitan a suspirar y dejarse enredar por sus criados. Están siempre muy distraídos por el frenesí de su pasión. De entre todos destaca Isabella que tomó el nombre de Isabel Andreini, una de las más grandes actrices de la comedia, famosa por su talento, belleza y virtud. Vanidosos, siempre esperan al príncipe azul y son incapaces de ver que lo tienen al lado. Preocupados en exceso por el día en que consumarán el amor, revisan sus posturas y su apariencia, la pureza de sus sentimientos, su poesía, pero no miran la realidad tangible. No usaban máscara pero utilizaban maquillaje, por lo general una base blanca con los labios pintados de rojo.

sábado, 20 de febrero de 2016

§61 Etopeya de un calavera

“Las cosas son como son.”
No hace demasiado que extraía una escena con la misma sentencia, que también una madre transmitía a su hijo como legado (El Abuelo que saltó por la ventana y escapó, Felix Herngren, 2013). Esto seguramente ha influido en mi elección de hoy. Pero no voy a ceder (todavía) a la comodidad de repetir argumentos aprovechando la oportunidad que se presenta, sino que trataré de buscar de otra perspectiva, aunque solo sea por puro ejercicio.
Algo parecido hizo Jim Mickle en esta su segunda oportunidad: Stake land (2010).
En primer lugar, no se debería caer en la trampa de lo anecdótico de si los monstruos que aparecen son vampiros, son zombis o son un mestizo de ambos (he encontrado vampizombis y zombipiros, que podrían servir a mi categoría de seres indecidibles). Y esto me recuerda algo que me decía mi padre, gallego de pro: un gallego es una persona que cuando te la encuentras en la escalera no sabes si sube o si baja. Alguno pensará que no hay relación, pero bien sabe el gallego hacia dónde va. El problema es nuestro. Yo lo interpreto de la misma forma: no me quedaría quieto el tiempo suficiente para averiguar qué es en realidad y si cumple con la ortodoxia de unos u otros. Huyes, si puedes, o lo matas, si se deja ¡al gallego no, por Dios!.
El foco de atención debe ponerse en las personas, en concreto, a cómo afrontan la nueva realidad, si pueden llegar a ser más perniciosos que las bestias o si se dejan domeñar por el ímpetu del primer vocero que aparezca. Mister (Nick Damici es también el asaz guionista y, por lo tanto, conocedor de las entrañas del personaje) podría ser uno de esos personajes que se elevan en estas circunstancias. En este caso, por la coherencia de sus convicciones y pese a sus contradicciones y ambigüedades manifiestas —¡hasta podría ser un ortodoncista de Brooklyn! (por la matrícula de su Chevy), con una vida muy convencional. En esto creo se parece bastante al Max de George Miller (Mad Max 2, 1981).
La película se decanta finalmente por retratar al guerrero, al hombre de la frontera, a partir de su código de conducta y desde la perspectiva del que lo recibe, su hijo-aprendiz. Bueno, hasta esta escena, que solo se puede entender en un sentido: el alumno (narrador) ha comprendido que su maestro siempre estuvo observando sus evoluciones, hasta decidir que su labor había concluido.

Escena de Stake Land (2010) de Jim Mickle

Todos tenemos algo de “calaveras”, más o menos. ¡Quién no hace locuras y disparates alguna vez en su vida? ¿Quién no ha hecho versos, quién no ha creído en alguna mujer, quién no se ha dado malos ratos algún día por ella, quién no ha prestado dinero, quién no lo ha debido, quién no ha abandonado alguna cosa que le importase por otra que le gustase, quién no se casa, en fin?… todos lo somos; pero así como no se llama locos sino a aquellos cuya locura no está en armonía con la de los más, así sólo se llama “calaveras” a aquellos cuya serie de acciones continuadas son diferentes de las que los otros tuvieran en iguales casos.
Mariano José de Larra, Los calaveras (1935)
Estoy totalmente de acuerdo con la interpretación que Larra daba de los calaveras, que se puede resumir en algo así como "genio y figura". Por eso no me resulta nada extraño que Mister lleve una colgada al cuello. De hecho es algo muy coherente con la estampa del cazador que llega al poblado y a cambio de mostrar sus trofeos (los colmillos arrancados a sus víctimas son prueba de su utilidad a la comunidad y de la deuda que tienen con él), obtiene provisiones, un trago y el hueco en el lecho de la camarera, antes de proseguir su camino; la obligación de avituallar a los ejércitos, sino de participar en la milicia, es tan antigua como la civilización misma.
Pero cuando llegan a esta parada, el interés de la chica se decanta por Martin en una toma cálidamente iluminada, por contraste con el frío exterior, quien demuestra con estúpido entusiasmo juvenil que es digno sucesor del gran calavera.
Aunque también se podría interpretar como que Mister por fin ha encontrado una niñera sensata dispuesta a cargar con el chavalín (esto es broma, como demuestra la continuación de la película).

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San Sebastián era un soldado del ejército romano que llegó a ser jefe de la primera cohorte de la guardia pretoriana en tiempos de Maximiliano. Fue denunciado por ser cristiano y condenado por pertinaz a morir asaeteado. Lo llevaron al estadio y cumplieron la sentencia dándolo por muerto (la imagen más conocida del santo le representa vivo y ensartado). Sin embargo sus amigos descubrieron que estaba aún con vida y lo llevaron a casa de Irene, viuda de Cástulo, otro mártir cristiano. Ella lo mantuvo escondido y le curó sus heridas hasta quedar restablecido.
Sus amigos le aconsejaron ausentarse de Roma a lo que Sebastián se negó, presentándose ante un emperador desconcertado al que reprochó su conducta por perseguir a los cristianos. Maximiliano mandó entonces que lo azotaran hasta morir. Los soldados cumplieron esta vez sin error su misión y tiraron su cuerpo a un lodazal. Los cristianos recogieron sus restos y los enterraron en la Vía Apia, en la célebre catacumba que lleva el nombre del santo (288).
Su culto está muy extendido, siendo invocado contra la peste y contra los enemigos de la religión. Se le llama el Apolo cristiano y es uno de los santos más representados en el arte. Fuente wikipedia

 
San Sebastián cuidado por Santa Irene (1634-1643)
George de La Tour además de por su forma de iluminar las escenas se caracteriza por su preferencia por los santos asociados a la peste, especialistas en prevenir el contagio y mujeres que curan heridos. Fuente wikipedia

domingo, 14 de febrero de 2016

§60 Convidado de piedra

MUSICOS:
“Mientras en el mundo viva,
no es justo que diga nadie
qué largo me lo fiáis
siendo tan breve el cobrarse.”
Tirso de Molina, El Burlador de Sevilla (1612-25), acto tercero, p.138
Algunas de las mejores historias de Agatha Christie tienen el dudoso mérito de ser tan conocidas por sus adaptaciones cinematográficas que cada vez menos curiosos se acercan al texto para desentrañar la intriga original —y eso que son muy accesibles por extensión, el lenguaje utilizado en las traducciones e incluso precio—. En este caso concreto, habría que añadir el aliciente de que los finales propuestos traicionan la intención de la autora —he leído que una versión rusa y una reciente serie británica respetan su desenlace, pero no he tenido todavía oportunidad de comprobarlo. ¡Animo, pues, a recuperar el hábito de leer antes de ver! o de catar el auténtico, frente al sucedáneo, si lo prefieren—.
Aparte del epílogo, en  Diez Negritos (Peter Collinson, 1974) hay otras evidentes alteraciones de la novela: el escenario principal pasa de una acomodada residencia en una isla británica, a un palacio de lujo oriental en medio del desierto iraní (el hotel Shah Abbas de Isfahan, ciudad donde también se filmaron algunas estampas turísticas de su mezquita) y se introduce una subtrama “española”, tan innecesaria como pintoresca. Supongo que fruto de la cuota exigida en los acuerdos de la coproducción internacional.
En ella Rik Battaglia y Teresa Gimpera se encargan de proveer lo necesario al plan de Mr. Owen (hay un personaje en la novela llamado Isaac Morris, que ejerce similares funciones, también relacionado con el mundo de la delincuencia).
Como si de un cuento de Sherezade se tratase, mágicamente son trasladados a un fresquito atardecer madrileño, con el templo de Debod al fondo —aunque bien pensado, lo que en los sesenta era pura fantasía, hoy puede ser cotidiano—.

Escena de Diez Negritos (1974) de Peter Collinson



No se si por providencia, pero este escenario le añade un nuevo halo de misterio y maldición. Me explico: el templo está situado en un alto, en el que estuvo el Cuartel de la Montaña, donde se produjo un sangriento episodio al inicio de la Guerra Civil española. El 19 de julio del 36 el General Fanjul se hizo fuerte en sus dependencias, con 1500 de sus hombres y un puñado de falangistas, y proclamó el estado de guerra, que fue sofocado casi instantáneamente por tropas leales a la República. 
El edificio, que ya había sido seriamente dañado durante el asalto, recibió en el transcurso de la contienda numerosos impactos por su cercanía a la línea del frente, prácticamente estable desde 1937. Al finalizar la guerra quedaba tan solo un conjunto de ruinas. Posteriormente, ninguno de los proyectos para aprovechar el solar prosperó, hasta que fuera cedido al Ayuntamiento de la capital, que se planteó destinarlo a parque público. Antes de que D. Carlos Arias Navarro lo inaugurara en 1972, se decidió que albergara al templo egipcio “regalado” a España en 1968, como agradecimiento por la ayuda prestada para la preservación de algunos templos de Nubia (principalmente el de Abu Simbel —¡maravilloso, lo juro!—) amenazados por la finalización de las obras de construcción de la presa de Asuán. Además de España y por la misma colaboración, Italia recibió el Templo de Ellesiya (en el Museo Egipcio de Turin), Países Bajos el de Taffa (en el Rijksmuseum van Oudheden, de Leiden) y Estados Unidos, el Templo de Dendur, actualmente en el Metropolitan Museum de Nueva York (donde vimos pescar a Robert Neville en su estanque en Soy Leyenda, Francis Lawrence, 2007).
La reconstrucción se hizo por el método de anastilosis o estudio metódico del ajuste de los elementos de su arquitectura, añadiendo piedra nueva diferenciada para las partes perdidas que, en este caso, se trajo de las canteras de Villamayor, Salamanca.
Aunque los bloques exteriores fueron tratados químicamente para protegerlos y reforzarlos, la contaminación, el clima de Madrid, el vandalismo y otros malos usos han dejado profundas huellas en el monumento.
Ocho negritos viajaron por Devon (¿o Debod?)
Uno se escapó (el general) y quedaron
Siete.”
El templo de Debod se calcula que pudo haber sido erigido hacia el siglo I a. C. para el culto de Amon de Debod e Isis (dioses que no están emparejados en el panteón egipcio). Aunque muy discutible, existe una leyenda que logra relacionarlos: Leonardo da Vinci habría aceptado realizar encargo de retratar a la mujer de Francesco del Giocondo, llamada Mona Lisa, por la coincidencia del anagrama de Amon e Isis (Amon L'Isa). De la unión de los símbolos de la fertilidad masculina y femenina resultaría la (con)fusión de sexos de La Gioconda (Dan Brown, El Codigo da Vinci, Dan Brown, 2003, cap. 26).
Volviendo a la ubicación de la escena, el alto en el que se asienta el templo, y antes el cuartel, era conocido como la Montaña del Príncipe Pío, por su propietario Francisco Pío de Saboya, que la había recibido de Felipe V por su apoyo durante la guerra de Sucesión; como anécdota añadiré que murió ahogado en una presa en 1723. En ella se supone uno de los lugares en que las tropas francesas de Napoleón fusilaron a los sublevados del alzamiento de 1808, suceso inmortalizado por Francisco de Goya.

El 3 de mayo en Madrid, o ''Los fusilamientos''
1814. Óleo sobre lienzo, 268 x 347 cm.
El escenario planteado por el artista no se corresponde, sin embargo, con la zona del Príncipe Pío (aunque tampoco niega que aquí se produjeran). Analizando los perfiles de las torres de las iglesias, así como la puerta monumental, y la disposición de las casas al fondo o en el terraplén a la izquierda, la escena podría estar situada a la salida de la Puerta de la Vega, derribada en 1820, al final de la calle Mayor. La torre más alta podía ser así, la de la iglesia de Santa Cruz, conocida entonces como la "atalaya de Madrid", por ser la más alta de la ciudad y visible en la distancia. La otra, de menor altura, sería la de Santa María la Real, la iglesia de Palacio, y el desmonte contra el que están siendo fusilados, los terrenos cercanos al Palacio, emplazado a la izquierda, fuera de la escena, por lo que Goya pudo haber insinuado así (aquí también), que la muerte de los rebeldes había sido en defensa de la Corona, como en el ataque del 2 de mayo de 1808 en Madrid, o "La lucha con los mamelucos". Fuente Museo del Prado

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La decimatio era uno de los máximos castigos aplicados en el ejército romano. La palabra proviene del diezmado de tropas. Se trataba de una medida excepcional que se solía aplicar en casos de extrema cobardía o amotinamiento.
El castigo consistía en aislar a la cohorte seleccionada de la legión amotinada y dividirla en grupos de diez soldados. Dentro de cada grupo se echaba a suertes quién debía ser castigado (independientemente de su rango), el cual debía ser ejecutado por los nueve restantes, generalmente por lapidación o por golpes de vara.
Los supervivientes eran obligados a dormir fuera del campamento de su legión, hecho de gran peligro en época de guerra.
Supuestamente, el castigo debía aleccionar a los soldados supervivientes y a las demás cohortes, pues la muerte podía llegar aleatoriamente, a manos de los propios compañeros. Sin embargo, más habitualmente, la decimatio rompía el espíritu de cuerpo y la unión entre compañeros de armas (ejecutores por sorteo de sus propios hermanos de armas), minando la confianza hacia los comandantes de las legiones que ordenaban tal castigo: el emperador bizantino Mauricio advertía contra los castigos arbitrarios en su obra sobre ciencia militar Strategikon, indicando que hacían más daño que beneficio a la moral de la tropa. Fuente wikipedia

domingo, 7 de febrero de 2016

§59 Catábasis

¡Roto el encanto del himno
que las contenía esclavas,
de nuevo las negras Furias
a Eurídice le arrebatan!
               Poema Orfeo de Vicente Wenceslao Querol

Tenía unos siete años cuando mi padre regaló a mi hermana una postal con una geisha que, dependiendo desde donde la miraras, sonreía y guiñaba un ojo por coquetería o complicidad. Fue la primera vez que me enfrenté a una imagen indecidible. Desde entonces he sentido una gran curiosidad sobre todo lo relacionado con las ilusiones ópticas y los objetos imposibles.
El ascensor pertenece a la categoría (que llamo) de espacios indecidibles. No pertenece a ninguno de los pisos y pertenece a todos. ¡Bien!, se puede considerar como un sistema independiente en virtud de su verticalidad, por oposición a la horizontalidad de los niveles. Y también es cierto que tiene reglas propias. La cortesía dice que se debe ceder el acceso de entrada a las demás personas, salvo en los ascensores, donde se invierte el algoritmo —he introducido intencionadamente este término porque es el que rige el comportamiento del propio aparato— de las normas sociales.
Pero no hay que olvidar lo importante: forma parte del edificio.
Para lograr un funcionamiento más eficaz, los ascensores poseen una memoria que almacena las peticiones de llamada, que atiende priorizando las que responden al sentido de movimiento de la cabina en cada momento. Parece simple, aunque en los hoteles siempre vemos a personas que se empeñan en dar al botón de bajar, cuando en realidad lo que quieren es subir, o viceversa; así se aumenta el caos de pasajeros, sobre todo a la hora del desayuno —esto último, que pensamos todos, bien lo podría haber dicho un habitante de Mundodisco (Terry Pratchett).

Imagen del curioso ascensor llamado paternoster
Dentro del ascensor, también se establecen directrices propias, como renunciar al espacio personal para dar cabida a más viajeros. Cosa que facilita tener un encargado con autoridad suficiente. Recuerdo en especial mi experiencia en el ascensor de las minas de sal de Wieliczka (cerca de Cracovia), en la que descubrí que no tengo atisbo de claustrofobia.
Otro tema es la dilatación del tiempo en el trayecto y la incomodidad de los silencios que, como dice el Capitán, se soluciona con un poco de música.
Volviendo a las fobias, Woody Allen ya había sacado partido del ascensor como vehículo para el descenso a los infiernos o catábasis en Desmontando a Harry (1997).

Escena de Capitán América: El soldado de invierno (2014) de Anthony y Joe Russo

En esta escena (para mi crucial para la película), Nick Furia ejerce de trasunto de Mefistófeles en un monólogo que Samuel L. Jackson recita como si se tratara de un film de Tarantino, mientras bajan al inframundo de Cleveland. De hecho el abuelo bien podría ser el padre de Jules Winnfield (Pulp Fiction, 1994) y la pistola (la Cobra Derringer cabría perfectamente en la fiambrera), la habría heredado de Django (Django desencadenado, 2012) —aunque habla de una Magnum 22, se refiere a la munición, de un calibre pequeño y barato, popular en armas de defensa personal—. 
Sus sibilinos argumentos son los mismos que se utilizaron tras los atentados del 11-S, que han derivado en la renuncia voluntaria de los ciudadanos a parte de sus derechos en pro de la seguridad. El peligro que representa priorizar esta línea de pensamiento es uno de los temas centrales de la película.

Cobra Derringer

Sin embargo, la catábasis debe ir seguida de una anábasis o resurrección para que pueda ser considerada distinta de una simple muerte:
... fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó de entre los muertos ...
Credo católico
La imagen de Jesucristo en los infiernos ha constituido uno de los debates más encarnizados de la fe cristiana y origen de algunas herejías, como la de Pelagio. Sin profundizar demasiado, una de las consecuencias de su pensamiento es la definición del "limbo" (medius locus), espacio indecidible, que no es el cielo ni el infierno, que acoge las almas de los nonatos y los que no han cometido pecados personales, pero que, como no han recibido el bautismo, no están libres del pecado original.

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El desarrollo del pelagianismo fue posible gracias a la amistad que el heresiarca contrajo en Roma con Celestio, abogado de noble ascendencia y asceta entusiasta. Quien, en su condición de hermano lego, se esforzó por convertir sus máximas prácticas, en principios teóricos que fueron propagados en Roma con éxito.
Tras la entrada de Alarico en Roma (410) embarcó para África del Norte, donde fue acusado por las tesis de su obra Contra traducem peccati (perdida), quintaesencia del pelagianismo:

  • Aun si Adán no hubiera pecado, habría muerto.
  • El pecado de Adán lo perjudicó sólo a él, no a la humanidad entera.
  • Los niños recién nacidos se encuentran en el mismo estado que Adán antes de la caída.
  • La humanidad entera ni murió a través del pecado o de la muerte de Adán, ni resucitó a través de la resurrección de Cristo.
  • La ley mosaica es tan buena guía para el cielo como el Evangelio.
  • Antes de la venida de Cristo hubo hombres que se mantuvieron sin pecado.

Aunque hoy no parezcan demasiado peligrosas, la controversia sobre la Gracia divina y el libre albedrío suponía el ser o no ser para la Iglesia como institución tal y como la conocemos.
El Concilio de Cartago (418) dejaría zanjada la disputa teológica y la Epístola tractoria del papa Zósimo, resumen de la causa, enviada a todos los obispos para su confirmación firmada, no lograron acabar con el movimiento, aunque dieron comienzo a la persecución de sus adeptos hasta su fin, aproximadamente un siglo después.
La figura de Pelagio aparece empleada como macguffin en la película El rey Arturo: La verdadera historia que inspiró la leyenda (Antoine Fuqua, 2004), donde se menciona que fue el mentor del joven Arturo. Fuente wikipedia

[Ahora si, puedo incluir sin peligro la hilarante escena de Woody Allen]